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30
nov
11

Ruta por Canadá: la carretera de los glaciares

Saludos cosmonautas,

después de dejar atrás el fabuloso parque nacional de Jasper, era el momento de dirigirnos a Banff. Ya que este último está pegado al primero, es un viaje relativamente rápido (si vais con calma os puede lleva medio día), pero os recomendamos que disfrutéis del trayecto, ya que para llegar tenéis que tomar la ruta (93) conocida como “la carretera de los glaciares” (Icefields Parkway o Promenade des Glaciers, en los dos idiomas oficiales de Canadá). La carretera, de dos carriles y una velocidad máxima de 90 km/h, transcurre por un valle de las montañas rocosas que cada vez se hace más estrecho, y es entonces cuando uno empieza a encontrarse con algunos de esos glaciares impresionantes que dan nombre a la ruta.

A lo largo de la ruta habrá muchas oportunidades de pararse para contemplar montañas, ríos, varios lagos impresionantes, y por supuesto los glaciares. La verdad es que pararse en todos es casi imposible, a no ser que uno pretenda llegar entrada la noche a Banff. Y es que hay que tener en cuenta que los cámping que hay a lo largo de la ruta son de los más básicos, sin duchas, electricidad o agua.

La primera parada típica de esta ruta son las Athabasca Falls, que al estar bastante cerca de Jasper se puede hacer cuando estés por la zona. Son unas cataratas bastante espectaculares, pero precisamente por estar tan cerca de Jasper suelen estar bastante llenas de gente. Aunque se trata de una buena vista (la fuerza de las aguas es impresionante), si tenéis prisa o queréis meteros en sitios menos poblados quizás os lo podéis saltar, pero no está de más hacer una paradita.

Estas son las Sunawapta Falls, unos pocos kilómetros al sur de las Athabasca, y con mucha menos gente (aunque algo más modestas). 

Una de las paradas obligadas para cualquiera que se anime a hacer esta ruta es precisamente el Athabasca Glacier, que identificaréis fácilmente ya que hay un pequeño complejo turístico a un lado de la carretera, con un enorme parking. En ese complejo encontraréis restaurante e información de las actividades que se pueden realizar en los parques de Alberta. Desde allí también salen las excursiones que te llevan en un autobús especial al mismo glaciar, para que puedas hacer un paseo por encima del mismo. Pero como esto te puede salir algo caro (en tiempo y dinero), siempre tienes la opción de acercarte a pie y verlo desde abajo.

Si uno se decide por acercarse a pie al glaciar, se encontrará por el camino distintos carteles que marcan varios años distintos. Se trata de unas mediciones que se han hecho durante décadas que indican hasta donde llegaba el glaciar. Y es que sea por el motivo que sea (calentamiento global, explotación turística o pura naturaleza), el glaciar cada año se va haciendo más pequeño y va perdiendo terreno de forma bastante rápida. Llegados al final del camino nos espera una cuerda que pone límite a la caminata, y que viene acompañado de una gran cantidad de carteles que advierten de los peligros de acercarse demasiado al glaciar. Y es que el comportamiento de esos bloques de hielo no se puede predecir, y ha habido varios incidentes que en el mejor de los casos han acabado en aparatosos rescates, y en el peor en la muerte de un niño que fue arrastrado por el riachuelo de agua helada que queda justo debajo del glaciar.

Nosotros, valientes y temerarios que somos, nos saltamos el cordón de seguridad, pero mantuvimos siempre una distancia prudencial con la parte realmente peligrosa. Pero había muchos que sí se atrevían a subir encima del mismo glaciar, y eso sí es realmente peligroso. Así pues, si no podéis aguantaros y queréis saber lo que se siente paseando por un milenario bloque de hielo, lo mejor que podéis hacer es ir contratar el tour que mencionábamos. Tonterías las justas.

Una vez visto el paisaje del glaciar, entre antártico y lunar, proseguimos hasta uno de los varios cañones que se pueden encontrar también en la ruta. Nuestra parada de avituallamiento fue el Mistaya Canyon, perfecto para relajarse con unas bonitas vistas y el siempre relajante sonido del río.

Poco antes de llegar a Lake Louise, nuestra primera parada en el parque de Banff, nos encontramos con uno de esos típicos lagos impresionantes que salen como setas en Canadá. En este caso se trata del Bow Lake, y no era precisamente el más grande de la ruta, pero sí uno de los más bonitos, con un espectacular color turquesa.

Esta foto es un pequeño guiño a nuestro anterior viaje a China

Y en la próxima etapa os contaremos nuestro periplo por Banff, un parque precioso, pero con un problema que ya os contaremos…

Recordad que podéis seguir  nuestro itinerario y ver todas nuestras entradas de la ruta de Canadá clicando aquí.

05
oct
11

Ruta por Canadá: en busca de los osos negros de Blue River

Saludos cosmonautas,

después de hacer una de las primeras paradas importantes en nuestro trayecto, proseguimos nuestro camino hacia el Parque Nacional de Jasper. Pero en Pyramid Campground habíamos encontrado un folleto sobre un “Bear Safari” (safari de osos) que se hacía en Blue River, a medio camino de Jasper. Teniendo en cuenta que sólo habíamos visto un oso hasta ese momento (corriendo como un loco por la carretera), decidimos dormir en Blue River para a la mañana siguiente apuntarnos al safari.

Allí encontramos un camping para caravanas (privado), bastante más sencillo que la mayoría que habíamos visto, pero con un personal muy agradable. Lo que no esperábamos es que al llegar al camping tendríamos un espléndido comité de bienvenida: una horda de mosquitos.

Os podemos asegurar que jamás hemos pisado un sitio que tuviese semejante cantidad de chupasangres. Con sólo bajar de la caravana, decenas de mosquitos emprendían su ataque sobre nosotros, provocando escenas de pánico entre los campistas. Afortunadamente estos mosquitos eran bastante grandes y algo bobos, y era fácil eliminarlos, pero aún así era una quimera intentar despejar el lugar. Los dueños del camping hacían lo posible colocando estratégicamente espirales de incienso alrededor de su oficina y los baños, y la pequeña tienda se abastecía de todo tipo de productos anti-mosquitos, algunos de los cuales ni siquiera sabíamos que existían. Por suerte, y a diferencia de nuestros mosquitos, parece que estos se iban a dormir pronto, y por la noche la mayoría habían desaparecido (la hoguera que encendimos también ayudó en algo). Mis compañeros sufrieron durante todo el viaje, pero un servidor… ni una picada.

Espirales anti-mosquitos y repelentes, el kit básico de supervivencia en Blue River.

Una mosquitera para la cabeza, y visto lo visto, no parece una tontería.

A la mañana siguiente los mosquitos volvieron al ataque mientras nos dirigíamos al safari de osos (a unos pocos kilómetros al norte del pueblo). Allí descubrimos su ingenioso sistema para sacárselos de encima, que consistía en cuatro o cinco espirales de incienso anti-mosquitos, y ventiladores gigantes. ¿Una chorrada? Lo parecía, pero funcionaba. Nos dimos cuenta de ello cuando lo apagaron por unos pocos minutos, y los chupasangres volvieron a la carga rápidamente.

Pero no estábamos ahí para contemplar los mosquitos, nosotros habíamos venido a ver osos, y para ello íbamos a pagar 70 dólares canadienses, (unos 50 euros, no es barato, pero es lo que hay). El tour de una hora y pico, se realiza con una pequeña lancha (con poco más de 10 personas), y un guía que hará lo posible para que termines dejándole propina en su buzón correspondiente (y lo hizo bien). Después de una breve explicación de lo que íbamos a hacer, y de pedir nuestra colaboración avisando en caso de avistamiento, la lancha empezó su camino.

El oso, y Urías, esos dos grandes mamíferos.

Rápidamente llegamos a un lago rodeado de bosques y montañas, un paisaje que sin animales ya era suficientemente espectacular. Aún así, la tripulación escrutinaba concienzudamente orillas y márgenes para amortizar de verdad esos 70 dólares viendo algún animal. A los 10 minutos conseguimos ver dos águilas en pleno proceso de pesca, volando de una orilla a la otra, de árbol en árbol, y lanzándose hacia el agua intentando pescar algo.

Espectacular.

La tranquilidad era absoluta, y era nuestra lancha lo único que la perturbaba.

Intento fallido.

En ese momento, sin saberlo nuestra cámara ya había cazado en un extremo del plano, lo que habíamos venido a buscar. Pero fue la Comandante quien con sus propios ojos lo avistó y alertó al personal de la lancha. Ahí estaba, el oso negro. Nos acercamos un poco más a la orilla, la lancha pasó a modo eléctrico, y se hizo el silencio (que había sido absoluto, de no ser por los “click”, “pip”, “chick”, de las cámaras réflex y digitales que disparaban sin descanso).

Fue impresionante ver tan de cerca uno de estos grandes mamíferos, y el oso, consciente de su momento de protagonismo, tuvo la delicadeza de soltar un enorme zurullo ahí mismo. Al poco rato descubrimos que el oso no estaba solo, y apareció uno mucho más grande, al que le siguió otro algo más pequeño. Según nos dijo el guía, éramos unos afortunados, ya que lo habitual en estos safaris es ver uno, y gracias (aunque tampoco vimos otros animales que sí suelen verse – y vete a saber, quizás se lo dice a todo el mundo).

Pero si el pasaje ya estaba sorprendido y maravillado, aún quedaba la última proeza del oso cagón; se echó al agua y empezó a nadar hacia la otra orilla (acompañado del “ooooh” de la tripulación).

Y algunos dudaban de que uno oso pudiese nadar…

Y si eso no era suficiente, descubrimos que los otros dos osos se dirigían hacia un pequeño cementerio indio, aún en uso por algunos de los nativos americanos, y cuyo tótem era de los más auténticos que vimos durante este viaje. ¿Pero para qué soltaros todo este rollo si lo podéis ver? ¡Dentro vídeo!

EL CONSEJO DEL CASTOR: hogueras

En las montañas de Canadá, el verano es muy suave y por las noches no hace nada de calor. En la mayoría de campings se puede hacer fuego, previo pago de unos dólares (incluye leña). Os recomendamos que lo hagáis por varios motivos. Lógicamente está el calor que ofrece, es una buena forma de cocinar sin tener que ensuciar la cocina, ahuyenta a los mosquitos… ¡y se pueden hacer marshmallows!

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26
sep
11

Ruta por Canadá: Wells Gray, en las montañas Cariboo

Saludos cosmonautas,

seguimos con nuestro repaso al reciente viaje a Canadá, a la vez que construimos una pequeña guía para aquellos que estén pensando visitar el país un día de estos. En el post anterior os describimos algunas de las etapas de más kilómetros, por la espectacular Ruta 99. Ahora es momento de quitar el pie del acelerador y relajarse un poco en uno de los últimos parques naturales que se encuentran antes de llegar a Jasper: Wells Gray Provincial Park.

Pero antes de llegar hasta allí, aún nos quedaban algunos kilómetros. Habiendo dejado ya la ruta 99, era momento de coger la 97 desde Cache Creek hasta llegar a Kamloops, seguramente el núcleo urbano más grande que veríamos desde Vancouver hasta Calgary. Aún así, no hicimos para alguna y proseguimos nuestro camino hasta Clearwater (cogiendo en Kamloops la ruta 5, que llegaría luego hasta Jasper). A lo largo de la ruta 5, hicimos un par de paradas. La primera, capricho de un servidor, fue en una tienda de antigüedades de carretera (se pueden encontrar varias por la zona). La tienda era bastante grande y se podía encontrar un poco de todo, pero lo que más nos llamó la atención fue un cajón lleno de pequeñas novelas de cowboys por un sólo dólar canadiense.

En esa misma tienda preguntamos por el restaurante más próximo, que lógicamente iba a ser el típico restaurante de carretera, con el típico menú de siempre, y la típica parroquia de viejos, mujeres y algunos personajes pintorescos. Allí tuvimos la oportunidad de probar uno de los platos típicos canadienses: poutine. Que nadie se espere un plato de alta cocina, ni siquiera un plato que requiera cierta elaboración. El poutine básicamente son patatas fritas, queso cheddar y gravy (una salsa de color marrón típica inglesa – como la HP – que nos encanta). No entusiasmó al grupo, pero para nosotros no estaba tan mal (y había que probar uno de los pocos platos típicos canadienses, ¿no?)

No, el aspecto del “poutine” tampoco es que sea de lo más atractivo.

Pocas horas después llegamos hasta Clearwater, donde hicimos acopio de nuevas provisiones en un pequeño supermercado que había en la gasolinera del pueblo (recordad el consejo del anterior post). Y ya estábamos listos para adentrarnos en el Wells Gray Provincial Park. En Canadá los parques se dividen entre los nacionales y los provinciales, los primeros siendo gestionados directamente por el Estado, más famosos, y por lo tanto, también más poblados. Los parques provinciales son gestionados, como indica su nombre, por la propia provincia, teóricamente más modestos y con menos servicios, pero afortunadamente menos poblados.

Al entrar en el parque siguiendo la única carretera que hay (y que llega sólo hasta la mitad del parque – luego, a pie), nos sorprendió ver que había muchas viviendas al lado de la carretera, muchas de las cuales se habían reconvertido en Bed & Breakfasts, Lodges y demás. Eso podía hacer pensar que el parque estaría lleno de gente, pero a medida que se avanza por la carretera, se va dejando atrás la civilización, y varios kilómetros después encontramos el Pyramid Campground.

La peculiaridad de este camping es que los únicos servicios que ofrecía eran una fosa séptica para las necesidades y un bomba para sacar agua potable (aunque alguien dejó una nota recomendando hervirla tres minutos – ¿alguien que tuvo que pasarse varias horas en la fosa después de probarla?). Para no tener, el sitio de acampada no tenía siquiera recepción. La entrada era libre, pero no la estancia. Allí descubrimos un sistema de pago que es relativamente habitual en las zonas de acampada más remotas: el autoregistro. Cuando uno llega a uno de estos campings, tiene que buscar una plaza libre y aparcar. Entonces deberá coger unos sobres, apuntar sus datos, poner el dinero dentro (Pyramid costaba 16$), meterlo en un buzón, y poner el resguardo en un poste delante de tu plaza. De vez en cuando llegará el vigilante que comprobará que hayas pagado, o si acabas de llegar podrás pagarle directamente. Todo esto puede sonar muy complicado, y la falta de servicios muy incómoda, pero creemos que es el pequeño precio que hay que pagar para estar en un camping tan solitario y bonito como este.

Las plazas estaban delimitadas por árboles, así que apenas veías a tus vecinos (¡casi como estar solo!).

El día que llegamos poca cosa pudimos hacer ya que nos recibió una repentina tormenta con granizo incluido. Dimos un paseo alrededor del camping, donde empezamos a darnos cuenta de lo tupidos que son los bosques canadienses, y que tienen agua por todas partes. Pocas horas después nos pusimos a dormir siendo conscientes de que estábamos románticamente aislados en un precioso paraje natural; por la mañana, nos despertaría una ardilla que andaba encima de la caravana.

En Wells Gray hay muchas excursiones que hacer, y parece que muchas de ellas de cierta dificultad y duración. Nosotros teníamos que seguir con nuestra ruta, así que sólo íbamos a pasar una noche en el parque, pero si volviésemos a hacer el viaje, procuraríamos pasar un día más por la zona. Aún así, aprovechamos para visitar uno de los parajes que más impresión nos causó en todo el viaje. Cosmonautas, les presento las Hemlecken Falls:

Las Hemlecken Falls, “breathtaking” como dicen en inglés.

Es posible que no se pueda apreciar en la foto lo descomunal de esta catarata. Pero os podemos asegurar que era un agujero enorme, y que las aguas bajaban con una furia colosal. Al parecer, este peculiar paisaje se debe principalmente a que estábamos pisando tierras volcánicas. La verdad es que la vista justificaba el desvío que habíamos tomado de nuestra ruta hacia Jasper.

Otra pequeña excursión que se puede hacer, si se va con cierta prisa, es una granja abandonada, llamada Ray Farm. Ray y su esposa se establecieron en la zona a principios del s. XX y rápidamente se ganaron el respeto de la tribu de nativos americanos de la zona porque Ray les ayudó a erradicar algún tipo de peste que la tribu estaba sufriendo. La granja actualmente está medio derruida, y no hay intención de rehabilitarla, ya que quieren que desaparezca de forma natural. Lo que parece que puede durar más tiempo es la tumba del matrimonio, a pocos metros de la casa.

Como podéis ver, escogieron un sitio precioso para construir la granja, y tuvimos la suerte de disfrutarlo totalmente en solitario. Además, puede ser un buen sitio para avistar animales (con paciencia).

Después de estas fabulosas vistas nos despedimos de Wells Gray y cogimos de nuevo la ruta 5 destino a Jasper. Pero aún nos quedaba una fantástica aventura antes de llegar, ¡osos! Os lo contaremos en el próximo post.

EL CONSEJO DEL CASTOR:  Infórmate de los campings

Las rutas que van hacia las rocosas están llenas de campings para caravanas, los hay “públicos” y privados. Los primeros tienen unos precios y servicios estándar (son altamente recomendables), y los segundos pueden ser más caros o más baratos. Siempre es bueno informarse antes de las posibilidades que hay a través de Internet o con los folletos que se ofrecen en puntos de información. Es importante saber si vas a tener ducha, electricidad o posibilidad de verter aguas negras/grises, por si tienes que cargar/descargar antes de meterte en según que zonas. 

DESCUBRE TODAS LAS ETAPAS DE LA RUTA POR CANADÁ EN EL ITINERARIO

19
sep
11

Ruta por Canadá: Highway 99, la carretera del mar al cielo

Saludos cosmonautas,

después de 3 intensos días por Vancouver, dejamos la ciudad pronto por la mañana para empezar “de verdad” el viaje, y es que la ciudad era un trámite para lo que realmente habíamos venido a hacer: estar más de 10 días rodeados de la majestuosa naturaleza canadiense. En las próximas entradas vamos a relataros algunas de las experiencias de este viaje, y a la vez intentaremos dar algunos consejos que os pueden ser útiles si queréis hacer una ruta similar, o si nunca habéis viajado en caravana (como era nuestro caso).

Una vez recogimos el vehículo nuestro objetivo era tomar la famosa Highway 99, apodada “sea to sky highway” (la carretera del mar al cielo”). Aunque la carretera conecta con Estados Unidos, el apodo se refiere al relativamente corto tramo que empieza en las costas de Vancouver y termina en la localidad montañera de Pemberton, para luego proseguir bajo el nombre de Duffey Lake Road hasta Cache Creek.

Aunque hay formas más rápidas de llegar a Kamloops (punto estratégico para dirigirse a los distintos parques naturales), vale la pena tomárselo con más calma y disfrutar de la Highway 99. Lo más sorprendente de esta ruta es la facilidad con la que cambian los paisajes, pasando de bosques alpinos a zonas medio desérticas en cuestión de minutos (y desconcertando a todos los que han aprovechado para dar una cabezadita en la caravana).

Los primeros kilómetros de la carretera 99 muestran un espectacular paisaje de montañas enmedio del mar (Salish Sea). 

Uno de los pueblos más famosos de la ruta, y nuestro destino para la primera etapa del viaje fue Whistler. Famoso enclave de montaña para los amantes del esquí (dicen que es la mejor estación alpina de Norteamérica), el pueblo en si parece realmente nuevo, y tiene un aspecto de Disneylandia considerable. Por otra parte, nada extraño.

Cuando llegamos se estaba celebrando una fiesta, con un grupo tocando versiones de ACDC.

“Toda bolsa o persona está sujeta al registro de alcohol” (más o menos). No se podía entrar a la zona del concierto con alcohol. Ya comentaremos otro día el tema de la venta de bebidas alcohólicas.

Hay un aparcamiento habilitado para caravanas bien indicado cuando se entra al pueblo, y lo primero que se va a encontrar seguramente será Village Stroll, una calle repleta de tiendas para turistas, con mucha ropa de marca. Pero si se sigue hacia el sur, al lado de un parque, se encuentra una zona para hacer compras de primera necesidad. Aquí fue donde hicimos el primer gasto importante y necesario para los primeros días de caravana, y también fue donde aprendimos la primera lección: los supermercados canadienses son escasos y caros (lo segundo, seguramente consecuencia de lo primero).

Encontrar grandes superficies lejos de las grandes urbes canadienses es muy difícil, por no decir imposible. Los pueblos son pequeños y están completamente desperdigados (nada que ver con los típicos núcleos urbanos europeos). Acostumbran a tener una o dos tiendas de alimentación como máximo, la mayor parte son tiendas de gasolinera, supermercados muy humildes, o en el mejor de los casos, una cadena de “súpers rústicos”; en cualquiera de los casos, los precios siempre os parecerán caros o carísimos (ver “El consejo del castor” más abajo).

Aunque hay un camping para caravanas en el mismo pueblo de Whistler (Riverside Campground), cuando llegamos no quedaba sitio para una caravana como la nuestra (es conveniente tener siempre en mente las medidas, te lo van a preguntar casi siempre). Así que tuvimos que bajar de nuevo por la carretera 99 unos 15-20 kms, y a la derecha encontramos otro camping que tenía muchas plazas disponibles (Whistler RV Park and Campgrounds). Aunque el cámping no tenía un aspecto fantástico, al menos tenía unas buenas duchas y era muy tranquilo.

Al día siguiente, la intención era llegar al menos hasta Lillooet, pero la etapa nos llevó tan lejos como Cache Creek, donde termina la Ruta 99. Pocos quilómetros después de Whistler tuvimos la primera gran sorpresa en cuanto a fauna animal. Cruzando la carretera a toda pastilla vimos un oso negro, que una vez consiguió apartarse del tráfico empezó a subir por una ladera con suma desesperación. Fueron unos pocos segundos, pero realmente emocionante, nuestro primer oso negro. Quizás los ciclistas que iban delante y que se lo cruzaron a pocos metros no se alegraron tanto.

Poco después hicimos una primera parada, como haríamos muchas a lo largo del viaje, para contemplar la primera catarata. A unos pocos kms de Whistler se encuentran las Nairn Falls, donde empezamos a comprobar la fuerza de las aguas canadienses. 

Las Nairn Falls a través de un pequeño cañón. Aunque parecen poca cosa, a pocos metros bajan con furia.

Después de un parada técnica en Pemberton para comer nuestras primeras hamburguesas (con ese estilo requemado que tanto les gusta a los norteamericanos), proseguimos por la carretera 99, que aunque ha perdido ya en este tramo su apodo “del mar al cielo”, no por ello deja de ser espectacular. Aquí es donde se empiezan a ver esos cambios bruscos de paisaje que mencionábamos. Así pues, si Pemberton y sus cercanías tenían un aspecto de montaña alpina característico, donde el verde, el gris y el azul son los colores predominantes, al acercarnos a Lillooet las vistas cambian hacia los marrones, amarillos y el paisaje desértico. Aunque después de unos kilómetros volveremos otra vez al verde. Nos quedamos bastante pasmados con todo esto, y la guindilla del pastel fue el pueblo de Lillooet. El que había sido un pueblo de buscadores de oro  a día de hoy seguía manteniendo cierta esencia del “viejo oeste” (aunque fuese el canadiense). No pudimos resistir emular a Eli Wallach en “El bueno, el feo y el malo” cuando se encuentra el cementerio:

La ruta sigue y sigue entre altas montañas, llanuras, prados, y varios lagos enormes. Nosotros hicimos una pequeña parada para estirar las piernas hasta un precioso y tranquilo lago… del cual tuvimos que salir por patas debido a la ingente cantidad de mosquitos que empezaron a atacarnos sin piedad. Afortunadamente íbamos bastante tapados, ya que empezaba a hacer frío (a pesar de que en Lillooet estábamos sudando). Poco después llegamos a Cache Creek, el fin de esta segunda etapa de viaje, y también donde nos despedíamos de esta preciosa carretera, y nos preparamos para coger la 97 en dirección al parque Well’s Gray. Mucha carretera, sin duda, pero pocas habréis visto en las que a cada minuto estés soltando un “oooooh”.

¿Esperáis ver a cowboys e indios en cualquier momento? Pues casi, a pocos metros se encuentra una reserva india.

PD: Por cierto, aunque estamos hablando de una carretera importante, no esperéis encontraros con una gran autopista. La mayor parte de la carretera 99 es de dos carriles (uno por sentido), bastantes curvas, y subidas y bajadas que hay que manejar con cautela.

EL CONSEJO DEL CASTOR PARA TUS COMPRAS:

Si sales con la caravana de una gran ciudad canadiense, intenta localizar un Wal-Mart o cualquier gran superficie de este estilo, y compra todas aquellas cosas que estés seguro que vayas a necesitar durante el viaje, especialmente cosas básicas (aceite, sal, agua, utensilios, y comida que se pueda conservar fuera de la nevera). Después tendrás que apechugar con lo que encuentres por el camino.

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08
sep
11

Ruta por Canadá: Vancouver

Saludos cosmonautas,

como ya leísteis en el itinerario, Vancouver fue la primera parada de nuestro viaje, y también el punto de partida para la ruta en caravana. Teníamos algo más de un par de días enteros para descubrir una ciudad que es bastante más pequeña de lo que uno imagina. Y es que siendo la ciudad principal de la costa oeste de Canadá cabría esperar alguna metrópolis del tipo Toronto, pero lo cierto es que la ciudad no llega a los 700.000 habitantes (aunque si se cuenta el área metropolitana de Great Vancouver ya llegan a los 2.3 millones). Lo bueno de esto es que puedes visitar todo lo que te pueda interesar de la ciudad en poco tiempo (y a nosotros no nos sobraba).

La mayor parte de Vancouver tiene el mismo aspecto que las típicas ciudades norteamericanas: una cuadrícula de largas calles, sin nada especial que destaque. Nuestro hotel era el Holiday Inn Broadway, en una de las calles principales, que no estaba exactamente en el centro, pero que tiene el metro muy cerca, y cogiendo un “Aquabus” podías llegar al Downtown en pocos minutos. Allí es donde se encontraban la mayor parte de los intereses de la ciudad, tanto a nivel comercial como cultural, e incluso tienen ahí el Stanley Park (un parque entre urbano y natural de considerable tamaño que había sido habitado por nativos americanos – o First Nation como les llaman allí).

En esta foto (que no es nuestra), se puede ver perfectamente como el “Downtown” tiene un espacio bien delimitado, la pequeña “isla” verde es Stanley Park. 

Una vez en Downtown, la arteria principal es la calle Granville, donde se concentra la oferta de tiendas, restaurantes y locales nocturnos. Un sitio que se anima muchísimo durante la noche, de hecho, según las opiniones de algunos que se hospedaron en el Downtown, se anima demasiado (por eso nos quedamos en Broadway). Parte del jaleo proviene de la gran cantidad de “homeless” que pululan por el centro de Vancouver, algo que seguro sorprenderá a cualquiera, y que parece ser una de las principales preocupaciones de la ciudad. En alguna guía habíamos leído que podían llegar a ser conflictivos y peligrosos, pero en ningún momento presenciamos ninguna situación violenta y sólo en una ocasión llegamos a sentir algo de inseguridad (pasando al lado de un callejón donde se pasaban drogas sin pudor alguno), nos bastó con cruzar la calle.

No deja de sorprender que en un país tan rico como Canadá y donde no parece faltar el trabajo (por los anuncios que vimos en muchas tiendas y restaurantes) se vea tal cantidad de vagabundos en una ciudad relativamente pequeña como es Vancouver (casi llegan a los 2.000). Al parecer, el principal problema es que los precios de la vivienda son elevadísimos (en parte por culpa de las Olimpiadas de invierno), y eso es un problema cuando hablamos de una ciudad lluviosa con una media de 0ºC en invierno, y que puede llegar a bajar hasta casi 18 grados bajo cero.

Algo que también puede sorprender al viajero observando a los habitantes de Vancouver es la gran cantidad de asiáticos que hay. De hecho, según nuestra guía, más del 50% de los habitantes de Vancouver son de origen asiático (e incluso los modelos que se usan para los anuncios reflejan esa realidad). Huelga decir que muchos de ellos son inmigrantes de segunda, tercera, o cuarta generación, que seguramente hablan mejor el inglés que el chino. De hecho, aseguran que la Chinatown de la ciudad (a poca distancia de Downtown) existía incluso antes de que se formara Vancouver como ciudad. Es la segunda más grande de Norteamérica, después de la de New York, y allí encontraréis un montón de restaurantes de comida china, tiendas de souvenirs (canadienses o chinos), e incluso una tienda con figuras #TLQM que tiene unos precios escandalosamente altos (a pesar de su aspecto destartalado). También veréis incluso más vagabundos que en Downtown, ya que Chinatown está muy cerca de la zona donde se suelen concentrar la mayor parte de ellos.

A pesar del tema de los homeless que tanto escandaliza a algunos viajeros (por las opiniones que hemos podido leer en la red), parece que la gente de Vancouver es bastante civilizada. Sorprendentemente civilizada. De hecho, parece que los estadounidenses incluso se ríen de lo cívicos que pueden ser los canadienses (coñas de South Park aparte). Atención a como funciona el sistema de pago del metro de Vancouver:

Por último, una de las zonas que seguro utilizan los habitantes de Vancouver para desconectar es el Stanley Park. Pegado al Downtown, es un parque bastante grande y muy bien acondicionado para hacer largos paseos o pequeñas excursiones. Nosotros lo recorrimos en bicicleta, seguramente la mejor opción, y no creemos que merezca la pena dedicar demasiadas horas viéndolo a pie (hay varios sitios para alquilar bicicletas por el camino que va al parque saliendo desde el centro de convenciones).

Parece mentira que uno se encuentre a pocos minutos del mismo centro de Vancouver, ¿verdad?

No abandonamos Vancouver aún, en nuestro próximo post hablaremos de algunas de las tiendas #TLQM que pudimos visitar en Granville y otras partes del Downtown: ¡cómics y libros a cascoporro!
07
sep
11

Ruta por Canadá: Itinerario

Saludos cosmonautas,

después de haber hablado del tema del presupuesto, ya es hora de que entremos de lleno en el viaje para mostraros el itinerario que realizamos durante esos 20 días por Canadá, un itinerario que, ya os decimos de entrada, recomendamos hacer “al revés” de como lo hicimos nosotros (ya os contaremos las razones).

Aquí tenéis el mapa general del viaje entero, aunque luego veremos con mayor detalle el viaje con la caravana (y en cada post un mapa mucho más detallado, carreteras inclusive). La ruta empezó en Vancouver, pero rápidamente nos pusimos a hacer kilómetros a través de varios parques naturales: Garibaldi, Well’s Gray, Jasper, Banff y Kannanaskis. El viaje terminó en Toronto, la ciudad más grande de Canadá, la más multicultural, pero que no es la capital del país (¡ojo! que es Ottawa).

Un mapa más detallado de la ruta en caravana, aunque no fiel del todo a las carreteras que tomamos. 

(A medida que vayamos haciendo los posts incluiremos los links, sirviendo este post de índice.)

Días 1-4 Vancouver

Pasamos las primeras tres noches en la ciudad de Vancouver, la más importante de la costa oeste de Canadá, donde hicimos nuestra primera toma de contacto con la cultura canadiense, y donde nos llevamos algunas sorpresas que ya os contaremos en su debido post. Hubo tiempo para hacer las primeras compras #TLQM (aquí tienes una pequeña guía).

Días 4-5 Carretera 99 del Mar al Cielo (Sea to Sky Highway)

Estrenamos la caravana en la famosa ruta 99, una autopista que empieza con vistas al mar y acaba en las montañas. Si os gusta conducir os encantará esta carretera con unos cambios de paisaje exagerados. En pocos metros puedes pasar de un bosque de estilo alpino a una especie de desierto al estilo western.

Días 5-7 Well’s Gray Provincial Park

Aparte de lo famosísimos parques nacionales, Canadá está lleno de “parques provinciales“, normalmente más pequeños y gestionados por cada provincia. Lo bueno de esto es que suele haber menos gente. Aquí pasamos una noche en el cámping más “salvaje” de toda la ruta. Después, de camino a Jasper, paramos en Blue River para hacer un safari de osos.

Días 7-10 Jasper National Park

El primer gran destino que nos esperaba en las montañas rocosas de Canadá. Los cámpings eran enormes (alguno con más de 700 plazas), pero a pesar de ello, no estaba masificado, y podías hacer rutas tranquilamente sin encontrarte demasiada gente (aunque será más difícil que encuentres un sitio donde estés completamente solo). Aquí encontramos mucho fauna, especialmente los llamados wapiti, que campan a sus anchas por los cámpings, e incluso algún oso jovencito se paseó por uno de ellos. Aquí también realizamos la excursión más “seria”, subiendo en poco tiempo a los Bald Hills (2300 metros), y disfrutando de las fabulosas vistas del Maligne Lake (¡gran nombre!).

Días 10-14 Banff National Park

El parque nacional de Banff es seguramente el más popular de Canadá, y eso se tradujo en la primera “decepción” del viaje al ver que la mayor parte de sitios estaban realmente masificados. Hay sitios preciosos, pero al ser fácilmente accesibles en seguida se llenan de gente. Vimos menos animales que en Jasper (seguramente por el mayor volumen de gente), y nos dimos cuenta de que las “multitudes” de Jasper en realidad no lo eran tanto. Fue precisamente esto lo que nos hizo replantearnos la ruta de este viaje, llegando a la conclusión que quizás lo mejor es empezar por Banff. Tanto en Well’s Gray como en Jasper te acostumbras a encontrar poca gente, con lo cual la llegad a Banff es algo chocante. Si empiezas al revés, cada vez encontrarás menos gente, y eso es de agradecer.

Días 14-15 Kannanaskis Country

Huimos de Banff un día antes de lo previsto, y decidimos acercarnos a uno de esos parques provinciales que quedaban a medio camino de Calgary. Había muy poca gente, y los paisajes nada tienen que envidiar a Banff. Un acierto, aunque una pena que sólo estuvimos ahí por una noche.

Días 15-16 Calgary

Aunque pasamos la mayor parte del día en Kannanaskis Country, por la tarde ya nos dirigimos a Calgary para pasar la última noche antes de entregar la caravana y coger el avión hacia Toronto. No visitamos Calgary, sólo dimos varias vueltas para encontrar un cámping y un “shopping mall”, pero la primera impresión no fue muy alentadora. Dormimos en un cámping privado, bastante feo, pero conveniente al estar muy cerca del lugar de entrega de la caravana.

Días 16-20 Toronto

La gran urbe de Toronto nos pareció una New York en pequeño, con su Chinatown, Koreatown, Little Italy, y tantos otros barrios “temáticos” (Entertainment, Financial, University…). Nos hicimos unas grandes pateadas urbanas, compramos muchos libros y nos dimos la gran sorpresa del viaje, la FanExpo (convención de cómics, anime, scifi y terror). Y por supuesto, pudimos hacer mierdihumor desde la torre más alta de Toronto.

Alternativas

Aparte de hacer el viaje en sentido contrario, hay otros sitios que no visitamos pero que quizás podéis tener en cuenta si pensáis visitar esta zona de Canadá. Pegados a los parques de Banff y Jasper están otros dos parques nacionales menos conocidos: Kootenay y Yoho. Tienen menos facilidades en cuestión de cámpings (escasos y con menos servicios), pero eso se traduce también en menos visitantes, lo cual siempre es un plus.

Si hay tiempo, o prefieres hacer otra ruta que no pase por Well’s Gray, existe también la opción de pasar por el Glacier National Park, donde podrás ver algunos glaciares (aunque también se pueden ver algunos entre Jasper y Banff).

A partir de ahora empezaremos a desgranar cada una de estas etapas explicando con todo detalle los cámpings, excursiones, anécdotas y otras informaciones prácticas de este espectacular recorrido.

05
sep
11

Ruta por Canadá: presupuesto

Saludos cosmonautas,

lo prometimos, y cumplimos. Con el post de hoy empezamos ya a desgranar la ruta de 20 días que hemos realizado por Canadá, ofreciendo un viaje de fabulosos paisajes, contacto directo con la naturaleza, pero también con una pequeña parte de turismo urbano, cultural y #TLQM.

La carretera 99, llamada “del mar al cielo”.

Empezaremos diciendo que un viaje a Canadá no es un viaje barato (por el alto nivel de vida canadiense), pero tampoco es algo desmesurado. Seguramente es más económico en otras épocas, pero también es cierto que muchos de los parques y cámpings sólo abren de Julio a Septiembre (el resto del año el frío y la nieve lo hace todo más difícil). Por lo tanto, la mejor época para hacer excursiones sin sufrir demasiado es agosto (y aún así, os podemos asegurar que pasamos frío algunas noches).  Tened en cuenta también que este viaje en concreto está más enfocado a la montaña, así que si os interesa más la ciudad, seguro que se pueden hacer viajes más cortos y económicos en otras épocas (aunque llevaros ropa de abrigo y preparaos para la nieve).

Así pues, entre aviones (incluyendo un vuelo interno), hoteles de Vancouver y Toronto, alquiler de caravana, más gastos de comida, transportes y algunas actividades culturales, hemos gastado, para un viaje de 20 días, unos 2500 euros por persona (1200 eran aviones). Aquí no incluimos todos los souvenirs y frikadas varias, pero sigue siendo más barato que algunos presupuestos de viajes a Japón para casi la mitad de días.  Matizar también que compramos los vuelos a mitad de Julio, seguro que con antelación se consiguen mejores precios.

El tema de los precios asusta un poco, sobretodo cuando te plantas en un restaurante, y ves que hay pocos platos que bajen de los 11 dólares. Estos precios casi nunca incluyen impuestos ni el 15% de propina que se supone debes dejar en Canadá; y os podemos asegurar que las empalagosas atenciones del principio dejarán paso a la antipatía cuando el camarero vea que la propina no es la que esperaba. Afortunadamente, la mayor parte de las comidas del viaje las haremos en la caravana, con lo cual nos ahorraremos bastante dinero. Aún así, los precios de los supermercados tampoco son económicos, y lejos de las grandes ciudades no suelen haber alternativas baratas, lo tomas o lo dejas. De forma más o menos aproximada podríamos decir que cada producto puede costar entre 1-2 euros más que en España (en el mejor de los casos). ¡Una botella de aceite Borges te costaba casi 10 dólares! (Y era el único aceite decente que vendían.)

El tema de los hoteles y los precios es casi una ciencia en estos días, hay expertos, gurús, y profetas de todo tipo que seguro que te encontrarán el mejor hotel al mejor precio, pero no viene mal dedicar algunas horas al Google Maps para situar los hoteles, y luego leer algunas críticas (cuantas más mejor). La verdad es que tuvimos relativa suerte con los hoteles de Vancouver y Toronto, teniendo en cuenta que reservamos a finales de Julio.

El hotel de Vancouver fue un Holiday Inn, y salió por 62 dólares la noche por persona (44€). Aunque no teníamos desayuno, para ser un hotel con todos los servicios y bastante céntrico estaba realmente bien. Para Toronto elegimos la siempre interesante opción del B&B (Bed & Breakfast). En el Havin Inn no te cambiaban las sábanas cada día y teníamos que compartir 3 baños entre 6 habitaciones (no está nada mal), pero sí te daban desayuno, era muy acogedor, céntrico, y nos salía a 33 dólares por persona la noche (24€).

El tema de la carvana es lo que más duele, pero también es lo más gratificante e importante, y hay que tener en mente que no sólo estás contratando un medio de transporte, sino también tu alojamiento. Nosotros reservamos con Cruise Canada (que son los mismos que Cruise America), y nos salió por unos 4000 dólares canadienses (2870€ aprox.) la caravana de 5-6 personas (incluídos los 500 dólares de depósito). Ya que nosotros recogimos la caravana en Vancouver y la devolvimos en Calgary, salía algo más caro que devolverla al mismo sitio (aunque no creemos que tenga mucho sentido devolverla al punto de partida). Contratamos la caravana para 1200kms, que es lo que habían calculado que haríamos para llegar a Calgary, pero al dar bastante rodeo al final hicimos unos 1000kms más, nos los cobraron a 0.32 dólares el km., y nos descontaron directamente del depósito. Lógicamente hay que devolver la caravana con el depósito lleno de gasolina, y todos los depósitos de aguas negras y grises vacíos. Pero puedes pagar ya de entrada para devolver la caravana con los depósitos de aguas llenos y el de gas vacío (así te ahorras algo de trabajo el último día – aunque lo de las aguas no lo vemos tan necesario).

En principio no está permitido acampar en cualquier lugar, aunque eso tampoco te impide que aparques en un sitio discreto y te pongas a dormir, pero en los parques naturales sí que hay prohibición expresa de pasar la noche en ciertos lugares y te pueden multar por ello (una caravana abulta bastante más que una tienda, y no llegarás a sitios tan apartados con ella). Así que lo mejor es acercarte a los campings (privados y “oficiales”) que hay durante toda la ruta. Para una caravana, si coges una plaza con todos los servicios (electricidad, agua y tubo para aguas) te puede salir alrededor de los 30 dólares (22€), pero si pides menos servicios la cosa puede llegar a bajar hasta los 16 dólares (en un camping perdido en la montaña donde simplemente había letrinas – pero era precioso y con poca gente). Aparte, en algunos cámpings puedes pagar 8 dólares que te dan derecho a hacer fuego (para el cual te proporcionan toda la leña que quieras). Añadir que algunos cámpings privados pueden ser más baratos y otros más caros (llegamos a pagar 40 y pocos dólares una vez).

Finalmente, lo que tenéis que contemplar también es la cruda verdad: si eres turista, tarde o temprano vas a tener que pagar para poder ver algunas cosas. Léase: un tour por un lago, un safari para ver osos o ballenas, subir a la torre más alta de Toronto, y tantos otros atractivos que por mucho que te empeñes, no podrás conseguir gratis. Aunque en nuestro caso particular pagamos sólo para un par de cosas, ya os advertimos que los precios de estas visitas organizadas son desorbitados. Ir a ver ballenas te puede salir por unos 100 dólares, el safari de osos unos 70 dólares, un viaje organizado de medio día a las cataratas del Niagara otros 70 dólares… y ya os contaremos lo que no costó entrar en un “salón del cómic”, ¡escandaloso!

Esperamos no haber asustado a nadie con estos precios, que insistimos pueden rebajarse bastante si te espabilas con el vuelo. Pero lo cierto es que vale mucho la pena el viaje, ya lo veréis en las próximas entregas :)

En la siguiente os haremos un repaso general de la ruta que hicimos.

27
abr
11

La típica y tópica ruta por el centro de Londres

Saludos cosmonautas,

hoy empezamos con la primera entrega de los vídeos sobre nuestro viaje a Londres para mostraros y sugeriros una ruta turística que se puede hacer fácilmente a pie y en relativo poco tiempo. Muchos de los viajes que se hacen a Londres son cortitos, así que es bueno tener ya preparadas algunas rutas. La que os proponemos a continuación es de lo más típico, y te te permite ver en menos de un día algunos de los sitios más famosos de la capital inglesa: Picadilly Circus, Buckingham Palace, el Big Ben y el Parlamento, Westminster, el Soho, etc.  Y entre tanto monumento también haremos algunas de las cosas típicas: beber cerveza y ver musicales, dos cosas que también pueden hacerse a la vez.

Todo esto se puede hacer a pie y sin gastar una sola libra (aparte de la comida y el musical, claro). Pero si sois algo vagos y queréis moveros en autobús o en metro, os recomendamos que os hagáis con una Oyster Card, con la cual pagaréis siempre el precio más bajo por cada trayecto (pagar billetes individuales es una auténtica ruina). Estas tarjetas se pueden recargar con el dinero que quieras y cuando la devuelves te van a dar de vuelto todo el dinero que no hayas gastado.

Seguiremos contando más cosillas de nuestro viaje próximamente.




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