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04
oct
11

Metal y Global Metal: ¿los documentales definitivos?

Saludos cosmonautas,

Sam Dunn es un nombre que a varios metalheads les debe sonar a estas alturas, o debería sonarle a cualquiera que tengo un mínimo interés por la historia del Metal, y más concretamente, por la cultura del Metal como fenómeno social. Estando ahora al frente de una productora especializada en hacer vídeos de conciertos, su nombre saltó a la palestra en 2005 con “Metal: A headbanger’s journey”, un documental que pretendía dar una respuesta antropológica al fenómeno del Metal, un género tan amado y a la vez tan odiado. Gracias al éxito cosechado, poco después llegaría una especie de segunda parte llamada “Global Metal”, en la que Dunn se patea casi todo el globo (Brasil, Japón, Dubai, Indonesia…) para entender las particularidades del Metal en cada país (con un resultado incluso superior a “Metal”).

METAL: A Headbanger’s Journey (2005)

El primero de los documentales empieza con la historia del propio Sam Dunn, un antropólogo con una gran pasión por el Metal en todas sus formas, desde Iron Maiden hasta Mayhem. Algo frustrado por el desprecio y la incomprensión que la mayor parte de la sociedad demuestra hacia esta música, se embarca en un viaje para comprender, no sólo sus orígenes musicales y los distintos estilos, sino también las raíces culturales del Metal como fenómeno social y antropológico. Un viaje para el conocimiento, que le servirá, en parte, para replicar muchas de esas críticas, tan duras en tierras americanas.

La primera parte de “Metal” es seguramente uno de los mejores repasos que hemos podido ver a nivel audiovisual de los orígenes del Metal, y nos lleva a las mismísimas raíces del estilo, e incluso más allá. Todo esto se realiza con la ayuda de músicos de la talla de Tony Iommi, Dio, Rob Zombie, Alice Cooper e incluso Slipknot, que sirven ellos mismos de ejemplo para explicar porqué el Metal es como es. Una de las teorías más interesantes, pero a la vez más discutibles, es la del origen (innegablemente) obrero del Metal, que refleja la depresión y la frustración de una clase baja, principalmente inglesa, pero también la criminalidad, los abusos y las familias desestructuradas, en su lado más “americano”. La nota interesante/graciosa es ver que, muchas de estas familias obreras, vivían del sector de la metalurgia. ¿Pero es condición indispensable este trasfondo para ponerse a tocar Metal?

Otro de los puntos interesantes de la primera mitad es la descripción que se hace del Metal, llegando a unas conclusiones que, si bien eran fácilmente aplicables en las bandas de Heavy Metal de los 70, ya no lo fueron en los 80 (¿todos los cantantes de Metal cantan agudo?). Pero afortunadamente, Sam Dunn no se encasilla, y dedica su tiempo a hablar de otros estilos alejados del cliché, como puede ser el Black Metal (incluyendo viaje a Noruega), o hablando de la controversia del Death Metal (con las portadas y canciones censuradas de Cannibal Corpse).

Gaahl de los noruegos Gorgoroth, en uno de los momentos más hilarantes del documental.

La segunda mitad del documental es donde se llega más a las entrañas del Metal, pero es también quizás donde se deja aflorar más el romanticismo fan, perdiendo un poco la rigurosidad que se prometía al principio. Allí se habla de los fans, y se intenta explicar la razón de su atracción por una música, que a la mayoría les acompañará toda la vida, e incluso marcará su forma de vivir y entender el mundo (algo que otros estilos musicales, más pasajeros, ni llegan ni pretenden conseguir). Allí también llega el momento de tocar algunos de los aspectos más controvertidos, la influencia que el Metal tienen en sus fans, o mejor dicho, “la terrible y peligrosa influencia que ejerce esta música del demonio”. Se tratan aquí las cuestiones de la censura, la religión (sobretodo el satanismo o el anticristianismo), pero también hay tiempo para hablar de la sexualidad (especialmente centrándose en el fenómeno del Glam Metal – con algunas interesantes observaciones).

Después de haberlo visto al menos en tres ocasiones, seguimos quedándonos con las ganas de más. Más profundidad en algunos temas, más aspectos a tratar (¿la industria qué papel juega en todo esto? ¿y la prensa?), pero también más duración. Al final, la sensación que deja es que el fan ha podido más que el antropólogo. Pero al mismo tiempo, preferimos que esta explicación del fenómeno llegue de manos de alguien que lo entiende y lo vive, y que tenga cierta capacidad para analizarlo, que no del típico investigador “objetivo”, que difícilmente será capaz de poner las cosas en su adecuada perspectiva. En definitiva, “Metal: A headbanger’s journey” es por ahora una de las mejores aproximaciones a la explicación del Metal y todo lo que le rodea, hecho con cariño, y al mismo tiempo rigor, y que quizás con algo más de metraje habría podido llegar mucho más lejos (pero quizás no sería tan comercial).

GLOBAL METAL (2008)

Y la respuesta a nuestras peticiones llegó tres años después con “Global Metal”, que si bien no es una segunda parte estricta, sí ofrece una visión del Metal mucho más rica, con todos los matices que las distintas culturas que han abrazado el estilo han aportado.

Es innegable que el Metal es un producto originado entre los intercambios musicales de Inglaterra y Estados Unidos, pero ya en los años 80 la globalización del Metal se hizo patente con bandas como Sepultura, y actualmente está luchando por hacerse un hueco en culturas tan dispares como la china, la india, e incluso la iraní. A estos, y otros países, es donde Sam Dunn viajará para conseguir esa visión multicultural del fenómeno del Metal, intentando encontrar qué han aportado los distintos países al Metal, pero también descubriendo como este producto encaja en su cultura.

Como parece lógico, el documental empieza con Brasil, para hablar de Sepultura, seguramente la banda de Metal, no americana/inglesa, más famosa e importante de la historia. Dunn busca en prácticamente cada país cual fue el punto de inflexión, el momento en que el Metal entró con fuerza en cada país, y en Brasil fue el festival Rock in Rio, toda una institución en los 80 (ahora completamente desvirtuada). Aquí destaca sobretodo la aportación de Max Cavalera, con interesantes reflexiones sobre lo universal de la música de Sepultura.

El viaje nos lleva después hasta Japón, donde se nos hace la interesante reflexión de la convivencia de dos escenas que prácticamente se ignoran la una a la otra: la escena del Visual Kei (formado exclusivamente por bandas japonesas) y la del Metal, digamos, occidental (donde dominan las bandas extranjeras, pero también hay lugar para las niponas que tocan con “estilo occidental”). Aquí entrarán en escena Marty Friedman, una de las mejores personas para hablar de ambos mundos, pero también Yoshiki (de X Japan) y uno de los integrantes de Sigh, que con una simple frase lo dice todo: “el Metal es cool, y el Visual Kei no lo es”.

Después llega el turno de los dos grandes países emergentes del momento, China e India. Aunque son obvias las diferencias culturales entre Japón y occidente, es cierto que llevan muchos años bajo la influencia de la cultura americana, y por lo tanto, que el Metal tenga una muy buena salud no es nada extraño. Pero China e India ya son otra historia. La barrera cultural es mayor, sobretodo por el control que ejerce el gobierno chino en cuanto a las influencias externas, y por el peso de la tradición en la India (donde además tienen Bollywood, que no sólo gana en el cine, sino también en el apartado musical). Aún así, hay fans devotos que luchan contra los prejuicios de su sociedad (donde la incomprensión es mucho más acusada). Lo que más destaca de estos países es que, a diferencia de Brasil y Japón, en el momento de hacer el documental aún no habían podido ver a ningún gran grupo de Metal actuando en su país (lo que acostumbra a ser el punto de inflexión para el inicio de un boom musical).

Y si en China o en la India tienen problemas con la censura, Irán ya llega a ser incluso peligroso. De hecho, el equipo de grabación no obtuvo los visados para entrar al país, así que tuvieron que encontrarse con algunos de los fans del Oriente medio en Dubai, durante la celebración del Desert Rock Festival (el único festival de Metal que se celebra en los países árabes). Allí nos contaran como se les puede llegar a detener por llevar el pelo largo, y camisetas de grupos de Metal, ya que se les puede acusar de “adorar al demonio”. Algo parecido pasa en Indonesia, aunque con algunas diferencias significativas (allí sí han actuado muchos grupos de Metal, y algunos no ven contradicción alguna entre su fe musulmana y escuchar música Metal). Finalmente, Sam Dunn se fue a uno de los puntos calientes del globo, Jerusalén, para comprobar como la música puede ayudar, o no, en estos eternos conflictos.

Desde las “primaveras árabes” se ha hablado bastante en los medios generalistas del papel que el Metal está jugando en países como Irán, y Sam Dunn tiene el mérito de haber expuesto, queriendo o no, este poder que puede llegar a ejercer la música en la sociedad (un poder que seguramente ya no tiene en las sociedades occidentales). Pero no es este el único mérito de “Global Metal”, y es que su autor ha conseguido mostrarnos, de una forma mucho menos subjetiva que su predecesor, como se vive el Metal en el mundo globalizado del s.XXI, llevando el documental hacia un terreno que va mucho más allá del “típico documental sobre música que sólo gusta a los fans”. Y es que estamos convencidos que “Global Metal” pueden ser un producto interesante tanto para el aficionado (a quien le encantará ver a Lars Ulrich, Max Cavalera, Kerry King, o Bruce Dickinson)  como para el neófito (que no tiene ni idea de quienes son esta gente, pero puede interesarle este fenómeno de la globalización).

Ambos documentales se pueden conseguir tanto por separado como en un pack conjunto. Si bien “Global Metal” es escaso en cuanto a extras, “Metal” tiene cosas tan suculentas como un pequeño reportaje sobre el Black Metal, versiones extendidas de las entrevistas, y escenas eliminadas. Todo ello, material indispensable para cualquiera con un mínimo interés por el Metal en todas sus formas.

PD: Por cierto, aquellos que odian a Lars Ulrich por el “caso Napster”, podrán regodearse cuando el batería de Metallica se retracte de lo que hicieron en “Global Metal”.

25
jul
11

Sangtraït: ¿rock catalán? NO! Heavy Metal

Saludos cosmonautas,

no sé como he podido tardar tanto en dedicar un post al que sería uno de los grupos a los que más cariño le tengo. Uno de esos grupos que forman parte de mi ADN musical, y que aún tengo uno de sus conciertos en mi podio de honor de los mejores conciertos de mi vida. Estoy hablando de los grandísimos Sangtraït, seguramente uno de los pocos, por no decir el único grupo de Heavy Metal catalán (y que cantaban en catalán) que tuvo una repercusión considerable en Catalunya. De hecho no ha vuelto a suceder jamás algo parecido.


Un foto muy precoz de Sangtraït.

Sangtraït empezaron a formarse en la Jonquera (en la frontera con Francia) ya en 1979, pero no sería hasta 1982 cuando serían un grupo más o menos sólido. Por esa época se llamaban Los Bomberos Atómicos (algunos de ellos se habían puesto a trabajar de bomberos pensando que tendrían tiempo para ensayar), pero no sería hasta 1988, con el cambio de nombre y de cantante, que llegaría su debut discográfico: “Els Senyors de les Pedres” (los señores de las piedras). El disco era una mezcla de canciones Hard Rock y Heavy Metal con un aire bastante setentero aún, y que tenía la curiosidad de contar con un saxofonista (el mítico Papa Juls), que le daba un aire muy personal a la banda. También destacaban sus letras, que tanto podían ser misteriosas y épicas al más puro estilo Heavy Metal (muchos temas medievales o mitológicos), como más cachondas y “de bar” (normalmente los temas más Hard-Rock). Aparte del himno “Els Senyors de les Pedres”, en ese disco apareció una de las canciones más queridas y recordadas de la banda, y también una de las baladas catalanas más populares: “El vol de l’home ocell”, la historia de un hombre que quería ser pájaro.

Ya en pleno apogeo del movimiento del Rock Català, en 1990, Sangtraït editaron su segundo disco: “Terra de vents” (tierra de vientos). Lo cierto es que el grupo apareció justo en el momento en que se empezaba a mover el Rock en catalán, y no hay duda de que usaron ese empuje a su favor (aparecieron en los mismos recopilatorios que hicieron famosos a muchos de los grupos de Rock Català: Sopa de Cabra, Els Pets, Sau, Lax ‘n’ Busto, etc.). En esa época no se hacía demasiado extraño ver a Sangtraït entre esos grupos (que se hiciese música en catalán ya era suficiente), pero visto con perspectiva está claro que el grupo se desmarcaba mucho del resto musicalmente.

Si su disco debut ya había llamado la atención con unas buenas 10.000 copias, “Terra de vents” fue el empuje que necesitaban para empezar a moverse por toda Catalunya. El disco suponía un considerable salto cualitativo, ya fuese por una producción algo más potente como por unos temas mucho más compactos, el estilo de Sangtraït cada vez estaba más definido. De ahí salieron dos grandes clásicos de la banda, “Inqui-missió” y “Sang en el fang”, este último es seguramente uno de los más populares, y un buen ejemplo de esa mezcla de Heavy Metal con el sonido del saxo.

“Inqui-missió” era uno de esos temas pesados, donde las letras medievales Heavy Metal brillaban más, y que mostraban el lado más épico de Sangtraït.

Sin apenas tiempo para respirar, Sangtraït se metieron de nuevo en el estudio y parieron el disco más famoso de la banda, “L’últim Segell” (el último sello), el que definitivamente les consolidaba en el panorama musical catalán, y que además consolidaba definitivamente su particular estilo, subiendo el ritmo de las canciones, y recreándose en la épica que tan bien sabían plasmar en canciones Heavy Metal (sin necesidad de hacer Power). Prácticamente todos los temas de las cara A del disco son clásicos absolutos de la banda (por entonces el vinilo seguía siendo lo más vendido, y tenía su importancia y su lógica donde se colocaba cada canción).

“L’últim Segell”, el “master of puppets” de Sangtraït.

Empezaba por “Furtadora d’ànimes”, cuyo parón en el que Quim Mandado grita “no hi ha qui el pari!” es uno de esos detalles que convirtieron la canción en clásico al instante. Una canción rápida, épica y que habla de uno de esos grandes temas: la muerte.

Y sin dejarte tiempo para respirar, aparecen con “El guerrer”, puro Heavy Metal para hablar del horror de la guerra.

Si al principio os decíamos que “El vol de l’home ocell” fue una de las grandes baladas catalanas, con “Somnis entre boires” la banda de la Jonquera nos demostró que tenían un talento especial para componerlas, en la mejor tradición de las Power Ballads. Aquí os la mostramos en una versión especial del último concierto de la banda:

Ese 1991 fue muy especial para la banda, no sólo editaron uno de sus discos más famosos, sino que además participaron en el mítico concierto que se celebró en el Palau Sant Jordi junto a Sopa de Cabra, Els Pets y Sau, con 22.104 se batió el récord europeo de asistencia a un concierto en un recinto cerrado. De ahí apareció el disco “Sangtraït al Palau Sant Jordi”, del cual han salido la mayoría de vídeos de este post, y que nos ofrece a la banda en sus momentos más dulces.

Después de haber llegado a lo más alto Sangtraït se sacaron de la manga un nuevo trabajo que refinaba todo lo que habían conseguido con “L’últim segell”, y además lo llevaba a otro nivel con la incorporación de las influencias más Ópera Rock de bandas como Queen (aquí se recrearon en su habilidad en cuanto al tema vocal). El título era realmente descriptivo, “Contes i llegendes” (cuentos y leyendas), y aunque incluye algunos temas con letras y sonido más Hard Rock, en realidad dominaba el Heavy Metal épico que tan bien les había funcionado hasta el momento, junto con algunas de las letras más fantásticas y románticas que habían parido. Un grandísimo trabajo de Heavy Metal, temas rápidos y tralleros como “Les Creus Vermelles”, pesados y potentes como “Profanacció”, baladas de lagrimita como “La reina del gel” o “Sentències d’amor”, o himnos Hard-Rock como “Alè de mil-cent”. Podríamos decir que no sobraba ni una de las canciones, definitivamente uno de los trabajos más redondos que compusieron Sangtraït.

Una de las grandes sorpresas del álbum fue “Freddie Memorium”, una preciosa canción dedicada a Freddie Mercury que contó con la colaboración de Lluís Llach, una de esas mezclas que uno difícilmente puede imaginar, pero que tuvo unos resultados excelentes. Es una pena no poder mostraros el videoclip original (un claro homenaje al “Bohemian Rhapsody”), pero parece que nadie lo ha subido a YouTube. De todos modos ahí va la canción (cuyos beneficios se destinaron a la lucha contra el SIDA):

Con “Contes i llegendes” parece que Sangtraït cerraban una etapa y empezaban otra, que coincidía con el declive del movimiento del Rock Català, al menos en cuanto a la popularidad conseguida en la primera mitad de los noventa. En 1995 editaron su particular “Load” (los fans de Metallica lo habrán entendido), era un disco diferente, que rompía en muchos sentidos con todo lo anterior, aunque conservando en buena parte su personalidad. En realidad, “Eclipsi”, no dejaba de ser un paso lógico después de lo que habían hecho en “Contes i llegendes”, pero muchos fans no lo entendieron así, y les dieron la espalda.

Pero a mi me gustó, y a día de hoy sigo pensando que es un buen disco, aunque fuese diferente (y no tan redondo como los dos anteriores). Seguramente es el disco más experimental (con muchos teclados), a la vez donde la producción es de mayor calidad, y algunas de sus baladas son de lo mejor que ha hecho Sangtraït en su carrera (“Esperit de mar” o “Sentiments de paper”). Pero quizás les faltaba esa épica que medieval que les caracterizaba, y la sofisticación del sonido y las composiciones es algo que sus fans originales no entendían.

“Cara i creu” fue el “Single” con el que promocionaron el disco, y parece que ese bajo junto con los sintetizadores no cuajó.

Quizás haciendo caso a las voces críticas, o porque después de dos discos más sofisticados y cuidados querían volver a las raíces, en 1996 editaban “Noctámbulus”, que realmente parecía un retorno a los tiempos de “L’últim segell” (aunque sin deshacerse de algunos de los rasgos de los últimos trabajos). Volvían las temáticas medievales y fantásticas, el sonido más crudo, y también vuelven las canciones más Hard Rock. Y aunque se podría decir que es un trabajo decente, ya no tuvo el impacto de los anteriores, entrando en el peligroso terreno de los discos que se convierten en “uno más”.

Después de “Noctámbulus” el grupo desapareció durante tres años, el período más largo desde que debutaron en 1988. Pero cuando volvieron en 1999 ese gran interés por bandas de Rock Català prácticamente se había extinguido (resistían algunos de los veteranos, y algunos de los grupos más jóvenes, pero ya no tenían la repercusión que habían tenido en su momento). “L’altre cantó del mirall” (el otro lado del espejo) fue el último trabajo de Sangtraït. Era un disco especial, quizás más centrado en el Hard Rock y con letras que se alejaban de cualquier temática medieval o fantástica para hablar de temas más cotidianos.

Una vez más, Sangtraït sacaban un disco que ofrecía buenas canciones (incluso mejor que el algo regular “Noctámbulus”), pero ya no tenían ese gancho inicial, y se había perdido también parte de la magia que les había caracterizado. Hasta cierto punto parecía la enésima renovación de su sonido, siendo quizás el disco menos Sangtraït de todos (no por ello un mal disco).Pero en realidad, eran otros tiempos, ni siquiera el Heavy Metal pasaba por su mejores momentos a nivel mundial (era la época del Nu-Metal), y Sangtraït ya llevaban un tiempo pagando caro el haber formado parte de ese fenómeno llamado “Rock Català”. En su momento les benefició, y no podemos saber qué habría pasado con la banda de no ser así, pero al estar verse encasillados en un contexto musical que no era el suyo, parecía muy difícil posicionarse en otro tipo de mercado.

Así pues, en 2001 se anunciaba que Sangtraït iban a celebrar su último concierto en la Sala Razzmatazz el 20 de Diciembre. Para ello invitaron a varios de los músicos con los que habían compartido escenario en sus primeros años, así como algunos otros Heavy Metaleros catalanes. Fue un final algo abrupto, y que en ese momento no pareció importarle a mucha gente. Pero años después, a medida que la nostalgia empezó a crecer, algunos empezamos a echarles de menos. En Facebook existe algún grupo que reclama que la banda vuelva a unirse una vez más para dar otro concierto, aunque una vez más sea el último (demostrando la poca importancia que injustamente se le dio en su momento a la despedida del grupo).

Un servidor también puso su granito de arena en la despedida creando el perfil de Sangtraït en MySpace, que finalmente acabaría traspasando a Lupe Villar, la mismísima guitarrista del grupo, que me emocionó bastante al darme las gracias por crearlo. Y lo cierto es que a pesar del silencio de estos años, parece que varios de los miembros de Sangtraït se están poniendo las pilas creando nuevas bandas.

Lupe anunció a través de MySpace que había creado un proyecto llamado Kcor de Rock (junto a los chicos de Dragonslayer), y editaba con la misma discográfica de siempre un álbum con versiones de canciones Metal clásicas y también modernas: desde Black Sabbath hasta Linkin Park (WTF!), pasando por Avenged Sevenfold, Rammstein, Metallica, Van Halen, Queen, Iron Maiden y algunos más.  El gran Papa Juls fue el encargado de adaptar las letras al catalán, y Martín Rodríguez (batería de Sangtraït), también hizo su aparición.

En 2009 Martín volvió a juntarse con Quim Mandado (bajista y cantante de Sangtraït que editó en 2003 un disco en solitario), también con el veterano rockero Joan Cardoner, para formar Los Guardianes del Puente, que parece ser un reinicio de un proyecto que compartieron en su adolescencia. Aunque para los que crean que LGP pueden ser una especie de reinicio de Sangtraït, Quim Mandado (esa gran voz), ahora sólo la oiremos en los coros, las letras son en castellano, y el estilo no goza de esa misma originalidad que tan famosos les hizo (recuerda un poco al Alice Cooper de los 90 – sobretodo por la voz de Joan Cardoner).

Y aquí termina este nuevo homenaje que hemos querido darles a Sangtraït, un grupo que se merece mucho más reconocimiento del que tiene actualmente, porque aunque su asociación con el Rock Català fue lo que les catapultó a la fama, siempre fueron un grupo original y de gran calidad musical, y que nos dejaron un fabuloso legado de Heavy Metal cantando en catalán. Merecen por todos sus méritos formar parte de nuestra panteón de bandas #TLQM.

18
feb
11

Yo fui un jebi

Saludos cosmonautas,

hoy voy a hacer una confesión. Para muchos no es nada nuevo, y para otros, puede que les sorprenda: yo era un jebi.

Mejor lo matizamos. Yo era, y creo que sigo siendo, un gran fan del Metal. Pero no de los de largas melenas, tachuelas, cuero, y chaquetas tejanas abarrotadas de parches. Claro que llevé el pelo más o menos largo durante algún tiempo, y para muchos mi estética era un cruce entre el grunge y el metalero americano de los noventa. Pero no me he considerado nunca un “jebi”, porque no encajaba en ese estereotipo de “jebi ochentero” que tan de moda se puso hace unos añitos a modo de revival (innecesario). En cualquier caso, pude ser un “jebi” a ojos de muchos que sólo necesitan una camiseta y poco más para imaginarse que tienes una vida de noches de borrachera y Manowar (¡ugh! ¡no!). Yo siempre preferí lo de “metalero”, aunque mis gustos musicales son realmente eclécticos, lo cual me ha conllevado ser toda la vida la “oveja negra” de cualquier grupo. Si iba con gente más Pop-Rock, yo era el jebiata chungo, pero cuando estaba con gente jebiata yo era el “popero”. En fin…

Entrevista con Apocalyptica.

Después de tanto rollo, os estaréis preguntando a dónde quiero ir a parar con esto de que fui un jebi, pero ya no lo soy, aunque nunca lo fui. El caso es que hace ya varios años que no estoy al día en todo lo que pasa en la esfera del Metal. Ni me entero de discos nuevos, ni de los conciertos, y mucho menos de las nuevas bandas que puedan aparecer. Estoy totalmente desconectado. En cambio, hace no tantos años, estaba metido de lleno en el cotarro. Siendo redactor de la difunta Hell Awaits Magazine, la información musical me bombardeaba cada día, ya fuese comentando discos nuevos, yendo a conciertos de gorra, o entrevistando a estrellas, estrellitas y mindundis del mundo del Metal. Cuando eso terminó (¡Internet, yo te maldigo!), no quise, o no supe, mantenerme al día. Quizás era falta de ganas después de años de saturación (escuchar los discos buenos es muy guai, pero en realidad el 80-90% de música que tienes que tragar es horrible o simplemente tediosa sin nada que aportar), puede que también fuese que estaba muy bien acostumbrado, las noticias llegaban a mí, no tenía que salir a buscarlas.

Entrevista con Chris Fehn de Slipknot.

Podrías decir que desde hace unos 3 años, ya no soy un “jebi”, soy un fan del Metal retirado, o mejor dicho, en stand-by. Porque uno no se olvida de 20 años escuchando Heavy Metal de un día para otro, suena a cursilada, pero es algo que se lleva dentro (porque hábitos como el de hacer headbanging o hacer los cuernos con la mano ya se han convertido en actos reflejos). Aún así, desde que dejé The Bleeding Sun, corté casi totalmente la poca conexión que seguía teniendo con “la escena”. Ahora mismo me encuentro en una fase de poca música y mucho más texto, y todo lo que me apetece escuchar son principalmente los clásicos de “la banda sonora de mi vida”. En definitiva, me he convertido en una de aquellas personas que despreciaba, los que se quedan estancados en una época musical de su vida y no salen de ahí, incapaces de asimilar cosas nuevas (como un Víctor Negro pero en Metal). Siempre me había dicho a mi mismo que estaría en la cresta de la ola, que siempre sería abierto de mente, como lo fui siempre con los experimentos musicales y los “nuevos estilos”. Y ahora, aunque me esfuerce, la cosa no funciona, no hay nada que escuche que realmente me motive o me sorprenda. ¿Será culpa de LA EDAD? Es posible que mis sinapsis hayan dejado de ser tan maleables como antes, les cuesta mucho más hacer nuevas conexiones, y las vainas de mielina se han deteriorado cosa mala (sí, también fui psicólogo, aparte de jebi).

Entrevista con Zakk Wylde.

Pero nos penséis que me he rendido. De vez en cuando hago pequeñas incursiones en alguna que otra página, intentando captar un poco qué se está moviendo por el reino del Metal. Y no sé si el problema soy yo que no sé donde hay que mirar o en qué debo fijarme, pero desde hace un tiempo me ronda una idea en la cabeza. Quizás no sea la desconexión, quizás no sea la edad ni la mielina… ¿no será que no hay nada nuevo en el panorama del Metal?

Por supuesto que me pasaría un poco de vacilón si me pusiera a analizar y concluir sobre el estado de la escena Metal sin estar dentro, o sin haberla observado con detalle durante los últimos 3 años. Pero algo va mal cuando te encuentras que casi todos los festivales, casi todas las noticias, críticas de discos, conciertos, son de bandas que llevan ahí toda la vida (Iron Maiden, Motorhead, ACDC o Judas Priest), otras que ya se pueden considerar veteranas (Slipknot, In Flames, o incluso Mastodon), y finalmente, las que más rabia dan, todas aquellas bandas que en los últimos diez años han tenido la “genial” idea de volver a los escenarios. ¡Joder! Podría haber estado crionizado veinte años y al salir no notaría la diferencia: Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax tocando juntos como si el Thrash Metal acabase de nacer, Manowar siguen siendo unos tipos musculados, feos y jebis de cojones (¿o era jebis y feos de cojones?), y te encuentras con que van a salir discos nuevos de Sodom, Deicide, o Destruction.

Entrevista con Fear Factory y Chimaira.

Intentado deshacerme de mi limitada visión, llevo tiempo preguntando a gente que compartió mi época metalera y que sigue más o menos en el ajo: “¿qué hay de nuevo aparte de lo de siempre?” Y la respuesta siempre es dubitativa, no hay mucho que decir. “¿No hay un nuevo Nu-Metal? ¿Un nuevo Metalcore? ¿Una nueva ola de Black Metal o Death Metal moderno?” Nada. Antes, más o menos siempre había una tendencia en boga, algo por lo que apostaban todos los sellos. Pero parece que todo está mucho más fragmentado ahora, y que ningún sello va a apostar fuerte por sacar adelante una banda nueva. Y es que a la sequía de ideas hay que añadirle que las discográficas no pasan por su mejor momento, y prefieren apostar por los valores seguros, por aquellas bandas que todos conocemos y que tendremos menos reparos en comprar que una banda nueva que apenas conocemos. Si hay que hacer experimentos, los haremos descargando el disco por Internet, y no hace falta decir que la industria musical aún no ha cambiado lo suficiente para adaptarse a esta nueva situación.

Entrevista con Paul Gilbert.

Pero a pesar de que podemos culpar la coyuntura socio-económica yuxtapuesta a demandas de un mercado en transformación, cuya crisis de valores tiene un impacto en el desarrollo artístico de unidades creativas emergentes, impidiendo la creación de una corriente musical homogénea (¡toma ya! quizás sea jebi, ¡pero sé palabras raras!), todo lo nuevo que me han hecho escuchar me ha parecido falto de originalidad, aburrido, soso,  y en definitiva más de lo mismo. Una pena. Aunque reconozco que no tengo la paciencia que tenía antes, y a veces es necesario ponerse a escuchar varias veces un trabajo musical para poder apreciarlo bien. Pero serán las prisas, o la falta de originalidad, pero aún no me ha dicho nada ninguno de los grupos nuevos que he escuchado.

Aún así, podría seguir equivocado, podría ser sólo problema mío y mi falta de perspectiva, así que os pregunto a vosotros, cosmonautas, ¿qué está pasando con el Metal actualmente? ¿Realmente no hay nada nuevo?  ¿Vamos a tener que encontrar una forma de mantener en vida a Rob Halford para que sigamos teniendo un Diós al que adorar? ¿Tendremos que conformarnos con un James Hetfield cantando desde una silla de ruedas y con la bombona de oxígeno? ¡Ayudadme! Este post es un grito a la desesperada para que pueda volver a la senda del auténtico guerrero del Metal. ¿Por dónde puedo volver a empezar?

¿Entrevista? con Helena Iren Michaelsen de Imperia. ¿Queréis saber la historia de la foto?

Banda sonora para la redacción de este post: Megadeth, Black Sabbath, Children of Bodom, Iron Maiden, Kreator, At The Gates, Savatage, Mercufyl Fate, The Haunted, Ozzy Osbourne, Carcass.

13
dic
10

Animetal: Metal y Anime juntos

Saludos cosmonautas,

últimamente hay mucha gente que nos pregunta sobre algunas canciones en concreto que hemos usado en nuestros vídeos, y es que parece que hemos perdido el hábito de ponerlo al final del vídeo. Es algo que tenemos que corregir. Pero da la casualidad que hay un grupo que se repite bastante en nuestros montajes y que muchos preguntáis por ellos. Está claro que lo que hacen estos señores es algo que os llama la atención, y ya tardábamos en hablaros de ellos.

Seguramente muchos de vosotros ya les conocéis, no son para nada un grupo desconocido, pero para aquellos que los descubren ahora… con todos ustedes… ANIMETAL.

Aunque a primera vista parecen un grupo de Visual Kei que aún no ha superado el rollo psicodélico-espacial de los años 70, lo cierto es que estos señores no tienen nada que ver con el movimiento que iniciaron los X Japan. Lo suyo es el Metal puro y duro. Pero su particularidad reside en las canciones que interpretan, y que son, ni más ni menos, que los openings y endings de multitud de animes famosos y también de algunas series tokusatsu.

Esto significa que tenemos versiones suyas de openings de clásicos como Mazinger Z, Devilman, Yamato, Capitán Harlock, Galaxy Express 999, Gundam, Dragon Ball, y un sinfin más de animes, aunque en general son aquellos que tienen ya cierto tiempo. Pero el tokusatsu también es otro de sus grandes temas, y ahí encontraremos los openings de casi cualquiera de los personajes de Shotaro Ishinomori (Kamen Rider, Robotto Keiji, Inazuman, Kikaider…), y también algunos openings de los Super Sentai o los Metal Heroes como Gavan.

El opening de Yamato al completo.

Pero los de Animetal no publican discos al uso, lo suyo es una fórmula que ellos llaman “maratón”, y que consiste en ir enganchado uno tras otro todos los temas que tocan. Ya que la mayoría son openings, y ellos tocan las versiones cortas, es fácil encontrarnos más de 40 canciones en un mismo álbum. Y sí, lo cierto es que a veces da un poco de rabia, ya que nos gustaría poder escuchar un tema entero, pero al menos nos están dando una cantidad de clásicos reinterpretados increíble. Han llegado a publicar 7 maratones, cada uno de ellos normalmente girando entorno a un tema en concreto. En el primero se atrevían con los clásicos del anime de los años 60 y 70, en el segundo con los personajes tokusatsu, en el tercero afinaban más y se iban a las producciones de Tsuburaya (Ultraman, etc.), y sigue y suma. Aparte de los maratones, obviamente han salido varios recopilatorios y álbumes en directo que repasan algunos de sus hits animetaleros.

La etapa más sorprendente de Animetal llegó con la inclusión de Mie en sus filas, la que había sido una de las integrantes de Pink Lady (un dúo de chicas poperas de los años 70), y que convirtió a Animetal en Animetal Lady. Como no podía ser de otra manera, en esta etapa la banda se dedicó a hacer versiones metaleras de openings de shojo y kodomo (es decir, manga para chicas y niños).

Aquí tenemos a las Pink Lady. No es raro que se mezclaran con Animetal, ¿verdad? Algún día tendremos que hacer un post sobre ellas.

Aunque la premisa de Animetal parezca una chorrada nostálgica, no hay que subestimar la banda. Estamos ante unos músicos que saben lo que se hacen, no son unos simples oportunistas, sino grandes músicos que se han propuesto homenajear el anime y el tokusatsu a su estilo, es decir, el Metal. Muestra de ello es también las mezclas que a veces suelen hacer de algunos de los openings con clásicos del Heavy Metal. Así pues, podemos escuchar algo de Led Zeppelin, Ozzy Osbourne, Judas Priest o incluso Kiss entre tanto anime y tokusatsu.

Parte del “maratón tokusatsu” en vivo y en directo.

De hecho, no son unos “mindundis”, su fundador Eizo Sakamoto formó parte de Anthem, uno de los grandes grupos de Heavy Metal japonés en los ochenta (también formó parte del JAM Project). Han contado entre sus filas con uno de los guitarristas de Galneryus, seguramente una de las bandas de japonesas de Heavy Metal más populares actualmente. Aparte, han contado con colaboraciones de otros ilustres como el batería de Loudness, Munetaka Higuchi, o el exguitarrista de Megadeth y que ha trabajado con Aikawa Nanase, el americano Marty Friedman.

Ya simplemente por su propuesta, el mezclar Metal con Anime y Tokusatsu les convierte en una banda #TLQM, pero teniendo en cuenta que encima lo hacen bien, entonces… ¡estos señores se merecen estar en lo más alto del pedestal de TODO LO QUE MOLA!




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