Entradas Etiquetadas con: ‘Guía

30
nov
11

Ruta por Canadá: la carretera de los glaciares

Saludos cosmonautas,

después de dejar atrás el fabuloso parque nacional de Jasper, era el momento de dirigirnos a Banff. Ya que este último está pegado al primero, es un viaje relativamente rápido (si vais con calma os puede lleva medio día), pero os recomendamos que disfrutéis del trayecto, ya que para llegar tenéis que tomar la ruta (93) conocida como “la carretera de los glaciares” (Icefields Parkway o Promenade des Glaciers, en los dos idiomas oficiales de Canadá). La carretera, de dos carriles y una velocidad máxima de 90 km/h, transcurre por un valle de las montañas rocosas que cada vez se hace más estrecho, y es entonces cuando uno empieza a encontrarse con algunos de esos glaciares impresionantes que dan nombre a la ruta.

A lo largo de la ruta habrá muchas oportunidades de pararse para contemplar montañas, ríos, varios lagos impresionantes, y por supuesto los glaciares. La verdad es que pararse en todos es casi imposible, a no ser que uno pretenda llegar entrada la noche a Banff. Y es que hay que tener en cuenta que los cámping que hay a lo largo de la ruta son de los más básicos, sin duchas, electricidad o agua.

La primera parada típica de esta ruta son las Athabasca Falls, que al estar bastante cerca de Jasper se puede hacer cuando estés por la zona. Son unas cataratas bastante espectaculares, pero precisamente por estar tan cerca de Jasper suelen estar bastante llenas de gente. Aunque se trata de una buena vista (la fuerza de las aguas es impresionante), si tenéis prisa o queréis meteros en sitios menos poblados quizás os lo podéis saltar, pero no está de más hacer una paradita.

Estas son las Sunawapta Falls, unos pocos kilómetros al sur de las Athabasca, y con mucha menos gente (aunque algo más modestas). 

Una de las paradas obligadas para cualquiera que se anime a hacer esta ruta es precisamente el Athabasca Glacier, que identificaréis fácilmente ya que hay un pequeño complejo turístico a un lado de la carretera, con un enorme parking. En ese complejo encontraréis restaurante e información de las actividades que se pueden realizar en los parques de Alberta. Desde allí también salen las excursiones que te llevan en un autobús especial al mismo glaciar, para que puedas hacer un paseo por encima del mismo. Pero como esto te puede salir algo caro (en tiempo y dinero), siempre tienes la opción de acercarte a pie y verlo desde abajo.

Si uno se decide por acercarse a pie al glaciar, se encontrará por el camino distintos carteles que marcan varios años distintos. Se trata de unas mediciones que se han hecho durante décadas que indican hasta donde llegaba el glaciar. Y es que sea por el motivo que sea (calentamiento global, explotación turística o pura naturaleza), el glaciar cada año se va haciendo más pequeño y va perdiendo terreno de forma bastante rápida. Llegados al final del camino nos espera una cuerda que pone límite a la caminata, y que viene acompañado de una gran cantidad de carteles que advierten de los peligros de acercarse demasiado al glaciar. Y es que el comportamiento de esos bloques de hielo no se puede predecir, y ha habido varios incidentes que en el mejor de los casos han acabado en aparatosos rescates, y en el peor en la muerte de un niño que fue arrastrado por el riachuelo de agua helada que queda justo debajo del glaciar.

Nosotros, valientes y temerarios que somos, nos saltamos el cordón de seguridad, pero mantuvimos siempre una distancia prudencial con la parte realmente peligrosa. Pero había muchos que sí se atrevían a subir encima del mismo glaciar, y eso sí es realmente peligroso. Así pues, si no podéis aguantaros y queréis saber lo que se siente paseando por un milenario bloque de hielo, lo mejor que podéis hacer es ir contratar el tour que mencionábamos. Tonterías las justas.

Una vez visto el paisaje del glaciar, entre antártico y lunar, proseguimos hasta uno de los varios cañones que se pueden encontrar también en la ruta. Nuestra parada de avituallamiento fue el Mistaya Canyon, perfecto para relajarse con unas bonitas vistas y el siempre relajante sonido del río.

Poco antes de llegar a Lake Louise, nuestra primera parada en el parque de Banff, nos encontramos con uno de esos típicos lagos impresionantes que salen como setas en Canadá. En este caso se trata del Bow Lake, y no era precisamente el más grande de la ruta, pero sí uno de los más bonitos, con un espectacular color turquesa.

Esta foto es un pequeño guiño a nuestro anterior viaje a China

Y en la próxima etapa os contaremos nuestro periplo por Banff, un parque precioso, pero con un problema que ya os contaremos…

Recordad que podéis seguir  nuestro itinerario y ver todas nuestras entradas de la ruta de Canadá clicando aquí.

05
oct
11

Ruta por Canadá: en busca de los osos negros de Blue River

Saludos cosmonautas,

después de hacer una de las primeras paradas importantes en nuestro trayecto, proseguimos nuestro camino hacia el Parque Nacional de Jasper. Pero en Pyramid Campground habíamos encontrado un folleto sobre un “Bear Safari” (safari de osos) que se hacía en Blue River, a medio camino de Jasper. Teniendo en cuenta que sólo habíamos visto un oso hasta ese momento (corriendo como un loco por la carretera), decidimos dormir en Blue River para a la mañana siguiente apuntarnos al safari.

Allí encontramos un camping para caravanas (privado), bastante más sencillo que la mayoría que habíamos visto, pero con un personal muy agradable. Lo que no esperábamos es que al llegar al camping tendríamos un espléndido comité de bienvenida: una horda de mosquitos.

Os podemos asegurar que jamás hemos pisado un sitio que tuviese semejante cantidad de chupasangres. Con sólo bajar de la caravana, decenas de mosquitos emprendían su ataque sobre nosotros, provocando escenas de pánico entre los campistas. Afortunadamente estos mosquitos eran bastante grandes y algo bobos, y era fácil eliminarlos, pero aún así era una quimera intentar despejar el lugar. Los dueños del camping hacían lo posible colocando estratégicamente espirales de incienso alrededor de su oficina y los baños, y la pequeña tienda se abastecía de todo tipo de productos anti-mosquitos, algunos de los cuales ni siquiera sabíamos que existían. Por suerte, y a diferencia de nuestros mosquitos, parece que estos se iban a dormir pronto, y por la noche la mayoría habían desaparecido (la hoguera que encendimos también ayudó en algo). Mis compañeros sufrieron durante todo el viaje, pero un servidor… ni una picada.

Espirales anti-mosquitos y repelentes, el kit básico de supervivencia en Blue River.

Una mosquitera para la cabeza, y visto lo visto, no parece una tontería.

A la mañana siguiente los mosquitos volvieron al ataque mientras nos dirigíamos al safari de osos (a unos pocos kilómetros al norte del pueblo). Allí descubrimos su ingenioso sistema para sacárselos de encima, que consistía en cuatro o cinco espirales de incienso anti-mosquitos, y ventiladores gigantes. ¿Una chorrada? Lo parecía, pero funcionaba. Nos dimos cuenta de ello cuando lo apagaron por unos pocos minutos, y los chupasangres volvieron a la carga rápidamente.

Pero no estábamos ahí para contemplar los mosquitos, nosotros habíamos venido a ver osos, y para ello íbamos a pagar 70 dólares canadienses, (unos 50 euros, no es barato, pero es lo que hay). El tour de una hora y pico, se realiza con una pequeña lancha (con poco más de 10 personas), y un guía que hará lo posible para que termines dejándole propina en su buzón correspondiente (y lo hizo bien). Después de una breve explicación de lo que íbamos a hacer, y de pedir nuestra colaboración avisando en caso de avistamiento, la lancha empezó su camino.

El oso, y Urías, esos dos grandes mamíferos.

Rápidamente llegamos a un lago rodeado de bosques y montañas, un paisaje que sin animales ya era suficientemente espectacular. Aún así, la tripulación escrutinaba concienzudamente orillas y márgenes para amortizar de verdad esos 70 dólares viendo algún animal. A los 10 minutos conseguimos ver dos águilas en pleno proceso de pesca, volando de una orilla a la otra, de árbol en árbol, y lanzándose hacia el agua intentando pescar algo.

Espectacular.

La tranquilidad era absoluta, y era nuestra lancha lo único que la perturbaba.

Intento fallido.

En ese momento, sin saberlo nuestra cámara ya había cazado en un extremo del plano, lo que habíamos venido a buscar. Pero fue la Comandante quien con sus propios ojos lo avistó y alertó al personal de la lancha. Ahí estaba, el oso negro. Nos acercamos un poco más a la orilla, la lancha pasó a modo eléctrico, y se hizo el silencio (que había sido absoluto, de no ser por los “click”, “pip”, “chick”, de las cámaras réflex y digitales que disparaban sin descanso).

Fue impresionante ver tan de cerca uno de estos grandes mamíferos, y el oso, consciente de su momento de protagonismo, tuvo la delicadeza de soltar un enorme zurullo ahí mismo. Al poco rato descubrimos que el oso no estaba solo, y apareció uno mucho más grande, al que le siguió otro algo más pequeño. Según nos dijo el guía, éramos unos afortunados, ya que lo habitual en estos safaris es ver uno, y gracias (aunque tampoco vimos otros animales que sí suelen verse – y vete a saber, quizás se lo dice a todo el mundo).

Pero si el pasaje ya estaba sorprendido y maravillado, aún quedaba la última proeza del oso cagón; se echó al agua y empezó a nadar hacia la otra orilla (acompañado del “ooooh” de la tripulación).

Y algunos dudaban de que uno oso pudiese nadar…

Y si eso no era suficiente, descubrimos que los otros dos osos se dirigían hacia un pequeño cementerio indio, aún en uso por algunos de los nativos americanos, y cuyo tótem era de los más auténticos que vimos durante este viaje. ¿Pero para qué soltaros todo este rollo si lo podéis ver? ¡Dentro vídeo!

EL CONSEJO DEL CASTOR: hogueras

En las montañas de Canadá, el verano es muy suave y por las noches no hace nada de calor. En la mayoría de campings se puede hacer fuego, previo pago de unos dólares (incluye leña). Os recomendamos que lo hagáis por varios motivos. Lógicamente está el calor que ofrece, es una buena forma de cocinar sin tener que ensuciar la cocina, ahuyenta a los mosquitos… ¡y se pueden hacer marshmallows!

SIGUE TODA NUESTRA RUTA CANADIENSE CLICANDO AQUÍ

26
sep
11

Ruta por Canadá: Wells Gray, en las montañas Cariboo

Saludos cosmonautas,

seguimos con nuestro repaso al reciente viaje a Canadá, a la vez que construimos una pequeña guía para aquellos que estén pensando visitar el país un día de estos. En el post anterior os describimos algunas de las etapas de más kilómetros, por la espectacular Ruta 99. Ahora es momento de quitar el pie del acelerador y relajarse un poco en uno de los últimos parques naturales que se encuentran antes de llegar a Jasper: Wells Gray Provincial Park.

Pero antes de llegar hasta allí, aún nos quedaban algunos kilómetros. Habiendo dejado ya la ruta 99, era momento de coger la 97 desde Cache Creek hasta llegar a Kamloops, seguramente el núcleo urbano más grande que veríamos desde Vancouver hasta Calgary. Aún así, no hicimos para alguna y proseguimos nuestro camino hasta Clearwater (cogiendo en Kamloops la ruta 5, que llegaría luego hasta Jasper). A lo largo de la ruta 5, hicimos un par de paradas. La primera, capricho de un servidor, fue en una tienda de antigüedades de carretera (se pueden encontrar varias por la zona). La tienda era bastante grande y se podía encontrar un poco de todo, pero lo que más nos llamó la atención fue un cajón lleno de pequeñas novelas de cowboys por un sólo dólar canadiense.

En esa misma tienda preguntamos por el restaurante más próximo, que lógicamente iba a ser el típico restaurante de carretera, con el típico menú de siempre, y la típica parroquia de viejos, mujeres y algunos personajes pintorescos. Allí tuvimos la oportunidad de probar uno de los platos típicos canadienses: poutine. Que nadie se espere un plato de alta cocina, ni siquiera un plato que requiera cierta elaboración. El poutine básicamente son patatas fritas, queso cheddar y gravy (una salsa de color marrón típica inglesa – como la HP – que nos encanta). No entusiasmó al grupo, pero para nosotros no estaba tan mal (y había que probar uno de los pocos platos típicos canadienses, ¿no?)

No, el aspecto del “poutine” tampoco es que sea de lo más atractivo.

Pocas horas después llegamos hasta Clearwater, donde hicimos acopio de nuevas provisiones en un pequeño supermercado que había en la gasolinera del pueblo (recordad el consejo del anterior post). Y ya estábamos listos para adentrarnos en el Wells Gray Provincial Park. En Canadá los parques se dividen entre los nacionales y los provinciales, los primeros siendo gestionados directamente por el Estado, más famosos, y por lo tanto, también más poblados. Los parques provinciales son gestionados, como indica su nombre, por la propia provincia, teóricamente más modestos y con menos servicios, pero afortunadamente menos poblados.

Al entrar en el parque siguiendo la única carretera que hay (y que llega sólo hasta la mitad del parque – luego, a pie), nos sorprendió ver que había muchas viviendas al lado de la carretera, muchas de las cuales se habían reconvertido en Bed & Breakfasts, Lodges y demás. Eso podía hacer pensar que el parque estaría lleno de gente, pero a medida que se avanza por la carretera, se va dejando atrás la civilización, y varios kilómetros después encontramos el Pyramid Campground.

La peculiaridad de este camping es que los únicos servicios que ofrecía eran una fosa séptica para las necesidades y un bomba para sacar agua potable (aunque alguien dejó una nota recomendando hervirla tres minutos – ¿alguien que tuvo que pasarse varias horas en la fosa después de probarla?). Para no tener, el sitio de acampada no tenía siquiera recepción. La entrada era libre, pero no la estancia. Allí descubrimos un sistema de pago que es relativamente habitual en las zonas de acampada más remotas: el autoregistro. Cuando uno llega a uno de estos campings, tiene que buscar una plaza libre y aparcar. Entonces deberá coger unos sobres, apuntar sus datos, poner el dinero dentro (Pyramid costaba 16$), meterlo en un buzón, y poner el resguardo en un poste delante de tu plaza. De vez en cuando llegará el vigilante que comprobará que hayas pagado, o si acabas de llegar podrás pagarle directamente. Todo esto puede sonar muy complicado, y la falta de servicios muy incómoda, pero creemos que es el pequeño precio que hay que pagar para estar en un camping tan solitario y bonito como este.

Las plazas estaban delimitadas por árboles, así que apenas veías a tus vecinos (¡casi como estar solo!).

El día que llegamos poca cosa pudimos hacer ya que nos recibió una repentina tormenta con granizo incluido. Dimos un paseo alrededor del camping, donde empezamos a darnos cuenta de lo tupidos que son los bosques canadienses, y que tienen agua por todas partes. Pocas horas después nos pusimos a dormir siendo conscientes de que estábamos románticamente aislados en un precioso paraje natural; por la mañana, nos despertaría una ardilla que andaba encima de la caravana.

En Wells Gray hay muchas excursiones que hacer, y parece que muchas de ellas de cierta dificultad y duración. Nosotros teníamos que seguir con nuestra ruta, así que sólo íbamos a pasar una noche en el parque, pero si volviésemos a hacer el viaje, procuraríamos pasar un día más por la zona. Aún así, aprovechamos para visitar uno de los parajes que más impresión nos causó en todo el viaje. Cosmonautas, les presento las Hemlecken Falls:

Las Hemlecken Falls, “breathtaking” como dicen en inglés.

Es posible que no se pueda apreciar en la foto lo descomunal de esta catarata. Pero os podemos asegurar que era un agujero enorme, y que las aguas bajaban con una furia colosal. Al parecer, este peculiar paisaje se debe principalmente a que estábamos pisando tierras volcánicas. La verdad es que la vista justificaba el desvío que habíamos tomado de nuestra ruta hacia Jasper.

Otra pequeña excursión que se puede hacer, si se va con cierta prisa, es una granja abandonada, llamada Ray Farm. Ray y su esposa se establecieron en la zona a principios del s. XX y rápidamente se ganaron el respeto de la tribu de nativos americanos de la zona porque Ray les ayudó a erradicar algún tipo de peste que la tribu estaba sufriendo. La granja actualmente está medio derruida, y no hay intención de rehabilitarla, ya que quieren que desaparezca de forma natural. Lo que parece que puede durar más tiempo es la tumba del matrimonio, a pocos metros de la casa.

Como podéis ver, escogieron un sitio precioso para construir la granja, y tuvimos la suerte de disfrutarlo totalmente en solitario. Además, puede ser un buen sitio para avistar animales (con paciencia).

Después de estas fabulosas vistas nos despedimos de Wells Gray y cogimos de nuevo la ruta 5 destino a Jasper. Pero aún nos quedaba una fantástica aventura antes de llegar, ¡osos! Os lo contaremos en el próximo post.

EL CONSEJO DEL CASTOR:  Infórmate de los campings

Las rutas que van hacia las rocosas están llenas de campings para caravanas, los hay “públicos” y privados. Los primeros tienen unos precios y servicios estándar (son altamente recomendables), y los segundos pueden ser más caros o más baratos. Siempre es bueno informarse antes de las posibilidades que hay a través de Internet o con los folletos que se ofrecen en puntos de información. Es importante saber si vas a tener ducha, electricidad o posibilidad de verter aguas negras/grises, por si tienes que cargar/descargar antes de meterte en según que zonas. 

DESCUBRE TODAS LAS ETAPAS DE LA RUTA POR CANADÁ EN EL ITINERARIO

17
nov
10

“Jo, tía!”, fanzine especial Japón

Saludos cosmonautas,

con más retraso del habitual, ayer fue un día de mucho ajetreo, el post de hoy tiene un carácter en parte regulero y en parte excepcional. Regulero porque lo habremos escrito en pocos minutos, pero excepcional por el valor de nuestro hallazgo.

Ayer fue un día en el que el NEXO estaba por todas partes, topándome primero, y por casualidad, a Pau de El Pachinko en Madrid, y unas horas después a Adrià Montiel de Publicidad Japón en Barcelona. Creyéndonos ya un poco los reyes del mambo en todo lo que se refiere al NEXO Japón, pensando que conocemos a todo el mundo que hay que conocer y todas las fuentes de información que hay que consultar. Adrià me mostró un fanzine (sí, aún existen) que me dejó con los ojos y la boca abierta.

Se trata de “Jo, tía” (el primer fanzine de teenage exploitation), al parecer un bastante veterano fanzine madrileño que, después de una temporada de ausencia, volvió este mismo fin de semana con dos tocharros dedicados íntegramente a Japón. Más de 600 páginas con CD incluído, que nos hablan del país nipón desde una perspectiva muy particular, y “fanzinera” que tanto puede pasar por la crítica más ácida y despiadada, hasta la pura admiración (nos ha recordado mucho el estilo de Mondo Brutto, aunque no es que tengamos muchas más referencias).

Aunque no hemos podido leerlo todo aún, hemos devorado ya una gran parte del primer volumen que básicamente consiste en una particular guía de viaje sobre Tokyo, que seguro interesará a muchos cosmonautas, ya que está hecha desde una perspectiva, lo sepan los autores o no, muy #TLQM. Que hayan incluído Nakano Broadway en su itinerario de tiendas demuestra que han hecho los deberes (y que estuvieron una buena temporada viviendo en Japón).

Pero aparte de esto, en el segundo tomo se puede encontrar un exhaustivo repaso de la cultura Pop japonesa, tocando temas variopintos, que tanto pueden ser una guía de grupos y locales para escuchar Punk, Pop, Rock con sabores cincuenteros, sesenteros y setenteros, un extenso artículo sobre el crack del tokusatsu Eiji Tsuburaya, el mercado de segunda mano en Japón, y muchos otros temas que parece mentira se puedan juntar en una misma publicación. A todo esto, hay que añadir que en los dos volúmenes encontraremos una guía de episodios de Doraemon, eso sí es bizarro.

Decir que el primer volumen se lee al estilo occidental, pero el segundo al estilo japonés (aunque con algunos líos ya que hay artículos que se leen de forma occidental), formando un tándem indispensable que con lo poco que hemos leído creemos que ya vale su elevado precio (12 euros por tomo – y si no lo vale, ya os lo diremos). Como ya hemos dicho antes, cada tomo incluye también un CD con viejos hits japoneses, incluyendo el mítico “ue o muite aruko yo”  (o Sukiyaki) de Kyu Sakamoto, entre otras canciones que estamos empezando a descubrir.

No sabemos de donde han salido ni quienes son, pero “Jo, tía!” nos ha tomado por sorpresa y nos ha revolucionado las neuronas. Y es que han hecho algo… ¡que tendríamos que haber hecho nosotros! (aunque fuera en otro formato! ¿Alguien ha dicho Entrevista Pirata? A ver si se prestan a ello…




¿Quieres contactar con El Capitán?

mailonpix.com

Haz click para recibir los últimos posts sobre TLQM en tu email

Únete a otros 1.565 seguidores


Sigue nuestras travesías en Twitter

Bookmark and Share

Reportaje sobre bloggers en Japón

CAMISETAS TLQM

Archivo de naufragios

Tesoros enterrados

BlogUniverso

Nyusu.fm BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog Add to Technorati Favorites Bitacoras.com
Wikio – Top Blogs – Ocio
Creative Commons License

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.565 seguidores