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01
mar
11

Un templo japonés se anuncia con estilo Anime

Saludos cosmonautas,

hoy os hablaremos de una de esas ocurrencias que de vez en cuando saltan a los medios en Japón, y que tanto ayudan a crear esa imagen de país bizarro y loco que tenemos desde aquí. En esta ocasión vamos a mezclar anime y religión.

Cierto es que la seriedad y la intransigencia que suele mostrar la religión católica apostólica romana es algo que no se puede aplicar a como los japoneses se toman sus varias religiones (sintoísmo, budismo…). Son mucho más pragmáticos en comparación (o más supersticiosos que creyentes), y seguramente es por eso que se puedan producir fenómenos como del Shōeizan Ryōhōji (松栄山 了法寺), templo budista de la rama Nichiren de Hachiōji, ciudad de la región metropolitana de Tokyo.

Hace poco descubrimos que este templo tenía una peculiar forma de encontrar adeptos, publicaron una canción con un videoclip al estilo anime.

¿Alguien se imagina un anuncio de la iglesia de su pueblo al son de Melendi y con un videoclip protagonizado por un Jesucristo dibujado por Francisco Ibañez? Tal y como se ha puesto Intereconomía quizás ahora es más fácil de creer, pero estamos seguros de que si alguna parroquia se atreviera a hacer algo parecido se llevaría más de un improperio.

Gracias a Ale, quien nos ha proporcionado un montón de información sobre este templo, descubrimos que este videoclip es la culminación de algo que empezó de una forma más tímida y anecdótica, pero que poco a poco ha ido digi-evolucionando hasta el producto JPopero-Akiba-kei que es ahora.

El templo empezó a llamar la atención ya en 2009 gracias a unos dibujos que utilizaba para promocionar el templo, al más puro estilo manga/anime. Eso tuvo bastante éxito, y crecieron las visitas, especialmente de hombres  jóvenes(¿otakus?). Parece ser que la hermana del monje encargado del templo, había echado mano a sus contactos de estilo Akiba-kei, y consiguió que Ayu Toromi (dobladora de videojuegos e ilustradora) les hiciese esos bonitos y atractivos dibujos, muy kawaii y moe, que se convirtieron en una auténtica sensación.

El cartelito en cuestión (clica aquí para ver un vídeo con más detalles del templo).

Las distintas divinidades “moeizadas” para el templo: Torobenten (とろ弁天), que representa a la diosa Benzaiten (弁財天); Mama (まま) que representa a Kishimojin (鬼子母神); Chibinen (ちびねん) que representa al monje encargado del templo, entre otros.

Todo esto podría haberse quedado en una simple anécdota, pero parece ser que el éxito hizo que el monje, con esa mentalidad tan pragmática que decíamos, pensara en explotar mucho más este curioso enfoque publicitatario. De hecho, y eso de lo más chocante, el templo montó uno de los clásicos “meido cafe”, que tanto triunfan en Akihabara, que contó con la presencia de Toromi.

Promocionando el meido cafe del templo. (Clicando aquí podréis ver un vídeo con del evento)

Con el paso de los meses, y una oportuna anécdota del hombre que encontró trabajo después de visitar el templo, se llegó a la canción de marras… Pero la cosa tampoco se quedó ahí, también se creó una estátua de la diosa Benzaiten (弁財天), que presentó en sociedad la misma ilustradora, quien también había puesto la voz del Single, y se había vestido de Benzaiten para la ocasión.

La estatuilla de Torobenten (とろ弁天), representando a la diosa Benzaiten (弁財天)

Ayu Toromi caracterizada de Benzaiten en la presentación de la nueva imagen del templo.

Una está haciendo cosplay, el otro no, es el monje que ha hecho posible todo esto.

En fin, sacad vosotros mimos las conclusiones, que a veces nos ponemos demasiado pesados con nuestras reflexiones. En cualquier caso es algo que merece estar aquí por su alto componente #TLQM. Lo próximo… ¿un templo dedicado a Kamen Rider?

Os dejamos con la traducción de Ale de la letra de la canción del templo y la presentación de la imagen (pregaria y actuación “en directo” incluídas):

¡Flechazo por el Templo! ¡El Ryōhōji del amor!

Después de cosechar una vida de amor
Las almas descansan en el Ryōhōji

(rezando)

* Ahora mismo tenemos una gran promoción
de oraciones por tu vida amorosa.
Sea tu amor correspondido o no,
o incluso si es adúltero,
cumplimos los deseos de todo el mundo.
Por cierto, también reservamos
espacios en nuestro cementerio.
Tera! (con eco)

Nos ocupamos de sus difuntos
Los guiará la luz de Buda
Y déjennos rezar por su amor
Si nos visita cien veces su amor será correspondido

(rezando)

Estás preocupado, ¿verdad?
Estás sufriendo, ¿verdad? ¿verdad?
Ven ahora mismo, ven corriendo
En el cerebro no hay “flags” (tipo aventura gráfica)

Flechazo por el Templo
Flechazo por el Templo
El Ryōhōji del amor del amor del amor

Canta, ríe, baila
Tu deseo de amor se cumplirá

Hachiōji del amor del amor del amor
Déjà vu, no hay problema
Abraza el paraíso
Toro Toro Torobenten, ¡sí sí, sisisí!

Gracias a todos por todas vuestras oraciones de hoy
Estoy muy, pero que muy contenta
Os quiero, de verdad, no es mentira
Seguid viniendo a rezar
al Ryōhōji en el que canta Torobenten

Flechazo por el Templo
Flechazo por el Templo
Flechazo por el amor
Ryōhōji

(¡Gracias Ale por tu ayuda imprescindible!)

 

 

23
jul
09

Viajes: Tian’anmen, Urías y los monjes budistas

Saludos cosmonautas,

una semana más, y a petición de algunos cosmonautas, comentamos nuevas anécdotas del viaje a China que hizo Urías hace tres años y que recuperamos en preparación de la próxima expedición de la Arcadia, de nuevo, al reino interior. Esta semana no tenemos ni aventuras místicas ni recorridos por callejuelas de Shanghai, si no de un encuentro religioso peculiar…

Tian’anmen, una de las plazas más famosas del mundo. No solo es la mayor plaza del mundo, si no que además lleva mucha historia encima, que reside tanto en su memória como en su interior, ya que ahí se sigue guardando el cuerpo sin vida de Mao Tse Tung, el líder comunista que marcó un antes y un después en el país más poblado del mundo. Con estos antecedentes es normal que me emocionara cuando la pisé por primera vez, “¡estoy en Tian’anmen!”, me dije para mis adentros, para después decirlo en voz alta a mis compañeros de viaje, a los que no veía tan emocionados como yo.

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La verdad es que algunos se desilusionaron, ya que la plaza no les parecía tan grande como esperaban (un clásico del viajero). Pero hay que tener en cuenta que la plaza está llena de monumentos que impiden hacerse una mejor idea de su extensión. Además, tiene trampa, sus casi 900 metros de largo (y 500 de ancho) incluyen también la parte que hay dentro de la Ciudad Prohibida, y por lo tanto buena parte de la plaza queda resguardada tras la puerta en la que se coloca el retrato de Mao.

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Nos chocaba que ni siquiera ahí estuviésemos a salvo de la insisténcia de los vendedores ambulantes. Con solo entrar en la plaza, como moscas a la miel, hombres y mujeres con cometas, relojes horteras de Mao, calendarios y tantos otros souvenirs de baja calidad, te atosigaban para que les compraras algo a un precio muy por encima de su valor real. Para el turista, pisar Tian’anmen puede ser una odisea, solo los exploradores más curtidos y preparados pueden salir  de ahí sin dejarse un yuan en souvenirs que no regalarías a nadie por vergüenza (auténticos pongo).

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Una vez delante del Mausoleo de Mao (no pun intended), intentamos hacernos a la idea de que ahí dentro mantienen fresco un cadáver desde hace 30 años. Historias de un pasado que parece muy lejano pero que en realidad no lo es tanto, y a pesar de que, en realidad, China ha cambiado mucho desde los tiempos de Mao, ahí sigue su retrato y su cuerpo. (Aunque al parecer, el auténtico cadáver solo se expone de vez en cuando y lo van reemplazando por un muñeco de cera. La dificultad está en saber distinguir si estás viendo el auténtico o no.)

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¿Anacronismo?

Nuestro hotel estaba en un hutong bastante cerca de Tian’anmen, un barrio popular del que os hablaremos en otra ocasión. Era habitual entonces que pasáramos por la plaza, disfrutando de ella en varios momentos del día. En una de esas calurosas tardes, en las que el cansancio de varios días de viaje empezaba a hacerse notar en nuestro empuje y ganas de patearnos las calles pekinesas, decidimos sentarnos en la plaza a contemplar el gentío, las cometas y las pobres víctimas de los vendedores ambulantes.

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Embobados, perdidos en nuestros pensamientos (o la falta de ellos), mirando al infinito (cosa fácil en Tian’anmen), Quim pasaba el rato sacando fotos a todo lo que se movía. Y de repente, unas siluetas extrañas aparecieron de la nada…

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Eran unos monjes budistas, que al contrario de lo que pueda parecer, no estaban ahí para predicar o pedir limosna… Quim, intentando que no se percataran de ello, les sacaba fotos con todo el disimulo posible…

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Pero su disimulo fue en vano, y fue descubierto.

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“¡Te pillé!” Dice la mirada del monje más a la izquierda.

La cosa podría haberse quedado ahí, en la sonrisa simpàtica del monje fotografiado, pero la providencia quiso que en ese momento un servidor se levantara, revelando mi generosa estatura. Algo que, al parecer, cautivó a los monjes. En menos de lo que canta un gallo, me encontré cogido de la mano de dos monjes y preparado para posar para una foto.

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Quim, encantado con la vergüenza que yo estaba pasando en esos momentos, no pudo resistirse a seguir haciendo fotos, aunque Núria también se animó. Pero Quim no contaba con que él también es un ser peculiar. Otro monje se fijó en él.

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“¡Oye tú! ¡Ven acá pacá!”

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“Sonreíd todos… ¡Budaaaaaaa!”

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Si es que estaba claro, ellos también venían de turistas, observen si no, el clásico gesto asiático que procede en toda foto. Sonia, a la derecha, no puede evitar partirse el culo. Una vez más, un servidor se había convertido en la atracción de feria de los turistas chinos, y es que no fue ni la primera ni la última vez que, estando en China, alguien pedía hacerse una foto con el occidental de dos metros…

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Fotos delante del cartel con la cuenta atrás para Beijing 2008…

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En Shanghai, incluso me convertí en reclamo para un anuncio televisivo de gambas de río (o algo así – obviamente no entendí lo más mínimo, me colocaron ahí, me soltaron un rollo en chino, y yo hice todo lo que podía hacer, sonreír mientras una enorme videocámara y decenas de cámaras fotográficas me enfocaban).

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Aunque, digo yo, ¿qué falta les hacía un servidor si ya tenían a esa preciosidad en el anuncio?

Y hasta aquí esta primera aventura en la plaza de Tian’anmen, aunque nos quedan más cosas que explicar de ella, aventuras que incluyen vendedores ambulantes, cometas y la polícia china, todo junto y revuelto.

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“¡Corre, Núria corre! ¡Huye de ese vendedor ambulante hacia la oscuridad!”

“Pero señor, ¿no ve que ya tenemos una cometa?” (en correcto mandarín, con acento de Pekín).


03
jul
09

Viajes: China y la maldición taoísta

Saludos cosmonautas,

hoy el post dedicado a nuestro viaje a China tiene mucho de superstición, remordimientos y religiones, pero sobretodo tiene mucho humor. Es la pequeña historia de la obsesión de Urías por hacerse con un amuleto que le protegiera de la mala fortuna y como eso le llevó a una aventura mágica por los mercados de antigüedades de Shanghai y un pueblo lleno de canales, templos taoístas y budistas. Urías toma el teclado…

Era un día caluroso, muy caluroso. De hecho, según Quim (el autor de la mayoría de las fotos), ese era el día más caluroso de su vida (sigue despertándose sudado por las noches pensando en ello). Fueron un par de horas en otro de esos incómodos minibuses (aunque yo lo llamaría caravana), en el que acabé dormido estando completamente erguido, cabeza gacha, y una gran baba desde mi boca hasta mis pantalones… ehem…Una imagen que Núria me recuerda a menudo, entre carcajadas.

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Después de ese largo y baboso viaje llegamos a Zhouzhuang, uno más entre los 200 pueblos chinos con canales que se autoproclaman como “la Venecia de China”. Un sitio bonito, bucólico, y sobretodo, muy turístico.

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La gente me saludaba por la calle, unos porque mi altura les resultaba graciosa, otros al ver mi camiseta de Li Shao Lung (es decir, Bruce Lee o Lee Pequeño Dragón), yo les saludaba de vuelta (“nihao, zaijian, hello!”), y hacíamos lo que todo turista hace en semejante sitio, navegar por los canales, sacar muchas fotos y deshidratarnos-hidratarnos-deshidratarnos-hidratarnos…

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Pero esta historia empieza de verdad cuando llegamos a un templo taoísta. Por lo que tengo entendido, los taoístas no veneran en sus templos a ningún Diós o dioses, de lo que se trata es de venerar a los pensadores de este sistema de creencias que se debate entre lo filosófico y lo religioso. Pero lo cierto es que, en la cultura china, la veneración de los ancestros a la práctica es ya una religión (al menos en cuanto a sus formas y creencias). Una vez dentro del templo,  unos señores muy amables nos insistieron en que plasmáramos nuestros deseos en un papelito, que luego se pondría con una figura en un cachirimbolo raro, para que así se nos concediera el deseo (o eso nos pareció entender, ya que la comunicación gestual aún no se ha perfeccionado al 100%).

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Nosotros, muy contentos con el ofrecimiento, pero olvidamos algo: en las religiones asiáticas todo lo que se pide tiene un precio, y debe pagarse en metálico (no se aceptan tarjetas). Así pues, una vez finalizado todo el proceso, esos amables señores nos señalaron un cartel en chino, en el que no habíamos reparado y que en ningún momento nos mencionaron, del cual pudimos deducir que el precio de la broma eran unos 100 yuans (unos 10 euros). Nos sentimos estafados. No solo era un precio exagerado, si no que además nos habían tendido una trampa (o simplemente fuimos demasiado confiados). Por indignación no queríamos pagar. Pero ellos insistían y la situación se ponía tensa (aunque siempre mantuvimos una sonrisa en la cara, y os recomendamos que en cualquier disputa con un chino así sea), les explicamos que no llevábamos tanto dinero encima (éramos 3, pedían 300 yuans) y que no podíamos pagar. Finalmente, Núria pagó y Sonia se negó, entonces yo me acordé de que otro chino bribón me había colado un billete falso de 50 yuans, y vi una buena oportunidad de deshacerme de él y a la vez de esos timadores taoístas. Metí con seguridad el billete falso en la urna y adiós muy buenas.

Pero a pesar de haber timado a los timadores, nos quedó algo de cara a tonto.

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Al cabo de un rato… me entró la paranoia. No es que sea alguien supersticioso ni mucho menos, pero eso de haber timado a un templo, me dejó mal cuerpo. ¿Habría enfurecido a Lao Tsé? ¿Se habrían enterado esos señores de mi timo y me habrían echado algún tipo de maldición? Y de repente recordé otra cosa. Unos días antes, paseando por un famoso mercadillo de “antigüedades” de Shanghai (allí también hay mucho timo), estaba curioseando un tenderete cuando de repente, y como surgido de la nada, se me apareció un extraño anciano. Tenía un muy buen acento inglés,  y me trató con mucha más educación de lo que suelen tratarte los vendedores chinos. De una bolsa sacó un montón de amuletos, los tiró encima de las mesas del  tenderete, y me los ofreció a buen precio. Eran amuletos para la buena suerte, larga vida, etc. Pero decliné amablemente su oferta. En lugar de insistir de forma un tanto molesta como suelen hacer los chinos, claudicó rápidamente.

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Y entonces caí en la cuenta, desde que había rechazado los amuletos de ese enigmático viejecito ya me habían timado dos veces, el taxista con su billete falso, y en el templo taoísta. Estaba claro, algún tipo de gafe se había apoderado de mí, y tenía que hacer algo al respecto, tenía que limpiar mi karma de alguna forma. Lo primero, por si había enfurecido a algun ancestro taoísta, fue pasarme por un templo budista a pedir protección (pagando mi dinerito para el incienso). Pero después, tenía que volver a Shanghai, al mercadillo de antigüedades, encontrar ese viejecito y comprarle el amuleto de la suerte.

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Como tenía el gafe, cuando volvimos la tienda estaba cerrada. Irritando a mis compañeros de viaje insistí e insistí para regresar al día siguiente (nuestro último día en Shanghai, y por lo tanto mi última oportunidad). Y afortunadamente, al volver, con los ojos inyectados de sangre y andando lo más rápido posible, la tienda estaba abierta. Pero había un problema, el viejo misterioso no apareció, y ni rastro de los amuletos. Entonces empecé a pensar en serio en lo paranormal de ese anciano: su aparición desde la nada, su correcto acento inglés, su educación, su poca insistencia… tenía que ser algún tipo de espíritu que puso a prueba mi generosidad, yo lo había rechazado, y por ello mis continuados infortunios. Pero gracias a Núria, que siempre insiste en que insista, acabé entrando en la tienda y preguntando por los amuletos. Sacaron una bolsa de plástico de supermercado, sucia y mugrienta, que tenían arrinconada por algún sitio, y la esperanza volvió a reflejarse en mis ojos. Encontré un amuleto de la suerte que me recordaba mucho al del anciano, no puedo asegurar que fuera el mismo, pero se parecía. Salí contento de la tienda, y pensé que mi suerte iba a cambiar. Y así fue.

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Ese mismo día partíamos hacia Beijing, y mirando a mi bolsillo me di cuenta que, para estar a mitad de viaje, el dinero ya escaseaba. Probé suerte. Le pedí al amuleto que me solucionara el problema ¿Podríais creer que de repente me topé con un maletín a rebosar de yuans tirado enmedio de un Starbucks? Yo tampoco me lo creería, pero sí es cierto que en el suelo de esa cafetería encontré una cartera con unos 30.000 yuans. (300 euros)

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Aún así, esta no fue la solución a mis problemas de liquidez. Empezaba un debate ético entre los viajeros de la expedición, con un servidor como último responsable de la decisión (al haberme encontrado yo la cartera). Y estuvimos unas dos horas discutiendo. Quim defendía que lo suyo sería salir a la calle y repartir el dinero entre los numerosos vagabundos y mendigos que pueblan las calles de Shanghai, Sonia defendía que me quedara el dinero, Núria pensaba en dárselo a la polícia. El problema mayor radicaba en que la cartera no parecía llevar ninguna seña de identidad, solo lo que parecía una factura. Así que dar con el propietario parecía muy complicado. Yo pensaba en el damnificado, habiendo perdido 50.000 yuans (que teniendo en cuenta el poder adquisitivo de los chinos podría bien ser un sueldo de un mes bastante generoso), y también pensaba en la posibilidad de que tanta suma de dinero ni siquiera fuera del que lo perdió, poniendo al sujeto en apuros graves… Así que yo defendía la opción de dárselo a los empleados del Starbucks por si volvía el dueño reclamándolo. Lo cierto es que niguno de nosotros confiaba mucho ni en la buena fe de la polícia ni en la de los empleados del Starbucks, pero a un servidor le daba mucha pena la persona que había extraviado el dinero. Y al final…

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Al final me dirigí a la caja de Starbucks, conté la situación, y al convencerme la reacción de la empleada (no sé si me convenció o quería que me convenciera), se lo dí, nos marchamos, y pude empezar a darme cabezazos contra la pared por no habérmelo quedado. Pero quiero pensar que esta fue una nueva prueba de bondad, y que al final hice bien, que el señor de la cartera volvió al Starbucks, pudo recuperar el sueldo mensual o el dinero de su empresa. Después de recuperarlo seguramente fue a gastárselo en putas y alcohol disfrutando de la noche de Shanghai, pero al menos uno de nosotros ya tenía el karma límpio.

(Dedicamos esta entrada al cosmonauta Pau de El Pachinko, ese fabuloso blog de andar por casa  – aunque lo que es andar, anda por medio mundo – , que ayer hizo el comentario número 1000 en La Arcadia de Urías, ¡1000 gracias!)




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