Freaks and Geeks: ¿la mejor serie de institutos? Probablemente.

Saludos cosmonautas,

suele ocurrir, cuando descubres algo por casualidad y te gusta, sin que nadie te haya hecho recomendación alguna, su valor se ve multiplicado por ese factor de descubrimiento personal. Algo así fue lo que nos pasó con esta fantástica serie titulada “Freaks and Geeks”. Aunque no es precisamente una serie muy conocida, parece ostentar el grado de “serie de culto”, algo que descubrimos poco después de empezar a verla, compartiendo nuestro hallazgo en Twitter.

La premisa es sencilla, una serie sobre los estudiantes de un instituto americano,desde el punto de vista de los marginados y los frikis (esos “Freaks and Geeks” del título). Los protagonistas principales son dos hermanos. Lindsay, una chica de 16 años que hasta hace poco era la reina del grupo de “mateatletas”, siempre con sobresalientes y la preferida de los profesores, que actualmente se encuentra en una fase rebelde que la lleva a juntarse con los chicos problemáticos del instituto, los “freaks”. En el grupo encontramos a Daniel, de quien Lindsay está enamorada, que resulta ser el típico chulo-fracasado y de pocas luces (que sale con la algo “marimacho” Kim). Después está Nick, el batería fumeta que vive atemorizado por su padre militar (y está enamorado de Lindsay). Finalmente, el estoico Ken, a quien parece que todo le resbala y se mete con todo el mundo desde su pose totalmente apática.

El otro protagonista es Sam, el hermano pequeño de Lindsay. Seguramente uno de los personajes más prototípicos, el del jovencito enamoradizo, tímido, menos desarrollado que sus compañeros y algo inseguro, pero inteligente y más o menos equilibrado. Su personaje contrasta con Bill, el personaje más cómico de la serie, 100% nerd, desde su aspecto a su forma de caminar, desde sus manías hasta su forma de hablar, pero que acaba convirtiéndose en uno de los personajes con más carisma (y seguramente el más querido por los fans). Por último, está Neal, el personaje judío de la serie, que va de ligón pero no se come un rosco, y cuyos gustos se han quedado algo anticuados. Estos tres forman el grupo de “geeks” del título, un trío que recuerda muchísimo a cierto grupo de frikis investigadores de una universidad californiana.

Sam: “¿Qué es una cerveza sin alcohol?”

Bill: “Es como la cerveza, pero que simplemente no tiene ese ingrediente que te emborracha.”

Neal:” …¿alcohol?”

Bill: “Sí.”

Este elenco de protagonistas y personajes secundarios es uno de los puntos fuertes de “Freaks and Geeks”, hay muchas caras conocidas, y otras que con un poco de ayudan en seguida situaremos. La protagonista indiscutible y que está preciosa en la serie, Linda Cardellini, saltó luego a la fama por su papel en “ER” (Urgencias), pero también fue la Velma de las películas de Scooby Doo, tuvo un papel en “Brokeback Mountain”  y aparecía en “Legally blonde” (Una rubia muy legal).

Linda Cardellini (Lindsay)… ¡guapa!

Dentro del grupo de los “Freaks”, tenemos a James Franco, ahora uno de los actores de moda en Hollywood, y que aquí hacía el papel de Daniel. Otro de los “freaks” es también una cara más que conocida para todos los fans de “How I met your mother”, Jason Segel, que en su papel de Nick no dista mucho del Marshall que conocemos de la famosa sitcom. Y para cerrar el trío calavera, interpretando a Ken está Seth Rogen, otro actor habitual en las comedias más populares de los últimos años: ha puesto la voz de “Paul”, y ha aparecido en “Superbad” (Supersalidos), “Knocked Up” (Lío embarazoso), “The Green Hornet”, “Zack and Miri make a porno” (¿Hacemos una porno? de Kevin Smith), e incluso en Donnie Darko. Seth Rogen tuvo un pequeño papel en “Dawson’s Creek”, donde también aparecía en un papel secundario importante Busy Philipps, que interpreta a Kim en “Freaks and Geeks”, la chica mala.

Después tenemos a los “Geeks”, Sam es John Francis Daley, que se ha prodigado más en televisión y quizás es menos popular. En su currículum más actual encontraremos su participación en la serie “Bones”, como el Dr. Lance Sweets. Neal, el chico judío y sobrado, es Samm Levine, que también se ha dedicado bastante a pequeños papeles televisivos (con una aparición en “HIMYM”, e incluso en “Lost”), pero quizás os pueda sonar por ser uno de los “Inglorious Basterds” de Tarantino. Por último, Bill Haverchuck, fue interpretado por Martin Starr, que ha aparecido al igual que Seth Rogen en “Superbad” o “Knocked up”, en el “Hulk” de 2008, y como sus otros dos compañeros, en un episodio de “HIMYM”. No seguiremos, pero os podemos decir que entre los personajes adultos también hay muchas caras conocidas, e incluso míticas (como Biff de “Regreso al Futuro”). Seguramente la serie fue todo un trampolín para todos estos chicos, pero hay que reconocer que realmente lo bordaban en “Freaks and Geeks” (mención aparte merecen los padres de los protagonistas, John Francis Daley está simplemente fantástico – míticas las cenas en casa de los Weir).

Harold: “Tenía un amigo que fumaba. ¿Sabes qué hace ahora? Está muerto. Crees que fumar queda guai, vamos desenterrarle a ver lo guai que se le ve ahora.”

Lógicamente, veremos muchos más personajes, y eso incluye los tópicos de deportistas y animadoras, las empollonas recatadas, los profesores de toda índole, y los propios padres de los alumnos (los cuales reciben un tratamiento menos superficial que en la mayoría de series de instituto). Los temas a tratar también son los clásicos de este tipo de series: la rebelión contra los padres, los abusones, los enamoramientos, el tema de las drogas y el alcohol, las fiestas, las responsabilidades, y en definitiva, el hacerse mayor (siendo un marginado, habría que añadir). Hasta aquí, quizás el argumento puede parecer de lo más corriente y normal, pero en realidad es sólo la base para construir  una de las mejores series de institutos que hemos visto en la Arcadia (por no decir claramente que es la mejor).

Sólo para empezar, hay algo bastante original en su planteamiento. En 1999, los creadores se sentían incapaces de recrear con fidelidad los institutos de finales de los noventa, así que prefirieron inspirarse en su propia juventud. De esta forma, la serie se situaba en el curso 1980/1981, cuando lo más habitual en este tipo de producciones es centrarse en la época actual. Esto obliga a recrear una época muy concreta, en la que los productos culturales del momento se convierten en algo crucial. Así pues, la ropa, la música, y también la televisión y el cine del momento tienen una especie de papel secundario de gran importancia para situarnos en el contexto (y de paso, generar complicidades con cierto público, de 30 o más años para arriba). El esfuerzo que hicieron fue notable, aunque eso no impidió que se colara alguna botella de ketchup de plástico (que no llegaron hasta 1990).  Y ojo al dato, el productor asegura que en parte se inspiraron en “Harold y Maude” para su aspecto estético (película de culto de la que ya os hablamos aquí). ¿No parece esto ya garantía de buen gusto?

Más allá de la producción, estamos ante una serie de guiones trabajados, que si bien no dejan de perpetuar algunos de los tópicos (¿acaso los adolescentes no ven el mundo así?), existe una voluntad de darle la vuelta a las cosas (a menudo a través de fantásticos diálogos). Las motivaciones y los sentimientos de los personajes tienen su lógica y explicación, y se hace un tratamiento de los temas  menos edulcorado de lo habitual. De hecho, los creadores de la serie ya procuraban, deliberadamente, que los episodios no terminasen siempre con un “final feliz”. Se buscaba realismo, y aunque nunca hemos estado en un instituto americano, algunos fans dicen sentirse realmente identificados con la serie. Si la mayoría de obras de este tipo se dirigen a un público igual al que están representando, en este caso quizás apuntaríamos a una audiencia más adulta, que puede ver todos estos temas con cierta perspectiva, y quizás no necesita de la típica moraleja servida en bandeja (eso se deja en manos del espectador).

Antes mencionábamos lo cuidados que están los aspectos culturales de la serie, y ahí es donde encontraremos ese plus culturalmente disperso que hace que la serie nos atrape aún más. Uno de los aspectos más destacables, y más recordados, es la musical. Atención a la lista: Led Zeppelin, The Who, Alice Cooper, Queen, Pink Floyd, Van Halen, Rush, Deep Purple o The Grateful Dead. Son algunos ejemplos de grupos que no sólo forman parte de la banda sonora, si no que se mencionan o directamente forman parte del argumento del episodio (ya sea porque los protagonistas quieren ir a un concierto de The Who, como porque John Bonham de Led Zeppelin acaba de morir). Al parecer, esto hizo encarecer mucho la producción, al tener que utilizar buena parte del presupuesto en pagar los derechos. Esto llegaba hasta tal punto que, en posteriores re-emisiones, se cambiaron algunas de las canciones, y los productores tuvieron que esperar mucho tiempo para encontrar quien les editara el DVD dejando intacta la banda sonora.

Nick Andopolis: “Hey, yo creo en Dios, tío. Le he visto, ¡he sentido su poder! Toca la batería para Led Zeppelin y su nombre es John Bonham, baby!” 

Música aparte, hay más elementos que convierten esta serie en una pieza #TLQM en toda regla. Como no podía ser de otra forma, el grupo de “geeks” son los encargados de darle el punto más friki/nerd/(ponga aquí su etiqueta) a los diálogos y también al “product placement” culturalmente disperso. Star Wars es seguramente una de las sagas más citadas durante la serie (Star Trek algo menos), y también aparece en varios pósters o merchandising. Quizás citar Star Wars, hoy en día, no sea algo tan culturalmente disperso como podía serlo hace 15 años (¿antes de Clerks?), pero es que hay muchos más detalles que nos dan pistas sobre la naturaleza geek de sus creadores. Por ejemplo, están las apariciones de los Micronautas, ya sea en los diálogos o en forma de caja (aparecen más de una vez en casa de Neal), y también uno de los grandes momentazos: cuando Bill se disfraza de Doctor Who para ir a un convención de Ciencia Ficción (y eso que Doctor Who nunca fue tan popular en EEUU como ahora). Pero si hay un momento nerd por excelencia es el mítico episodio final, de título “Discos & Dragons”, en el que Daniel, el chulo-fracasado, termina dando un vuelco a su personaje al aceptar jugar a “Dungeons & Dragons” con los geeks, y acaba dándose cuenta de que hay cosas que se le pueden dar bien, más allá de su pose de tipo duro.

Bill Havercuck (Martin Starr) a punto de irse a la SciFi Convention vestido de Tom Baker, el 4º Doctor.

Bill: “Se cree que ser el Dungeon Master le da derecho a jugar con nuestras mentes.”

Harris: “Oh, lo siento. Quizás debería hacer que os encontraseis con gatitos y abuelitas para no disgustaros.”

Daniel: “Vale, de acuerdo, seré un enano, pero mi nombre es Carlos.”

Bill: “¿Carlos, el enano?”

Daniel: “Sí, tienes un problema con ello, Gorthon?”

No es extraño que hubiese un nivel de cuidado considerable en todos los aspectos de la serie (desde el guión a la producción), ya que este no era el típico trabajo de encargo, sino una apuesta personal de su creador, Paul Feig, que incluyó muchísimas vivencias personales en los guiones que escribía en hoteles de Estados Unidos, mientras viajaba intentando vender una película.  ¿Valió la pena el esfuerzo? Que la serie tenga estatus de culto y que en IMDB la nota no baje del 9, evidencia la fantástica crítica y cariño que se ganó la serie (aparece en muchas listas de “las mejores series de todos los tiempos”). Pero a pesar de todo, “Freaks and Geeks” se canceló en la primera temporada. Los cambios continuos de emisión no favorecieron para nada las audiencias, y en el capítulo 13 la NBC dijo basta. ¿Qué pasó con todos esos fieles admiradores? Pues que presionaron y presionaron, hasta que consiguieron que se hiciesen 3 episodios más. Después volvió a darse la serie como finiquitada. Y los fans volvieron a insistir. Para su re-emisión en otro canal de la FOX se realizaron dos episodios más, cerrando definitivamente “Freaks and Geeks” con el decimoctavo. Una pena (o una garantía para perpetuar su condición “de culto”).

No podemos dejar de recomendar esta serie a cualquiera, pero especialmente para aquellos que quizás estén un poco hartos de tramas y subtramas complejas de la mayor parte de series actuales, y quieran algo mucho más centrado en personajes, diálogos e interpretaciones. En “Freaks and Geeks” se encuentra todo esto y mucho más, demostrando que se merece esa etiqueta de “serie de culto”. Aunque os advertimos que cuando termina el episodio 18 uno se siente algo huérfano, y empezará a echar de menos a todos estos personajes. Para todos aquellos que sufran de esta forma, siempre queda el consuelo de ver “Undeclared”, una especie de continuación universitaria de la serie, que a pesar de no contar con los mismos personajes, sí repite algunos actores y se dan algunos cameos (sus creadores siguen un poco la línea de Kevin Smith, en ese sentido). Además, también podréis ver a Jackson Teller, de Sons of Anarchy, mucho más joven y con acentazo inglés.

Sólo para terminar, una pequeña duda que nos corroe respecto a “Freaks and Geeks”, ¿por qué prácticamente en cada episodio tienen exámenes, si las clases que vemos apenas duran un minuto?

(Ahora tocaría hablar de Parker Lewis, no? ¿dónde están mis cintas VHS?)