Carnicería en Collserola: sobreviviendo a la masacre zombie

Saludos cosmonautas,

aficionado como soy a la temática zombie, siempre he fantaseado pensando en qué haría y como reaccionaría si algún día los muertos empezaran a andar. Así pues, cuando se anunció que se iba a celebrar en Collserola una carrera llamada “Runners vs. Zombies“, no me lo pensé ni un instante. Y durante el mes y medio entre la inscripción y la carrera, empecé a prepararme físicamente, después de años de no dar palo al agua. El objetivo, conseguir sobrevivir a los 5 kms de carrera por montaña. Y no me refiero a sobrevivir a los zombies, sino al simple hecho de correr más que para el típico sprint para coger el tren. Podría haberme apuntado para hacer de zombie, pero quería comprobar como andaba realmente de “Cardio”, ya sabéis, la regla nº1 de Zombieland.

Llegado el día, nos reunimos varios twitteros del bando runner (@laiamarques @alexsantalo @doctormoriarty @adriaserra @floydbrush y nuestra Comandante), y comentamos los vídeos que habíamos podido ver de la edición madrileña, celebrada una semana antes. El primer miedo, un tanque de agua infranqueable, que hizo que descartáramos llevar cualquier cámara de vídeo/fotos, dejando así la responsabilidad de la documentación gráfica a otros corredores o a la propia organización.

El equipo runner más culturalmente disperso de la carrera.

Al haber unos cuantos centenares de participantes, la carrera se había repartido en varias mangas, siendo nosotros la 59. Lo primero que nos encontramos es con un briefing que nos da un personaje vestido de militar. Bastante parco en palabras, no explica ni la mitad de las reglas que supuestamente existen (la mayoría las recordábamos de haber leído en la web), y añade algunas que desconocíamos pero que al final descubriremos que no son verdad, o no tienen ningún sentido.

Lo primero y más importante es colocarse el cinturón de las vidas. Y es que la forma que tienen los zombies de eliminarnos no será a mordiscos, sino que tendrán que estirar las cintas de celofán que llevamos colgando de dicho cinturón. Nuestro objetivo es llegar a la meta en el menor tiempo posible y conservando tantas vidas como podamos de las tres con las que salimos. Aunque si te quedas sin a mitad de camino, puedes seguir corriendo. No podemos tocar a los zombies, y ellos no pueden tocarnos, sólo pueden estirarnos las vidas. Y por supuesto, no podemos salir del camino.

Dicho esto, nuestra manga sale a buen ritmo, con ese típico ímpetu del principio, que ya os aseguro no durará mucho. Al poco rato nos encontramos una cuesta bastante empinada, y un estrecho camino de un metro de ancho custodiado por varios zombies. Empieza el pánico y los gritos, y las primeras vidas arrebatadas. Se crea un tapón de gente en la subida, y por desgracia, las dos damiselas del grupo y un servidor nos quedamos en la retaguardia con varios zombies pisándonos los talones. ¡Corred por vuestra vida! Alguna caída, algún rasguño. y algún pisotón en las manos, pero logramos salir vivos por ahora.

El primer kilómetro de la carrera es el más duro, está pensado para agotar a los corredores ya desde un buen principio, y así dejarlos más cansaditos para los zombies. De hecho, diría que la mitad de participantes ya han perdido más de una vida o todas en el primer kilómetro y medio. La Comandante, el @DoctorMoriarty y @FloydBrush son los primeros en fallecer, pero se ofrecen para actuar de escudos humanos y así abrir paso a los que seguimos vivos. ¡Unos héroes!

Pero después de la masacre inicial, el camino se vuelve mucho más sencillo y desaparecen los zombies durante un buen rato. Lo que era una carrera, se ha convertido en un paseo por la montaña. Aunque no puedo negar que se agradece algo de descanso después de ese inicio intenso (mi preparación previa había sido bastante pobre, todo hay que decirlo).

La primera sorpresa nos la llevamos con los obstáculos. No se encuentran en medio del camino como sucedía en Madrid, es decir, podías rodearlos si te daba la gana, y aunque teóricamente tenías que esperar 10 segundos si lo hacías, no había nadie que realmente controlara el tema. Al no haberse cerrado el circuito para la carrera, no les habrían permitido ponerlos en medio, ya que por ahí seguían pasando ciclistas y gente paseando. Vamos, que el asunto perdía todo sentido, y quizás habría sido mejor ahorrárselos.

Casi a mitad de carrera el pelotón en cabeza de nuestra manga se encuentra con un corredor que está en el suelo, tapándose la cara, y una mujer preocupada que nos pide agua. Poco podemos ayudar, y mientras el pelotón ha pasado ya casi por completo y sólo quedamos nosotros, el corredor se levanta y entre gritos muestra su cara llena de sangre. ¡Era una trampa! Afortunadamente conseguimos superarla con éxito, ninguna baja. Pero hay que felicitarles por el momentazo, el más currado de toda la carrera.

A partir de aquí, aunque sigue habiendo algunos tramos de paseo, la actividad zombie se vuelve bastante más intensa, con hordas bastante numerosas y que ponen a prueba nuestra agilidad, y nuestro dominio del estrés. La verdad es que el subidón de adrenalina no te permite pensar demasiado, y mientras que los primeros los consigues superar con cierta estrategia y alguna buena finta, en seguida te das cuenta que cuando superas a uno te encuentras a dos más, y allí ya todo es cuestión de instinto. Y no siempre es bueno fiarse del instinto. Menos cuando los zombies cada vez son más numerosos y más atrevidos.

En una de esas hordas interminables empiezo a subir sin querer por unas terrazas al lado del camino, intentado apartarme de esas manos sangrientas. He puesto una marcha de más, y cuando me doy cuenta, estoy saltando desde unos 3 metros de altura y volando por encima de algunos participantes y zombies; en lugar de runner me he convertido en flyer. Por un momento veo la vida pasar por delante de mis ojos, mientras que el Doctor Moriarty ve pasar por delante de los suyos mis pies. Él ya estaba pensando en llamar a las asistencias médicas, pero por suerte consigo aterrizar de una pieza (puedes leer su versión de la historia aquí).

Ya estamos llegando al final, y pasamos por uno de los puntos calientes del recorrido. Primero un claro en el bosque con unos cuantos zombies, después un túnel completamente a oscuras, y una nueva reyerta, en la que vuelvo a hacer de flyer, aunque esta vez sin hacer que mi vida corra peligro. Dos zombies dejan algo de espacio e intento colarme por ahí,  pero ahí están sus manos dispuestas a arrebatarme mis preciosas cintas de celofán. Así que como si de una carrera de obstáculos se tratase, salto por encima de sus manos, dejando a la parroquia zombie asombrada. He superado con éxito a los primeros, pero no tengo tanta suerte con las siguientes tongadas. Allí pierdo mi segunda vida. Me queda sólo una, y no creo que vaya a sobrevivir al ataque final.

Ya hacía el final, habiendo superado con creces los 5kms, nos encontramos con otra de las sorpresas del recorrido. Un pequeño zombie de unos 5 años gritando en medio del camino. Aterrador. Aunque tiene piedad por nuestras vidas y deja que nos marchemos. Total, con lo que viene ahora, seguro que nos masacran.

Los últimos 100 metros son una pesadilla zombie. Un camino estrecho, con algunos pequeños obstáculos de por medio, y los zombies más hambrientos de todo el recorrido (al ser los últimos, tienen pocas vidas que arrebatar). Ahí, más que zombies, lo que hay son infectados, y ya se ha perdido todo respeto por la norma de no tocar a los participantes. Recibo al menos tres abrazos de varios zombies, intentos de bajarme los pantalones, y otras lindezas. Estoy muerto.

O eso pensaba. Asombrado descubro que aún conservo una vida. ¡He sobrevivido! Llegamos a la meta junto a Àlex Santaló, otro de los supervivientes de nuestro grupo. De siete, sólo él, Adrià Serra y yo hemos conseguido llegar con vida al final de la carrera. Ahora nos toca saborear la gloria… o más bien, la indiferencia total.

No hay que registrar el tiempo en ningún lado, nadie te mira si has vuelto con vidas o sin vidas. Simplemente recoges tu mochila con camiseta, publicidad, barritas de cereales y bebida, y para casa. Entonces… ¿para qué tantas reglas? ¿para qué las vidas? Por supuesto que conservarlas es una motivación para seguir la carrera, pero si no hay ni el más mínimo atisbo de un posible premio, ¿para qué todo esto?

Para divertirse, claro está. Si ese el objetivo, “Runners vs. Zombies” lo consigue. Pero eso no quita que se podrían mejorar muchas cosas en cuanto a la organización de la competición (que los obstáculos tengan sentido, que haya ganadores o algún tipo de recompensa a los supervivientes, y que sea cierto que se pueden conseguir vidas extras…). Es la primera vez, así que se puede perdonar la “imprecisión” de muchos temas, y esperamos que haya próximas ediciones en las que se puedan afinar un poquito más todas estas cosas. Porque seguro que repetimos (aunque esta vez con la cámara de fotos).

Casualty countdown: 4 Killed – 3 Survived

¿Quieres saber más? Lee el post del Doctor Moriarty. O también puedes leer nuestro post sobre zombies.