“Tokyo” de Vértigo Pop: una rareza para el público equivocado

Saludos, cosmonautas.

Husmeando por la sección de saldos de Norma Cómics, nos encontramos con un título que habíamos visto más de una vez en la mesa de novedades de la línea Vertigo, DC, etc. Se trata de “Tokyo” de Jonathan Vankin y Seth Fisher, una obra publicada por la línea Vértigo Pop (un hijo bastardo de la línea Vértigo de DC, la que publicaba The Sandman, Predicador, etc.). Cuando estaba entre las novedades lo habíamos cogido y hojeado en más de una ocasión, pero ya sea por su precio, o por falta de referencias, nunca nos habíamos atrevido a dar el paso. Además, no dejaba de ser un poco raro que fuese Vertigo quien publicase algo así. Pero esta vez, al tenerlo a mitad de precio, no nos lo pensamos dos veces y acabamos comprándolo. Aunque era algo sospechoso que hubiese una cantidad considerable de ejemplares de “Tokyo” en el mismo cajón.

De hecho, si leemos la reseña de Zona Negativa, que asegura que su guionista es un experto en hacer truños o productos minoritarios, no nos extraña que muchos hayan huido despavoridos. Y aunque estaríamos de acuerdo con casi todo lo que dicen en su crítica, también creemos que “Tokyo” es uno de esos productos que han sufrido de una mala política de marketing, y que se ha vendido en el lugar equivocado. ¿Pero de qué va la historia? ¿Y por qué se ha hecho mal?

 “Tokyo” nos presenta al típico gaijin que se lía la manta a la cabeza y se larga a vivir a Tokyo (éste en concreto, al saber que el escritor William Gibson solía frecuentar Akihabara). Allí se convierte en el clásico expatriado criticón, que no se entera de nada, y que culpa de todos sus males a la sociedad nipona. Por casualidad se acabará topando con un par de japonesas que buscan extranjeros con los que practicar inglés, y a partir de entonces se verá envuelto en un auténtico lío que incluye a la yakuza, un grupo de Visual Kei, secuestros, armas, romances y Cosplay. Una auténtica aventura “subcultural” y, sobretodo, muy fantasiosa, que según sus autores quería mostrar como las quinceañeras japonesas son las que controlan la cultura Pop en Japón.

Lo primero que nos llama la atención de este cómic es el dibujo de Seth Fisher, cuyo estilo nos puede recordar más a obras europeas o incluso al Tekkon Kinkreet de Taiyo Matsumoto, que a cualquier otro autor de cómic americano. Es un dibujo muy detallista, aunque contrasta con personajes más simples (esto no es una crítica), y cumple con la etiqueta “Pop” gracias al animado colorido. Aunque a muchos puede echarles para atrás, creemos que es uno de los mejores aspectos de la obra, y que plasma muy bien ese mundo Pop idealizado que tenemos en mente cuando pensamos en Tokyo o Japón.

La historia en si, no deja de ser una de esas típicas aventuras que ocurren en pocas horas, y a menudo en países extraños, en las que un fortuito encuentro del protagonista con otra persona y/o situación empieza a liarse cada vez más hasta llegar al explosivo final (al estilo “Jo, ¡qué noche!” de Scorsese o “Love Battlefield” de Pou-Soi Cheang). El problema quizás sea la forma de contarlo. Por describirlo de alguna forma, parece que los personajes que aparecen en el cómic estén todos drogados y alucinando. Todo es muy impulsivo y alocado, los personajes son más una caricatura que exagera sus rasgos, que un retrato. Y es por eso que uno llega a perderse un poco entre tanta locura.

Pero hay algo más, algo que sin duda puede alejar a cualquier no japonófilo de este cómic, y que puede tener el efecto contrario en todos aquellos que sí están familiarizados con el lenguaje y cultura japonesa. En una proporción exagerada de diálogos aparecen muchas palabras o expresiones japonesas sin traducir (aunque al estar en romaji cualquiera puede leer). Si bien algunas palabras como “konnichiwa” o “mochi” serán entendidas por casi todos los lectores, no pasará lo mismo con “osewa ni narimashita” o “daijobu”, ni el 95% de las 48 palabras o expresiones que aparecen en este cómic. Cierto es que al final se encuentra un glosario con las traducciones, pero con semejante frecuencia de aparición de frases en japonés, y teniendo en cuenta que muchas de ellas son importantes para entender el diálogo, tenemos muy claro que cualquier lector de cómics medio va a sentirse un poco perdido o desconcertado, y acabará desistiendo en su lectura o quedándose con una mala impresión.

Un lector de manga habitual, o alguien familiarizado con la cultura japonesa, se dará cuenta en seguida de que quien ha escrito el cómic conoce muy bien de lo que habla. No parece un simple trabajo de documentación, aquí hay auténtico experiencia. Y de hecho, parece que la editora de Vertigo Pop escogió a Fisher y Vankin precisamente porque habían vivido una temporada en Japón. Esto se recibirá de forma muy positiva para los que no necesitan que les expliquen las cosas más básicas de la cultura japonesa, es decir, que un otaku o gafotaku va a poder disfrutar de este cómic a otro nivel, identificando situaciones, estereotipos y lugares bien conocidos a través de otras obras o por las propias vivencias. Pero como pasaba con el lenguaje, quizás estas presunciones, este dar por sentado algunos aspectos del mundo nipón, sea un factor que vaya a echar para atrás al lector al que iba dirigido este cómic.

Y así volvemos a la idea que comentábamos al principio. “Tokyo”, a pesar de todos sus defectos, creemos que es un cómic que puede gustar a cierto tipo de público, y este no es precisamente el que suele comprar los cómics de la línea Vertigo. En Norma Cómics de Barcelona, uno se lo encontraba en la planta de abajo, donde se venden los llamados Cómics USA, es decir, al lado de Batman, Fábulas, Green Lantern, etc. Y ahí se han quedado, aunque ahora arrinconados y medio escondidos en la sección de saldos. ¿Qué habría pasado si se hubiese colocado este cómic en la planta de arriba donde se encuentra el manga? No vamos a decir que se hubiese vendido como churros, porque ya sabemos lo poco dado a la experimentación que es el otaku medio (“si no hay colegialas, shinigamis, ninjas o piratas, no me interesa”), pero quizá sí se habría acercado a un perfil de lector, más gafotaku, que podría haberle dado una oportunidad al asunto.

El problema quizás viene ya directamente de la editorial, que no supieron contener lo suficiente la japonofilia de sus autores para llegar a sus lectores habituales, o que no tuvieron el ojo de intentar acercarse al público del manga para vender este título del subsello de Vertigo. En realidad, “Tokyo” formaba parte de un pack de tres miniseries centradas e ciudades, siendo Londres y Bangkok las otras capitales escogidas, y por lo tanto, el vínculo con el mundo otaku quedaba ya más diluido. En definitiva, se trataba de un producto difícil de clasificar y colocar, y se decidió vender “Tokyo” junto a los demás títulos del sello. Una decisión que no por lógica tiene que ser la más acertada.

http://www.youtube.com/watch?v=ipf6CRFbKFg

Si sois de Barcelona, aún estáis a tiempo de haceros con “Tokyo” a mitad de precio en Norma Cómics. Hay varias copias en la planta baja, concretamente en los cajones de saldo más hacia la izquierda. No es un gran, gran cómic, pero cualquiera con sentido estético y cierta japonofilia seguro que le encontrará algún atractivo.