Sitges 2016: Shin Gojira (Godzilla Resurgence)

Saludos, cosmonautas.

Si solo me hubiesen dejado ver una película de todas las del festival de Sitges de este año, tenía claro que sería Shin Gojira (Godzilla Resurgence), porque el hype que llevaba acumulado estaba “over 9000” (especialmente después de la decepción que supuso para mí la última versión norteamericana). Por suerte, no ha sido una mala elección.

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En Japón se estrenó en julio, y las críticas fueron excelentes, todo un éxito. Y eso no hacía más que añadir leña al fuego del hype. Pero también llegaron, de parte de críticos occidentales, algunas advertencias. La nueva entrega japonesa de Gojira (después de 12 años desde la última) era muy, muy japonesa. Algo que, para los que estamos acostumbrados al cine japonés, no tenía porque ser un problema, pero quizás sí para la mayor parte de espectadores occidentales (especialmente para los que esperen ver algo parecido a lo que hizo Gareth Edwards). El principal miedo, de los propios productores japoneses, es la cantidad de subtítulos que tendría que leer el público festivalero, porque realmente en la peli se habla mucho, muchísimo. ¿Y es un problema? No para el que escribe estas líneas.

Probablemente, a los mandamases de la Toho, la productora japonesa de Gojira, tampoco les convenció la forma en la que Hollywood retrató al Rey de los Monstruos en su 60 aniversario. Aunque parte de la culpa probablemente es suya, por dejarlo en sus manos y en una fecha tan señalada. Pero la reacción no se hizo esperar. Dos años después, aparece este Shin Gojira, que se puede traducir como “el nuevo” o “el auténtico Gojira” (las sutilezas del idioma japonés), el segundo reboot japonés de la saga (la primera versión fue en 1954, y la primera resurrección en 1984). Para llevarlo a cabo han confiado en Hideaki Anno, un nombre conocido especialmente en el mundo del anime, por ser el director de Neon Genesis Evangelion. Desde sus tiempos de estudiante, Anno había demostrado siempre su pasión por el género del tokusatsu, con parodias de Ultraman o los Super Sentai, así que no parecía una mala elección para volver a despertar a Gojira. Y lo que ha hecho con este nuevo Gojira es condensar en dos horas algunos de los temas (y temores) principales de esta saga de más de 60 años de historia. Que en el fondo, no deja de ser un retrato de muchas de las preocupaciones de los japoneses, y de la cultura política que se ha ido forjando desde esas primeras bombas atómicas hasta el día de hoy, con catástrofes más recientes.

Algo ha aparecido en la bahía de Tokio, y se reúne un gabinete de crisis para estudiar el problema y decidir un plan de actuación. Por supuesto, son pocos los que sospechan o quieren creerse que detrás de todo se encuentra una criatura gigantesca, pero no tardarán demasiado en descubrirlo. El monstruo se revelará finalmente, y creará pánico y destrucción durante un par de horas. Los principales protagonistas de esta película son precisamente los políticos, y la trama se va desarrollando en decenas de despachos y pasillos de las instituciones japonesas, políticas o militares. Lo que iremos viendo a continuación serán reuniones y más reuniones, y decenas de personajes distintos (cada vez con los créditos que nos indican su nombre y cargo), que tendrán que decidir como actuar frente a semejante amenaza. Con este planteamiento, es lógico que la mayor parte del metraje sean tíos trajados (y algunas pocas mujeres) hablando sin parar. Pero si bien hay algunas breves escenas que pueden ser redudantes y podrían desaparecer sin problemas, lo cierto es que las conversaciones se siguen con interés y el ritmo es realmente endiablado (eso es lo que exige cierta velocidad lectora). Vamos, que no es cháchara porque sí, todo lo contrario. Como buenos japoneses, todas las palabras están muy medidas. Y probablemente sea todo mucho más realista que en cualquier película de catástrofes americanas, donde a la mínima tendrías al ejército lanzándose en tromba contra el monstruo, sin meditar ni un segundo. Aquí la burocracia es la que manda, que como dicen en la película, es la base de la democracia. Todo hay que discutirlo, hay que supervisar y aprobar cada nuevo movimiento, y aunque pueda parecer exagerado, es más real de lo que uno podría pensar. De hecho, puede llegar a ser irritante, y esto es algo que solo saben los que han trabajado alguna vez con japoneses. Y Hideaki Anno, nos lo muestra, y se ríe de ello. Porque a pesar de todo el politiqueo, a pesar de tanta corbata y largas mesas de reuniones, en Shin Gojira hay mucho humor, y mucha caricatura de la forma de funcionar de los japoneses (y sobretodo de esas largas cadenas de mando). ¿Pero entenderán los no japoneses esta sátira? No lo sabemos, pero seguro que más de uno estará pensando que porque no se ponen a tirarle bombas como locos a los cinco minutos… quizás sea norteamericano (que también reciben algunos palos en la peli, algo que no es nuevo en la serie, especialmente si nos vamos a la original).

Pero Shin Gojira va mucho más allá de la pura gestión de la crisis en si. Las películas de Gojira han servido a lo largo de varias décadas para exorcizar ciertos demonios, ya sea el temor nuclear o la cuestión bélica. Hideaki Anno, lo sabe bien, y a ningún japonés se le escapará que muchas de las conversaciones entre políticos y muchas de las escenificaciones, son claras referencias a catástrofes como la del terremoto, tsunami y accidente nuclear de Fukushima. Esos famosos monos de trabajo azules que se pone el Primer Ministro y su equipo en la gestión de las crisis estarán también presentes, así como unas muy familiares apariciones en los medios. Además, algunas de las escenas del rastro de Gojira podrían haberse rodado perfectamente en las ruinas del área afectada por el tsunami. El monstruo, además, es como ha sido siempre un símbolo del poder destructivo de lo nuclear, algo que en este caso tanto puede hacer referencia a la central de Fukushima, como a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que incluso aparecen en dos fotografías. Y todavía hay más temas, como es el de la complicada relación entre Japón y los Estados Unidos, y que siempre ha sido motivo de varias controversias a lo largo de varias décadas. La admiración por todo lo norteamericano que algunos profesan, ha chocado a menudo contra la opinión de aquellos que consideran que Japón debe seguir su propio camino sin interferencias, sin ser la comparsa o el “perrito faldero” de nadie. Lo que lleva a otro tema, que es el de la cuestión militar. Las Fuerzas de Autodefensa, el nombre ya es perfectamente explicativo, tienen ciertas limitaciones constitucionales en su forma de proceder (lo que dará pie a varios debates en las película), y desde hace años algunos abogan por suprimir el artículo de la constitución japonesa que les impide tener un ejército “normal”. ¿Es esta película un alegato a favor de dicha abolición como han sugerido algunos críticos? A mí, no me queda claro, y es que la ironía japonesa a veces puede ser muy fina. Pero si nos fijamos en la misión en la que se embarca el principal protagonista de la película, parece que la idea es que la ciencia y el esfuerzo conjunto pueden ser la solución a muchos problemas (una idea también muy japonesa).

Leyendo todo esto, quizás algunos se asustarán, ¿acaso no se ve el monstruo? ¿no hay muerte y destrucción? ¡Por supuesto que lo hay! De hecho, algunas de las escenas de Gojira en acción son, simplemente, preciosas; y fueron capaces de arrancar el aplauso del público del Retiro. Pero que nadie se confunda, con la excepción de algunas de las pelis más infumables de la saga, la mayor parte del metraje de las pelis de kaiju, en realidad no son escenas de destrucción… ¡precisamente son las más caras y las que más trabajo representan! Así que, si alguien se queja de que Gojira solo aparece destrozando Tokio en una tercera parte del metraje, es que quizás no sabe muy bien de lo que está hablando. Pero que nadie se preocupe, que verá edificios cayéndose o siendo pisoteados por el Rey de los Monstruos, y por supuesto, mucha gente corriendo despavorida.

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Gojira es Japón, siempre lo ha sido, y lo sigue siendo en esta nueva encarnación. Hideaki Anno vuelve a demostrar que las películas de monstruos gigantes fueron y pueden ser mucho más que la destrucción gratuita de ciudades niponas. Nos hablan de un país, una sociedad, de sus temores y como se enfrentan a ellos. Y lo hacen a su manera, ni mejor ni peor, a la japonesa. Y seguramente sea una película con menos pretensiones internacionales que otras, pero si algunos se molestan en abrir los ojos, y prestan cierta atención, quizás sean capaces de descubrir una película tan grande como el monstruo protagonista.