Archivos en la Categoría 'Reflexiones'

26
oct
11

Superhéroes en mallas de colores… ¿sí o no?

Saludos cosmonautas,

hoy nos hemos levantado con ganas de polémica, ya sabéis que de vez en cuando nos da por ahí (algunas veces la liamos parda, y en otras nos dais todos la razón y frustráis nuestras intenciones de polemizar). Hoy queremos hablar de las mallas de colores, o de forma más específica, de la tendencia actual del cine y los cómics de superhéroes de cambiar y/o actualizar los trajes de toda la vida.

Estamos viviendo una era dorada para los fans de las películas basados en personajes de Marvel y DC, al menos por lo que respecta a la cantidad de producciones (la calidad es otra historia), y es que nunca antes los superhéroes habían estado tan de moda como ahora. Han traspasado completamente el papel llegando a un público mucho más amplio, algo que trae sus consecuencias. Una de las mayores intrigas cuando se inicia una nueva producción es precisamente el diseño del traje en cuestión. Los fans esperan ansiosos las primeras fotos para poder empezar a rajar de si lo han hecho bien o mal. Y lo que está muy claro es que, ya desde hace años, existe una tendencia por hacer los trajes más “reales”, más acorde con “los tiempos actuales” aseguran algunos. Algo que se traduce en trajes que acaban siendo armaduras, el uso del cuero, y una pérdida en el colorido característico del cómic.

La polémica está servida, y para ello, en lugar de hacer un monólogo, hemos querido contar con la colaboración de algunos lectores/creadores de cómics que tienen su propia opinión al respecto.

CELS PIÑOL (dibujante de cómics, creador de Fanhunter, y un auténtico Fan Letal)

No es un problema de colores.

En los cómics, los colores de la mayoría de personajes están pensados para ser atractivos, para combinar y, claro está, para diferenciarlos de los villanos. Uniformes tan perfectos como los de Spiderman, Batman o el Capitán América pueden ser perfectamente transportados a la pantalla si están bien diseñados.
No se puede ofrecer un uniforme ‘camp’ como el Batman sesentero, a menos que quieras crear una parodia; y no todos los uniformes de superhéroes son trasladables a la pantalla, pero si se utilizan las TEXTURAS adecuadas, tanto en el 3D como en las telas normales, acompañado de una buena iluminación, la gente, el público generalista, lo aceptará sin problemas.
Si no, no podríamos conectar tanto con el Superman de Donner. :)
La manía de oscurecer los personajes, de armarlos con armaduras cuando en realidad llevan moléculas inestables, simplemente es un parche. Pero detecto que cada vez estos recursos se utilizan menos. Los superhéroes pierden los complejos en la pantalla, claro está, siempre que la máscara o el antifaz sean decorosos: no hay manera, no veo que funcione ni en pintura el antifaz de Green Lantern. Tenían que haber utilizado el otro modelo.
ÀLEX SANTALÓ (ilustrador, diseñador gráfico y Marvel Zombie)
Me pide el Capitán que hable del tema de los trajes de superhéroes en el cine, y supongo que lo hace sabiendo que soy un Marvel Zombie un poco chapado a la antigua. Así que allá vamos.
Para mí el cine moderno de superhéroes empieza con los X-Men de Synger. Y en la misma película tenemos una broma sobre el tema trajes, cuando Lobezno le pregunta sorprendido a Cíclope por qué van todos de cuero negro, a lo que Scott le responde si preferiría ir de amarillo. Pues sí amigos, Lobezno de amarillo hubiera quedado aún más ridículo de lo que queda ese gigante con garras. Y es que hasta entonces los referentes de superhéroes coloristas eran el Superman del cine y el Spiderman de la tele, dos señores con pijamas azules y rojos que no influirían mucho respeto hoy en día. Y en aquel momento defendí que los X-Men vistieran de negro, o que Batman se armadurizada, lo que me parece perfecto al exponerse a las hostias de sus adversarios sin poderes. Tras estos vinieron Daredevil, que modificó acertadamente el pijama rojo, lo más salvable de la peli, Hulk, este no cuenta, va en pantalones rotos, Blade y Punisher, no los meto en el género y más mutantes de negro.
Pero en medio de todos ellos tenemos a un nuevo Spiderman, de azul y rojo sin problema alguno, con un traje moderno y que no desentonaba para nada. Y entonces te preguntas, ¿por qué no adaptan los trajes de los cómics al mundo real manteniendo la esencia? Y tras un Iron Man perfecto, aunque es una armadura y no cuenta, llega para mí, una de las mejores adaptaciones al cine de un cómic. X-Men First Class. Y, ¡oh sorpresa! ¡Los estudiantes de la escuela de Westchester van con los colores clásicos, azul y amarillo! Pues sí. Aunque de los originales solo encontremos a la Bestia, Todos van con un mono de aviador modificado con los colores de la escuela, ¡y no queda nada mal!Espero que esta peli, junto a los Batmans de Nolan, marquen una forma de interpretar el género de los superhéroes. Batman para los más serios, y la First Class para los más clásicos, coloristas y batallas de supergrupos. Aunque visto el trailer de Los Vengadores, parece que las cosas van bastante bien en este tema.
ANDRÉS PALOMINO (dibujante de cómics, monologuista, guionista y aifonero)
Pues qué quiere que le diga, a mí SÍ ME GUSTA la moda de cambiar el Spandex y los colores chillones por cuero negro y hebillas… ¡Y no es porque me vaya el S&M! Para mí, es una parte lógica del proceso de maduración que durante décadas ha convertido los superhéroes de cómic en lectura para adultos. Del comicbook a la novela gráfica. Me resulta mucho más cercano un cómic protagonizado por un superhéroe que se viste como un “profesional de élite”, que los elementos de su equipación esté justificados por motivos más funcionales que estéticos. Los tíos en mallas y con los calzoncillos por fueran me tirán para atrás…
El Batman de las pelis de Nolan es un buen ejemplo: en Batman Begins cada pieza del traje tiene un por qué justificado por guión. Y también me encanta el juego metalingüístico de la interpretación del traje del Capi en la reciente peli de The First Avenger: el traje “clásico” se muestra como algo infantil, para entretener a los niños, totalmente inútil en una situación de combate real, y menos en plena WWII, mientras que el traje “real” muestra al Capi como un supersoldado. Mi uniforme de superhéroe favorito: ¡la gabardina, el sombrero y la máscara de Rorschach!
CAPITÁN URÍAS (predicador de la sagrada filosfía de #TLQM)
Debo reconocer que cuando empezaron a estrenarse estas nuevas películas de superhéroes (es decir, todas aquellas post Batman de Burton), estaba de acuerdo con la opinión generalizada de que había que hacer cambios que hiciesen a los personajes más creíbles, porque así llegarían a más público. Esto se traducía, no sólo en cambios en los trajes, sino también en un esfuerzo por hacerlo todo más serio y dramático, algo que se ha hecho fantásticamente con el Batman de Nolan. Pero a medida que se iban haciendo más y más películas empecé a pensar que les faltaba algo, se estaba perdiendo parte de la magia, parte de la diversión que los cómics de superhéroes siempre han tenido.
Se dice a menudo que no pueden funcionar las mismas cosas en un libro que en una película, y lo mismo pasa con los cómics. Pero a los japoneses esto no les ha importado jamás, y el tokusatsu es prácticamente la versión literal de un manga en formato televisivo. Cierto es que la mayor parte del público occidental es incapaz de entender esta filosofía y por ello el tokusatsu provoca más burlas que otra cosa, pero no es mi caso. Y es que más allá de las historias, la estética es una de las partes fundamentales de cualquier superhéroe, es uno de sus ganchos principales, lo que hacía que nos fijásemos en una portada. ¿ Y acaso no estamos hablando de un personaje de ficción? ¿Por qué esa fijación por hacer más real un personaje que puede volar o lanzar rayos por los ojos? Quizás sea un anhelo del fan más maduro por justificar su afición como algo completamente adulto, ¿un complejo? No creo que el colorido y la fantasía estén reñidos con lo adulto.
“Marvels” de Alex Ross ha sido uno de los trabajos sobre el superhéroe que más me ha impactado en los últimos años. Más allá de las fabulosas ilustraciones de Alex Ross, lo que este autor hizo fue devolver al superhéroe esa dimensión legendaria, épica, romántica y fantástica de la Golden Age, centrándose en la visión del ciudadano de a pie. Una visión que creo se ha perdido en parte en las nuevas producciones de superhéroes, incluso en algunos cómics que se han visto retroalimentados por la tendencia cinematográfica. Y aunque es cierto que en algunos casos concretos se ha procurado encontrar el equilibrio entre el cómic y lo que se supone es adecuado para la gran pantalla, sigo pensando que hay demasiado complejo respecto al color, y a todo lo que huela a imaginación desmesurada. Spiderman ha demostrado que se puede hacer un traje más o menos fiel al original sin perder la dichosa “credibilidad”. Así que menos armaduras y más mallas, ¡imaginación al poder!
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(Podéis ver entrevistas a nuestros “opinadores” de hoy en la sección de ENTREVISTAS PIRATA)
12
jul
11

Estudios de Asia Oriental: estudiar puede ser #TLQM

Saludos cosmonautas,

sois muchos los que a través de Twitter me habéis preguntado sobre la carrera que estoy estudiando online desde hace algunos años, y ahora que me queda relativamente poco para terminar, puede que sea un buen momento para explicaros en qué consiste la Licenciatura de Estudios de Asia Oriental.

Es importante saber que vamos a hablar de una licenciatura de segundo ciclo, y aunque con esto del nuevo plan de estudios no sé como ha quedado la cosa (parece que aún aguantará un tiempo), para cursarla tenías que haber superado como mínimo un primer ciclo de cualquier otra carrera universitaria (en mis tiempos eran los dos primeros años de una licenciatura, ahora puede que sean tres). Por supuesto, si ya eres licenciado puedes matricularte sin más requisitos que algunas asignaturas complementarias de idiomas (que puedes ir cursando al principio junto a las asignaturas troncales y obligatorias).

En mi caso, he estado estudiando a través de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), que creo es la única universidad online que está ofreciendo esta licenciatura, aunque también se está impartiendo en universidades tradicionales. La diferencia más importante es que en la UOC sólo ofrecen el itinerario de Chino (por lo tanto, hay varios créditos obligatorios de este idioma), en cambio, en universidades presenciales pueden ofrecerte también el itinerario japonés o coreano (y aparte del idioma, no sé si las otras asignaturas pueden variar algo). Aunque el chino sea obligatorio, en la UOC te dan la posibilidad de estudiar también japonés a través de asignaturas optativas o de libre elección. Aún así, para aquellos que tenemos algo más de interés por el japonés, y que no tenemos otra opción que la de estudiar a distancia, es una putada (estudiar los dos idiomas a la vez, y a distancia, puede ser un infierno). Aún así, hay otras opciones que luego os comentaré. Para los que trabajan, la ventaja es que no hay un mínimo de asignaturas que cursar, y de hecho, hay que gente que a veces “descansa” durante un semestre.

Las asignaturas: ¿qué vas a estudiar en EAO?

La respuesta corta es: un poco de todo. El objetivo de esta licenciatura, según dicen en su plan de estudios, es “ofrecer una visión clara, sintética y precisa de los países que forman Asia Oriental, y proporcionar herramientas que permitan entender su realidad contemporánea”. En otras palabras, se trata de estudiar la historia, la economía, la cultura, y la sociedad de esos países, centrándose sobretodo en China, Japón y Corea, pero sin olvidarse de Tailandia, Taiwan, Vietnam, etc. Así pues, te encontrarás con asignaturas más generales como Historia del Asia Oriental, Geografía, Economía, Política, Filosofía, Arte, Sociedad… y otras más específicas como las distintas literaturas, economía de Japón, las fiestas y tradiciones de China, alimentación, comercio interior, etc.

Aunque se hable de otros países, estos tres serán el centro de atención (en este mismo orden de importancia).

¿Qué pasa si sólo te interesa Japón y sólo quieres hacer asignaturas sobre Japón? Primero te diré que difícilmente se puede entender Japón sin tener en cuenta el resto de países de Asia Oriental (e incluso algunos países occidentales), ya que tener una visión global siempre es importante. Segundo, hay otras opciones. Por supuesto, si puedes, te recomiendo que curses la licenciatura (o grado) de forma presencial (seguro que le sacarás más partido). Pero si estás trabajando, o por el motivo que sea sólo te queda la opción online, tienes ciertas alternativas para los que quieran especializarse un poco más.

Titulación progresiva: ¿en qué quieres especializarte?

Puedes renunciar a sacarte la licenciatura y cursar varios másters o postgrados de especialización. Esto significa que, aparte de algunas asignaturas obligatorias y troncales que tienen que hacer de forma impepinable, después puedes escoger específicamente algunas optativas y hacer un trabajo final o practicum que te dará derecho a títulos de experto en economía del Asia Oriental, experto en cultura y literatura, experto en economía y política de Japón, y varias especializaciones más (con más o menos asignaturas necesarias). De hecho, esta es una titulación progresiva, y puedes ir sacándote estos títulos a medida que vas cumpliendo los distintos requisitos hasta llegar a sacarte la licenciatura. Así, si te quedas a medio camino, siempre tendrás uno u otro título (o varios a la vez). En mi caso, ya prácticamente sólo me queda el chino, y como no tengo tiempo suficiente ahora mismo, voy a sacarme alguno de los másters (no tengo claro cual). Quizás lo retome en unos años para sacarme la licenciatura.

¿Cómo funciona la universidad online?

Vamos ahora a lo más práctico del tema, al día a día de cursar una carrera online. En primer lugar, debe quedar claro que nunca vas a tener que ir a clase. Algunas veces he oído por ahí gente que pensaba que algunas de las clases eran presenciales, pero no es el caso, al menos en esta licenciatura. Todo funciona a través del “campus online”, una web en la que tendrás acceso a todo lo que necesitas, desde la matriculación hasta los materiales (que te mandan a casa en papel, pero puedes consultar también online), y también será tu punto de encuentro con alumnos y profesores a través de unos foros.

Hay dos formas diametralmente opuestas de seguir la carrera: la evaluación continuada o el examen final. Esta última es más que obvia, lo único que tienes que hacer es presentarte al examen final, aprobarlo y ya está. No tienes que hacer trabajos, no tienes que hacer absolutamente nada más aparte del examen. La otra opción, la evaluación continuada, requiere que el estudiante haga varios trabajos a lo largo del semestre (entre 3 y 5), y en función de la asignatura es posible que tenga que hacer algunos otros pequeños trabajos (fichas de lectura, participar en foros). Al final del curso no hay examen final, hay pruebas de validación (presenciales), en las que simplemente tienes que demostrar que has sido tú el que ha estado haciendo los trabajos. En estas pruebas te preguntarán por aspectos concretos de los trabajos que has entregado, es decir, tendrás que explicar qué cosas pusiste en tus trabajos, de donde sacaste la información, qué dijiste en tus intervenciones en los foros, e incluso, pueden preguntarte por las correcciones que te hizo el profesor. Lo único que requiere es un pequeño repaso a tus propios trabajos (¿1 hora antes de la prueba?), y te puedo asegurar que no tienes que empollar nada. Cabe mencionar que hay alguna vía intermedia, en la que harás menos trabajos durante el semestre, pero luego la prueba final requerirá algunos repasos al temario.

Cuando termines la carrera sabrás los nombres de estos tres mandatarios. Bueno, del japonés no, que dimiten cada dos por tres ;-)

¿Qué forma de evaluación deberías escoger? Por supuesto cada uno tendrá sus preferencias, pero yo he apostado claramente por la evaluación continuada. En primer lugar porque al estar trabajando, no creo que dispusiera de tiempo suficiente para ponerme a estudiar en plan intensivo para los exámenes (y dudo que, sin estar obligado a ello, me pusiera a estudiar a lo largo de todo el semestre). Además, es una apuesta arriesgada, ya que aquí no hay segundas convocatorias. Si suspendes, tienes que matricularte otra vez el siguiente semestre (y no es barato). Pero la evaluación continuada tiene otra gran ventaja aparte de librarte de la presión de los exámenes finales, y es que sinceramente creo que se disfruta mucho más. Los trabajos te obligan a seguir con mayor o menor regularidad un ritmo de aprendizaje, y además, acabas profundizando más en los temas. Si sólo te centras en hacer un examen, es muy probable que al día siguiente hayas olvidado el 80% de lo que habías estudiado, pero si vas leyendo día a día, poco a poco, puedes digerirlo todo mucho mejor, y en definitiva, aprender más. Lógicamente, este disfrute se entiende mejor desde el punto de vista de alguien que principalmente está cursando esta carrera por placer, y por lo tanto los títulos o las notas son lo de menos.

Otra de las ventajas de la evaluación continuada es que te permite, ligeramente, centrarte más en ciertos países o intereses concretos. Por ejemplo, a menudo se te da la opción de escoger en qué vas a centrar tu trabajo, y normalmente tienes las tres opciones de China, Japón o Corea, pero en otras ocasiones el tema es “algo libre”; en mi caso pude hacer un trabajo sobre Godzilla y otro sobre películas de cine negro en las que aparecían asiáticos (¡estudiar puede ser #TLQM!).

¿A quién le gustará estudiar EAO?

Seguramente la carrera no va a satisfacer al típico otaku que sólo quiere saber cosas sobre Japón, y “ser un experto en Japón”. De manga y anime se habla, pero muy poco, y es posible que todo lo demás te aburra. Pero si tienes un interés algo más profundo por las culturas asiáticas en general, creo que puedes disfrutarlo y mucho. La mayor ventaja de este tipo de estudios es que puedes sacarle el partido que quieras. Si una asignatura no te gusta demasiado, puedes centrarte en sacar adelantes los trabajos y ya está. Pero si alguna te interesa mucho, tendrás a manos muchos recursos para ampliar y profundizar tu aprendizaje (yo he aprovechado muchísimo el acceso a revistas digitales que te da la universidad).

¿Salidas profesionales? Como ya he dicho, en mi caso no estoy esperando sacarme el título para ponerme a buscar trabajo (aunque sí sale algo relacionado sería fantástico, por supuesto), pero la UOC insiste en que la carrera tiene mucho futuro, y en el terreno más económico y empresarial es posible que sea verdad.

¡Deja un comentario si tienes preguntas o dar tu opinión!

05
jul
11

Ciencia Ficción vs. Tokusatsu: prejuicios y contradicciones

Saludos cosmonautas,

el tema de hoy daría para escribir un libro entero (no lo descartemos), queremos ponernos algo polémicos y cuestionar ciertas ideas estéticas (aunque sobre gustos, bla, bla, bla). Puede que ahora tratemos de forma más esporádica el tema en este blog, pero muchos sabréis que el tokusatsu (Godzilla, Kamen Rider, y básicamente gente dentro de trajes de látex) es una de nuestras pasiones. Una pasión que nunca se ha librado de ciertos comentarios (burlones, despectivos, críticos) de aquellos neófitos o simplemente ignorantes de este “género” japonés (si es que se puede considerar así). Hoy queremos hacer distinciones, e intentar, desde la humildad, poner las cosas en su sitio.

¡Somos unos incomprendidos!

Empezaremos por tirar piedras a nuestro propio tejado, nos meteremos directamente con el título de nuestro post, y en cierto modo, con el objeto de nuestra discusión. En primer lugar, deberíamos dejar claro que el tokusatsu no es “la ciencia ficción japonesa”. Nosotros hemos pecado en más de una ocasión de intentar describirlo así, y si bien es útil para situar el género dentro de unas coordenadas que podamos entender fácilmente desde occidente, resulta engañoso, y acaba llevando a comparaciones sin demasiado sentido.

“Tokusatsu” hace referencia a los efectos especiales que se usaban en cierto tipo de películas o series de TV, es decir, eran “películas de efectos especiales”, no se consideraban películas (o series) de Ciencia Ficción, sino películas que utilizaban maquetas, tipos disfrazados, rayos láser, etc. Como es lógico, se usaban estos efectos para recrear cierto tipo de argumentos, mundos, personajes, que tenían mucho en común con lo que nosotros llamamos ciencia ficción (pero podían ir mucho más allá). Teniendo en cuenta que la ciencia ficción japonesa no tuvo el mismo impacto en la sociedad, y que su popularidad era mucho más relativa, se podría decir que el “tokusatsu” asumió ese rol, y fue el encargado de mostrar a los japoneses otros mundos posibles o imposibles.

The Mysterians, o la “ciencia ficción” de colorines japonesa.

¿Pero qué entendemos por ciencia ficción? Una pregunta que no es fácil de contestar, ya que parece que no existe un consenso, y por lo general se utiliza de forma muy amplia y libre. Principalmente se entiende que la ciencia ficción es una especulación narrativa con cierta base científica (más o menos estricta), pero a la práctica, en nuestra cabeza engloba todo aquello que incluye naves espaciales, mundos futuros, apariciones extraterrestres, e incluso los futuros apocalípticos y distópicos; todo construido de una forma que pueda parecer verosímil, o posible en un futuro (o incluso pasado). Si nos ponemos estrictos, esto dejaría fuera de la ecuación a muchas de las películas, series o libros que popularmente se han etiquetado como ciencia ficción. Star Wars, por ejemplo, nunca ha pretendido ofrecer explicaciones o justificaciones más o menos plausibles de su “universo” (¿midiclorianos? ¡hahahahaha!). Quizás deberíamos hablar más de obras de “Fantasía Espacial”, o el fantástico término “Space Opera”, aunque esto deja fuera muchas otras obras también consideradas ciencia ficción que no tienen esa base científica sólida, o no ocurren en el espacio.

Ciencia Ficción pura y dura

Es ahí donde encontraremos más similitudes con el tokusatsu, en películas como Star Wars, lógicamente en el cine fantástico americano de los años 50 y en series como Stargate, Star Trek, o el Doctor Who (confirmado que esta última es considerada tokusatsu en Japón); donde la fantasía está por encima de cualquier explicación científica o pseudo-científica. Creemos que una de las diferencias fundamentales entre el enfoque de la ciencia ficción y el del tokusatsu es la fuente de inspiración. Si bien las películas “2001″, “Solaris” o “El planeta de los simios” están basados en libros, el tokusatsu generalmente se ha fijado más en el manga y en el propio cine para inspirarse. Esto también acerca el tokusatsu al género de los superhéroes (Ultraman, Kamen Rider, Super Sentai), lo cual demuestra una vez más la amplitud del término. Pero incluso ahí sigue habiendo una diferencia muy importante, y una de las claves del rechazo o la incomprensión del tokusatsu.

Es tendencia en el cine de superhéroes americanos, sobretodo en los últimos 10 años, intentar que los personajes parezcan más realistas. Esto se traduce en: “no les pongas mallas de colores, mejor cuero negro o rojo.” Es una forma de hacer las cosas que llegamos a entender, pero tampoco compartimos al 100%. Hay algo que se pierde en ese camino del cómic al celuloide, en buena parte, la imaginación. Esa idea de lo que funciona en cómic no tiene porque funcionar en pantalla no la comparten los japoneses, en absoluto. Para los neófitos es chocante ver tanto colorido en las series de televisión, o esos animales gigantes que se ve a la legua que son tipos disfrazados destrozando maquetas, y lo que más les choca/divierte o les da pereza son los típicos monstruos multicolor de látex, gomaespuma o lo que sea.

Lo que se puede hacer en papel no se puede hacer en pantalla

En el tokusatsu apenas existe esa barrera entre cómic/libro y la pantalla, ese proceso de adaptación que han hecho en la gran pantalla X-Men, Thor, e incluso el Batman de Burton como pionero, héroes como Kamen Rider o Kikaider se lo ahorran, y parece que se intenta plasmar el mismo “feeling” del cómic en la serie de TV o película. Se busca ese colorido de los uniformes, y sobretodo, hacer los monstruos lo más parecidos posibles a los del cómic. Es esa idea más fantasiosa que comentábamos antes, no se busca un “realismo”, porque estamos tratando cosas que no son reales, son fantásticas. Hasta cierto punto, este enfoque de los superhéroes nipones nos puede recordar lo que ha hecho Alex Ross con los personajes de Marvel y DC, devolviéndoles ese punto legendario, mítico y tan fantástico que los superhéroes oscuros y “realistas” del siglo XXI parecen haber perdido. Aunque esto no excluye que haya habido intentos de llevar a los superhéroes japoneses a terrenos más oscuros (los enfoques de Keita Amemiya son un buen ejemplo de ello), y por lo general, estos han tenido más claroscuros que sus contrapartidas americanas (aunque curiosamente la tendencia parece haberse invertido en ambos sitios – con Kamen Rider siendo cada vez más infantil, y los superhéroes americanos más adultos).

¿Alguna diferencia entre el manga y la serie?

Pero con los avances técnicos que existen hoy en día, ¿por qué siguen utilizando los mismos efectos especiales? El tokusatsu tiene sus orígenes en una época concreta, en la que no había otras formas (o más baratas/rápidas) de sacar monstruos en la pantalla. En Hollywood, en muchos casos hacían lo mismo, pero con el tiempo dejaron de utilizar técnicas como la del suitmation (aka “tipo disfrazado”), para centrarse más en stop-motion, o la animación por ordenador. En cambio, en Japón, el uso del CGI en este tipo de producciones no se ha generalizado hasta hace relativamente pocos años, convirtiendo el suitmation en “marca de la casa” de las producciones japonesas. A pesar de que quizás ahora sea incluso más práctico y barato hacer monstruos CGI (aunque siguen estando muy atados por el presupuesto y el tiempo para rodar cada episodio), ellos siguen insistiendo en utilizar personajes disfrazados como manda la tradición. De hecho, si tenemos que hacer caso de lo que se ha escrito sobre Eiji Tsuburaya (el pionero creador de los efectos especiales de Godzilla o Ultraman), a él le divertía que las cosas no pareciesen reales e incluso que “cutreasen” – el sentido del humor siempre ha sido muy importante en el tokusatsu (se ríen de si mismos muy a menudo).

Tsuburaya & Co., kitsch y orgullosos de serlo

Así pues, no es que los japoneses no den para más, simplemente le gusta hacer las cosas de esta manera, ya sea por tradición o por no sentir esa necesidad de convertir en real lo irreal. Por lo tanto, esa necesidad que tiene la ciencia ficción de ofrecer una explicación plausible del futuro o de lo fantástico, de mostrar cosas que creemos posibles, aunque lejanas, no atañe para nada el tokusatsu. Es por ello, que a la hora de valorarlo, debemos hacerlo desde otro prisma, con otras reglas, y quizás así podremos disfrutarlo tal y como está concebido.

Abre tu mente, ¡abraza el tokusatsu!

Aún teniendo esto en cuenta, seguimos pensando que el tokusatsu tiene que superar muchos prejuicios absurdos. Antes hemos mencionado de pasada Doctor Who como una serie que en Japón se considera tokusatsu, y ahí también incluyen Stargate, Battlestar Galactica o Red Dwarf. Todas ellas series muy respetadas, y que pocas veces hemos visto cuestionadas por utilizar cierto tipo de personajes, maquillajes, e incluso suitmation. No hay mucha diferencia en el aspecto de algunos de sus monstruos con los “monstruos semanales” del Super Sentai o Kamen Rider, pero aún así parece que estas series sí pueden tomarse en serio, y las otras no (aunque, precisamente, a nosotros nos gusta que no se tomen tan en serio a si mismos). Esta contradicción nos lleva a pensar en cierto tipo de prejuicios que van más allá de la pura estética, y que tienen más que ver con cierta concepción occidental de los japoneses (y los asiáticos en general). Un tema que quizás nos gustaría tratar más adelante (que ya os hemos machacado lo suficiente por hoy).

Puedes pensar “cutre”, o puedes pensar “imaginación”

¿Tan diferentes son Star Trek o Star Gate del tokusatsu? Por favor, ¡si el Capitán Kirk va en pijama!

27
jun
11

Las obsesiones del culturalmente disperso: una psicopatología reconocida

Saludos cosmonautas,

hoy el Profesor Hurías, infame catedrático en TLQM, toma el control del blog para hablaros de una manía y reconocida por el el manual para diagnóstico de psicopatologías DMS-IV, (más concretamente en el volumen complementario DSM-CD, es decir, las patologías del sujeto Culturalmente Disperso):

La patología en cuestión se ha bautizado como “trastorno obsesivo cultural temporal” (TOCT), y consiste en una repentina y profunda obsesión por un objeto cultural concreto (película, cómic, libro, serie de TV, videojuego), durante un tiempo finito. A lo largo de ese período, que puede durar unas semanas o alargarse meses, el sujeto vive su vida centrándose en un único tema. Todos sus pensamientos, todas sus conversaciones, y todo su consumo cultural está enfocado hacia un mismo objeto. Si bien no supone un peligro inmediato para el sujeto, sí puede afectar gravemente sus relaciones sociales y convertirle en un pesado de tres pares de cojones (ya que la gente equilibrada no está preparada para hablar continuamente sobre el mismo tema durante tantos días). Eso puede llevarle al aislamiento social en los casos más extremos, pero como hemos indicado, son episodios transitorios que tarde o temprano suelen terminar. Aún así, los TOCT acostumbran a dejar secuelas; esa desmesurada obsesión sigue ahí de forma más o menos controlada, casi latente, pero en períodos de desequilibrio (o aburrimiento) pueden rebrotar los síntomas.

A pesar de estar reconocido como psicopatología, hay muchas voces críticas al respecto, especialmente entre aquellos que se consideran a si mismos culturalmente dispersos (pobres ovejas descarriadas). Argumentan que es un proceso normal en cualquier persona con una acusada dispersión cultural, es la forma que tienen de acumular conocimientos de una forma más o menos intensiva, ya que hacerlo poco a poco no acostumbra a ser tan productivo. Nos remiten al proceso por el cual los acólitos de Neo en Matrix acumulan conocimientos en pocos segundos a través de unas conexiones neuronales/digitales, pero al no disponer ellos de la tecnología (aún), tienen que dedicar varias semanas para conseguirlo. Esto último no lo hemos entendido, pero parece un mero intento de razonar su afectación psicológica a través de la ficción, algo que hacen muchos enfermos mentales (un loco nunca reconoce que lo es).

Llegados a este punto, tendríamos que hablar del diagnóstico diferencial, ya que es importante no confundir estos TOCTs con el típico comportamiento fanboy o fangirl. Cuando esa adulación, fascinación, obsesión es permanente, no podemos hablar de un TOCT (recordemos, que es algo temporal e intenso). Para llegar al diagnóstico es importante que el episodio presente una clínica muy explosiva, la vivencia del paciente tiene que ser muy intensa, y no formar parte de su rutina habitual. El fan ha integrado su afición en su vida, y por lo general, puede vivirlo de una forma equilibrada. El paciente de TOCT cambia sus hábitos durante unos días, se olvida de todo lo demás para centrarse sólo en ello, durante tiempo limitado. Si persistiese esa misma intensidad de la clínica más allá de seis meses, hablaríamos de algo mucho más grave dentro del comportamiento fanboy/fangirl. Pero esto es algo que normalmente no suele ocurrirle al culturalmente disperso, ya que por definición, necesita cambiar de intereses con asiduidad.

Para ejemplificar en qué consiste un TOCT, lo mejor que podemos hacer es presentaros un estudio de caso.

Sujeto: Urías

Edad: 31 años

Sexo: siempre que sea posible, gracias

Hace pocos meses Urías empezó a mostrar un interés repentino por determinada serie televisiva británica en la que un pintoresco personaje viaja a través del espacio y el tiempo en una cabina de la policía británica (una serie llamada “Doctor Who”). Él hablaba de un “revival”, ya que tenía recuerdos infantiles de esta serie, y ahora había vuelto a la televisión renovada (o regenerada). Hasta ahí, sus allegados no notaban nada fuera de lo normal. Como tantas otras veces, Urías estaba mostrando su predilección por cierto tipo de ficción.

Un viaje a Londres hizo que su interés se disparase mucho más. El entorno tan próximo a la fuente de su nueva afición contribuyó a acrecentar ese interés. Pero lo que acabó desencadenando un nuevo episodio de TOCT (y es que Urías lleva varios de ellos a lo largo de la vida) fue uno de los regalos que recibió el día de su cumpleaños, un libro que hablaba de toda la historia del Doctor Who desde 1963 hasta 2010. A partir de ahí empezó a descargar de Internet episodios y episodios de forma compulsiva (antes lo había hecho con algo más de control), pero eso no satisfacía sus ansias por ver y conocer todo lo relacionado con la serie de televisión. De día buscaba en librerías especializadas y centros comerciales DVDs, libros o revistas, por la noche buscaba información por Internet, descargaba más episodios, y hacía pedidos de más DVDs o camisetas. En cualquier momento libre se ponía a ver la serie, fuese donde fuese.

Foto reciente de Urías durante su TOCT Doctor Who.

Urías reconoce en la consulta que desde ese momento se pasaba el día tarareando la banda sonora de la serie, que lo único que hacía en el trabajo era pensar en llegar a casa para poder ver un nuevo capítulo, y que todas las conversaciones con su pareja tenían algo que ver con el Doctor Who. En ese momento citamos a su pareja para comprobar como lo estaba viviendo, y obtener una visión algo más objetiva del estado de Urías, pero parece ser que la pobre chica, que durante tantos años había soportado estoicamente estos episodios, había sucumbido y también empezaba a presentar síntomas de un TOCT relacionado con el Doctor Who (llegando a proponerle a su pareja pintar una de las puertas de su casa como si fuese una TARDIS). Esto complicaba mucho más el caso, ya que la cooperación de los familiares es crucial en estos episodios.

Como habíamos dicho anteriormente, Urías había sufrido episodios de este tipo con anterioridad. Ha pasado TOCTs de Kamen Rider, películas apocalípticas, los cómics de Fanhunter, el FIFA10, los manga de Osamu Tezuka y de Yoshihiro Tatsumi, y muchas otras más consideradas #TLQM. Pero este TOCT del Doctor Who es especialmente virulento. Y será útil para determinar los condicionantes o factores de riesgo que convierten un determinado producto cultural en más susceptible de provocar el trastorno.

Los TOCTs Fanhunter se han repetido varias veces a lo largo de casi 20 años. 

Así pues, concluimos que aquellos productos con muchos años de historia, que se han alargado durante tiempo, generando spin-offs, merchandising, etc., son los que más fácilmente pueden inducir un TOCT. Lógicamente, esto no sucederá en cualquier persona, es prácticamente obligatorio que el sujeto en cuestión tenga ya cierta predisposición. Los culturalmente dispersos son los que presentan mayores tasas de incidencia (con un 90%), pero hace poco se dio cierto fenómeno televisivo que abrió la puerta a pensar que incluso personas más o menos normales, podrían sufrir TOCTs (lo que se llamó el “fenómeno LOST”).

TOCT Mario Bros de 2006

A día de hoy, Urías sigue sufriendo este TOCT relacionado con el Doctor Who, pero queremos pensar que cuando haya terminado de ver las temporadas modernas de la serie, la cosa se relajará un poco, entrando en la mencionada fase de latencia. De lo contrario, nos planteamos el ingreso en una institución mental.

Por último, les aconsejamos que, en casa de sospechar un TOCT de algún familiar o amigo, acudan directamente al Profesor Hurías, el único especialista en TLQM y lo culturalmente disperso licenciado en Psicología que podrá ayudarles a sobrellevar la situación sin que nadie resulte herido o volatilizado (aunque sea imaginariamente).

24
may
11

NEXO #TLQM: ¿existe un movimiento friki?

Lista de blogs participantes en el NEXO #TLQM Día del Orgullo Friki 2011 más abajo.

Saludos cosmonautas,

hoy 25 de Mayo es el Día del Orgullo Friki. Nerds, geeks, fans, culturalmente dispersos, roleros, webcomiqueros, trekkies, wookies, narutards, y otra gente de la misma calaña se supone que deben sentirse hoy más orgullosos que nunca de ser como son. El “friki” con el tiempo se ha ganado su lugar entre perroflautas, góticos, chonis, tuneros, pijos y tantas otras tribus urbanas, pero lo curioso es que no existe un día del orgullo perroflauta, un día del orgullo gótico, o un día del orgullo choni (afortunadamente). Esto y otras cosas nos llevan a pensar en la existencia o no de un movimiento friki, en su naturaleza, e incluso, de la necesidad de esta celebración.

¿Por qué se suelen celebrar los “días de”? Con las excepciones de montajes comerciales el estilo “día de la madre” o “día del padre”, la mayoría se celebran con intención de reivindicar alguna cosa. Ya sea el papel de la mujer trabajadora, la denuncia de la explotación laboral infantil, o la libertad sexual, lo que se quiere es dar protagonismo por un día a una situación, echar luz encima para denunciarla o reivindicarla. En el caso del Día del Orgullo Gay, lo que se reivindica es que se normalicen unas condiciones sexuales que están mal vistas por buena parte de la sociedad. La reivindicación friki comparte la misma fórmula que la de la comunidad gay, es decir, se habla de “orgullo”.

En la imagen generalizada del friki encontraremos también esa parte de marginación en la sociedad. El nerd, el geek, es el que en las películas americanas siempre acababa dentro de un cubo de basura, el raro que difícilmente podía integrarse en el grupo, ya fuera por su personalidad introvertida, como por tener unas aficiones, un mundo propio, que los demás no compartían. No os descubriré un mundo al deciros que “friki” proviene de la palabra inglesa “freak”, que se puede traducir como “raro”, “insólito”, “monstruo”, “bicho”… es decir, por definición, el friki es un ser raro, no es “normal”, no es como los demás, y por lo tanto, no ha de extrañar que se le trate diferente. Así es como durante la mayor parte de la historia de los “frikis”, si es que podemos hablar de algo así, se han sentido estos sujetos fans de Star Wars, los cómics, el cine de género, o el tokusatsu.

Pero con reivindicaciones como las de hoy, el friki hace tiempo que ha salido del armario y ha proclamado su condición, se siente raro, sí, pero está orgulloso de serlo. Ya no quiere convertirse en un Teen Wolf para ligarse la rubia de la clase, no quiere entrenarse en el gimnasio para partirle la cara al matón de turno (y quedarse con la rubia), en definitiva, ya no siente esa necesidad de ser normal y aceptado por todo el mundo (especialmente por la rubia). Esta voluntad de reinvidicarse tal y como es uno ha tenido su impacto en la sociedad en general. Ya vimos lo que pasó en Japón y los otakus gracias a Densha Otoko, pero ahora en este país cada vez son más y más los que se consideran frikis, e incluso ha empezado a ser algo “cool”. Los periódicos dedican mucho más espacio que nunca a hablar de cómics (aunque rezume gafapastismo), de estrenos de ciertas series o películas, y no hace falta decir que Hollywood ha sido invadido por producciones inspiradas en obras que siempre habían pertenecido al nerd. Aparte de esto, el friki se ha organizado. Hay cientos de jornadas, salones y otras actividades que han perpetrado un sinfín de asociaciones variopintas, y lo hacen por puro altruismo… ¿o deberíamos hablar de proselitismo?

Así es, el friki ya no se contenta sólo con ser aceptado plenamente por el resto de la sociedad, y aunque aún le falta mucho para que se le trate igual que a un aficionado al fútbol o a la prensa del corazón, ya ha empezado hace tiempo una campaña para convertir a más y más gente a su “frikismo”. De hecho, es habitual que muchos recomienden leer/ver/jugar a ciertas cosas a muchos de sus conocidos que no se consideran “frikis”. Y cuando lo hacen procuraran acertar, no recomendarán cualquier cosa, pensarán muy bien qué están recomendando y a quién, porque lo más habitual es que el interlocutor pase olímpicamente o no le encuentre el atractivo que le ha visto el friki. A muchos les hierve la sangre con las ganas de compartir estas cosas, y esto es algo que gracias a los blogs, redes sociales, o Twitter, estas recomendaciones llegan a mucha más gente.

Con esta capacidad organizativa parece que respondemos a la pregunta sobre la existencia de un “movimiento friki”. Existen lazos invisibles que unen a estas personas, comparten referentes, lenguaje e incluso formas de vida. Pero quizás se diferencian del resto de tribus urbanas por ser mucho más heterogéneos y proselitistas, y por buscar activamente un lugar en la sociedad (en contraposición a ciertas tribus cuya existencia se basa precisamente en vivir al margen de ella).  Todo movimiento necesita una razón de ser, unas motivaciones, y sobretodo, unos objetivos. ¿Cuáles son los del movimiento friki? Está claro que el primero es ser aceptado, algo que poco a poco va logrando, y quizás el segundo sea convencer a más gente que lea cómics, vea ciertas películas, juegue al rol o a videojuegos.

¿Y qué pasa si se consiguen estos objetivos? Como decíamos, la cultura friki ha inundado el mainstream en los últimos años, y la industria se ha fijado en ello. Ahora ver una película de Thor ya no es nada del otro mundo. “Watchmen”, obra de culto y referente en la historia del cómic, es objeto del merchandising indiscriminado. “Lost” frikizó al mundo, series como “Game of Thrones” aparecen en todos los periódicos, así como la celebración del Salón del Manga de Barcelona, que es ya noticia obligada en casi todas las televisiones. ¿Significa esto que esa “rareza” del friki desaparecería si se extiende mucho más su cultura? ¿Dejarían de ser los tipos raros para convertirse en una pieza más del mainstream? ¿Dejarían de ser frikis?

Si así fuera, el término “friki” perdería todo su sentido, ya no serían gente rara ni monstruos, y no habría que organizar días del orgullo, ni nada parecido (¿orgulloso de qué?). El friki sería uno más, alguien normal y corriente. ¿De verdad es esto lo que quiere el friki? ¿No se habría perdido parte de la esencia e incluso de la diversión? Como occidentales que somos, ¿seremos capaces de vivir con esta contradicción constante?

Pues yo no lo sé, pero por si las moscas sugeriré algo, que se deje de utilizar la palabra “friki”.  Me gustaría apostar por extender más el uso de “fan” o “culturalmente disperso”, dos términos que pueden considerarse sinónimos de friki, pero cuyas connotaciones implican una forma distinta de tomarse uno mismo su condición de “aficionado a algo”, menos de tribu urbana, menos de movimiento reivindicativo, sino uno mismo con sus aficiones, compartidas o no.

Y tampoco sé si hay que seguir celebrando el Día del Orgullo Friki, pero en cualquier caso… ¡Feliz día de la toalla!

Como ya empieza a ser tradición, para celebrar, y al mismo tiempo reflexionar, sobre el Día del Orgullo Friki, bajo la bandera del NEXO #TLQM nos hemos puesto de acuerdo un gran número de blogs para escribir una serie de posts. Hay un montón, así que marcad esta página en favoritos para leer cada uno de ellos estos días,  ¡todos los merecen!

(paciencia si algún link no funciona, es posible que lo haga más tarde)

La Arcadia de Urías – ¿existe un movimiento friki? <– si quieres linkar sólo a un post que sea este

Captain’s Weblog de Cels Piñol – Dawn of the Freaks 

Dekabase Command Room – Honrando a los ancestros

Dos mineros en Japón: Crecimiento del movimiento Friky

EVILS~ – De profesión friki…¿o no puedo serlo?

FrikixCore – Orgullo friki y parejas

Genjutsu – Ilusiones diarias – Eres un Friki

Gocha Gocha – Digue’m “friki”, friki!!

HeliosHyperion – Día del orgullo friki

Jaume Estruch Blog – ¿Eres un Friki?

Linkshänder: Sincretismo

El Manga que sólo Dios conoce – MQQQEEE Vol. 61: Otaku no Musume-san

Los Mangas de Max –  “Dia del orgullo Friki”

Megapéutico – ¿Por qué orgullo friki?

Nere y Lorco se van a… – Segundo paso

Nihoneymoon - El día que friqueamos peligrosamente

Niponadas (by Marc Bernabé) – ¿Qué es un otaku?

el Pachinko – Bakuman

Paella de Kimchi: El K-Pop y el frikismo que viene

Pepinismo – Riviera, la tierra prometida

Publicidad Japón – Publicidad Japón ¿Cómo empezó todo?

One of the crowd – ¿Friki? ¿y eso en qué consiste?

Ramen Para Dos – Los Mangas, Animes y Doramas de Otakus

Roy D. Mustang: NEXO #TLQM: ¿friki o simple aficionado?

Samurai Studio – Los frikis vs la sociedad

Sobran las palabras – ¡Friki!…; Gracias!

Ultra Lo Heroína Cotidiana – Orgullo Friki y Gallego

Un blog anagnórico -No soy friki, soy hobbit de nivel 12

Ahlmogabar – Dia del orgullo ¿”FRIKY”?

Cristomc Blog! – Todos somos (o fuimos) frikis

17
mar
11

Sobre la normalidad en Japón, aclaremos algunas cosas

Saludos cosmonautas,

el post del martes lo ha petado, sin duda. Ya sea por la portada en Menéame, Facebook, o el RT de Santiago Segura, hemos llegado a un número de visitas que difícilmente se repetirá. Esto ha hecho que el post lo lean miles de personas. Cuando te expones tanto, las críticas son de esperar, es normal, y no hay que obsesionarse demasiado con ellas e intentar no tomárselo como algo personal. Algunos han hecho críticas de forma educada, otras con mal gusto (los que no suelen dejar su email), pero la mayoría de comentarios que critican el post evidencian que se ha hecho una lectura algo selectiva, fijándose sólo en algunos detalles y olvidando otros. Y por supuesto, ha habido una gran malinterpretación de las intenciones de este post. Intentaré aclarar algunas, en un único intento de despejar dudas (no habrá más), aparte de ofreceros nuevos testimonios de la situación en Japón, y alguna que otra reflexión.

Los comentarios que realmente han dolido son aquellos que me acusan de ignorar toda la catástrofe que se vive en todas aquellas prefecturas en las que el tsunami ha tenido un efecto devastador, así como aquellas zonas cercanas a Fukushima que han sido evacuadas. Esto es lo que escribí al respecto, pero parece que muchos han preferido ignorarlo:

“Está claro que lo que está pasando en Miyagi es desolador. Las imágenes y las historias que nos llegan de las consecuencias del tsunami son terroríficas, y los problemas en las centrales nucleares mantienen a todo el mundo en vilo. Hay que informar de todo eso, queremos saber qué ha pasado y lo que podemos esperar.”

Posiblemente no fui todo lo dramático que algunos esperan/desean, que no haya soltado algún #prayforjapan quizás me convierte en una persona sin sentimientos. No sé si todos aquellos que critican mi falta de sensibilidad tienen amigos en Japón,  pero yo los tengo, y me preocupa su estado. Ya en las primeras horas después del terremoto procuré saber de todos ellos lo antes posible. Aunque algunos no se lo crean, también me duele ver toda la destrucción que ha causado el terremoto/tsunami y los problemas que sigue ocasionando la central de Fukushima, por supuesto. Pero yo no puedo hablar de lo que está pasando allí, porque no tengo esa información. Y sobretodo, porque el post no pretendía tratar en ningún momento de lo que había pasado en esas prefecturas, sino la imagen que estaban dando los medios sobre como se estaba viviendo la situación en el resto de Japón, que creemos que es exagerada e incluso, cada vez tenemos más ejemplos, manipulada.

Ha habido otros que han llegado a la conclusión de que el post quería dar la sensación de que “en Japón no pasa nada”, y que por eso nosotros también éramos sensacionalistas. Nadie ha dicho eso en ningún momento, volved a la cita anterior. Por supuesto que ha habido una gran catástrofe en Japón, y sigue siendo un país en alarma, no sólo por el tema nuclear, sino porque hay miles de damnificados. Pero todo lo que está ocurriendo en ciertas zonas de Japón no está afectando todo el país; Japón tiene una superficie de 337.835 km2 con la particularidad de ser un territorio alargado formado por 4 islas principales, por lo tanto, ir de una punta a la otra te lleva unas varias horas en tren bala o en avión. Al menos tres personas que conocemos y viven en Kyushu, la isla más al sur, aseguran que la vida allí sigue con una normalidad absoluta, y que si se han dado cuenta de la catástrofe ha sido gracias a los medios. También nos llegan respuestas parecidas de gente que vive en Kansai, la zona de Osaka, Kyoto, Nara, Kobe, etc.  Encontraréis muy buenas explicaciones sobre porqué sigue esa normalidad en este blog.

Mapa con las centrales nucleares afectadas, que coincide con el área más afectada por el terremoto y el tsunami (fuente). ¿Os hacéis una idea de la escala que tiene Japón?

Pero es que los testimonios de gente que vive en Tokyo se podrían contar por centenares, y la mayoría dejan claro que, a pesar de que hay menos gente por las calles, que de vez en cuando se cortan las líneas ferroviarias (para ahorrar energía), y que ciertamente en algunos supermercados se agotan algunos productos. Muchos de ellos siguen haciendo una vida normal. Hemos encontrado ejemplos en los comentarios del mismo post, de algunos habitantes de Tokyo:

ManuelTokyo:

Se está haciendo todo lo que se puede (literalmente) por las víctimas directas. La gente en Tokio aun se debate entre quedarse o irse hacia el sur, pero no reina el pánico, sino la calma.

María José González:

Efectivamente, NO estamos en el caos ni mucho menos.Vivimos con mucha preocupación una catástrofe sin precedentes pero desde Kansai,la vida sigue igual.Da pavor leer los titulares de los periódicos. (Leed también su otro comentario aquí.)

No podéis dejar de leer el comentario de Atsuko, que también nos cuenta como están viviendo la situación sus familiares en Saitama. Y se muestra indignada por el trato que están dando los medios al tema. Aquí está.

Otra cosa que no se debe olvidar es que el post en cuestión se escribió un lunes, un día antes de que la situación en Fukushima empezara a ser preocupante de verdad. Ahora no podemos negar que esto sí ha afectado los ánimos de muchos en Tokyo, y que principalmente extranjeros han empezado a abandonar la ciudad (las embajadas de ciertos países así lo han aconsejado). Pero algunos también lo han hecho empujados por las presiones de sus familiares, que están preocupados precisamente por lo que oyen en las noticias. Otros, simplemente han optado por dejar Tokyo buscando algo más de paz, más cansados de las réplicas que por el pánico nuclear. Del caos general al pánico nuclear, pero así nos contaban como se vivía en Tokyo un martes. Y de hecho, la mayor parte de comentarios que citábamos también nos llegaron el martes.

Más críticas: “te basas sólo en unos pocos medios para criticar lo que han hecho todos los demás”. No voy a hacer una lista enorme de ejemplos en un post que ya es muy largo, eso en primer lugar. Pero aquí tenéis un foro que se dedica a reunir las exageraciones y manipulaciones de los medios (ahora abanderados del hashtag #nobuscanlaverdad). Otros dicen que me he basado en lo que dicen tres o cuatro españoles que viven ahí. Bien, no los he contado a conciencia, pero si cuento de memoria todos los que tengo en Twitter, otros blogs que he leído, y también algunos comentarios en el propio post, me salen más de 15 personas a las que sigo y que han estado informando a menudo de lo que estaba pasando. ¿Todos los periodistas han consultado a tanta gente?

Otros defienden la actuación de los medios argumentando que si la noticia es la normalidad, entonces no hay noticia. Está claro que venir a Japón para decirle a todo el mundo que en Tokyo la gente hace su vida normal no tiene mucho sentido. Menos lo tendría irse a Fukuoka para comprobar el impacto que ha tenido el tsunami. En eso estamos de acuerdo, la noticia está en Miyagi, en Sendai, en Fukushima, está en las poblaciones arrasadas por el tsunami y el terremoto. Pero las noticias han generalizado en exceso. Hablan más de caos en Japón, que de caos en ciertos lugares concretos. Se han cebado mucho en Tokyo, seguramente porque es donde están los periodistas, y en lugar de callar y largarse a la zona realmente afectada, han buscado o incluso fabricado la noticia en el lugar más cercano. Seguramente algunos saltarán ahora diciendo que qué coño estoy diciendo de inventarse las noticias. Aquí tenemos una imagen del Facebook de @Anagotchi de portada en Menéame:

Lo de las mascarillas es HILARANTE. Nota cultural: en Japón siempre hay gente con mascarillas, no porque sean paranoicos, sino porque se previenen contra la alergia o porque están con gripe y no quieren contagiar a los demás. Ahora que entraremos en primavera y aumentará mucho el número de máscaras, ¿cuántos medios lo asociarán con el pánico nuclear? Podéis leer más extensamente en el blog de Ana Sora como ha ido el tema.

El ejemplo de Ana Sora me da para una lectura sobre como ciertos periodistas (y no digo todos) construyen sus reportajes. Pensamos que la famosa profesionalidad periodística requiere que un profesional se informe bien, que consulte todas las fuentes posibles, que contraste opiniones y posturas, y cuando tenga todo, intente ofrecer una explicación lo más objetiva y certera posible de una situación. Primero se buscan los testimonios, luego se escribe la noticia a partir de ellos. No soy periodista, pero creo que esto sería lo más correcto. Pero la invitación que le hacían A Ana Sora parece indicar otra cosa, que ellos ya tienen una historia, y lo único que buscan son testimonios que se ajusten a su guión. El mundo al revés.

Algo que también me gustaría dejar claro es que no son todos los medios los que han pecado de amarillismo. Los hay que han hablado con gente viviendo en Japón y han constatado esa tranquilidad. De hecho, en RAC1, han entrevistado a gente que conocemos y no les han cerrado el micro cuando han hablado de normalidad (mientras sí hemos leído vía Twitter que a algunos les ha pasado). Incluso a habido una periodista de rtve que nos ha linkado y ha usado nuestra viñeta para un post suyo (a pesar de ser especialmente críticos con otra periodista de rtve). Es decir, que los hay que no se encierran en su propia visión de como deberían ser las cosas (y no como son).

Y es que esta es una de las mayores quejas. No estamos diciendo que no haya pasado nada grave, no estamos diciendo que Japón sea ahora mismo una balsa de aceite. Pero da la sensación de que algunos ya han escrito el guión de la tragedia, y no quieren que nada les haga cambiar una línea. Si te sales de lo escrito, no interesas. Si no hablas de desgracias con lágrimas en los ojos y encima hablas de normalidad, entonces es que estás ciego y no te  das cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Y te lo dice una persona en un plató, a miles de kilómetros del lugar de los hechos. Como están diciendo ya muchos en Internet #nobuscanlaverdad, quieren construirla a su manera.

Seguiremos atentos a como evoluciona la crisis en Fukushima, y mandamos nuestros mejores deseos a todos aquellos que por el motivo que sea se preocupan por Japón y todos los que viven allí. Pero lo mejor que podemos hacer para ayudar es actuar con esa calma, esa serenidad, que ellos están mostrando al mundo.

Y si todavía hay alguien que no está convencido de la normalidad en Tokyo, atención al vídeo de HOY de @marcbernabe:

EDIT: varios españoles residentes en Japón firman una carta en la que protestan por como los medios están informando de la situación. Podéis leerla aquí.

Más feedback de bloggers en Tokyo: aquí tenemos a Javi en Lavandeira.net

15
mar
11

Japón NO vive en el caos

Saludos cosmonautas,

algunos ya sabréis que aquí en la Arcadia siempre estamos con las armas preparadas para destripar a todo aquel periodista que por su ignorancia, o simplemente vagancia, es incapaz de hablar con propiedad de algún tema. Después de seguir durante unos días la cobertura que han hecho los medios españoles del terremoto de Japón y sus consecuencias, han vuelto a saltar las alarmas. Pero en esta ocasión no se trata de una “alerta roja”, es más apropiado hablar de una “alerta amarilla”.

Las grandes catástrofes en la era de la comunicación, en este siglo XXI, ya no se viven de la misma forma que hace 10 años, o incluso menos. Hay muchos más canales de televisión (algunos dedicados a dar noticias continuamente), hay muchos más periódicos (incluyendo los gratuitos), y por supuesto, tanto la prensa escrita como la televisiva tienen una gran actividad en Internet. A todo esto hay que sumarle la información que muchos crean en Internet sin ser periodistas, pero que tanto valor puede tener para obtener una visión mucho más directa de lo que sucede.  Se podría hablar de una revolución 2.0 en nuestra comunicación, que nos han proporcionado centenares de ojos para ver a pie de calle como se sucedía todo esto.

Como ya contamos este mismo viernes, gracias a Twitter, y a un timeline repleto de personas que viven en Japón, conseguimos estar informados de forma permanente y con muchísimo detalle de todo lo que iba sucediendo en allí pocas horas después del terremoto y el posterior tsunami. Era riguroso directo. Con cada réplica saltaban tres o cuatro tweets de forma simultánea. Pero una vez pasado el susto inicial, nos contaron todo lo que iba sucediendo después, especialmente por lo que se refiere a Tokyo, donde viven la mayoría de estos expatriados.

La misma noche del 11 de marzo, a pesar del miedo y la incertidumbre que provocaban las continuas réplicas, se empezaba a hablar de “normalidad”. Una palabra que se iba repitiendo cada vez más a lo largo del fin de semana, y el lunes, muchos de ellos ya volvían al trabajo. Lógicamente había detalles que les recordaban contínuamente que seguía habiendo problemas, algunos productos escaseaban en algunos supermercados, las típicas pantallas de Shibuya estaban apagadas, y los salones de máquinas recreativas cerradas para ahorrar en energía. Cortes de luz programados, y algunos trenes que no funcionaban. No, no es una normalidad absoluta, pero en ningún momento se tenía sensación de peligro inminente, más allá de estar pendientes de lo que sucede unos cuantos kilómetros al norte. Si nos vamos hasta la isla de Kyushu, al sur de Japón, nos encontramos que están casi tan tranquilos como nosotros, y que si no fuese por las noticias ni siquiera se habrían enterado.

Nos damos la vuelta, empezamos a fijarnos en los “medios tradicionales”, y nos encontramos con una periodista de TVE que en su twitter nos dice lo siguiente:

@almuariza La gente ha enloquecido en Tokyo. No se encuentran ni pilas en las tiendas. Se están vaciando los supermercados. No hay gasolina. (tweet original)

¿Nos hemos perdido algo mientras estábamos durmiendo? ¿Ha habido otro terremoto? ¿El tsunami ha llegado a Tokyo? ¿O ha explotado una central nuclear cerca de Tokyo? El Tweet de esta reportera nos lleva a su blog donde nos cuenta:

Hemos salido a rodar “vida en la ciudad”. En muchas gasolineras ya no hay combustible, los supermercados están desabastecidos, los transportes públicos interrumpidos y hay cortes de electricidad para ahorrar en el consumo energético. La zona comercial de la ciudad está semiparalizada y la Bolsa ha abierto sus puertas experimentado un fuerte descalabro.

Mientras, estamos intentando solucionar la logística para ir al norte, a la zona devastada, aunque las carreteras están cortadas y el tren apenas funciona. Además, estamos tratando de conseguir gasolina, un generador, sacos de dormir, comida…y ahora nada es fácil en Tokyo.

Visto así, la cosa parece realmente grave. Tal y como nos explica la noticia, parece que en Tokyo se están quedando sin comida, que si no tienes bici difícilmente podrás desplazarte largas distancias, y si lo haces en coche, seguramente no podrás conseguir gasolina. La locura se ha desatado en las calles.

Portada de un periódico peruano.

Seguimos leyendo en otros sitios, el Diario ADN nos dice: “El caos regía ayer en Japón.” ¿En todo Japón? ¿No era sólo en el noreste donde había problemas de verdad? ¿Quedarse sin luz es el caos? Si es así, nosotros lo hemos vivido más de una vez gracias a Endesa.

Después viene lo más marciano, El Mundo se saca de la manga un “glorioso” titular para hablar de la catásfrofe, sus consecuencias políticas, y de propina, hace un extraño paralelismo con los atentados del 11M de Madrid.

Japón escribe su 11M

Y la cosa sigue y suma, con debates en televisión que se preguntan si la radiación afectará en España, que en Corea del Sur ya se está notando, y muchos periódicos empiezan a hablar del peor desastre nuclear desde Chernobyl, que todo acabará saltando por los aires y los japoneses morirán bajo una nube radioactiva.

A lo largo de estos días, pudimos ver a muchos de nuestros amigos o conocidos que viven en Japón apareciendo en gran cantidad de medios. Parece que no quieren ignorar el fenómeno 2.0, y se han volcado con los bloggers y los tweeters para recabar información de primera mano. Pero después de varias experiencias, estos mismos twitteros y bloggers empiezan a rechazar las peticiones de las cadenas de televisión y los periódicos, muchos de ellos están furiosos por el trato que se está dando a la información sobre la catástrofe en Japón. En primer lugar, porque no se acerca para nada a lo que ellos están viviendo, y en segundo, porque sus familias se están asustando sin motivo.

Y es que a pesar de la cantidad de información que ha llegado a generar esta tragedia, un volumen mucho mayor seguramente que lo ocurrido en Haití o Chile por motivos obvios, y a pesar de que han tenido a personas que están viviendo en primera persona todo lo sucedido, a los medios generalistas les sigue importando una sola cosa: titulares impactantes que mantengan al espectador pegado a la pantalla o que les hagan comprar el periódico. Algunos ilusos pensábamos que, de lo que se trata, es de dar una visión global y certera de lo ocurrido. Pero parece que esto nunca ha sido así. De hecho, incluso algún blogger ha comentado que al hablar con periodistas, a estos se les veía decepcionados si les contaban que habían vuelto a la “normalidad”.

Está claro que lo que está pasando en Miyagi es desolador. Las imágenes y las historias que nos llegan de las consecuencias del tsunami son terroríficas, y los problemas en las centrales nucleares mantienen a todo el mundo en vilo. Hay que informar de todo eso, queremos saber qué ha pasado y lo que podemos esperar. Pero lo que están haciendo los medios es ofrecer una visión monocromática de lo que está ocurriendo realmente en Japón. Cuando nos hablan de que “el caos rige en Japón”, deberían aclarar que, si esto es cierto, es sólo en una zona muy determinada del país. (en 3 de 50 prefecturas). Si nos cuentan que los supermercados están desabastecidos, que visiten más de uno, y seguramente se darán cuenta de que aún se puede encontrar de todo en la mayoría (clica para ver el vídeo de Zordor). ¿Que los transportes no funcionan? Bien, si tenemos en cuenta el porcentaje de transportes que han tenido que parar en Tokyo, y los que se anularon en Barcelona durante la nevada del año pasado, quizás pensaríamos que en la capital catalana se desató el apocalipsis y murimos todos bajo un manto de nieve. ¿Que la gente ha enloquecido en Tokyo? Seguramente lo están pasando mal, y su día a día no es tan sencillo como de costumbre, pero llamarles locos es otra cosa, gratuita y de mal gusto.


Fotos de un supermercado el 14 de Marzo (vía Ikusuki).

A pesar de lo que dicen algunos, hay supermercados que siguen bien abastecidos de pilas (vía Ikusuki).

Seguramente muchos de estos bloggers, y nosotros con ellos, han pecado de inocentes. Desde hace ya meses se libraba cierta batalla porque muchos periodistas sacaban noticias de Internet de forma indiscriminada y desvergonzada, sin citar fuentes ni reconocer los méritos de los auténticos informadores. Pero parecía que esta vez realmente querían darles voz. ¿Por qué no tenderles la mano si realmente muestran esa voluntad? Además, es fácil dejarse llevar por todo esto, ¿quién diría que no a salir por la tele informando de un hecho así? Reconozcámoslo, somos bloggers, nos gusta que nos escuchen, y seguro que más de uno lo ha hecho con toda la voluntad de dar un servicio público. No queremos decir con esto que nuestros amigos y conocidos hayan hecho mal, el suyo es un testimonio valioso para nosotros, ¿por qué no iba a serlo para una audiencia más “general”? Pero creemos que las intenciones de estos medios no son tan honestas. Simplemente se han dado cuenta de que si meten a un blogger ahí matan, no dos, sino tres pajaros de un tiro; consiguen a un “corresponsal gratis” que conoce bien el terreno, se meten en el bolsillo a los “internautas”, y encima consiguen esa parte humana que les falta a las crónicas habituales, mucho más emotiva y vendible en estos tiempos en los que la figura del periodista serio y objetivo ya no se cotiza. De ahí que, si no les cuentas una historia “interesante”, no les interesa tu punto de vista, o no va a acabar saliendo en el reportaje.

Lógicamente televisiones y periódicos tienen ahí a sus corresponsales o enviados especiales. Pero parece que la visión de muchos de ellos está condicionada a la realidad de que no viven en Japón, o que en cualquier caso no llevan mucho tiempo ahí (la mayor parte de corresponsales en Asia suelen estar ubicados en China). Simplemente se han desplazado hasta Japón para cubrir la noticia, y por eso convierten cualquier pequeño detalle (un supermercado sin pilas) en una noticia que se generaliza hasta el límite. ¿O acaso van a salir en antena para decir que todo está en calma en Tokyo? Seamos justos, hay medios que así lo han dicho, y han hecho caso a los testimonios, pero por ahora son minoría. Aparte de todo esto, hay otro detalle importante, las diferencias culturales pueden ser también un obstáculo que muchos periodistas no podrán salvar por falta de formación o conocimiento.

Quizás sean esas prisas con las que queremos la información las que obligan a estos periodistas a quedarse simplemente en el titular, ese teletipo que, si uno escarba un poquito, se dará cuenta de que cuenta sólo una pequeña parte de la historia, o está equivocada, o es una exageración sin medida. Quizás sea que la mayor parte de su audiencia no se parará a escuchar si no les hablan de grandes desgracias humanas, o aparece el típico tertuliano desinformado para sentenciar y profetizar futuros apocalipsis. ¿Para qué vamos a leer un larguísimo texto de un experto en materia nuclear que nos dice que no temamos, si podemos imaginarnos que en Japón se acerca un desastre nuclear como el de las películas? (Que además se habrán merecido por inconscientes al tener tantas centrales nucleares.) Y sí, Twitter se ha convertido en un buen aliado, porque la información es corta y concisa, y no siempre requiere que se le den muchas vueltas. Pero teniendo en cuenta como están manejando la información de las redes sociales, no nos extrañaría que acabase apareciendo como “real” una noticia asegurando que se ha visto a Godzilla haciendo de las suyas en Miyagi. Total, tampoco iban a contrastar sus fuentes.

Después del larguísimo texto, resumiremos todo lo que hemos dicho en una sola imagen:

La nueva versión de la viñeta es gentileza de Akime. En su blog podéis bien lo bien que dibuja.

Y por último unas fotos que hemos sacado de Japan Trends que confirman la relativa normalidad de la vida en Tokyo, y que los medios españoles no son los únicos alarmistas:

Camiones haciendo el reparto de forma habitual. Lo que contrasta con este otro tweet de Almudena Ariza:  @almuariza Se están agotando algunos productos básicos en Tokyo. En algunas tiendas las estanterías están vacías. Se lo han llevado todo y no reponen.

Takeshita Street, con un buen número de gente comprando.

Las pantallas de Shibuya apagadas, sí. Pero eso no hace que la gente corra a los refugios.

Enmedio del “caos de Tokyo”, algunos incluso se van de picnic.

Si creéis que vale la pena que esta visión de la realidad en Japón llegue más lejos, puedes darle un meneo aquí.

Si queréis testimonios directos de la normalidad relativa de Tokyo:

Zordor en Frikis.net y en Twitter.

@MarcBernabe en Twitter

@Ikusuki en Twitter y en su blog. Aquí un video del ambiente en Shibuya, y el tema de la radiación.

Pepinismo

@mickoib en Twitter

Lorco en la radio

Y en mi siguiente post podéis leer aclaraciones sobre este post, más ejemplos de normalidad en Tokyo y también la manipulación de los medios.

22
feb
11

Muy Interesante y los hikikomoris

EDIT: Rectificar es de sabios, y esto es algo que nos han demostrado la gente de Muy Interesante. Nos quejábamos de que no habían siquiera agradecido la correción que contamos en este post. Pero sí lo hizo la propia autora personalmente, y no nos dimos cuenta de que era ella. Fue a través de Twitter. Así que podéis obviar la parte en la que nos quejamos del comportamiento de Muy Interesante. Pero de todos modos, muchas de nuestras quejas siguen vigentes para otros medios, y seguimos reclamando mayor rigurosidad.

Saludos cosmonautas,

no es la primera vez que usamos este blog para meternos con la prensa profesional, y seguramente tampoco será la última (¿seremos unos periodistas frustrados y por eso les odiamos tanto?). Normalmente nos metemos con ellos porque, a pesar de ser unos “profesionales” (es decir, que cobran por lo que escriben/dicen), cometen grandes gazapos en todos aquellos temas que no dominan (la mayoría), ayudando a la desinformación, uno de los grandes males encubiertos en esta supuesta era de la información.

Entendemos que los periodistas no pueden dominar todos los campos, y que todos cometemos errores, especialmente si tratamos un tema que no conocemos. Pero demasiado a menudo, muchas de estas cagadas se podrían haber evitado con un poquito más de bibliografia, y en algunos casos, con una simple búsqueda en Wikipedia (¿la era de la información y eso?). Aún así, parece que les cuesta, que ya les basta con rasgar la superficie, y que se trata de impresionar al lector/espectador más que intentar darle una información fiable.

La rabieta de hoy nos llega gracias a la página web de la revista Muy Interesante. A través de Twitter llegamos a un breve artículo de una sección de preguntas y respuestas, en la que contestan a la pregunta: ¿qué significa hikikomori?

En esta entrada, que firma Elena Sanz, se definía al hikikomori como una persona adicta a la tecnología (videoconsolas, Internet, etc.), que no sale de casa por causa de esa adicción,  ya que le mantiene pegado a la pantalla descuidando totalmente su vida social y familiar. Además se añadía la ya clásica coletilla de que en Japón se calcula que hay un millón de personas que sufren esta enfermedad (no podemos reproducir el texto exacto porque ha sido cambiado).

Esta definición no encaja demasiado con lo que nosotros concebíamos como “hikikomori”, y aunque no somos unos expertos, llevamos ya unos cuantos años oyendo y leyendo cosas al respecto. Tal y como tenemos entendido, y así lo verifica una simple consulta a la Wikipedia, el hikikomori es alguien que se recluye en su habitación huyendo del contacto social, buscando el aislamiento por temor a enfrentarse a la sociedad. Un problema que surge, habitualmente, a raíz de algún tipo de fracaso a nivel social, como puede ser suspender unos exámenes o los abusos en el colegio/instituto (bullying). También aprendimos que esa famosa cifra “estimada” de un millón de habitantes (que se citó en un documental que “destapó” el asunto para los occidentales), son en realidad unos números muy poco fiables. Básicamente porque la vergüenza que supone para una familia tener un hijo hikikomori hace que no lo mencionen nunca, y que no busquen ayuda (lo cual agrava el problema). Visto así, parece difícil hacer una estimación.

Por otro lado, si el individuo en cuestión es o no un adicto a “las maquinitas” es algo secundario dentro de esta patología. Está claro que una adicción a la tecnología podría ser causa del aislamiento social (como lo pueden ser muchas otras adicciones), pero en ese caso hablaríamos de un problema de adicción y no de “hikikomoris”. De hecho, la palabra “hikikomori” significa “confinamiento” (sin tener connotaciones teconológicas). En defintiva, lo que se hizo en este artículo fue coger la parte por el todo, y podemos llegar a la conclusión que los prejuicios existentes sobre los japoneses, esas imágenes estereotipadas de frikis obsesionados por la tecnología, han hecho el resto.

En un afán por ayudar a la gente de Muy Interesante, y también riñiéndoles un poco (todo hay que decirlo), dejamos un comentario en su página web indicándoles su error en la definición del concepto, dándoles unas pistas de por donde tenían que ir los tiros. Lo sorprendente del caso es que, al cabo de unas horas, volvemos al post y lo habían corregido, dando una definición bastante más adecuada de la historia. Nos alegramos de que no se les rasgaran las vestiduras por hacer correcciones. Pero volvimos a decepcionarnos cuando nos dimos cuenta de que habían borrado nuestro comentario.

El artículo corregido.

Entendemos que, después de la corrección, nuestro comentario podía despistar ligeramente a quien se pusiera a leer los comentarios, pero quizás una respuesta por parte del administrador o moderador de la página web agradeciendo la corrección, o explicando el error habría sido lo normal. Hoy en día todo se edita y se corrige, borrando cualquier rastro de los errores, pero tampoco creemos que sea tan terrorífico tener una especie de “fe de erratas 2.0″. Aparte de esto, un comentario de agradecimiento es de recibo, ¿no? Pues por ahora, ni mu.

Y no es la primera vez que vemos algo parecido. Parece que a muchos de los “periodistas de verdad” les cuesta reconocer sus errores o citar las fuentes de su información (de hecho no hay ninguna mención a bibliografía en este artículo), y es bastante indignante ver como mucha gente que se dedica a comunicar cosas por pura afición, es mucho más ético y cuida mucho más los detalles de este tipo que alguien se supone está formado para hacerlo y cobra por ello.

En fin, no es que vayamos a pedirle a Muy Interesante que se conviertan en una revista científica académica, sabemos qué tipo de contenidos venden. Pero algo de educación tampoco les vendría mal. (EDIT: Cómete tus palabras Urías. Elena Sanz se ha disculpado. )

18
feb
11

Yo fui un jebi

Saludos cosmonautas,

hoy voy a hacer una confesión. Para muchos no es nada nuevo, y para otros, puede que les sorprenda: yo era un jebi.

Mejor lo matizamos. Yo era, y creo que sigo siendo, un gran fan del Metal. Pero no de los de largas melenas, tachuelas, cuero, y chaquetas tejanas abarrotadas de parches. Claro que llevé el pelo más o menos largo durante algún tiempo, y para muchos mi estética era un cruce entre el grunge y el metalero americano de los noventa. Pero no me he considerado nunca un “jebi”, porque no encajaba en ese estereotipo de “jebi ochentero” que tan de moda se puso hace unos añitos a modo de revival (innecesario). En cualquier caso, pude ser un “jebi” a ojos de muchos que sólo necesitan una camiseta y poco más para imaginarse que tienes una vida de noches de borrachera y Manowar (¡ugh! ¡no!). Yo siempre preferí lo de “metalero”, aunque mis gustos musicales son realmente eclécticos, lo cual me ha conllevado ser toda la vida la “oveja negra” de cualquier grupo. Si iba con gente más Pop-Rock, yo era el jebiata chungo, pero cuando estaba con gente jebiata yo era el “popero”. En fin…

Entrevista con Apocalyptica.

Después de tanto rollo, os estaréis preguntando a dónde quiero ir a parar con esto de que fui un jebi, pero ya no lo soy, aunque nunca lo fui. El caso es que hace ya varios años que no estoy al día en todo lo que pasa en la esfera del Metal. Ni me entero de discos nuevos, ni de los conciertos, y mucho menos de las nuevas bandas que puedan aparecer. Estoy totalmente desconectado. En cambio, hace no tantos años, estaba metido de lleno en el cotarro. Siendo redactor de la difunta Hell Awaits Magazine, la información musical me bombardeaba cada día, ya fuese comentando discos nuevos, yendo a conciertos de gorra, o entrevistando a estrellas, estrellitas y mindundis del mundo del Metal. Cuando eso terminó (¡Internet, yo te maldigo!), no quise, o no supe, mantenerme al día. Quizás era falta de ganas después de años de saturación (escuchar los discos buenos es muy guai, pero en realidad el 80-90% de música que tienes que tragar es horrible o simplemente tediosa sin nada que aportar), puede que también fuese que estaba muy bien acostumbrado, las noticias llegaban a mí, no tenía que salir a buscarlas.

Entrevista con Chris Fehn de Slipknot.

Podrías decir que desde hace unos 3 años, ya no soy un “jebi”, soy un fan del Metal retirado, o mejor dicho, en stand-by. Porque uno no se olvida de 20 años escuchando Heavy Metal de un día para otro, suena a cursilada, pero es algo que se lleva dentro (porque hábitos como el de hacer headbanging o hacer los cuernos con la mano ya se han convertido en actos reflejos). Aún así, desde que dejé The Bleeding Sun, corté casi totalmente la poca conexión que seguía teniendo con “la escena”. Ahora mismo me encuentro en una fase de poca música y mucho más texto, y todo lo que me apetece escuchar son principalmente los clásicos de “la banda sonora de mi vida”. En definitiva, me he convertido en una de aquellas personas que despreciaba, los que se quedan estancados en una época musical de su vida y no salen de ahí, incapaces de asimilar cosas nuevas (como un Víctor Negro pero en Metal). Siempre me había dicho a mi mismo que estaría en la cresta de la ola, que siempre sería abierto de mente, como lo fui siempre con los experimentos musicales y los “nuevos estilos”. Y ahora, aunque me esfuerce, la cosa no funciona, no hay nada que escuche que realmente me motive o me sorprenda. ¿Será culpa de LA EDAD? Es posible que mis sinapsis hayan dejado de ser tan maleables como antes, les cuesta mucho más hacer nuevas conexiones, y las vainas de mielina se han deteriorado cosa mala (sí, también fui psicólogo, aparte de jebi).

Entrevista con Zakk Wylde.

Pero nos penséis que me he rendido. De vez en cuando hago pequeñas incursiones en alguna que otra página, intentando captar un poco qué se está moviendo por el reino del Metal. Y no sé si el problema soy yo que no sé donde hay que mirar o en qué debo fijarme, pero desde hace un tiempo me ronda una idea en la cabeza. Quizás no sea la desconexión, quizás no sea la edad ni la mielina… ¿no será que no hay nada nuevo en el panorama del Metal?

Por supuesto que me pasaría un poco de vacilón si me pusiera a analizar y concluir sobre el estado de la escena Metal sin estar dentro, o sin haberla observado con detalle durante los últimos 3 años. Pero algo va mal cuando te encuentras que casi todos los festivales, casi todas las noticias, críticas de discos, conciertos, son de bandas que llevan ahí toda la vida (Iron Maiden, Motorhead, ACDC o Judas Priest), otras que ya se pueden considerar veteranas (Slipknot, In Flames, o incluso Mastodon), y finalmente, las que más rabia dan, todas aquellas bandas que en los últimos diez años han tenido la “genial” idea de volver a los escenarios. ¡Joder! Podría haber estado crionizado veinte años y al salir no notaría la diferencia: Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax tocando juntos como si el Thrash Metal acabase de nacer, Manowar siguen siendo unos tipos musculados, feos y jebis de cojones (¿o era jebis y feos de cojones?), y te encuentras con que van a salir discos nuevos de Sodom, Deicide, o Destruction.

Entrevista con Fear Factory y Chimaira.

Intentado deshacerme de mi limitada visión, llevo tiempo preguntando a gente que compartió mi época metalera y que sigue más o menos en el ajo: “¿qué hay de nuevo aparte de lo de siempre?” Y la respuesta siempre es dubitativa, no hay mucho que decir. “¿No hay un nuevo Nu-Metal? ¿Un nuevo Metalcore? ¿Una nueva ola de Black Metal o Death Metal moderno?” Nada. Antes, más o menos siempre había una tendencia en boga, algo por lo que apostaban todos los sellos. Pero parece que todo está mucho más fragmentado ahora, y que ningún sello va a apostar fuerte por sacar adelante una banda nueva. Y es que a la sequía de ideas hay que añadirle que las discográficas no pasan por su mejor momento, y prefieren apostar por los valores seguros, por aquellas bandas que todos conocemos y que tendremos menos reparos en comprar que una banda nueva que apenas conocemos. Si hay que hacer experimentos, los haremos descargando el disco por Internet, y no hace falta decir que la industria musical aún no ha cambiado lo suficiente para adaptarse a esta nueva situación.

Entrevista con Paul Gilbert.

Pero a pesar de que podemos culpar la coyuntura socio-económica yuxtapuesta a demandas de un mercado en transformación, cuya crisis de valores tiene un impacto en el desarrollo artístico de unidades creativas emergentes, impidiendo la creación de una corriente musical homogénea (¡toma ya! quizás sea jebi, ¡pero sé palabras raras!), todo lo nuevo que me han hecho escuchar me ha parecido falto de originalidad, aburrido, soso,  y en definitiva más de lo mismo. Una pena. Aunque reconozco que no tengo la paciencia que tenía antes, y a veces es necesario ponerse a escuchar varias veces un trabajo musical para poder apreciarlo bien. Pero serán las prisas, o la falta de originalidad, pero aún no me ha dicho nada ninguno de los grupos nuevos que he escuchado.

Aún así, podría seguir equivocado, podría ser sólo problema mío y mi falta de perspectiva, así que os pregunto a vosotros, cosmonautas, ¿qué está pasando con el Metal actualmente? ¿Realmente no hay nada nuevo?  ¿Vamos a tener que encontrar una forma de mantener en vida a Rob Halford para que sigamos teniendo un Diós al que adorar? ¿Tendremos que conformarnos con un James Hetfield cantando desde una silla de ruedas y con la bombona de oxígeno? ¡Ayudadme! Este post es un grito a la desesperada para que pueda volver a la senda del auténtico guerrero del Metal. ¿Por dónde puedo volver a empezar?

¿Entrevista? con Helena Iren Michaelsen de Imperia. ¿Queréis saber la historia de la foto?

Banda sonora para la redacción de este post: Megadeth, Black Sabbath, Children of Bodom, Iron Maiden, Kreator, At The Gates, Savatage, Mercufyl Fate, The Haunted, Ozzy Osbourne, Carcass.

26
ene
11

Hablar sobre Japón siempre es una buena portada

Saludos cosmonautas,

hace un par de días pude leer un artículo en el suplemento cultural de La Vanguardia “ES” titulado “Japón: luces y sombras“, era la portada del suplemento, donde nos prometían hablar de la fascinación japonesa con una imagen de uno de esos cosplay tan grimosos que utilizan caretas en plan anime (eso ya es una advertencia).

Portada del sumplemento “Estilos de vida” de La Vanguardia (22/01/2011). Con puntero de mouse incluído.

No voy a decir que me indignó. A estas alturas poco me sorprende y poco me ofende lo que puedan decir los medios generalistas. Llevan años convenciéndonos del poco rigor con el que afrontan algunos artículos, por no decir el profundo desconocimiento que existe en algunos casos (algo que, cuando se da de la mano con el sensacionalismo, es un cóctel explosivo que puede provocar desde la indignación a la carcajada). Vale, sí que parece que esté algo molesto (pero ni enfurecido ni indignado).

El caso que nos ocupa hoy es una mezcla de todo esto. Lo firma Luis Muiño, un psicoterapeuta, esto nos hizo suponer que podría ofrecer algo más que la típica visión periodística. Y cierto es que nos ofrece un plus de apuntes culturales interesantes, pero acaba perdiéndose al final en los mismos manidos tópicos de siempre (para proseguir con el post, mejor leer antes el texto).

El artículo empieza con la descripción del caso de un marinero que llega a Japón por accidente en el s.XVI, la atracción que acaba sintiendo por el país le lleva a cambiarse de nombre, a convertirse en ciudadano japonés, renegando de su país de origen. Un ejemplo que pretende ilustrar que la fascinación por Japón es algo que viene de muy lejos. Nos cita algunos artistas japoneses que han tenido gran impacto en Occidente y han contribuido a ese idilio que muchos sienten por el país nipón (Ozu, Kurosawa, Mishima, Murakami…).

Hasta aquí todo bien, pero en una sola frase es capaz de cargarse todo lo que había construído, cuando nos dice,  y él mismo se contradice, que el japonés es el único idioma con una palabra para designar a los extranjeros obsesionados por la cultura local: otaku. Sí parece que se haya documentado algo, al menos se ha dado cuenta de que “otaku” en Japón es algo bastante despectivo, y añade que se usa fuera de Japón para hablar de los fans de manga/anime/videojuegos japoneses, etc (pero que en japonés signifique “extranjero obsesionado por Japón”, ¿de dónde sale?). Es un error, no es tan grave, pero cualquier persona versada en el tema a estas alturas ya se habrá dado cuenta de que quien escribe lo hace desde un conocimiento superficial (y esto es grave, sobretodo después de lo que dice a continuación), siendo más fácil desconfiar de todo lo que vendrá después.

A continuación, el autor hace mención de cuatro elementos básicos que apunta como las claves de la atracción por Japón a lo largo de los siglos. A partir de algunos ejemplos y explicaciones concluye que la sencillez, la sutileza, la sensualidad y la simulación, son las cualidades culturales que han despertado el interés desde los tiempos de Marco Polo hasta las novelas de Amelie Nothomb. Seguramente es la parte menos discutible del artículo, o quizás ahora pequemos nosotros de ignorantes.

Todo seguido lo que nos dice es que la atracción por Japón en la última década no tiene nada que ver con esto (¿entonces por qué nos hemos recreado tanto en ello?), y que los jóvenes occidentales se sienten fascinados por Japón por una pura cuestión estética. Afirma que si no fuese por la estética nipona, la gente no leería los mangas “extensos y de argumento complicado”. Valiente afirmación. Muy debatible. Aunque podríamos argumentarle que hay tantos estilos de dibujar manga como estilos de dibujar cualquier otro tipo de cómic, así como hay muchísimos tipos de historias (complejas o sencillas, largas o escuetas), es cierto que el grueso de los fans se fijan casi siempre en las producciones de éxito más estereotípicas. Aún así, en estas afirmaciones caen varios errores. Uno de ellos es pensar que la fascinación por Japón es algo de la última década. No hace falta que hablemos de la fiebre de Dragon Ball y el boom del manga que hubo entonces. Lógicamente los números no son los mismos, pero esa fascinación por Japón, al menos en occidente, lleva fraguándose desde que Son Goku bajó de la nube kinton y Tokyo explotó por culpa de Akira. Ese público ha crecido, algunos incluso han llegado a madurar, y de estos los hay que han seguido con su fascinación con el manga, mientras que otros se han fijado en otras facetas del país nipón (incluso las que el mismo Luis Muiño descartaba ya como atractivos actuales – ¡eh! algunos de ellos podrían ser incluso lectores de Amelie Nothomb). Cierto es que el autor después cita un testimonio que explica ese boom de los noventa, pero parece que no le hace mucho caso.

Obviaremos la mención al gatostiable, por principios.

Después llega lo que para un servidor es el motivo último del artículo, hablar del “lado oscuro de Japón”. Es decir, todas aquellas cosas malas que ignoramos de un país que, a priori nos parece tan alucinante y fascinante, pero que detrás de eso se esconde un mundo siniestro al que no le prestamos atención alguna, como queriendo obviarlo para no arruinar nuestra fantasía. (Suspiro.) Sí, esto es lo que suele vender estos artículos. Nos encanta buscar el lado oscuro de las cosas. Claro que eso tiene parte de positivo, no siempre es bueno quedarse con imágenes deformadas o poco completas de las cosas (nosotros mismos lo intentamos con Crónicas desde Cipango), pero otra historia es intentar darle la vuelta al asunto para poder tachar a los demás de ignorantes o para recrearse en los aspectos negativos al más puro estilo prensa amarilla. Además… ¿qué tiene que ver el cosplay con los hikikomoris? Es como decir que un japonés no puede bailar flamenco porque desconoce la proporción de esquizofrénicos en España. (Ah, que simplemente querías marcarte un párrafo sobre esta patología. ¡Vale!)

Afirma que los jóvenes ignoran completamente el machismo japonés, el ya mencionado fenómeno de los hikikomori (¿seguro que hay un millón de casos? No está probado.), las tendencias suicidas (el paréntesis que pone es de un amarillismo ridículo), en definitiva, todo aquello que convierte esa “ilusión”, en un país de atrasados e inadaptados sociales. Un servidor estaría por decirle que pregunte a más jóvenes, y no tan jóvenes, lo que saben de Japón, incluso de lo más negativo, y seguramente se sorprendería. ¿Qué encontraremos muchos adolescentes que sólo se quedan con lo superficial y estético? Estoy completamente de acuerdo. Pero ese conocimiento superficial no será exclusivo de su afición por Japón. También tendrán un conocimiento superficial de la política española, de la historia, de como funciona la indústria discográfica, y de casi cualquier tema. Por el simple hecho de ser adolescentes. Y ya tendrán tiempo de profundizar.

Todos los países tienen sus más y sus menos. Todos los países tienen sus complejos y también sus motivos para estar orgullosos. Japón ha sabido vender bien todo lo bueno que tiene, ¿qué mal hay en quedarse con esa parte? La mala también puede ser interesante desde cierto punto de vista y es bueno conocerla, pero es muy demagógico poner en tela de juicio esta fascinación basándose en que existe un parte negativa, cuando todo la tiene. Es también muy fácil emitir juicios sobre los valores de otra sociedad desde la distancia (y sobretodo la ignorancia), así como ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio (¿se ha erradicado el machismo en España?).

Al final, después de hablar con uno de los responsables de una versión menos nipona del Castlevania, Luis Muiño concluye preguntándose si esta fascinación es algo trascendente (por favor, aclare el concepto), o una fascinación superficial (y por lo tanto perecedera). ¿Volvemos a leer el artículo desde arriba? Según parece, la fascinación lleva varios siglos de historia, y el fenómeno del manga, que es menos reciente de lo que indica el autor, lleva años consolidándose (que vaya al Salón del Manga, por favor). Es más, diría que los artículos vaticinando el fin del idílio con Japón son tan viejos como la “dragonballmania”, y veinte años después no es que siga aquí, es que es mucho más fuerte.

Y de todos modos, ¿a qué viene esa pregunta? ¿cuál es el sentido del artículo entonces? Mi conclusión: hablar de Japón siempre vende, si además digo cosas malas y me meto con un colectivo que, en general, la gente no acaba de entender, mucho mejor. He escrito un artículo picando un poco de aquí y de allí, después lo he relacionado como me ha dado la gana, sin tener un conocimiento demasido profundo de las cosas… ¡y chapeau! ¡Portada en el magazine de La Vanguardia!

 

 

 




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