Archivos en la Categoría 'Manga'



19
dic
11

Un viaje al Japón de la era Showa

Saludos cosmonautas,

hoy queremos proponeros un pequeño viaje en el espacio y el tiempo muy especial, y es que gracias a unos interesantes vídeos que hemos encontrado, podemos hacer un breve repaso de una época muy concreta de la historia japonesa, el período Showa. Éste tuvo lugar desde 1926 hasta 1989, durante el reinado del Emperador Hirohito, y se podría decir que fue cuando el mundo pudo ver lo mejor y lo peor de Japón: su cruel participación en la 2a Guerra Mundial, con sus nefastas consecuencias para ellos y otros países asiáticos, pero también el milagro de la recuperación tras su derrota, que les llevó a convertirse en la segunda potencia económica mundial y a convertirse en un modelo de país en cuanto a calidad de vida. Dicen que los japoneses recuerdan con añoranza esos años dorados del período Showa, y no nos extraña, ya que fue justo después de la muerte de Hirohito, con el inicio del período Heisei (el actual), cuando la burbuja económica estalló. Desde entonces, Japón ha vivido en un constante declive, que hace que miren al pasado reciente con nostalgia.

De la Era Showa a la Era Heisei, 8 de enero de 1989.

Podríamos decir que para nosotros la era Showa tiene un encanto especial, tenemos algo de nostálgicos-retro-vintage en lo que respecta a esa época de la historia japonesa, y es curioso porque en realidad nunca la hemos vivido, y por lo tanto, muchas de las cosas de la era Showa son nuevas para nosotros. Pero también es cierto que algunas de las cosas de Japón que más nos impactaron en nuestra infancia provenían de la era Showa y eran contemporáneas a nosotros mismos (sin ir más lejos, el Capitán Harlock), y quizás eso ha moldeado nuestro gusto estético de alguna forma, haciéndonos más receptivos a todo lo que sea Showa.

Vamos a centrarnos especialmente en la década de los 60 , ya que fue de las más importantes en el desarrollo económico e industrial de Japón, y también una década clave en la creación de la “cultura popular” nipona, especialmente en lo que respecta a manga, anime, series de televisión, etc. Vamos a hacer un poco de repaso.

En el año 63 se estrenó en las pantallas niponas la serie animada de “Astro Boy”, todo un hito cultural, ya que convirtió al pequeño robot en un icono para muchas generaciones, y es seguramente uno de los personajes de manga al que los japoneses le tienen más cariño. Aunque ese mismo año otro robot proveniente del manga tuvo su serie, “Tetsujin-28-go”. Dos años después se estrenaba “Kimba, el león blanco” de Tezuka y “Obake no Q-taro” de Fujiko Fujio. En 1966 se estrenaba “Ultraman” y “Cyborg 009″ de Shotar Ishinomorim y unos pocos años después los manga de “Ashita no joe”, “Doraemon” y el anime de “GeGeGe no Kitaro”. Está claro que, ser un niño japonés en los 60 fue algo #TLQM, y esto lo retrató muy bien Urusawa en su manga “20th Century Boys”. También hubo un par de películas japonesas de mucho éxito a mediados de la década pasada que quisieron retratar esa época de finales de los 50 y principios de los 60. Se trata de la primera y segunda parte de “Always Sanchome no Yuhi”, una romántica historia coral de una calle de Tokyo y sus peculiares habitantes.

Pero vamos a centrarnos ahora en la realidad. En los vídeos que veremos a continuación, encontraremos el retrato de la vida diaria de familias japonesas en distintos años, empezando por 1963 (justo cuando empezaba la revolución económica y su boom industrial), y también veremos algunas otras cosas típicas del período Showa. Mientras los veis, podéis ir pensando si realmente ha cambiado tanto la imagen de Japón en 40 años. Aunque pensad también que estas imágenes tienen cierto sesgo, ya que el que las grabó no era japonés. Así que quizás la pregunta más acertada es si nuestro interés por Japón (nuestra mirada) sigue siendo exactamente el mismo que hace más de 40 años.

Otro ejemplo más de esa época, pero 3 años después, 1966. El vídeo es mucho más largo, pero también más detallista y más exhaustivo en su retrato de la familia protagonista:

Y siguiendo con esa imagen de los 20th Century Boys, aquí tenemos un breve reportaje sobre unos niños que van a la escuela, en un ambiente bastante más rural.

Muchos tienen la imagen de los japoneses que nunca se quejan por nada, no protestan ni desafían nunca a la autoridad. Sin duda, esto es en buena parte cierto, pero eso no significa que no hayan existido japoneses que se hayan rebelado contra el sistema de forma contundente. Los estudiantes de los años 60 lo hicieron, aunque no sacaron nada de ello y quizás por eso, ya nadie quiera protestar de nuevo.

Ahora, vamos a fijarnos en algo que siempre es divertido y a la vez un reflejo de una época, los anuncios de televisión. El primero, gustará mucho a los amantes de la gastronomía nipona.

Aunque por entonces el manga de Osamu Tezuka ya había revolucionado la “historieta” japonesa, en 1959 aún seguía siendo muy popular el “kamishibai” (un cuentacuentos que utilizaba ilustraciones), para el cual muchos artistas manga habían dibujado, y del que surgieron algunos personajes como Ogon Batto.

Kamishibai de Ogon Batto.

Puede que muchos no sepan que el primer superhéroe de la historia fue Ogon Batto, ya que apareció en los kamishibai un año antes que Superman. Aquí podéis ver la película que se hizo años después de Ogon Batto, que también fue objeto de varios anime.

Pero en realidad, el primer superhéroe televisivo no fue ni Ogon Batto (lo suyo era el cine), ni Ultraman. Ese honor es para Gekko Kamen, que apareció en la pantalla pequeña en 1958 (ojo al nombre y al vehículo que usa).

Y no podíamos terminar este repaso a la era Showa sin darle un toque musical al asunto. Así que, por favor, ¡que entren Pink Lady! (¡Aunque ellas se merecen un post entero!)

Por cierto, hace un par de años estuvimos con Ale en un pequeño museo Showa. Aquí podéis verlo.

14
dic
11

Siga buscando… Cavall Fort 137/138

Saludos cosmonautas,

hace poco fardábamos en Twitter de nuestra más reciente adquisición a la colección arqueológica de manga que, sin prisa pero sin pausa, vamos construyendo en un rincón de la Arcadia. Se trataba de una publicación muy especial, el primer manga que se publicaba en nuestras tierras, allá por el año 1968/1969. Concretamente en las páginas de la revista infantil Cavall Fort, todo un referente para muchos niños catalanes.

Fue gracias a un post de Mangaland que supimos de la existencia de este número 137/138, que contenía un recopilatorio de varias historietas de distintos países, con la inclusión de unas viñetas japonesas de Rakuten Kitazawa. Al tener más de 40 años, este número de Cavall Fort no es sencillo de encontrar, pero hace varias semanas lo encontramos en una página web. Para poder conseguirlo teníamos que comprar un lote de 10 ejemplares de Cavall Fort, pero nos daba igual pagar algo más para poder tener entre manos algo tan curioso (e histórico).

Contactamos con el vendedor y le pedimos que nos confirmase que en el lote estaba incluido el número doble 137/138. Cuando lo confirmó hicimos el pedido inmediatamente. Una vez cerrado el acuerdo, ni cortos ni perezosos nos pusimos a vacilar a Marc Bernabé por haber conseguido esta joya. Pero hay un refrán catalán que dice: “no diguis blat, si no el tens al sac i ben lligat”. Que más o menos viene a decir que no cantes victoria antes de tiempo.

Cuando recibimos el paquete lo abrimos ansiosos, y empezamos a buscar como locos el número 137/138, del que ya conocíamos la portada. Y ahí estaba. Lo abrimos… ¡y llegó la amarga sorpresa! Sólo estaba la portada. Faltaba todo el contenido de la revista. ¡No es posible! De los 12 números que nos habían puesto en el lote, el único que tenía defectos era precisamente el que nos interesaba. Si eso no es mala suerte, que baje Murphy y lo vea.

El vendedor nos ha confirmado que no localizan la parte que falta, y al final nos hemos quedado (gratis) un lote de Cavall Fort que no tiene excesivo interés para nosotros. Esto nos pasa por fardar, vacilar, e intentar dar envidia. ¡Lección aprendida!

Ah, y sigo buscando esa revista. ¿Alguien la tiene? 

11
dic
11

Tras la pista de Tezuka con Marc Bernabé

Saludos cosmonautas,

una vez más queremos acercarnos a Japón lo máximo posible, y como conseguir permisos de aterrizaje para la Arcadia en suelo nipón siempre es complicado, resulta mucho más fácil mandar a nuestro reportero dicharachero Marc Bernabé, nuestro corresponsal de lujo en tierras del Dios del Manga. Y es que el vídeo que nos trae hoy Marc sigue un poco la pista del mangaka de los mangakas, en un intento de respirar la atmósfera que rodeó durante un tiempo al maestro.

Sobradamente conocidos son los apartamentos Tokiwa-so, donde un montón de nombres importantísimos del manga moderno se alojaron durante varios años, pero por desgracia ese sitio ya no existe. Pero Tezuka también estuvo un tiempo en un apartamento que sí se ha conservado hasta el día de hoy, y Marc nos hará un breve tour por este lugar tan especial, la Namiki House. Además, también habrá tiempo para pasarse por un templo de Tokyo donde se encuentra la tumba de Osamu Tezuka, para que nuestro corresponsal muestre sus respetos al Dios del Manga.

Esta no es la primera vez que Marc nos lleva a la tumba de un famoso mangaka. Si hoy hemos visto la del Dios del Manga, hace tiempo pudimos ver la del Rey del Manga, Shotaro Ishinomori. ¿Cuál os gusta más?

No os perdáis los posts que hizo Marc Bernabé en las inmediaciones de Tokiwa-so, así como nuestros posts sobre los manga de Osamu Tezuka:

Un paseo por Tokiwa-so con Marc Bernabé 

Leyendo al Dios del Manga (1)

Leyendo al Dios del Manga (2)

Leyendo al Dios del Manga (3)

01
dic
11

XVII Saló del Manga de Barcelona (2011): Un repaso en imágenes

Saludos cosmonautas,

Hace apenas un mes se celebraba en la Farga de l’Hospitalet de Llobregat la decimoséptima edición del Saló del Manga de Barcelona, siendo esta la última vez que tiene lugar en el recinto de la Farga. El próximo año se trasladará a Fira de Barcelona, donde hay mucho más espacio para un evento que cada año recibe miles y miles de visitantes que acaban apretujados entre stand de merchandising y stand de merchandising.

Se decía que iba a ser uno de los peores años por culpa de la crisis, pero según parece no ha estado tan mal como se esperaba, y a nivel de manga se ha vendido bastante bien. Por nuestra parte, la mayor preocupación es que el obligado reajuste de las editoriales de manga, que hasta no hace mucho eran capaces de lanzarse a la piscina con propuestas originales o más minoritarias, y con la crisis ha tenido que recular y apostar por valores seguros. Esto significa que los lectores de manga que prefieren algo más que el típico Shonen, tendrán que armarse de paciencia (que le den el premio del Saló al mejor Seinen a una obra de las Clamp… ehem… ehem…). Aún así, ha habido novedades destacables en ese campo, y la presencia del maestro Hiroshi Hirata es buena prueba de ello. No nos enrollemos más, ahí va nuestro repaso en imágenes.

Aunque no tenemos imágenes de esto, nuestros dos momentazos personales del Saló fueron conocer a Keichi Hara, creador de la fantástica “El Verano de Coo”, y el precioso autógrafo de Hirata-sensei.

Un gran fan de Kamen Rider junto a un gran fan de Gojira. 

“El Verano de Coo”, un anime sorprendente. 

Seguramente uno de los autógrafos más especiales que nos han dedicado (¡aunque fuese igual para todos!).

Este post llega casi con un mes de retraso, y también tenemos que confesar que llega algo más mutilado de lo que teníamos previsto en un inicio (lo cual explica también el retraso). Pero todo esto tiene un motivo, que tarde o temprano será desvelado. (hype!).

23
nov
11

Shonen Mangazine: cuando quisimos ser japoneses

Saludos cosmonautas,

en nuestro afán por recuperar y retratar algunas de las publicaciones que surgieron durante el boom del manga de principios y mediados de los noventa, tarde o temprano teníamos que llegar a la “Shonen Mangazine”. Esta iniciativa de Planeta de Agostini Cómics se inspiraba claramente en los tochos de manga que se publican a diario en Japón, esas guías telefónicas repletas de manga que tan icónicas se han convertido para cualquier aficionado al manga.

Aunque “Shonen Mangazine” no llegaba ni por asomo al grosor habitual en las revistas de manga niponas, el espíritu era parecido: periodicidad quincenal, un papel de baja calidad para abaratar costes, y varias títulos distintos con estilos dispares. Esto último quizás era lo que más distaba de sus homólogas japonesas, que suelen centrarse en un tipo de público más concreto, y por lo tanto los géneros y estilos son más parejos. En realidad, la variedad era sorprendente, ya que los títulos que aparecían tanto podían ser el típico shonen, como una obra de humor, o incluso algún que otro drama. De hecho, visto con cierta perspectiva, la decisión de incluir ciertos títulos parecía realmente atrevida, ya que seguramente ninguno de esos manga más arriesgados conseguiría publicarse en solitario, ni siquiera hoy en día que teóricamente el mercado es algo más variado (NO).

Los principales ganchos que tenía “Shonen Mangazine” eran títulos como “3×3 Ojos”, “Gun Smith Cats”, “Ah! Mi diosa”, “Compiler” de Kia Asamiya, y también “Sobrevivir a la nueva era glaciar” de Jiro Taniguchi (una obra post-apocalíptica de un autor que hoy en día es más conocido por otro tipo de manga – y por otro tipo de público). Los títulos “arriesgados” que mencionábamos antes eran los de toque más humorístico o dramático. “¿Qué pasa contigo… bebé?” de Chika Tomisawa nos contaba la historia de un yakuza que moría y se reencarnaba en un bebé, pero que mantenía los recuerdos y la conciencia de su pasado mafioso, con las consecuencias divertidas que esto provocaba.  ”Hello!” de Makoto Kobayashi era la historia de una universitaria mojigata que, entre otras cosas, tenía que convivir en su apartamento con un fantasma… virgen. Y una de las obras más sorprendentes era “Dr. Koh”, de Junichi Nojo, una especie de Black Jack moderno y mucho más “serio”, que le daba ese punto dramático a la publicación.

Además de manga, la revista también acostumbraba a publicar una sección de noticias, y varios artículos que podían tratar distintos aspectos del manga. Una de las secciones más interesantes era la que llevaba Alfons Moliné, y que consistía en una cronología del manga en España desde la primera proyección de un anime en el Festival de Cine de San Sebastián de 1961, hasta “nuestros días” (es decir, 1995). Un festival de datos impresionante, y que quizás ahora somos más capaces de valorar como es debido.

A pesar de los grandes títulos que se incluían y el esfuerzo que supuso, la propuesta no terminó de cuajar. Después de 24 entregas, “Shonen Mangazine” se despedía de los quioscos. Las razones pueden ser varias. Para empezar estaba la cuestión del precio, costaba 550 pesetas, que para la mayoría de chavales era un dineral (ahora, sería un muy buen precio), y si sumamos la periodicidad era quincenal, seguramente muchos no podían permitírselo. Además, muchos eran los que se quejaban de la mala calidad del papel teniendo en cuenta ese precio (aunque pocos pensarían que era la única forma en la que una propuesta así podía salir adelante).

Pero quizás, el principal motivo fue la falta de “madurez” del mercado del manga. Aunque parecía que el interés por los cómics japoneses era algo continuamente in crescendo, un fenómeno imparable, el lector aún no era lo suficientemente fiel, no tenía el suficiente interés (o dinero)  para dar cabida a una propuesta tan original (las editoriales japonesas pensaban que los de Planeta estaban locos – algo de razón tenían). De hecho, algunos de esas obras más “originales” que mencionábamos antes, pasaron a mejor vida después de que la revista hiciese un cambio de formato y precio (con 32 páginas más, y a 695 ptas.), dejando a muchos lectores “huérfanos” por el camino. Cierto es que se publicaron un par de “Extras” para contentar a los fans de series como “Sobrevivir a la nueva era glaciar”, “Hello!” o “Dr. Koh”, pero siguieron inconclusas.

“Sobrevivir en la nueva era glaciar” de Jiro Taniguchi, el extra terminaba en uno de los momentos más emocionantes… (Foto de Todo Colección.)

Hasta cierto punto sorprendía que ciertas series fracasasen de esta forma, especialmente si tenemos en cuenta el especial hincapié que hicieron muchas revistas, fanzines, e incluso editoriales por educar al lector de manga e introducirle el vasto mundo del cómic nipón, donde tienen cabida todo tipo de géneros y estilos. Tengo la sensación de que por ese entonces, cuando todo lo que pasaba en Japón era un descubrimiento, había un deseo de llegar a formar un mercado capaz de aceptar esa misma variedad. Los más fans de todos querían leer todo tipo de manga, no sólo el shonen de turno. El mejor ejemplo de estas ganas de transformar y digievolucionar el panorama editorial fue “Gamma, el hombre de hierro“, cuyo apoyo por parte de la editorial y la prensa de entonces fue muy grande, y se percibía cierta ilusión de que un título como este llegase a triunfar. Como ya os contamos hace tiempo, esto no fue así, y esa serie se canceló 11 números después. Los lectores de manga de los noventa obligaron a la prensa y a las editoriales a poner los pies en el suelo, esto no es Japón.

En portada tres de las series más originales de la revista. (Foto de Todo Colección.)

¿Y qué pasó quince años después de “Shonen Mangazine”? ¿Había madurado el mercado lo suficiente para recibir de nuevo una propuesta parecida? Planeta de Agostini quizás pensó que sí, y en mayo de 2009 editaba el primer número de “B’s Log Cómic”. Con un tamaño más parecido a las revistas de manga japonesas y periodicidad mensual, se volvía a intentar una propuesta similar a la de “Shonen Mangazine” (incluso con artículos parecidos sobre manga). El resultado fue incluso más catastrófico, editándose sólo 4 números. Cierto es que, a diferencia de su predecesora, esta revista no apostó por grandes títulos o grandes nombres para llenar sus páginas, pero una vez más, la realidad del mercado del manga español se hacía patente. No madura.

¿Qué pasará dentro de 15 años? ¿Seguiremos igual?

20
nov
11

Un siglo de libros sobre Japón: Dai Nipon y Mangavisión

Saludos cosmonautas,

seguramente muchos conoceréis u os sonará de algo el Mercat de Sant Antoni de Barcelona. Un mercadillo dominical de libros/cómics/videojuegos/cromos de segunda mano que se hizo especialmente famoso por ser uno de los focos más importantes de la “dragonballmanía” de principios de los 90. Si un incipiente otaku de entonces se asomará al mercadillo actual seguramente alucinaría con la cantidad de manga que se puede encontrar hoy en día allí, y es que las cosas han cambiado bastante.

Pero dejemos el repaso histórico-otaku para otro momento. Hoy queremos hablaros de dos compras que hemos hecho este pasado domingo en el Mercat. Se trata de dos libros con una diferencia de 90 años desde la publicación de uno y la de otro, pero que tienen en común que hablan sobre cuestiones culturales japonesas. La anécdota es que los libros se compraron en dos paradas opuestas, separadas solo por un par de metros. Es decir, que saltamos casi un siglo con un par de pasos.

El primer libro que compramos ha sido “Mangavisión: guía del tebeo japonés“, de la mítica colección de la Biblioteca del Dr. Vértigo, según parece, fue el primer libro sobre manga que se editaba en el Estado. En su contraportada, el autor Trajano Bermúdez describe como en 1995 las librerías especializadas habían cambiado su fisonomía, y que el manga cada vez tomaba más protagonismo. ¿Se imaginaría que 15 años después el número de publicaciones de manga se habría multiplicado tanto?

Pero aún sería más interesante saber qué pensaba Antonio García Llansó cuando publicaba en 1906 su libro “Dai Nipon (El Japón)”, descubriendo un país que para entonces se sabía poco o absolutamente nada (ni siquiera donde estaba). ¿Sería capaz de imaginar que 90 años después se iniciaría un boom que llevaría Japón a ser un país “de moda”?

El segundo libro que hemos comprado es seguramente el más interesante. En una edición que puede rondar el 1915, el libro fue publicado originalmente en 1906, es decir, antes de la Primera Guerra Mundial, y cuando la restauración Meiji no era algo tan lejano. Su autor, fue designado por el “Mikado” (así llamaban antes al Emperador de Japón) como juez para la Expo Universal de 1888 que se celebró en Barcelona. El libro es un repaso muy interesante de “El Japón”, un país tan exótico como desconocido por esa época, y que nos introduce en un popurrí cultural muy interesante: historia, religión, construcciones y comunicaciones, los samurais, la prensa, la política, la literatura, el arte dramático, el teatro, los cuentos, la poesía, y otros aspectos culturales que pueden ayudar a hacerse una idea muy general de como es una cultura.

El libro está bien ilustrado con “grabados”, que para muchos lectores serían seguramente las primeras imágenes que habrían visto en su vida de Japón (y quizás las últimas). Lo interesante de esta lectura será ver hasta qué punto han cambiado las concepciones sobre Japón de inicios del s.XX, con las que tenemos iniciado el s.XXI. ¿Qué pensáis? ¿Habrán cambiado mucho? Seguramente menos de lo que uno esperaría y desearía.

Japonés (sin viñetas), por Marcelino Bernabé. 

Un diccionario pre-normativas de romanización.

Grabado de la familia Imperial de entonces, aún con el “emperador Meiji”.

15
nov
11

Osamu Tezuka: God Of Comics, y el star-system del manga

Saludos cosmonautas,

Hace ya varios meses nos topamos en una librería con un libro llamado “God of Comics: Osamu Tezuka and the creation of Post-World War II Manga”, y hace unos pocos días lo terminamos. Escrito por Natsu Onoda Power (pedazo nombrecito), no se trata de la típica biografía al uso del Dios del Manga, si no un repaso a las distintas facetas del mangaka y el impacto que su trabajo tuvo en el mundo del manga y el anime (que fue tremendo, por supuesto).

Lo más loable de este trabajo es que se aprecia una enorme labor de documentación. Nos queda claro, a veces demasiado, que su autora se ha leído prácticamente todo lo que ha podido de Tezuka o sobre Tezuka, incluyendo otros manga de autores como Fujiko Fujio que narraban esos inicios del manga moderno (entre otros). Esto se traduce en unos análisis bastante profundos sobre algunos aspectos de la obra del maestro mangaka, y destaca sobretodo el capítulo dedicado al Star System de Osamu Tezuka.

Aunque seguramente seremos demasiado pocos los que hemos leído las obras clásicas de Osamu Tezuka editadas por Glénat, es posible que algunos se hayan dado cuenta de que muchos de los personajes de “Metropolis”, “Lost World” o “Next World” se parecen mucho entre si, o que directamente es el mismo diseño de personaje (aunque pueda cambiar de nombre). Posiblemente, lo primero que pensamos es que Tezuka sólo sabe dibujar esos personajes, que es poco original o limitado (algo que, sin duda, está fuera de lugar). Lo que muchos no sabíamos es que, en realidad, estos personajes forman parte de un “star system” de actores creado a conciencia por Tezuka.

Tezuka soñando con la creación de un star system de personajes de manga. 

Esto significa que lo que dibuja Tezuka no son siempre los mismos “personajes”, sino una serie de “actores” que interpretan los distintos papeles que el autor les asigna, y para los cuales cada uno cobra cierta cantidad. No, no es broma, el propio Tezuka hizo la broma de elaborar una lista de los estipendios que recibía cada uno de los actores que tenía en plantilla. Vamos a ver algunos ejemplos.

Aquí la lista de precios de los actores, llegó a hacer algunas fichas con el currículum de cada uno. 


Kenichi es el héroe de la mayoría de las primeras obras, siendo el protagonista del mítico “Shin Takarajima” (“La nueva isla del tesoro”). Seguramente fue uno de los personajes menos versátiles, y más planos del autor (el típico héroe bueno… y soso), y por eso acabó algo arrinconado (¿la típica estrella de cine infantil que no remonta? ¿tenía problemas con el alcohol o las drogas?).

“Mostacho” (Higeoyaji), cuyo nombre “real” es Shunsaku Ban. Es seguramente uno de los más reconocibles personajes deTezuka, y aparecía en las primeras obras haciendo de detective, pero también en Astro Boy haciendo de profesor, y en Black Jack con múltiples papeles. Acabó apareciendo en más de 150 historias, muchas más que su sobrino Kenichi, y creemos que jamás se afeitó el bigote.

Rock, siendo también una estrella infantil como Kenichi, consiguió superar su etapa de éxito infantil reconvirtiéndose en uno de los personajes malvados del plantel de Osamu Tezuka, y es también uno de los más populares e interesantes (precisamente por esa evolución). El Robbie Williams de Tezuka,

Astro Boy fue el típico actor que se encasilla en un papel y difícilmente podrá salir de él sin que los espectadores le vean como el personaje que le hizo famoso (como le suele pasar a cualquier Doctor Who). Pero aunque muchos piensen que no hizo mucho, se le pudo ver varias veces en Black Jack (utilizando pelo de verdad, e incluso sangrando como un humano cualquiera), y llegó a afeitarse la cabeza (a ver si así ganaba un Oscar).

Osamu Tezuka fue, curiosamente, otro de los personajes habituales y con más presencia en los manga del maestro. Aunque en algunas ocasiones hacía de si mismo, otras veces actuaba como una especie de alter ego, o simplemente como un personaje cualquiera (a menudo como médico, ya que en realidad tenía el título de medicina). ¿Un síntoma de megalomanía o un gran sentido del humor?

Encontraréis una guía de todos los personajes y el star system de Tezuka aquí

Con este recurso, lo que conseguía Tezuka era crear una experiencia global a lo largo de toda su obra, de forma que todo se retroalimentaba, y se consiguía que el lector habitual sintiera una proximidad hacia esos personajes (algo que suele pasar con algunas estrellas del cine). Además, esto también le permitía a Tezuka hacer ciertas bromas (con personajes como Hyoutantsugi o Omukaedegonsu – que aparecen sin ton ni son), e incluso jugar con las expectativas del lector (como cuando un actor conocido por sus papeles de “buen chico” se pone a interpretar a un malvado).

En esta escena de un episodio de “Black Jack” vemos al “actor” Astro Boy interpretando el papel de un joven adolescente humano. Él mismo se acuchilla y, sorpresa, sangra. Fijaros que Astro Boy no luce su clásico pelo brillante, está algo despeinado y sudando. 

Pero aparte de esta peculiar faceta, el libro “God of Comics” trata muchos otros temas interesantes de la obra de Tezuka. Empezando por la famosa utilización de recursos cinematográficos que empleó Tezuka. En el libro se explica, por boca del mismo mangaka, que él no fue ni mucho menos el primero en inspirarse en el cine para hacer viñetas, pero quizás sí fue de los primeros en ser plenamente consciente de ello, y por lo tanto, hacerlo de forma completamente deliberada. De hecho, se incluye otro capítulo en el que veremos como Tezuka era muy propenso a citar otras obras, e incluso llegaba a recrear películas en algunas escenas de sus manga.  Con todo esto, el Dios del Manga creó un estilo que acabaría dando forma al manga moderno.

También es interesante la parte en la que se nos explica la tormentosa relación de Tezuka con la animación. Según el propio autor, él se consideraba casado con el manga, y el anime era como su amante: una pasión, que no siempre termina bien y que te acaba chupando todo el dinero. Y hablando de romances, también existe todo un capítulo dedicado al shojo manga que creó Tezuka, haciendo especial hincapié en obras como “La Princesa Caballero”. Por último, pero no menos importante, encontraremos un capítulo dedicado a sus encuentros con otros autores, y repasando algunas de las tendencias que aparecieron durante su carrera. Probablemente fue el gekiga, el manga para adultos, el movimiento que más llegó a amargar a Tezuka, y que él atacó con bastante dureza (aunque al final acabó abrazándolo en cierto modo). Pero es que el gekiga fue en parte responsable de los bajones de popularidad del maestro, que insistía en seguir publicando para niños.

El libro está plagado de citas del propio Tezuka y de otros autores (muchas de ellas de biografías o auto-biografías en formato manga del mismo Tezuka), y eso siempre es de agradecer para todos aquellos que no pueden acceder al material original. Es posible que para aquellos que sí pueden leer japonés y tienen acceso a estas obras, algunos de estos detalles los conozcan sobradamente, pero la autora lo compensa con una buena dosis de análisis, interpretación y contextualización. La única crítica que le haremos es que en ocasiones el estilo a veces puede parecer demasiado “didáctico”, o algunas de las ideas que se plantean son demasiado básicas (o sobradamente conocidas), y quizás se podría haber ido un poco más lejos y profundizar más o explicar más cosas. Pero entendemos que este libro es uno de los pocos que intentan introducir la figura de Osamu Tezuka en Estados Unidos, y por lo tanto, hay que explicar bien de donde sale todo.

En definitiva, si eres un fan de Osamu Tezuka, o tienes un mínimo interés por la historia del manga (algo que no el vendría nada mal al público español), “God of Comics” es una compra obligada, sobretodo si no entiendes japonés (pero sí el inglés). Un libro #TLQM se mire por donde se mire.

Podéis leer más posts sobre Osamu Tezuka en el blog:

Leyendo al Dios del Manga (1)

Leyendo al Dios del Manga (2)

Leyendo al Dios del Manga (3)

11
nov
11

La Divina Comedia de Dante… en manga

Saludos cosmonautas,

La editorial Herder, después de sorprender a propios y a extraños con la edición del “primer manga filosófico en España” (“Así habló Zaratustra”), ahora vuelve a la carga con la adaptación comiquera de uno de los grandes clásicos literarios, la tan influyente obra de Dante Alighieri, “La Divina Comedia”.


Si bien no es la primera adaptación en cómic que se hará de este épico poema (“El Infierno” de Superlópez es uno de nuestros cómics favoritos de Jan), es la primera vez que lo vemos como manga, en una extraña fusión de cultura 100% europea, con la cultura del cómic de Japón. Y el resultado nos ha parecido bastante más conseguido que con el ya mencionado “Así habló Zaratustra“.

Por si hay algún despistado por ahí, “La Divina Comedia” nos habla del viaje que hace el mismo Dante a través del infierno, el purgatorio y el paraíso, acompañado del poeta Virgilio, en busca de su amada muerta. Su periplo por los 9 niveles (o círculos) del infierno es seguramente la parte más recordada de la obra, en la que veremos los distintos castigos que se les inflige a los pecadores, siempre en función del pecado cometido. Pero también forma parte ya de nuestro imaginario religioso, la idea del limbo, donde moran todos aquellos no bautizados (en su mayor parte, aquellos que nacieron antes del cristianismo).

El manga en cuestión hace un resumen bastante condensado de todo el viaje de Dante, un joven asustadizo y enamoradizo, que nos sirve para conocer la visión que el poeta italiano tenía de estos tres conceptos cristianos. No hay tregua alguna, ya que el protagonista salta de círculo en círculo en apenas dos o tres páginas. Debemos recordar que este tipo de obras, que tan habituales son en Japón, tienen unas pretensiones más didácticas que artísticas, y por lo tanto, el dibujo o la complejidad de la historia no son tan relevantes. De hecho, el dibujo es simple, y muy irregular (algunas páginas son más que correctas, otras dejan bastante que desear), y como decíamos, no hay momento para florituras argumentales. De hecho, la aparición de los personajes célebres de la historia se limita la mayor parte del tiempo, al puro cameo (y no sé si los japoneses están tan familiarizados como nosotros con algunos de estos personajes).

A pesar de su simpleza, creo que es una buena oportunidad de conocer una de las obras más importantes de la literatura universal, que puede conseguir que a más de uno le pique el gusanillo y acabe con la obra original en sus manos. Y en cualquier caso, si no se llega a tanto, al menos uno tendrá una buena idea de qué son los nueve círculos del infierno o el purgatorio (y así no quedará como un inculto en el evento social gafaspasta de turno).

Cultura express para una sociedad, la nipona, que no siempre tiene tiempo para dilatarse en ciertos ejercicios culturales. Y cada vez nos parecemos más a ellos.

Más información en Los Mangas de Herder. 

14
jun
11

Arqueología del boom Dragon Ball: Robocop y Cels Piñol

Saludos cosmonautas,

algunos recordaréis que con anterioridad hemos hecho varios ejercicios de memoria histórica comiqueril, una serie de posts complementada con scans de revistas y fanzines que en su momento nos hablaron del boom de Dragon Ball o el advenimiento del manga en general. Para los que no lo habéis leído, podéis empezar por aquí. Para los demás, el capítulo de hoy se puede considerar un “extra” a lo ya presentado anteriormente, y que curiosamente une esos posts con una de nuestras entrevistas pirata.

La última joya bibliográfica encontrada (en Ateneo Cómics, Alicante) es un número del cómic de Robocop publicado por Forum a principios de los noventa. Y aunque parezca que esto no pueda tener nada que ver con el manga, lo tiene, y mucho. Cómic aparte, una de las cosas que más nos interesa es un artículo que firma, nada más y nada menos, un Cels Piñol que empezaba a hacer sus pinitos como trabajador de Forum, encargándose del correo de los lectores de dicho cómic, y firmando un artículo que hablaba precisamente del boom Dragon Ball.

En el correo de los lectores (Marvelmanía, con esa mítica cabecera), Cels empezaba así: “Venga, venga; apartad ya vuestros ojitos de las fotocopias de Son Goku que os han pasado en el cole. Traficando, ¿eh? Como cierto agente cybernético se entere de que formáis parte de una red ilegal de contrabandistas de dibujos de Dragon Ball, os pueden caer más años a la sombra que a Papillon. (Morid de envidia: me han pasado un calendario de 1992con dibujos a todo color que hacen babear a todo el que los ve. je, he. Es tan chulo que lo he colgado en un sitio de honor: al lado de las fotografías de Sigourney Weaver…)

Sólo Cels sería capaz de hablar de Dragon Ball, Robocop y Sigourney Weaver en un sólo párrafo.  Y terminaba el correo diciendo: “Eso fue todo. Me voy a rapiñar episodios de Dragon Ball Z que mi primo ha grabado de la televisión francesa.” Sí, por entonces no había ni YouTube, ni Megaupload, ni siquiera el eMule; pero el fan era más o menos igual que ahora en muchas cosas, sólo que lo tenía algo más difícil.

Haced click en la imagen para verla más grande.

Como sabe casi todo el mundo, el boom de Dragon Ball empezaba en Catalunya (aunque ya se había visto algo antes en Galícia), con la emisión y reposición de la serie en TV3 en el año 1990. Se podría decir que a los pocos meses ya se había desatado la fiebre de las fotocopias, algo que ya os contó el Profesor Hurías en su momento. Y el artículo, publicado en 1992, nos demuestra que por aquel entonces aún no existían “productos oficiales”, y ni siquiera se había publicado aún el manga. Así pues, fueron tres años durante los cuales el fanático de Dragon Ball tuvo que buscarse la vida de mil maneras para conseguir “lo que fuera” relacionado con Dragon Ball. Y Cels nos cuenta en este artículo publicado en el número 21 de Robocop, que la fiebre, en 1991, era apabullante:

 Y en la segunda página, de regalo, un artículo denunciando la piratería de la que hablábamos. No tiene desperdicio. Y es que 20 años después, a pesar de los cambios, hay cosas que siguen igual (Ah, y la viñeta tiene guasa).

Una de las cosas que más creo interesantes de estos artículos es que, con bastante seguridad, esta fue la primera vez que en Planeta de Agostini Comics se hablaba de Dragon Ball, y se dirigía a un público que quizás, aunque conocía el anime, no se había acercado tanto al tema como hizo Cels aquí. Pero esa no fue la única contribución del dibujante de narizones al fenómeno Dragon Ball. Y es que él mismo nos ha comentado que fue parte responsable de que Planeta se enterase de la existencia de la Dragonballmanía, de que supiesen que existían unos dibujos animados que lo estaban petando, y que estos estaban basados en un cómic (¡clinc! ¡clinc!).

Como muchos, Cels Piñol se nutría de la revista francesa Dorothée para conseguir material de Dragon Ball (algo que ya os contamos aquí), y fue a través de su mediación con esta publicación que Planeta finalmente contactó con Shueisha. En marzo de 1992 sellaban el acuerdo, y dos meses después aparecería en el Saló del Còmic de Barcelona la ya mítica serie blanca (de la que nos habló extensamente Marc Bernabé en Mangaland). Seguro que hay muchas más cosas interesantes a contar a nivel editorial, nosotros seguiremos indagando.

¡Os recomendamos que ahora hagáis clic a los distintos links que han aparecido en el post, si no los habéis leído antes!

26
may
11

¿Shotaro Ishinomori copiando Star Wars?

Saludos cosmonautas,

ayer celebramos el Día del Orgullo Friki como es debido, y podemos decir que la iniciativa del NEXO #TLQM fue un éxito de participación y de visitas (clicad el link si no habéis leído todos los posts). Lo único que podemos decir desde la Arcadia es gracias a todos los que habéis participado, y también a todos los que nos habéis visitado y comentado. A ver qué hacemos de cara al año que viene :)

Como ya sabréis, se eligió el 25 de Mayo porque fue la fecha en la que se estrenó la primera entrega de Star Wars en el año 1977. Nosotros rememoramos ese día a nuestra manera, de una forma más japonófila, y es que nos pusimos a ver una película nipona que surgió, en parte, a raíz del éxito del film de George Lucas. Editada en DVD hace no mucho por la colección Asian Trash Cinema, se podría decir que es una exploitation de Star Wars como las hay muchas, pero si os decimos que fue dirigida por Kinji Fukasaku (director de Battle Royale o Battles Without Honor or Humanity) y que aparece el mismísimo Sonny Chiba (en innumerables clásicos de acción japonesa), la cosa ya empieza a cambiar un poco. Pero si además añadimos que la película está basada en un manga de Shotaro Ishinomori, el Rey del Manga, acabamos de cerrar el círculo #TLQM.

La película se titula en España “Los invasores del espacio”, pero en inglés se hizo una traducción literal con “Message from Space” (宇宙からのメッセージ). El manga y la película aparecieron en 1978, justo después del bombazo que supuso Star Wars. No sabemos si Ishinomori creó el manga bajo esa misma influencia, y al no tener acceso al cómic no podemos saber si aquellos detalles que son una copia descarada de Star Wars fueron cosa suya o un tema de los productores de la película (apostamos por una mezcla de las dos).

Brevemente os explicaremos que la historia nos habla de una raza/tribu de un planeta que está siendo oprimida por los típicos invasores galácticos. Los primeros buscan ayuda a través de sus dioses, mandando unas nueces mágicas a buscar sus salvadores (muy al estilo Dragon Ball, cabe decir), al final acaban encontrado a unos pendencieros de la tierra y a un general retirado acompañado de un robot que, después de sus iniciales reticencias, acabarán ayudándoles a librarse de los opresores.

Evidentemente hay algunos paralelismos con Star Wars, pero diríamos que todas las Space Operas lo tienen, pero al final la historia acaba siendo algo distinta, y no es un exploitation tan descarado como pueden ser otros. Aún así, los sonidos del robot son un calco de R2D2, los dos jóvenes pilotos recuerdan mucho al estilo Han Solo, incluso aparece una princesa de armas tomar que nos recordará mucho a Leia, y los diseños de las naves tienen un estilo muy parecido. A todo esto, hay que añadir que el doblaje en español corrió a cargo de los mismos dobladores que Star Wars, lo que ayuda a que establezcamos esos paralelismos (y el plagio en la música es colosal).

¿Una princesa blandiendo una espada? Mmmm… (aunque no era láser)

Tampoco podemos decir que esta película sea de las típicas de serie B de bajo presupuesto, si tenemos en cuenta al director y uno de sus protagonistas, es evidente que no era una película cualquiera. Pero tienen grandes dosis de caspa cinematográfica y momentos muy patilleros, aunque hay que reconocer que la mayoría se concentran en la primera parte de la película (para ponerse algo más seria y dramática hacia el final). Así pues, encontraremos momentazos como los del policía espacial que persigue a los dos delincuentes setenteros por pasarse del límite de velocidad, y que poniendo la sirena (en el espacio) les persigue y les grita que va a multarles. También veremos a los protagonistas “nadando” en el espacio intentando atrapar luciérnagas espaciales, o una nave que es directamente un barco, con sus velas y todo, que muy bien podría haber inspirado a Leiji Matsumoto para su Arcadia (que apareció ese mismo año si no nos equivocamos).

A pesar de todos estos momentos de cine basura total (y que tanto nos gustan a algunos), la película acaba saliendo mejor parada de lo que se podría esperar a priori (si obviamos los continuos desenfoques en ciertas escenas), y cualquier con un mínimo interés por la ciencia ficción japonesa, o por ver en película una obra de Shotaro Ishinomori podrá llegar a disfrutarla (si no es exigente).

Ya sabréis que Shotaro Ishinomori, creador de Kamen Rider, tenía cierta facilidad para colocar muchas de sus creaciones en televisión, y “Message from Space” no fue una excepción. El manga/película acabó convirtiéndose en una serie de TV estilo tokusatsu, de la cual tenemos muy poca información. Pero ahí queda el dato.




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