debo empezar este post recomendando que os leáis el que hizo en su momento Marc Bernabé en su blog Mangaland sobre este mismo manga del que os queremos hablar desde la Arcadia. Más que nada, porque fue gracias a ese post que descubrí este fantástico manga de Hanazawa Kengo, “I am a hero”. En realidad, me puse a leer el manga incluso antes de leer el post, ya que sólo me hizo falta un tweet de Marc para ponerme a buscar alguna traducción del mismo (que afortunadamente encontré en una magnífica web que me recomendó el gran chusetto). Y quedé realmente impresionado sólo con las primeras viñetas.
Sabiendo ya de antemano que se trata de un cómic “de zombies”, seguramente a muchos les sorprenderá que en el primer tomo apenas pasa nada relacionado con la infección. El autor se atreve, o se da el lujo, de presentarnos poco a poco la historia de su protagonista, Suzuki Hideo, un mangaka mediocre, con tintes otakus y esquizofrénicos, que trabaja de ayudante para otro mangaka. En esas primeras páginas veremos como es su vida, no muy satisfactoria, e incluso se abrirán nuevas posibles líneas argumentales que te pueden hacer pensar que estás ante otro Bakuman (algo más marginal). Pero al final del tomo todo aquello que se había construido hasta el momento se va a pique. Y aunque pueda resultar algo extraño y desconcertante, considero que es un gran acierto por parte del autor, ya que el shock ante el suceso zombie es mucho más impactante, y consigue dejarte esa sensación de que quedan cosas por resolver, y que nunca más serán resueltas. En definitiva, lo que realmente pasaría si el mundo se fuera a la mierda.
Marc Bernabé describía también este manga como tremendamente japonés; y no puedo estar más de acuerdo en esta afirmación. Muchos de los mangas de éxito apenas muestran rasgos de la cultura japonesa, porque pasan en mundos imaginarios, o aunque transcurran en Japón, tienen esa “estética manga” que hasta cierto punto desjaponiza a los personajes. Pero “I am a hero” es uno de esos pocos mangas que he leído en la que los japoneses tienen cara de japoneses. Precisamente, lo que destaca por encima de todo es su fenomenal dibujo. Muy realista, pero no por ello falto de dinamismo y expresividad, ya que el autor se permite deformar a los personajes en plan cómico siempre que sea necesario. También es muy destacable el estilo cinematográfico que utiliza para contar la historia, con algunas secuencias de viñetas simplemente espectaculares (la del avión es tremenda).
Pero lo japonés de este manga no acaba sólo en el aspecto de sus protagonistas, ya que el comportamiento también encaja perfectamente con las ideas que tenemos sobre los japoneses. Ese respeto por la autoridad, el orden, y el colectivo, tiene su efecto en como el protagonista y los demás personajes afrontan la extrema situación, tardando mucho más en aceptar que las cosas han cambiado de lo que es habitual en las típicas pelis de zombies occidentales. Mostrando esa dificultad para el cambio, que tan japonesa resulta ser. Y eso nos pone de los nervios, ya que uno tiene ganas de gritar: ¡son zombies, mátalos a todos! Pero seguramente su reacción sea bastante más verosímil que la del típico héroe occidental que pasa de ser un mindundi a ser un Rambo en cuestión de minutos. Son estos, y mucho más pequeños detalles, los que configuran “I am a hero” como un acercamiento a la japonesa a la temática zombie. De hecho, los zombies/infectados no son los clásicos al estilo George A. Romero, sino algo mucho más retorcido, y una vez más, algo mucho más japonés. Ya que nos pueden recordar más a una Sadako de “The Ring” e incluso a la saga “Tomie”, que al típico zombie de Robert Kirkman en “The Walking Dead”.
Ya sea por el peso de la tradición, o simplemente por la lógica de la supervivencia, en cualquier tipo de obra de temática zombie se acostumbran a repetir algunos esquemas, y “I am a hero”, aunque consigue escapar de muchos de los tópicos (especialmente en los primeros temas), también tiene que claudicar y mostrarnos algunos de esos tópicos narrativos zombies (y esto no es necesariamente malo). Aún así, siempre lo hace con ese estilo tan propiamente japonés. Un ejemplo claro es la trama argumental que tiene lugar en una pequeña comunidad de supervivientes que viven en la azotea de un centro comercial. Tanto el sitio, como las dinámicas que se establecen entre esos supervivientes, son relativamente frecuentes, pero en este manga os podemos asegurar que son algo más retorcidas y desconcertantes, ¡Japanese style!
Terminaremos diciendo que Hanazawa Kengo no ha conseguido con “I am a hero” hacer uno de los mejores manga de zombies que existen, sino que ha conseguido hacer una de las mejores obras zombie que hemos tenido el placer de disfrutar. Ya sea por su estilo visual, su narrativa, argumento, personajes, o por esa capacidad de engancharte y no soltarte hasta haberte leído casi todos los tomos, creemos que es una obra que debería editarse en nuestro país, y que puede llegar tanto a los lectores de manga, los lectores de cómic en general, o simplemente a los aficionados a la temática zombie. ¡Que alguien lo edite ya!
no podemos quejarnos, lo nuestro es un lujazo. Si dentro del mundillo del manga/anime se puede tener un corresponsal de excepción, este es Marc Bernabé. Aunque queramos romperle las piernas por sus habituales viajes a Japón (y por negarse a llevarnos en su maleta), le ofrecemos la mayor de las reverencias por pensar en nosotros.
Marc se encuentra ahora mismo en Japón para asistir al Tokyo Anime Fair, seguramente el mayor evento anual del sector, y en el que se pueden ver novedades de anime y tantas otras cosas. Entre ellas, una de las series tokusatsu que más nos ha gustado en los últimos años. No es la típica serie de superhéroes en mallas coloridas o armaduras y sus toques de sci-fi de serie B, Garo se centra en el campo de la espada y la brujería, de un mundo contemporáneo infestado de demonios que poseen a la gente (un tema muy apropiado para nuestro post 666). El autor no es otro que Keita Amemiya, uno de los mejores directores de tokusatsu, que ha sido capaz de llevarlo a un terreno alejado del infantilismo que ahora domina el género.
Garo tuvo una primera serie en TV Tokyo que se estrenó en 2005, y terminó después de 25 episodios y un largometraje. Ambas han sido editadas aquí a través de Selecta Visión. En 2010 volvimos a saber del proyecto a través de la película en 3D “Garo: Red Requiem”, y un año después volvería a televisión en forma de serie bajo el título “Garo: Makai Senki”. Pero vamos al grano, os dejamos con Marc.
Saludos, cosmonautas.
Acabo de estar en el Tokyo Anime Fair, la feria más importante dedicada a la animación japonesa, y me ha llamado la atención un stand pintado de color negro, en cuyas paredes destacaban las letras “Garo Museum”.
Ni corto ni perezoso, he entrado al supuesto “museo”. A pesar de que en mi empresa Daruma tradujimos la primera serie, que sacó Selecta Visión hace unos años en DVD, no conozco Garo más que tangenciamente, ya que no trabajé directamente en ella. El Capitán Urías os contará mejor de qué va. Yo solo sé que es una serie tokusatsu de nueva factura, una especie de intento de crear una franquicia tokusatsu que pueda competir con los grandes colosos del género, es decir, básicamente, Kamen Rider y Ultraman. Desconozco si lo están consiguiendo, si hay ya varias series y películas o no, pero sí que es cierto que cada año me encuentro un stand con importante presencia de Garo en el TAF, cosa que me sorprende bastante.
Pero nunca uno tan impresionante como el de este año. ¡Realmente eso parecía un museo! En ese amplio stand podemos pasear entre montones de trajes utilizados en la serie, a cual más “drag queenesco”, así como impresionantes y recargadas armaduras, armas de todo tipo, maquetas, proyectores proyectando vídeos con los mejores momentos de la serie -o al menos los más espectaculares-, una muestra de dibujos originales creados por el director artístico o responsable conceptual de la serie (no me ha quedado claro quién era), etcétera.
¿Drag-queenesco? ¡Cómo te pasas, Marc!
Sin duda, una exposición increíble, aunque yo, al desconocer la serie, no he podido disfrutarla como seguramente la habría disfrutado el Capi o cualquier otro aficionado al tokusatsu. Ya dicen que más vale una imagen que mil palabras, así que prefiero que veáis las fotos antes que seguir comentando mis impresiones.
¿Te echo una mano?
A la salida, por cierto, había un rinconcito con unas máquinas de dardos de Garo, y podías echar una partidilla con ella… ¡Francamente curioso!
ayer se cumplió un año de la “desástrofe”, del terremoto más salvaje que se recuerda en Japón, el posterior tsunami, y el inicio de la crisis nuclear en Fukushima. Fueron unos días que vivimos de forma muy intensa en la Arcadia, no sólo por nuestra afinidad por el país, sino también por la cantidad de amigos que en esos momentos teníamos por esas tierras. El amarillismo que se apoderó en esos primeros días de la prensa internacional, que ponía a nuestros amigos en medio de un supuesto caos, tuvieron su contrapartida 2.0. A través de tweets y posts nos dimos cuenta de que, a pesar de la grave crisis que había empezado en Fukushima, y el desastre de Tohoku, la vida en Tokyo estaba lejos de poder llamarse un “caos”. Así quisimos contarlo en este blog, consiguiendo un amargo récord absoluto de visitas. A los pocos días, los oportunistas medios de comunicación se volcaron en estos “nuevos informadores”, y sin pudor ni disculpa alguna cambiaron totalmente su anterior versión del apocalipsis.
Por desgracia, toda esta polémica y la crisis nuclear (que se convirtió en un asunto muy turbio) dejaron en un segundo término la auténtica catástrofe. El tsunami que borró del mapa poblaciones enteras a lo largo de la costa de Tohoku, que se llevó miles de vidas, y dejó a muchos otros sin absolutamente nada. Afortunadamente hubo muchas iniciativas solidarias que se pusieron manos a la obra para ayudar en seguida a las víctimas, y así empezó la recuperación de la zona devastada. Desde aquí seguimos de cerca el caso de Ishinomaki, población castigadísima por el tsunami, que tiene un vínculo especial con este blog. Y es que este era el pueblo natal de Ishinomori Shotaro, el Rey del Manga, creador de Kamen Rider entre decenas más de personajes. Allí se encontraba también el museo dedicado a la obra del maestro, cuya planta baja quedó totalmente destrozada por la fuerza del tsunami. Por suerte, varios días después apareció una fantástica foto que daba esperanzas:
Una estatua de Kamen Rider en medio del desastre, que transmitía una más que necesaria fuerza para empezar las tareas de reconstrucción, no sólo del museo, sino de toda una ciudad.
El director del Museo de Shotaro Ishinomori, varias semanas después del desastre. (Via Relief 2.0)
Tareas de limpieza en la tienda de regalos.
Este es el vestíbulo del museo días después del tsunami.
El mismo vestíbulo, unos meses después, en una campaña benéfica en la que se ofrecía juguetes a los más pequeños.
Y aquí el aspecto que tenía en Agosto, aunque desde otra perspectiva. (Via HobbyLink)
A través del blog del museo hemos podido descubrir algunos de los pasos de la reconstrucción del edificio, así como de distintas zonas de la ciudad donde se encuentran repartidas varias figuras de los personajes de Ishinomori. También hemos descubierto como algunos de los personajes televisivos del maestro más populares entre los niños han tenido un papel importante en algunos eventos de recogida de fondos para la reconstrucción de la ciudad. El mismo Hiroshi Fujioka, el actor que encarnó al Kamen Rider original, estuvo allí repartiendo juguetes, regalos y algunos kits de socorro, convirtiéndose una vez más en el héroe de los pequeños (y seguro que de algunos mayores también).
Varios Riders y otros personajes de Shotaro Ishinomori saludando a los niños de Ishinomaki.
Reparto de juguetes y bebidas para los más pequeños.
Hiroshi Fujioka, el Kamen Rider original, dejando un mensaje en el museo de Shotaro Ishinomori. “Kamen Rider Ichi-go es eterno!” (traducción gracias a Marc Bernabé)
Y algunas funciones delante del museo (aunque da algo de grima, ¿no?).
No podemos esconder cierta emoción al ver como se han utilizado muchos de estos personajes que tanto queremos para ayudar y despertar las ilusiones de unos niños que tanto deben haber sufrido a lo largo de este año. Sí, no son más que cómics, mangas o tebeos, pero a veces pueden convertirse en algo más, ya sea esperanza, inspiración, o simplemente en una sonrisa. Y esto, en ciertos momentos, es una auténtica heroicidad.
Cerramos este post con nuestros mejores deseos para la zona de Tohoku, y aplaudimos el esfuerzo que se ha llevado a cabo a lo largo de este año para la reconstrucción de las vidas de miles y miles de japoneses. Ganbare nippon! がんばれ日本!
hoy dejaremos las explicaciones para después del vídeo, un unboxing muy especial:
Gekko Kamen, el primer superhéroe televisivo japonés.
Así es, por pura casualidad nos enteramos de que existía una versión VHS en español de la película de este mítico superhéroe, Gekko Kamen, e iniciamos nuestro regateo con el vendedor… conseguimos un relativo buen precio para semejante joya, aunque como suele ocurrir con todo lo que mola, para algunos esto es basura reciclable y para otros oro en paño. Pocos días después, lo tenemos en las manos, y estamos ansiosos por ver la película.
Como explicábamos en el vídeo, Gekko Kamen, fue el primer superhéroe televisivo japonés, bastantes años antes del más famoso rey del tokusatsu televisivo, Ultraman (y 13 años antes de otro Kamen, Kamen Rider). Así pues, desde el 24 de Febrero de 1958 hasta el 5 de Julio de 1959, niños y mayores japoneses se reunían ante el televisor (algunos en la suya propia, otros en la del vecino) para ver los 130 episodios de la serie de este motorista enmascarado (¿de qué me suena esto?). Según dicen, la cancelación se debe a que muchos niños se hicieron daño intentando imitar a Gekko Kamen, si es cierto o no ya lo veremos… el caso es que la serie volvió 13 años después en formato anime, y fue esta versión la que consiguió traspasar fronteras, llegando a México bautizado como “Capitán Centella”.
Lo más curioso de esta edición en vídeo, es la contraportada, ya que en lugar de ofrecer la típica sinopsis con los fotogramas pertinentes, se marcan un texto de varios párrafos que, hemos considerado tan interesante, que lo vamos a transcribir:
“Hace ya 25 años, cuando el JINETE DE LA MASCARA DE LA LUNA, vestido con su blanca bufanda, su blanca máscara y sus gafas de sol se convirtió en uno de los personajes de cómic más populares de todos los tiempos, superando incluso los de Flash Gordon y Superman. Cuando apareció por primera vez en las series de TV japoneses, alcanzó inmediatamente una fenomenal audiencia del 65 por ciento en la TV, lo que virtualmente dejó vacías las calles y plazas de las ciudades. Los niños se sintieron tan impresionados por este personaje, que sus distintivos (bufanda, máscara y gafas de sol) se vendieron por millones. Un gran número de jóvenes japoneses debieron ser hospitalizados diariamente con huesos fracturados, como resultado de tratar de imitar a su “HEROE”. Esto llegó a tal punto que, por la insistencia de un gran número de familias cuyos hijos trataron de “volar desde lo alto”, las autoridades se vieron obligadas a adoptar medidas para prevenir este síndrome. Pero los sentimientos alimentados por la gente hacia el JINETE DE LA MASCARA DE LA LUNA permanecieron inalterables a través de los años. Y ahora, nuestro héroe favorito ha vuelto a nuestro lado, su carácter y sus virtudes de bondad y justicia han permanecido incólumes, pero adaptadas a las realidades del día de hoy. Setsu Asakura, el pintor y escultor mundialmente famoso, diseño su vesturario y Takuya Yura diseñó la motocicleta. La “Super” motocicleta desarrollada de la HONDA de 750 cc, llevó seis meses para su remodelado y cuesta 40.000 dólares.
Con la ayuda de la más moderna y avanzada tecnología japonesa, la potencia de la motocicleta ha sido aumentada de 66 a 150 caballos de fuerza, y está equipada con varios dispositivos tales como los rayos ultras rojos y radar, paracaídas, sistema VTR, pantalla de humo y lanzador de aceite. Debe destacarse que estos dispositivos no han sido concebidos como armas mortales, sino solamente mecanismos defensivos. Este hecho juega un importante papel hoy día, pues existe ya demasiada violencia cotidiana en nuestras pantallas. Esta película debería servir para inspirar a nuestros hijos en el verdadero significado de “valor” y “justicia”.
“El Jinete de la Máscara de la Luna” combina espléndida e impresionantemente las persecuciones en motocicleta a increíble velocidad con maravillosas combinaciones de acción física. En todos los sentidos, nos ofrece la más moderna tecnología, en la que tanto destaca el Japón. No se utiliza un solo truco en aquellas escenas en las que el “bien” se enfrenta a lo “diabólico”. Esta película destaca también por su excelente fondo musical, con la presentación de un magnífico grupo rock-m-roll, THE NORTHERN LITES. “
Por último, queremos hablaros de una famosa parodia del personaje, tan famosa que se podría decir que tiene entidad propia. Se trata de Kekko Kamen, una heroína creada por el mismísimo Go Nagai (autor de Mazinger Z, Devilman, etc.), y que de formar similar a Gekko Kamen viste una máscara, bufanda, unas botas… y nada más, porque el resto de la ropa se la ha dejado en el armario, y por lo tanto, se pasea en cueros.
Para Kekko Kamen ha habido también adaptación en anime, y una serie de películas bastante conocidas, especialmente porque una de las reinas del porno japonés, Maria Ozawa, es la encargada de encarna al personaje.
Y un extra final, una parodia, parodiada; de Gekko Kamen a Kekko Kamen, y de Kekko Kamen a Kekko Kamen Rider.
hoy queremos proponeros un pequeño viaje en el espacio y el tiempo muy especial, y es que gracias a unos interesantes vídeos que hemos encontrado, podemos hacer un breve repaso de una época muy concreta de la historia japonesa, el período Showa. Éste tuvo lugar desde 1926 hasta 1989, durante el reinado del Emperador Hirohito, y se podría decir que fue cuando el mundo pudo ver lo mejor y lo peor de Japón: su cruel participación en la 2a Guerra Mundial, con sus nefastas consecuencias para ellos y otros países asiáticos, pero también el milagro de la recuperación tras su derrota, que les llevó a convertirse en la segunda potencia económica mundial y a convertirse en un modelo de país en cuanto a calidad de vida. Dicen que los japoneses recuerdan con añoranza esos años dorados del período Showa, y no nos extraña, ya que fue justo después de la muerte de Hirohito, con el inicio del período Heisei (el actual), cuando la burbuja económica estalló. Desde entonces, Japón ha vivido en un constante declive, que hace que miren al pasado reciente con nostalgia.
De la Era Showa a la Era Heisei, 8 de enero de 1989.
Podríamos decir que para nosotros la era Showa tiene un encanto especial, tenemos algo de nostálgicos-retro-vintage en lo que respecta a esa época de la historia japonesa, y es curioso porque en realidad nunca la hemos vivido, y por lo tanto, muchas de las cosas de la era Showa son nuevas para nosotros. Pero también es cierto que algunas de las cosas de Japón que más nos impactaron en nuestra infancia provenían de la era Showa y eran contemporáneas a nosotros mismos (sin ir más lejos, el Capitán Harlock), y quizás eso ha moldeado nuestro gusto estético de alguna forma, haciéndonos más receptivos a todo lo que sea Showa.
Vamos a centrarnos especialmente en la década de los 60 , ya que fue de las más importantes en el desarrollo económico e industrial de Japón, y también una década clave en la creación de la “cultura popular” nipona, especialmente en lo que respecta a manga, anime, series de televisión, etc. Vamos a hacer un poco de repaso.
En el año 63 se estrenó en las pantallas niponas la serie animada de “Astro Boy”, todo un hito cultural, ya que convirtió al pequeño robot en un icono para muchas generaciones, y es seguramente uno de los personajes de manga al que los japoneses le tienen más cariño. Aunque ese mismo año otro robot proveniente del manga tuvo su serie, “Tetsujin-28-go”. Dos años después se estrenaba “Kimba, el león blanco” de Tezuka y “Obake no Q-taro” de Fujiko Fujio. En 1966 se estrenaba “Ultraman” y “Cyborg 009″ de Shotar Ishinomorim y unos pocos años después los manga de “Ashita no joe”, “Doraemon” y el anime de “GeGeGe no Kitaro”. Está claro que, ser un niño japonés en los 60 fue algo #TLQM, y esto lo retrató muy bien Urusawa en su manga “20th Century Boys”. También hubo un par de películas japonesas de mucho éxito a mediados de la década pasada que quisieron retratar esa época de finales de los 50 y principios de los 60. Se trata de la primera y segunda parte de “Always Sanchome no Yuhi”, una romántica historia coral de una calle de Tokyo y sus peculiares habitantes.
Pero vamos a centrarnos ahora en la realidad. En los vídeos que veremos a continuación, encontraremos el retrato de la vida diaria de familias japonesas en distintos años, empezando por 1963 (justo cuando empezaba la revolución económica y su boom industrial), y también veremos algunas otras cosas típicas del período Showa. Mientras los veis, podéis ir pensando si realmente ha cambiado tanto la imagen de Japón en 40 años. Aunque pensad también que estas imágenes tienen cierto sesgo, ya que el que las grabó no era japonés. Así que quizás la pregunta más acertada es si nuestro interés por Japón (nuestra mirada) sigue siendo exactamente el mismo que hace más de 40 años.
Otro ejemplo más de esa época, pero 3 años después, 1966. El vídeo es mucho más largo, pero también más detallista y más exhaustivo en su retrato de la familia protagonista:
Y siguiendo con esa imagen de los 20th Century Boys, aquí tenemos un breve reportaje sobre unos niños que van a la escuela, en un ambiente bastante más rural.
Muchos tienen la imagen de los japoneses que nunca se quejan por nada, no protestan ni desafían nunca a la autoridad. Sin duda, esto es en buena parte cierto, pero eso no significa que no hayan existido japoneses que se hayan rebelado contra el sistema de forma contundente. Los estudiantes de los años 60 lo hicieron, aunque no sacaron nada de ello y quizás por eso, ya nadie quiera protestar de nuevo.
Ahora, vamos a fijarnos en algo que siempre es divertido y a la vez un reflejo de una época, los anuncios de televisión. El primero, gustará mucho a los amantes de la gastronomía nipona.
Aunque por entonces el manga de Osamu Tezuka ya había revolucionado la “historieta” japonesa, en 1959 aún seguía siendo muy popular el “kamishibai” (un cuentacuentos que utilizaba ilustraciones), para el cual muchos artistas manga habían dibujado, y del que surgieron algunos personajes como Ogon Batto.
Kamishibai de Ogon Batto.
Puede que muchos no sepan que el primer superhéroe de la historia fue Ogon Batto, ya que apareció en los kamishibai un año antes que Superman. Aquí podéis ver la película que se hizo años después de Ogon Batto, que también fue objeto de varios anime.
Pero en realidad, el primer superhéroe televisivo no fue ni Ogon Batto (lo suyo era el cine), ni Ultraman. Ese honor es para Gekko Kamen, que apareció en la pantalla pequeña en 1958 (ojo al nombre y al vehículo que usa).
Y no podíamos terminar este repaso a la era Showa sin darle un toque musical al asunto. Así que, por favor, ¡que entren Pink Lady! (¡Aunque ellas se merecen un post entero!)
Por cierto, hace un par de años estuvimos con Ale en un pequeño museo Showa. Aquí podéis verlo.
una vez más queremos acercarnos a Japón lo máximo posible, y como conseguir permisos de aterrizaje para la Arcadia en suelo nipón siempre es complicado, resulta mucho más fácil mandar a nuestro reportero dicharachero Marc Bernabé, nuestro corresponsal de lujo en tierras del Dios del Manga. Y es que el vídeo que nos trae hoy Marc sigue un poco la pista del mangaka de los mangakas, en un intento de respirar la atmósfera que rodeó durante un tiempo al maestro.
Sobradamente conocidos son los apartamentos Tokiwa-so, donde un montón de nombres importantísimos del manga moderno se alojaron durante varios años, pero por desgracia ese sitio ya no existe. Pero Tezuka también estuvo un tiempo en un apartamento que sí se ha conservado hasta el día de hoy, y Marc nos hará un breve tour por este lugar tan especial, la Namiki House. Además, también habrá tiempo para pasarse por un templo de Tokyo donde se encuentra la tumba de Osamu Tezuka, para que nuestro corresponsal muestre sus respetos al Dios del Manga.
Esta no es la primera vez que Marc nos lleva a la tumba de un famoso mangaka. Si hoy hemos visto la del Dios del Manga, hace tiempo pudimos ver la del Rey del Manga, Shotaro Ishinomori. ¿Cuál os gusta más?
No os perdáis los posts que hizo Marc Bernabé en las inmediaciones de Tokiwa-so, así como nuestros posts sobre los manga de Osamu Tezuka:
seguramente muchos conoceréis u os sonará de algo el Mercat de Sant Antoni de Barcelona. Un mercadillo dominical de libros/cómics/videojuegos/cromos de segunda mano que se hizo especialmente famoso por ser uno de los focos más importantes de la “dragonballmanía” de principios de los 90. Si un incipiente otaku de entonces se asomará al mercadillo actual seguramente alucinaría con la cantidad de manga que se puede encontrar hoy en día allí, y es que las cosas han cambiado bastante.
Pero dejemos el repaso histórico-otaku para otro momento. Hoy queremos hablaros de dos compras que hemos hecho este pasado domingo en el Mercat. Se trata de dos libros con una diferencia de 90 años desde la publicación de uno y la de otro, pero que tienen en común que hablan sobre cuestiones culturales japonesas. La anécdota es que los libros se compraron en dos paradas opuestas, separadas solo por un par de metros. Es decir, que saltamos casi un siglo con un par de pasos.
El primer libro que compramos ha sido “Mangavisión: guía del tebeo japonés“, de la mítica colección de la Biblioteca del Dr. Vértigo, según parece, fue el primer libro sobre manga que se editaba en el Estado. En su contraportada, el autor Trajano Bermúdez describe como en 1995 las librerías especializadas habían cambiado su fisonomía, y que el manga cada vez tomaba más protagonismo. ¿Se imaginaría que 15 años después el número de publicaciones de manga se habría multiplicado tanto?
Pero aún sería más interesante saber qué pensaba Antonio García Llansó cuando publicaba en 1906 su libro “Dai Nipon (El Japón)”, descubriendo un país que para entonces se sabía poco o absolutamente nada (ni siquiera donde estaba). ¿Sería capaz de imaginar que 90 años después se iniciaría un boom que llevaría Japón a ser un país “de moda”?
El segundo libro que hemos comprado es seguramente el más interesante. En una edición que puede rondar el 1915, el libro fue publicado originalmente en 1906, es decir, antes de la Primera Guerra Mundial, y cuando la restauración Meiji no era algo tan lejano. Su autor, fue designado por el “Mikado” (así llamaban antes al Emperador de Japón) como juez para la Expo Universal de 1888 que se celebró en Barcelona. El libro es un repaso muy interesante de “El Japón”, un país tan exótico como desconocido por esa época, y que nos introduce en un popurrí cultural muy interesante: historia, religión, construcciones y comunicaciones, los samurais, la prensa, la política, la literatura, el arte dramático, el teatro, los cuentos, la poesía, y otros aspectos culturales que pueden ayudar a hacerse una idea muy general de como es una cultura.
El libro está bien ilustrado con “grabados”, que para muchos lectores serían seguramente las primeras imágenes que habrían visto en su vida de Japón (y quizás las últimas). Lo interesante de esta lectura será ver hasta qué punto han cambiado las concepciones sobre Japón de inicios del s.XX, con las que tenemos iniciado el s.XXI. ¿Qué pensáis? ¿Habrán cambiado mucho? Seguramente menos de lo que uno esperaría y desearía.
Japonés (sin viñetas), por Marcelino Bernabé.
Un diccionario pre-normativas de romanización.
Grabado de la familia Imperial de entonces, aún con el “emperador Meiji”.
EL PROGRAMA SE REPETIRÁ JUEVES 27 A LAS 18.30H EN CANAL 33, Y EL SÁBADO 29 A LAS 21.15H EN CANAL 33. TAMBIÉN PUEDES VERLO EN STREAMING CLICANDO AQUÍ.
Saludos cosmonautas,
“Generació Digital” es un veterano programa de la radio catalana sobre videojuegos y nuevas tecnologías que hace unos meses ha dado el salto a televisión, y se puede ver cada miércoles a partir de las 23h en el Canal 33 (de TV3). Cada uno de los programas tiene un tema principal y un invitado más o menos relacionado con este tema. Esta semana, coincidiendo con la celebración del Saló del Manga de Barcelona, el tema escogido es Japón, un país vital para la llamada “generación digital”. Y adivinad quien saldrá en el programa de hoy…
Jordi Sellas y Gina Tost son los presentadores del programa, aunque cuentan con otro gran equipo de GameMasters (foto).
Aunque la pieza se central será la entrevista a los músicos de Delafé y las Flores Azules, una de las secciones del programa de hoy estará dedicada a aquellas cosas que nos han llegado del Japón, así como a aquellas cosas que no nos han llegado. La noticia es que un servidor es uno de los tres invitados de la sección, así que podréis verme hablando de cosas #TLQM en televisión, con el momento estelar en el que utilizaré mi cinturón de Kamen Rider Decade a modo de demostración. Aún no sabemos exactamente qué partes de la entrevista han acabado en el montaje final, pero en cualquier caso seguro será de vuestro interés. Aunque nosotros no hablaremos de manga, sí lo hará Verónica Calafell de Daruma (a quien seguro conocéis sobradamente), todo un honor compartir “cartel” con ella.
Así que esta noche podéis sintonizar el Canal33 a las 23.10h para una buena dosis de #TLQM. Pero si no os llega la señal a vuestro televisor hay otras opcione. En 3alacarta se pueden ver los programas de TVC en directo. Pero si no podéis hoy, después se podrá ver via streaming. Atentos al blog de Generació Digital.
¡Podéis comentar el programa en Twitter con el hashtag #GDTV!
actualmente se está realizado en Casa Àsia de Barcelona una exposición organizada por The Japan Foundation con el título “Japón: paraíso de las mascotas” (Japan: Kingdom of Characters). Repartida en dos plantas del edificio, se nos propone un recorrido a través de las mascotas o iconos más populares de los últimos 50 años. Desde Hello Kitty a Kamen Rider, pasando por Evangelion, Pikachu, Gundam, o los gatos vestidos como personas, la exposición no sólo quiere mostrar, sino también explicar el porqué de esta fascinación nipona por los personajes de ficción (algo que se explica mejor en su imprescindible folleto explicativo – en inglés – que en la exposición en si). Nosotros nos llevamos a Adrià Montiel, creador de Publicidad Japón, para ver y comentar el mundo de la mascota nipona, que él conoce muy bien desde su perspectiva de publicista. Adrià nos contará porque en su opinión la mascota triunfa tanto en Japón, y nosotros, en agradecimiento, le mostraremos otra cosa.
La exposición se podrá ver en Casa Àsia de Barcelona hasta el 20 de Noviembre y luego se trasladará al Museo ABC de Madrid. ¡No olvidéis visitar la página de Adrià para más masconesas!
Sam Dunn es un nombre que a varios metalheads les debe sonar a estas alturas, o debería sonarle a cualquiera que tengo un mínimo interés por la historia del Metal, y más concretamente, por la cultura del Metal como fenómeno social. Estando ahora al frente de una productora especializada en hacer vídeos de conciertos, su nombre saltó a la palestra en 2005 con “Metal: A headbanger’s journey”, un documental que pretendía dar una respuesta antropológica al fenómeno del Metal, un género tan amado y a la vez tan odiado. Gracias al éxito cosechado, poco después llegaría una especie de segunda parte llamada “Global Metal”, en la que Dunn se patea casi todo el globo (Brasil, Japón, Dubai, Indonesia…) para entender las particularidades del Metal en cada país (con un resultado incluso superior a “Metal”).
METAL: A Headbanger’s Journey (2005)
El primero de los documentales empieza con la historia del propio Sam Dunn, un antropólogo con una gran pasión por el Metal en todas sus formas, desde Iron Maiden hasta Mayhem. Algo frustrado por el desprecio y la incomprensión que la mayor parte de la sociedad demuestra hacia esta música, se embarca en un viaje para comprender, no sólo sus orígenes musicales y los distintos estilos, sino también las raíces culturales del Metal como fenómeno social y antropológico. Un viaje para el conocimiento, que le servirá, en parte, para replicar muchas de esas críticas, tan duras en tierras americanas.
La primera parte de “Metal” es seguramente uno de los mejores repasos que hemos podido ver a nivel audiovisual de los orígenes del Metal, y nos lleva a las mismísimas raíces del estilo, e incluso más allá. Todo esto se realiza con la ayuda de músicos de la talla de Tony Iommi, Dio, Rob Zombie, Alice Cooper e incluso Slipknot, que sirven ellos mismos de ejemplo para explicar porqué el Metal es como es. Una de las teorías más interesantes, pero a la vez más discutibles, es la del origen (innegablemente) obrero del Metal, que refleja la depresión y la frustración de una clase baja, principalmente inglesa, pero también la criminalidad, los abusos y las familias desestructuradas, en su lado más “americano”. La nota interesante/graciosa es ver que, muchas de estas familias obreras, vivían del sector de la metalurgia. ¿Pero es condición indispensable este trasfondo para ponerse a tocar Metal?
Otro de los puntos interesantes de la primera mitad es la descripción que se hace del Metal, llegando a unas conclusiones que, si bien eran fácilmente aplicables en las bandas de Heavy Metal de los 70, ya no lo fueron en los 80 (¿todos los cantantes de Metal cantan agudo?). Pero afortunadamente, Sam Dunn no se encasilla, y dedica su tiempo a hablar de otros estilos alejados del cliché, como puede ser el Black Metal (incluyendo viaje a Noruega), o hablando de la controversia del Death Metal (con las portadas y canciones censuradas de Cannibal Corpse).
Gaahl de los noruegos Gorgoroth, en uno de los momentos más hilarantes del documental.
La segunda mitad del documental es donde se llega más a las entrañas del Metal, pero es también quizás donde se deja aflorar más el romanticismo fan, perdiendo un poco la rigurosidad que se prometía al principio. Allí se habla de los fans, y se intenta explicar la razón de su atracción por una música, que a la mayoría les acompañará toda la vida, e incluso marcará su forma de vivir y entender el mundo (algo que otros estilos musicales, más pasajeros, ni llegan ni pretenden conseguir). Allí también llega el momento de tocar algunos de los aspectos más controvertidos, la influencia que el Metal tienen en sus fans, o mejor dicho, “la terrible y peligrosa influencia que ejerce esta música del demonio”. Se tratan aquí las cuestiones de la censura, la religión (sobretodo el satanismo o el anticristianismo), pero también hay tiempo para hablar de la sexualidad (especialmente centrándose en el fenómeno del Glam Metal – con algunas interesantes observaciones).
Después de haberlo visto al menos en tres ocasiones, seguimos quedándonos con las ganas de más. Más profundidad en algunos temas, más aspectos a tratar (¿la industria qué papel juega en todo esto? ¿y la prensa?), pero también más duración. Al final, la sensación que deja es que el fan ha podido más que el antropólogo. Pero al mismo tiempo, preferimos que esta explicación del fenómeno llegue de manos de alguien que lo entiende y lo vive, y que tenga cierta capacidad para analizarlo, que no del típico investigador “objetivo”, que difícilmente será capaz de poner las cosas en su adecuada perspectiva. En definitiva, “Metal: A headbanger’s journey” es por ahora una de las mejores aproximaciones a la explicación del Metal y todo lo que le rodea, hecho con cariño, y al mismo tiempo rigor, y que quizás con algo más de metraje habría podido llegar mucho más lejos (pero quizás no sería tan comercial).
GLOBAL METAL (2008)
Y la respuesta a nuestras peticiones llegó tres años después con “Global Metal”, que si bien no es una segunda parte estricta, sí ofrece una visión del Metal mucho más rica, con todos los matices que las distintas culturas que han abrazado el estilo han aportado.
Es innegable que el Metal es un producto originado entre los intercambios musicales de Inglaterra y Estados Unidos, pero ya en los años 80 la globalización del Metal se hizo patente con bandas como Sepultura, y actualmente está luchando por hacerse un hueco en culturas tan dispares como la china, la india, e incluso la iraní. A estos, y otros países, es donde Sam Dunn viajará para conseguir esa visión multicultural del fenómeno del Metal, intentando encontrar qué han aportado los distintos países al Metal, pero también descubriendo como este producto encaja en su cultura.
Como parece lógico, el documental empieza con Brasil, para hablar de Sepultura, seguramente la banda de Metal, no americana/inglesa, más famosa e importante de la historia. Dunn busca en prácticamente cada país cual fue el punto de inflexión, el momento en que el Metal entró con fuerza en cada país, y en Brasil fue el festival Rock in Rio, toda una institución en los 80 (ahora completamente desvirtuada). Aquí destaca sobretodo la aportación de Max Cavalera, con interesantes reflexiones sobre lo universal de la música de Sepultura.
El viaje nos lleva después hasta Japón, donde se nos hace la interesante reflexión de la convivencia de dos escenas que prácticamente se ignoran la una a la otra: la escena del Visual Kei (formado exclusivamente por bandas japonesas) y la del Metal, digamos, occidental (donde dominan las bandas extranjeras, pero también hay lugar para las niponas que tocan con “estilo occidental”). Aquí entrarán en escena Marty Friedman, una de las mejores personas para hablar de ambos mundos, pero también Yoshiki (de X Japan) y uno de los integrantes de Sigh, que con una simple frase lo dice todo: “el Metal es cool, y el Visual Kei no lo es”.
Después llega el turno de los dos grandes países emergentes del momento, China e India. Aunque son obvias las diferencias culturales entre Japón y occidente, es cierto que llevan muchos años bajo la influencia de la cultura americana, y por lo tanto, que el Metal tenga una muy buena salud no es nada extraño. Pero China e India ya son otra historia. La barrera cultural es mayor, sobretodo por el control que ejerce el gobierno chino en cuanto a las influencias externas, y por el peso de la tradición en la India (donde además tienen Bollywood, que no sólo gana en el cine, sino también en el apartado musical). Aún así, hay fans devotos que luchan contra los prejuicios de su sociedad (donde la incomprensión es mucho más acusada). Lo que más destaca de estos países es que, a diferencia de Brasil y Japón, en el momento de hacer el documental aún no habían podido ver a ningún gran grupo de Metal actuando en su país (lo que acostumbra a ser el punto de inflexión para el inicio de un boom musical).
Y si en China o en la India tienen problemas con la censura, Irán ya llega a ser incluso peligroso. De hecho, el equipo de grabación no obtuvo los visados para entrar al país, así que tuvieron que encontrarse con algunos de los fans del Oriente medio en Dubai, durante la celebración del Desert Rock Festival (el único festival de Metal que se celebra en los países árabes). Allí nos contaran como se les puede llegar a detener por llevar el pelo largo, y camisetas de grupos de Metal, ya que se les puede acusar de “adorar al demonio”. Algo parecido pasa en Indonesia, aunque con algunas diferencias significativas (allí sí han actuado muchos grupos de Metal, y algunos no ven contradicción alguna entre su fe musulmana y escuchar música Metal). Finalmente, Sam Dunn se fue a uno de los puntos calientes del globo, Jerusalén, para comprobar como la música puede ayudar, o no, en estos eternos conflictos.
Desde las “primaveras árabes” se ha hablado bastante en los medios generalistas del papel que el Metal está jugando en países como Irán, y Sam Dunn tiene el mérito de haber expuesto, queriendo o no, este poder que puede llegar a ejercer la música en la sociedad (un poder que seguramente ya no tiene en las sociedades occidentales). Pero no es este el único mérito de “Global Metal”, y es que su autor ha conseguido mostrarnos, de una forma mucho menos subjetiva que su predecesor, como se vive el Metal en el mundo globalizado del s.XXI, llevando el documental hacia un terreno que va mucho más allá del “típico documental sobre música que sólo gusta a los fans”. Y es que estamos convencidos que “Global Metal” pueden ser un producto interesante tanto para el aficionado (a quien le encantará ver a Lars Ulrich, Max Cavalera, Kerry King, o Bruce Dickinson) como para el neófito (que no tiene ni idea de quienes son esta gente, pero puede interesarle este fenómeno de la globalización).
Ambos documentales se pueden conseguir tanto por separado como en un pack conjunto. Si bien “Global Metal” es escaso en cuanto a extras, “Metal” tiene cosas tan suculentas como un pequeño reportaje sobre el Black Metal, versiones extendidas de las entrevistas, y escenas eliminadas. Todo ello, material indispensable para cualquiera con un mínimo interés por el Metal en todas sus formas.
PD: Por cierto, aquellos que odian a Lars Ulrich por el “caso Napster”, podrán regodearse cuando el batería de Metallica se retracte de lo que hicieron en “Global Metal”.
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