Archivos en la Categoría 'Istanbul'

07
oct
10

La Arcadia en istanbul: Dia 3 (Topkapi, Harem, Taksim)

Saludos cosmonautas,

seguimos con el 3er día en la capital no oficial de Turquía, y hoy os mostraremos quizás el mayor contraste, viajando desde el centro del poder otomano, el Palacio de Topkapi, pasando por su harén, hasta llegar a Taksim, la zona más moderna de Istanbul.

Un par de recomendaciones a los viajeros. En primer lugar, no olvidarse de la zona de Taksim. En Sultanahmet se encuentran prácticamente todos los monumentos y lugares turísticos destacados, y parece ser que hay viajeros que nunca llegan a salir de esa zona. Pero eso es quedarse con una única parte de la ciudad, mucho más cuidada y preparada para el turista… y también menos “real”. Taksim ya es mucho más la ciudad moderna que debería ser un lugar como Istanbul, y es posible que a muchos les guste incluso más que Sultanahmet.

En segundo lugar, si no sois unos grandes amantes de visitar museos, o tenéis tiempo limitado, os recomendamos que en vuestra visita al Palacio Topkapi vayáis directamente a la zona del harén. Hay que pagarlo aparte, pero eso ya da pistas de que es un sitio mucho más interesante. Y es verdad. El resto es mucho más repetitivo, y suele haber mucha más gente.

Pero basta de palabras, vamos a la imágenes…

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27
sep
10

Diario de viaje ilustrado

Saludos cosmonautas,

podemos decir sin dar pie a discusión que La Arcadia de Urías es un blog bastante variado, aunque existe casi siempre un hilo conductor, o un “algo” en común que lo une todo (todo lo que mola), la disparidad de temas que tratamos es a veces exagerada, y cualquier “editor” de un medio más serio se tiraría un tiro si tuviese que poner orden, pero afortunadamente no somos nada serios y es por ello que hacemos siempre lo que nos da la gana. Pero, hay un pero, nos hemos dado cuenta de que sí tenemos algunos temas estrella que destacan muy por encima de los demás, y exceptuando la categoría de videos, hay uno en especial que se lleva la plama en la “nube de tags”. Y no, no es tokusatsu, se trata de la categoría de “Viajes“. Lo curioso, es que muchos cosmonautas no consideran este blog como uno de viajes. ¿Por qué será? Ya nos lo contaréis.

En cualquier caso, sí nos consideramos viajeros, de hecho, la Arcadia nunca para, siempre surca los mares del universo. Y hay algo que compartimos con muchos de los viajeros que hay por el mundo, y también con muchos otros blogueros, y es que solemos hacer un diario de nuestros viajes. Aunque debemos confesar que solemos empezar escribiendo mucho y con bastante detalle, pero al final apenas escribimos.

Así que, este verano, en nuestro viaje a Istanbul, pensamos como llevar un diario del viaje de una forma más sencilla y efectiva. Y es que cuando uno llega por la noche cansado en al hotel, lo que quiere es dormir, y requiere una buena dosis de voluntad ponerse a escribir. Lo que se nos ocurrió fue hacer un diario de viaje ilustrado, una imagen vale más que mil palabras, ¿no? Pues esa era la idea. Y aprovechando algunas sobremesas o pequeños momentos de relax, nos pusimos a resumir los días de viaje en sencillos dibujos que ahora queremos compartir con vosotros.

Ésta de arriba fue la primera página de todas, y la hicimos durante nuestra primera comida en tierras turcas. Como no podía ser de otra manera, empezamos con un Doner Kebap, comimos un “rice pudding” de postres, parece que un postre típico de ahí, y rematmos con un té negro. Y durante nuestra comida, gozamos un buen rato de la compañía de un gato.

Aquí tenemos un retrato del segundo día, algo que ya habéis podido ver en uno de nuestros videos. Aquí podemos ver el Sol Abrasador de Turquía, que nos ataca mientras cruzamos el espacio que separa Aya Sofia de la Mezquita Azul. Así como unos detalles, díficiles de comprender, de los monumentos del antiguo hipódromo. Debajo de todo, la Cisterna Basílica.

Si leísteis nuestro post sobre los baños turcos y japoneses, seguro que esta imagen no necesita más explicaciones. Y si no lo has leído, ¿a qué esperas? Clica aquí.

No es que el diario fuese corto, sinó que lo vamos a dosificar, y a partir de ahora usaremos algunas de las páginas para ilustrar los próximos posts sobre el viaje. ¿Qué os ha parecido como alternativa a las parrafadas de los típicos diarios de viaje? (¡Y que conste que no es un a crítica, ya nos gustaría tener suficiente voluntad para hacerlos más completos y detallados!)

Y por cierto, ya ha empezado Pekín Express, este año corriendo por el sudeste asiático, visitando Vietnam, Laos, Cambodia, Tailandia e Indonesia. Normalmente no os recomendaríamos un programa de televisión, pero debemos confesar que somos grandes fans de este concurso, que tiene sus más y sus menos, pero seguro que cualquier viajero sabrá aprovecharlo.

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24
sep
10

La Arcadia en Istanbul: Dia 2

Saludos cosmonautas,

antes que nada una buena notícia, y es que ayer mismo aparecieron las primeras clasificaciones parciales para el Bitácoras 2010 en la categoría videoblog y hemos conseguido colarnos, ni más ni menos, que en el cuarto puesto. Esto es algo que ni en sueños pensábamos que podría llegar a pesar (en realidad, soñamos que llegamos al séptimo puesto, no es coña), y aunque es algo completamente provisional, nos da muy buen feeling. Recordad que podéis seguir votando, y que para ello debéis registraros en Bitácoras, votar un par de posts y dejar algún comentario en el portal. Para llegar a la final tenemos que estar entre los tres primeros, ¡así que sólo nos falta un empujoncito! ¡Y muchas gracias a todos por vuestros votos, apoyos y RTs!

Y como se supone que somos un videoblog, hoy volvemos a la carga con los videos que realizamos en nuestro último viaje a Istanbul. Hoy os mostraremos algunas de las cosas que hicimos en nuestro segundo día de viaje: visitas a las mezquitas, el famoso Gran Bazar, una curiosa cisterna gigante bajo tierra, y también las desiertas calles minutos antes de que empezaran los festejos del Ramadán. ¡Disfrutadlo!

Podéis ver la primera parte clicando aquí.

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23
sep
10

Hamam y sento, los baños turcos y japoneses

Saludos cosmonautas,

hoy queremos hablaros de una de esas experiencias viajeriles que, para cualquiera con un mínimo de interés por la cultura de un país, hay que probar. Nos estamos refiriendo al sano hábito del baño. Lo cierto es que en nuestra cultura mediterránea de raíces griegas y romanas existía una cultura de los baños, pero hoy en día es algo que ha desaparecido totalmente de nuestros hábitos o de nuestras calles, y lo más parecido que podemos encontrar son los spa urbanos y similares. Pero si vamos a otros lugares como Japón, Turquía o quizás Islandia, veremos que lo de los baños sigue siendo algo a la orden del día.

Aunque está claro que en estos países pueden explotar sus baños de cara al turista, sigue siendo un hábito que mucha gente de la calle practica a diario. Aún no podemos hablaros de los baños a la islandesa (Pau ya lo ha hecho), pero sí podemos hablaros de como son los baños japoneses y los turcos. No es nuestra intención establecer comparaciones, más bien queremos relataros nuestra historia particular en cada uno de ellos.

SENTO (銭湯)

Empecemos por el primero, y nos remontamos al 2007, nuestro primer viaje a Japón, y más concretamente a Kyoto. Era nuestra última noche en el país y no queríamos marcharnos de ahí sin haber probado la experiencia de los baños públicos. Habíamos leído y visto muchas historias al respecto. Temas históricos como la prohibición de los baños mixtos de cuando damas victorianas empezaron a llegar a Japón y se escandalizaban por semejante barbaridad pornográfica; se les dijo a los japoneses que separasen el baño de hombres del de mujeres, y lo que hicieron fue poner una cuerda en mitad de la piscina (que algunos osados cruzaban de vez en cuando a modo de protesta). Pero también hemos visto los baños nipones recreados en decenas de manga y anime, con una visión a menudo más idealizada y/o pervertida del asunto (no si, las damas victorianas no iban tan mal encaminadas).

Pero había llegado el momento de probarlo en nuestras carnes. La Comandante, su hermana, y un servidor, pedimos indicaciones al ama de nuestra casa de huéspedes, y en unos minutos nos plantamos en unos baños públicos que podríamos decir eran “auténticos”, es decir, de los que usaba la gente de ese humilde barrio de Kyoto. Hicimos buena memoria de los kanjis de hombre y mujer para no cagarla al entrar, y es que la división ya se hacía desde la misma entrada que daba a la calle. Las dos chicas se fueron por su lado y un servidor se quedó solo ante el peligro. Y es que tenemos que reconocerlo, era nuestra primera vez, y sabiendo lo amantes que son los japoneses de los rituales y la poca información que teníamos al respecto, estábamos un poco desorientados (y estar desorientado y en pelotas es aún peor).

Justo al entrar ya teníamos lo que era la zona de vestidores, es decir, que con un poco de viento y que se levantara la cortina de la calle algunos nipones podrían haber visto perfectamente el culo de un gaijin muy alto. Nos asignaron una taquilla, nos ofrecieron una pequeña palangana y una pequeña toalla. Y venga, para adentro. Entramos en la zona del baño, que afortunadamente no estaba muy poblado, ya que era de tamaño bastante reducido. Varios grifos en la pared y en la mitad de la estancia, tres piscinas a un lado, y otra en el fondo. Muy bien, ¿y ahora qué?

Empecé a fijarme, con todo el disimulo posible, en lo que hacían los demás. Uno se afeitaba, y otro par se relajaban en las piscinas. No daban muchas pistas, y evitaban cruzar la mirada en todo momento con un servidor. Así que me senté en uno de los taburetes delante del grifo. Me eché un poco de agua, y venga, jabón y a frotar. Pero… ¿para qué servía la palangana? Desafortunadamente descubrí hasta más tarde que había que llenarla de agua para poder echársela por encima y quitarse el jabón. Así que, los presentes, de haberme dirigido alguna mirada, habrían podido disfrutar de mis intentos de meterme debajo el grifo, coger agua con las manos, intentando mojarme el cuerpo entero. En fin, todo un espectáculo vergonzoso.

Cuando me parecía que ya me había quitado de encima todo el jabón (había leído que eran muy escrupulosos con eso, y uno no podía meterse en el agua sin estar completamente limpio), llegó el gran momento, el de meterse en las piscinas. ¿El primer error? Meterme en la más caliente de todas, y es que cada una de ellas tenía una temperatura distinta. Pero como no quería hacer el panoli, seguí en mis trece e intenté hundir el cuerpo todo lo que pude. Y pensaba que me moría. ¡Estaba quemando! Pensaba que iba a desmayarme. Pero aguanté uno o dos minutos, y me cambié de piscina… ¡qué descanso!

Al salir, y después de esperar un buen rato, Comandante y compañía salían todas contentas. Mientras a mi me habían ignorado todos los hombres, ellas fueron recibidas con alegría, y las mujeres del baño fueron guiándolas por todo el proceso para que lo hicieron correctamente… si es que somos antipáticos los hombres…

Os dejamos aquí un video de Flapy, en el que nos hace un recorrido por uno de estos baños. ¡Me habría venido bien que lo hubiese hecho antes! Aunque cabe decir que aquí se puede coger el grifo en plan ducha, y en el que fue un servidor no era posible.

Podéis leer el post original aquí.

HAMAM (hammim)

Los famosos baños turcos de los que todos hemos oído hablar. Imágenes de hombres sudorosos, mármoles ardientes, y exfoliación salvaje. Teníamos que vivir la experiencia. A eso de las ocho de la tarde nos dirigimos a unos baños que sin duda eran de los de toda la vida pero que se habían reconvertido para el turismo. Aún así, parecía que seguían siendo bastante auténticos (es decir, cutres).

Nos recibían en una gran sala en la que había dos pisos llenos de pequeños vestuarios individuales de madera. Era sólo para hombres, ya que las mujeres tenían su propio hamam (aunque parece que también existen los mixtos, aún más turísticos). Allí uno tenía que desnudarse, enrollarse una especie de toalla (aunque parecía un mantel), ponerse unas chancletas sospechosamente húmedas y acompañados de un señor igualmente “entoallado”, bajito, redondito, calvo, con bigote y pelo en pecho, nos dirigimos al “hamam”. Allí nos indicaba con una especie de sonidos guturales y la ayuda del dedo qué era cada cosa. Señalaba y “hamam”, señalaba y “sauna”, señalaba y “groar”.

No podemos decir que su expresividad no fuera suficiente, entendimos perfectamente los pasos a seguir. Lo primero fue el hamam propiamente dicho. Una gran sala con unas bóvedas con el clásico estilo árabe, con una humedad brutal, y llena de pequeñas fuentes que servían para refrescarse de vez en cuando. Un rato tumbados encima de los azulejos blancos y, siguiendo las instrucciones del señor bajito, redondito, calvo y con bigote, entramos en la pequeña sauna. Allí el calor ya era insoportable. Lo único que lo hacía más llevadero era el fuerte olor a eucalipto, pero no aguantamos más de dos minutos, y al salir la temperatura y humedad del hamam parecían gloria.

Sin apenas tiempo para digerir la experiencia. Llegó de nuevo el señor bajito, redondito, calvo y con bigote. Llegó el momento… ¡de la exfoliación! Cogido de la mano, me llevó fuera del hamam, me sentó, y con mucho amor, empezó a enjabonarme. Había visto unas fotos muy sospechosas en el folleto promocional del lugar, y la verdad es que temía que me enjabonara, de verdad, por TODAS PARTES. Así que, cuando empezó a meterse por los muslos mi cuerpo se tensionó bastante, y fuera o no por ello, afortunadamente  no fue a más. Fufff. Pero fue entonces cuando sacó… el guante. Se lo enfundó y empezó a exfoliarme salvajemente… con el mismo guante con el que había exfoliado seguramente a miles de turistas.

Una vez bien rascadito, llegaba el momento del masaje. Junto a un compañero mío nos llevaron a otra estancia en la que había dos “camillas” de mármol en las que nos tumbamos. Fue entonces cuando empezó la tortura. Si uno pensaba que este masaje iba a ser de lo más relajante, estaba equivocado. Nos retorcieron todo el cuerpo (juro que pude oír un “crec” en mi pecho), nos apretujaron con todas sus fuerzas contra el mármol, e incluso el señor bajito, redondito, calvo y con bigote resoplaba mientras lo hacía. Y entonces, llegó el gran momento…

Me dí la vuelta, cuando estaba de cara a la Meca y con el culo a Istanbul, y mi masajista empezó a subir por las piernas, pude ver como cuatro tíos delante de mi empezaban a desnudarse. Esto tenía demasiada pinta de peli de gladiadores, así que le sugerí a mi compañero que, aprovechando todo la espuma que teníamos en el cuerpo, nos deslizaramos fuera del alcance de nuestros respectivos señores bajitos, redonditos, calvos y con bigote, y nos fugaramos con la cola entre patas. En realidad no fue necesario, pero lo raro todavía no había terminado.

Cuando nos soltaron, después de la paliza, con esa labia que les caracterizaba nos indicaron que podíamos volver un rato al hamam y a la sauna. Eso hicimos, y aprovechamos también para visitar la piscina (aseguraban que eran el único hamam de la zona que tenía). Tampoco duramos mucho ahí, ya que al cantidad de pelos flotantes era algo preocupante. Al salir del hamam el señor bajito, redondito, calvo  y con bigote me esperaba con otra toalla. Tocaba que me duchara y me cambiase de toalla. Pero antes, mi masajista me cogió de la mano, me dijo que le mirase la cara y la recordara… aunque en el precio estaba incluída la propina, este nuevo amigo quería que le diese un extra al salir, y claro, al ser todos muy parecidos, me iba a costar acordarme.

Al salir me esperaba otro señor (lógicamente, bajita, redondito, calvo y con bigote). Me sentó en un banco, cogió una toalla, y empezó a secarme. Lo hizo con mucho amor. Realmente me sentí como cuando tenía 5 años y me bañaban mis padres. ¿De verdad me estaba secando un señor turco? ¿Por qué? Fue una experiencia desconcertante. De verdad, lo hizo con mucho amor, sin mariconadas, pero con mucho amor.

Y con esto terminamos este higiénico post de hoy, animando a todos los viajeros que, vayan donde vayan, procuren vivir la experiencia de los baños locales. No sólo por su valor cultural, sinó también porque siempre ofrecen divertidas e inolvidables experiencias (aunque a veces sufras un poco).

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17
sep
10

El ramadán, y mucha, mucha carne

Saludos cosmonautas,

a esperas del próximo video sobre nuestro viaje por Istanbul (podéis ver aquí el primero), hoy queremos hablaros del ramadán. Por casualidad, llegamos a la ciudad un día antes de que empezaran estos festejos, y es que allí se vive más como una fiesta que como una historia religiosa fundamentalista super chunga, que es lo que a menudo pensamos los no musulmanes. De hecho, nos encontramos casi todas las mezquitas con lucecitas en plan “feliz ramadán”, que prácticamente cada noche había conciertos en distintos puntos de la ciudad, y en la televisión había muchos programas dedicados al evento.

Pequeño apunte cultural: el ramadán se celebra en el noveno mes del calendario musulmán (que es lunar), y básicamente consiste en ayunar desde que sale el sol hasta que se pone (y eso incluye el agua, la comida y las relaciones sexuales). El motivo, según dicen, es para ponerse durante un mes en la piel de los más desfavorecidos. Y de hecho, si uno tiene que romper el ayuno por cualquier motivo, hacer una buena obra puede compensarlo. Si queréis saber más sobre el ramadán, o como practicarlo si eres un astronauta musulmán, Wikipedia.

Cabe decir que Turquía sería uno de los paises musulmanes menos estrictos (el Estado es laico, por ahora), y no parecía que todo el mundo practicase a rajatabla la tradición, pero tampoco nos pusimos a comprobar si la gente que llenaba restaurantes al mediodía era local o turista. De todos modos, fuimos testigos de como empezaba la primera cena del primer día del ramadán. Caminando por calles completamente vacías, apenas se nos cruzaron un par de gatos, llegamos hasta una zona donde muchos comerciantes tenían una mesita plegable con lo que parecía ser un plato típico para la ocasión (se repetía en distintas mesas). Alrededor, hombres de todas las edades esperaban atentos sin tocar ni siquiera los cubiertos. Y es que había que comenzar en el momento oportuno. Al cabo de unos minutos, empezaron a sonar proclamas desde varios minaretes que indicaban que ya se podía empezar a comer. Una estampa curiosa que, por respeto y también algo de vergüenza, no nos atrevimos a filmar ni retratar.

En muchos restaurantes, durante todo el mes, se ofrecían menús especiales para el ramadán. Por una de esas casualidades de la vida acabamos en uno de estos restaurantes, y nos convencieron (casi obligaron) a que escogiésemos el plato especial que preparaban ese día, una enorme bandeja de carnes de todo tipo (menos de cerdo, claro) que a nuestros ojos parecía algo colosal. Y es que, si algo abunda en Istanbul, es la carne. Carne a cascoporro.

Y para terminar, una foto de los dos héroes de la noche, que casi consiguieron acabar con la bandeja: ¡un aplauso para Urías y Titus! ¡Estos dos sí que sudaron la gota gorda! ¡Qué estómagos!

Este post se ha inspirado en el micropost de Ale sobre “la bandeja de sashimi más grande que he visto en mi vida“.

PD: huelga decir, que los dos volvieron del viaje con sendas gastroenteritis.

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14
sep
10

La Arcadia en Istanbul: Bazar de las Especias y Mezquita Nueva

Saludos cosmonautas,

ya hemos soltado algunos posts del que ha sido nuestro viaje veraniego (el museo del Juguete o la censura de YouTube y Ataturk) . Cogimos la Arcadia y nos plantamos en la calurosa Estambul, una capital que no lo es, pero que fue el centro del gran imperio otomano. Hoy en día se habla de Turquía como el país “bisagra” entre Europa y Oriente Próximo, y de Estambul como una mezcla de la cultura musulmana y la europea. Nosotros ya hicimos nuestra reflexión al respecto (la podéis leer aquí). Pero ahora toca pasar a la acción y dejar que el video os muestre de forma más directa lo que nos encontramos ahí. Ahí va la primera entrega de “La Arcadia en Istanbul”.

Interior de la Mezquita Nueva.

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25
ago
10

Istanbul, ah Istanbul

Saludos cosmonautas,

poco a poco iremos soltando prenda de lo que ha dado de si esta semana en la que hemos dejado litros y litros de sudor por las calles de la antigua Constantinopla. Pero creemos que sería bueno empezar por una breve valoración global del viaje, que nos sirva para ordenar en nuestra cabeza la experiencia vivida.

Pongámonos en antecedentes. Llevamos desde el 2006 haciendo viajes largos, 3 veces a Japón, un par a China, un viaje a Estados Unidos por enmedio, y otras fugaces escapadas a algunas capitales europeas. No podemos quejarnos del ritmo y la distancia cubierta, pero este año con una mudanza por enmedio tocaba hacer algo más corto (y barato). Y aunque hubo cierta dicusión, al final se decidió ir a Istanbul (y aquí el precio fue un argumento de peso). Debemos confesar que no íbamos con mucha predisposición, estábamos llenos de prejuicios, y lo que más temíamos era que nos metiésemos en una especie de trampa para turistas. Pero en seguida, y a través de Twitter, muchos nos animaron y nos aseguraron que Estambul nos iba a gustar, que nos sorprendería. Y nos convencieron, nos íbamos con mayores expectativas.

Estos siete días se conviertieron en una especie de travesía por el desierto. Primero, por el calor sofocante. Segundo, porque apenas encontramos lo que estábamos buscando, aunque en realidad tampoco sabíamos lo que era. No ayudaba en absoluto que los turcos apenas sepan lo que es el aire acondicionado. Y es que cuando uno sufre tanto calor, el viaje puede verse condicionado por la falta de energía y las constantes búsquedas de sombra y refresco. Pero vamos, que aún así nos pegamos horas y horas de pateadas cubriendo largas distancias.

Como siempre hay una primera vez para todo, el mismo día de nuestra llegada pusimos nuestros pies descalzos por primera vez en una mezquita. Y hacerlo en una de las grandes mezquitas que hay en Istanbul es hacerlo por la puerta grande. Fue de lo que más nos gustó del viaje. A pesar de la cantidad de visitas, se puede captar esa tranquilidad, esa atmósfera que invita a la meditación y la contemplación. Aparte de esto, en la famosa Mezquita Azul también se puede captar el horrendo tufo de pies de los miles de turistas que pisan sus alfombras cada día, ¡yeargh!

A esto le siguieron las visitas al museo de Aya Sofia, el Palacio de Topkapi (del que os recomendamos que paséis directamente al harén), los bazares y otras partes de la zona de Sultanahmet, la zona turística por excelencia de la que algunos visitantes apenas llegan a salir durante su estancia. Seguramente es la parte més “exótica” de la ciudad, pero al mismo tiempo es también la más turística,  y por lo tanto, la más explotada y de las menos “auténticas” de Estambul. Es cierto que hay un pedazo viviente de historia en cada rincón, pero esta todo tan bien puesto, tan bien arreglado, y tan lleno de gente… En definitiva, es de las partes que menos nos gustaron, y a pesar de sus esplendorosos monumentos, tanto turisteo acaba con las ganas que tiene uno de visitar y explorar.

Maria, fiel cosmonauta, nos advirtió que nos iba a gustar mucho más la zona moderna (léase occidental) de la ciudad, y no se equivocó. Cruzamos el puente de Galata en varias ocasiones para dirigirnos hacia la zona de Taksim, donde encontramos una gran calle comercial, también turística, pero que se comparte con los turcos de a pie, donde hay menos exotismo, pero se puede apreciar mejor como viven algunos de los habitantes de Estambul.

Sin duda, este es uno de los grandes contrastes que siempre se mencionan en cualquier guía, blog, o conversación sobre esta ciudad a caballo entre Europa y Asia. Al oír esto, nos vino a la mente el país en el que más contrastes entre lo moderno y lo tradicional hemos encontrado, Japón. Pero después de una semana ahí, después de habernos paseado por las zonas más turísticas, por zonas residenciales de clase media y baja, por la parte europea, por la parte asiática… la conclusión a la que llegamos es que más que contrastes culturales, lo que existe en Estambul son diferencias económicas. Es decir, la gente adinerada (o clase media alta) vive de una forma mucho más occidental, viste y vive como tal. Por otro lado, aquellos con menos recursos lo hacen todo de una forma más “tradicional”, eufemismo para decir que viven de forma pobre. Y parece que incluso Orhan Pamuk, el Premio Nobel de Literatura originario de Estambul, está de acuerdo con nosotros.

No es que nos aterre o no vaya con nuestro estilo visitar zonas menos desarrolladas, de hecho lo hicimos en nuestro viaje a Shanghai y fue precisamente en el Old Town donde más nos sorprendió la ciudad, pero lo cierto es que las zonas más pobres de Estambul lo eran en todos los sentidos, y ni siquiera parecían ofrecer ese toque “exótico” (otro eufemismo) que uno puede encontrar en otras zonas deprimidas del mundo. En muchos viajes nos dejamos llevar, improvisamos, nos salimos de la ruta para dejarnos sorprender, pero aquí, cada vez que lo hacíamos, el tiro nos salía por la culata y acabábamos andando bajo el sol por barrios decadentes (sin encanto) y con menos vida de la que uno esperaba.

Esto no significa que Estambul no tenga nada de interesante, quizás nosotros hemos tenido mala suerte esta vez. También es posible que nuestros anteriores viajes a países más lejanos hayan puesto nuestro listón demasiado arriba. Tampoco es cuestión de engañarse, Estambul es el exotismo barato para los europeos. Es decir, con vuelos de poco más de 3 horas, y a unos precios ridículos, uno puede viajar a un sitio “exótico” y en principio muy diferente culturalmente, pero en el fondo no es para tanto.

Estamos seguros de que muchos de los que han viajado a Estambul y han leído este artículo podrán rebatir nuestra opinión, y eso esperamos que hagan en los comentarios, pero para nosotros este es el primer viaje en el que, al volver a casa, no hemos sentido en ningún momento la sensación de que aún teníamos cosas pendientes por ver o hacer en Estambul. De todos modos, y aunque parezca mentira que lo diga después de esta parrafada, Estambul tiene encantos y tiene cosas interesantes e incluso #TLQM (ya vimos el Museo del Juguete), así que os seguiremos ofreciendo algunos posts con fotos y videos de lo más destacable de nuestra visita. Porque sí, porque nos lo pasamos bien (y porque cuando uno vuelve de un viaje, casi siempre olvida todo lo malo – o casi todo).

20
ago
10

El Museo del Juguete de Estambul

Saludos cosmonautas,

ya estamos de vuelta de nuestro viaje, y después de unos más que necesarios días de reposo, volvemos a las andadas para hablaros de nuestra aventura turca. Esta vez lo hacemos para hablaros de la cosa más #TLQM que hemos encontrado en Estambul, un museo del juguete. Lo cierto es que en esta ciudad no parece haber mucho espacio para nuestra idea de “todo lo que mola”, ya sea por su grandísima explotación turística, o porque su población no goza de los privilegios de otras sociedades y, por lo tanto, ciertas aficiones no se pueden cultivar.

Así pues, enterarnos de que en Estambul podíamos encontrar un museo dedicado al juguete, fue como agua de mayo para un servidor, y eso que en Agosto no llueve ni por asomo.  El descubrimiento lo hicimos a través de la revista Time Out Istanbul, y es que este museo no aparece en ninguna de las guías que hemos consultado. Suponemos que al encontrarse algo lejos de los circuitos turísticos habituales (está en la parte asiática y lejos de cualquier punto turístico), y que esté más pensado para turcos antes que para turistas (tienen la web en inglés, pero su personal no lo habla), no es extraño que nadie se haya molestado en incluirlo. Pero cosmonautas, eso es una ventaja. Durante nuestra visita al museo estuvimos solos la mayor parte de la visita, coincidiendo unos pocos minutos con unos japoneses, y otros pocos con una madre y sus dos hijos.

Para situaros un poco, este museo se llama Istanbul Yuncak Muzesi y es propiedad del poeta y escritor turco Sunay Akin, quien inauguró el museo un 23 de Abril de 2005 en su casa familiar. En el museo se nos cuenta una curiosa historia del propio Sunay Akin, quien a los 5 años se sacó unas fotos para immortalizar el día en que iba a ser circuncidado. El fotógrafo le prestó un barco para sacarse la foto, pero Sunay pensó que se lo estaba regalando, y cuando le dijeron que no era así tuvo un gran disgusto. 37 años después encontraría el mismo tipo de barco en un anticuario alemán.

La foto de Sunay Akin con su preciado barco.

Actualmente tiene en exposición 4000 juguetes (y tiene 3000 más en su colección), pero aparte de esto, toda la decoración de las salas está hecha con mucho esmero y dedicación. Aunque estaba prohibido grabar video y sacar fotos, no pudimos resistir la tentación. Esto es algo que hay que compartir y que servirá para animar a todos aquellos que piensen viajar a Estambul a visitar este precioso museo. Pero tenemos que pedir disculpas por la mala calidad de algunas fotos… y es que hacerlo a escondidas no siempre es fácil.

No sabemos exactamente qué pintaba este señor ahí enmedio, pero mola.

Una gran colección de “Teddy Bears”, cuenta con un ejemplar en negro que se hizo poco después del hundimiento del Titanic como homenaje.

Un Teddy Bear “warholiano”. ¿Sabíais que lo de “Teddy” viene de Theodore Roosevelt, Presidente de los EUA?

¡Bang, bang! ¡Lucky Luke! Indios y Cowboys, todo un clásico.

¿Os suena esta pieza? Es posible, porque ya os la mostramos en nuestra visita al Museu del Joguet de Figueres.

Superman comunista vs Superman.

¿Se supone que es Godzilla? No lo tenemos muy claro.

¡Eh! Nosotros también tenemos todos estos… aunque fuera de la caja… y no eran turcos.

Star Wars, El Planeta de los Simios… sólo falta Star Trek, ¡pero no me molesté en fotografiarlos! ¡Malditos trekkies!

Aquí podéis ver un ejemplo de la ambientación del museo. En muchos escapartes había ejemplares de revistas originales ilustrando los juguetes y su época.

Es normal encontrarse soldaditos en una colección de juguetes…

…pero esto no deja de ser algo chocante.

E.T. y Kennedy… y más abajo el coche del asesinato de JFK, con el periódico de la notícia detrás.

El juguete que más nos hizo reír: las botas lunares.

No podían faltar los robots japoneses. Lo cierto es que una buena parte de la colección consistía en piezas de Japón.

¡No podía faltar el dúo maravillas!

¡Fantástico! ¡Quiero uno igual!

Está claro que esto de las figuras de músicos no es nada nuevo.

Aportación española al catálogo. También os puede sonar del museo de Figueres.

Esto es casi como el Catolicismo Guai de “Dogma”.

Y hablando de religiones… las mascotas de los mundiales y un balón firmado por Pelé.

La habitación de los trenes, perfectamente ambientada con ventanas, asientos y puertas de trenes reales.

De camino al baño… una última sorpresa.

¡Y esto es el pasillo que lleva al lavabo!

Y aunque parezca mentira, detrás de esas escotillas hay peces de verdad.

¡Un museo que se merece el sello #TLQM! Clicando aquí podéis accerder a su página web.





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