Archivos en la Categoría 'Doctor Who'

28
feb
12

COUPLING, el “Friends” de Steven Moffat

Saludos cosmonautas,

Steven Moffat es un nombre que, a día de hoy, hace que le brillen los ojos a más de un fan. Primero por sus episodios en Doctor Who, premiados y de los más recordados de la era de Russell T. Davies como guionista, después Moffat acabó sustituyéndole y adoptando a Matt Smith llevó la Whomania a otro nivel (ni mejor ni peor). Por si esto no fuese suficiente, Moffat se lió con otro proyecto que ha tenido un éxito tremendo, “Sherlock”, que en poco tiempo se convirtió en otra serie de culto.

Lo que quizás sea más desconocido es su trabajo anterior, también en la BBC, en una serie llamada “Coupling”. A primera vista, una obra que apenas parece tener nada en común con aquellos trabajos con los cuales se le relaciona hoy en día, pero que está lleno de detalles que demuestran el carácter culturalmente disperso de su creador.

“Coupling” es en apariencia una simple sit-com al más puro estilo Friends (con 3 chicos y 3 chicas protagonistas), cada uno de ellos con una personalidad muy bien definida, pero no por ello necesariamente estereotípica. Más de uno encontrará paralelismos con la famosa sit-com americana, se podría decir que hay una “Phoebe”, e incluso un “Ross” y una “Rachel”, pero os podemos asegurar que los personajes de Steven Moffat están o más locos, o son mucho más incisivos.

En realidad el planteamiento es sencillo, la serie trata sobre relaciones entre hombres y mujeres alrededor de los 30 años: el sexo, la amistad, el compromiso, las obsesiones… así como todas aquellas dudas existenciales que pueden surgir a esa edad, en la que muchos se preparan para cierta transición vital. A priori puede parecer limitado, pero os podemos asegurar que no se hace en absoluto monótona.

Como buena comedia inglesa, el peso de toda la serie recae en unos espléndidos diálogos, cuidados con esmero y milimetrados palabra por palabra. Apenas hay frases de relleno. Por supuesto que siendo una sit-com podemos esperar algunas “situaciones” comprometidas, líos y confusiones (encontraremos a un personaje experto en ello), pero los diálogos siguen siendo el vehículo principal para el humor, y lo que más destaca en “Coupling”. Por cierto, la serie está inspirada en la relación del propio Steven Moffat con la productura Sue Vertue, con lo cual no es casualidad que los protagonistas principales se llamen Steve y Susan. Según dicen, estando Moffat borracho escribió en un papel el título “Coupling” y se lo dio a Sue, pidiéndole que le preguntara al respecto más adelante.

A pesar de tener toda la pinta y características de la típica sit-com, se puede decir que “Coupling” iba un paso más allá, y creaba sus propios patrones. Los guiones no sólo juegan con las palabras, también con la estructura narrativa. Uno de los clásicos es empezar la historia con la versión masculina, para pasar seguidamente a la femenina, e ir alternando, a menudo sin saber exactamente de qué están hablando. Se hace un gran uso de recursos como el flashback o fast forward (depende de como lo enfoques), utilizar distintos puntos de vista en una misma situación, e incluso en un episodio en el que dos personajes rompen, se puede ver simultáneamente lo que les sucede a cada uno de ellos (todo un ejercicio de guión y dirección).

Pero no podemos olvidar que hay seis personajes con mucho carácter que son capaces de llevar adelante esos diálogos, sin necesidad de artificios. En ese sentido, “Coupling” es muy teatral. Aunque todos están bien en su papel, casi siempre recordaremos a los más histriónicos, y en ese sentido, no podemos dejar de mencionar a Jeff Murdoch (interpretado por Richard Coyle). Jeff por si solo es ya un motivo para ver esta serie. Es una personaje tremendamente exagerado, pero hilarante. Un treintañero que por culpa de sus nervios siempre se acaba metiendo en fregados, tanto por lo que hace, como especialmente por lo que su verborrea nerviosa provoca. Es un personaje lleno de traumas infantiles y juveniles inimaginables, que le han convertido en un ser inseguro y obsesivo, pero a la vez, con un gran sentido del humor. Como os decíamos, vale la pena conocer a un personaje que dice tener 8.000 palabras diferentes para designar los pechos femeninos. Pero ojo, tampoco os perdáis a Jane, la loca del grupo.

A pesar de ser una serie con una audiencia potencial amplia y hasta cierto punto “generalista”, Moffat no pudo resistir poner su marca de FAN en varias ocasiones. No estamos hablando sólo de referencias culturalmente dispersas en multitud de capítulos, desde Star Wars a recreaciones de Reservoir Dogs o Taxi Driver, pasando por incluir frases de tantas otras películas. Su alma whovian realmente se desató en su cuarta y última temporada. Obligado a buscar un sustituto al personaje de Jeff (Richard Coyle no quiso encasillarse), introdujo el personaje de Oliver, el propietario de una tienda de artículos de Ciencia Ficción llamada “Hellmouths”, que como buen amante británico de la SciFi, es un gran fanático de Doctor Who. Así que no sólo podéis esperar diálogos con referencias a los Daleks, sino que podréis verlos y oírlos en algunas escenas.

Un gran ejemplo es esta crítica que hace Steve de los cojines, que acaba con un chiste sobre Daleks que probablemente sólo entenderán aquellos ingleses que de niños se escondían detrás del sofá:

Aunque el esplendor whovian llega con escenas como esta (que no hemos encontrado en inglés por desgracia):

Tenéis cuatro cortas temporadas de “Coupling” por ahí, y os podemos asegurar que hay pocos episodios que no valgan la pena (si es que hay alguno). Es posible que se requiera cierta “edad” o haber vivido ciertas experiencias para apreciarla al máximo. Pero ya sea por sus diálogos, sus planteamientos originales, personajes como Jeff, o incluso su ramalazo no siempre disimulado de #TLQM, vale la pena. Una demostración de que Steven Moffat ya era muy grande incluso antes de Doctor Who o Sherlock.

Por cierto, lo de “Gerónimo”, no es nada nuevo para Moffat:

PD: Existe una versión americana. No os molestéis. Terrible.

06
sep
11

FanExpo de Toronto: cómics, cosplay, famosos y Daleks

Saludos cosmonautas,

fueron pocos los que nos creyeron cuando dijimos que desconocíamos totalmente el evento del cual os hablaremos hoy. Nuestra fama nos precede. Pero si bien es cierto que siempre buscamos el lado #TLQM de todos y cada uno de los sitios que visitamos (ya sea en China, Holanda, o Canadá), os podemos jurar que la sorpresa fue nuestra cuando paseando por las calles de Toronto empezamos a ver gente haciendo cosplay. En un primer instante pensamos que la gente de Toronto era muy abierta, y que los frikis de la ciudad lo eran sin complejos, pero al empezar a ver más y más cosplays al final nos dimos cuenta de que algo estaba pasando. Justo debajo de la CN Tower (la torre desde la cual se ve torontontero – no me cansaré jamás de hacer el chiste), se encuentra el centro de convenciones de la ciudad, y se dio la bonita casualidad que durante los 4 días que íbamos a estar en la ciudad se celebraba la FanExpo Canada, una convención que aún cómics, anime, ciencia ficción y terror. Ahí va un resumen en imágenes, con las apariciones estelares de protagonista de películas como La Naranja Mecánica, Pesadilla en Elm Street, Harry Potter e incluso de la mítica serie Dallas. Pero sobretodo, ¡no os perdáis el momento Dalek!

Hay algo que me gustó mucho de la FanExpo, algo que echo en falta de los salones que se celebran en Barcelona: los cómics antiguos. Uno de los principales motivos que tenía de pequeño para ir a un salón era comprar números que me faltaban (es lo que tiene ser un fan completista), o simplemente encontrar cómics algo viejos pero bien de precio. Pero en los últimos años el merchandising y las novedades han relegado el cómic viejo a un segundo plano, y parece que las nuevas generaciones poco interés muestran por los cómics que leían sus hermanos mayores, o sus tíos más jóvenes. Pero en la FanExpo de Canadá (y supongo que lo mismo pasará en el resto de Norteamérica), el cómic antiguo sigue siendo protagonista. Por supuesto que hay merchandising a raudales, y monstruosos stands de camisetas, pero los stands más grandes y los más espectaculares seguían siendo los de cómics antiguos. De hecho, es tal la importancia que le dan, que se podían encontrar centenares de piezas de coleccionista a precios de escándalo. Había algunos ejemplares más o menos asequibles, pero la mayor parte de ellos partían de los 60 dólares, rápidamente subían a los 100 y pico, y llegamos a encontrar el ejemplar de Los Vengadores con la primera aparición del Capitán América por la friolera de 32.000 dólares. Lógicamente, este tipo de ejemplares venían en una estupenda caja de plástico con su certificado de autenticidad y una puntuación del 1 al 10 (¿recordáis la maleta de Big Daddy en Kick-Ass?).

Tuvimos poco más de dos horas para visitar el lugar, pero rápidamente nos dimos cuenta que lo de la ciencia ficción y el terror era algo bastante discreto, ocupando como mucho un cuarta parte del recinto. Eso sí, aunque no hubiese muchos stands destinados al tema, sí había muchos actores que se habían hecho famosos gracias a estos dos géneros cinematográficos (el domingo iba a venir el mismo Capitán Kirk – ¡bah! ¡malditos trekkies!). En el vídeo habréis visto que cada uno tenía su mesa y su cartelito para ir firmando autógrafos… pero cosmonautas, muchos de estos actores son “profesionales” de las convenciones, y por cada autógrafo te cobraban. Ni me molesté en preguntarlo, pero el precio de una foto autografiada de Tom Savini era de 25 dólares canadienses (por ahí andará la cosa).

Hubo otras cosas que nos sorprendieron bastante, empezando por la enorme cantidad de stands de autoeditores, fanzineros, etc. (multiplicando por 10 la presencia que tienen en el Saló de Barcelona). También nos llamó mucho la atención ver al menos 5 personas con cosplays del Doctor Who, y por supuesto estaba ese Dalek fabuloso. Aún así, tampoco había tanto merchandising del mismo como cabría esperar.

Pero lo que más nos molestó del asunto fue el precio desorbitado del evento, cada entrada costaba 40 dólares… ¡40$! Al parecer jueves, viernes y domingo eran más baratos (20/30/30 respectivamente), pero nos siguen pareciendo unos precios abusivos para un evento al que principalmente vas a gastarte el dinero. Vimos que la cantidad de conferencias y actividades que se hacían aparte del tema comercial era considerable, pero no creemos que esto justifique semejantes precios. Aún así, nuestra curiosidad por ver una convención de cómics a la americana pudo más que dinero, y no nos arrepentimos… ¡sobretodo después de ser exterminados por un Dalek!

En próximos posts os contaremos nuestras visitas a las tiendas #TLQM canadienses, y os mostraremos algunas de nuestras compras.

20
jul
11

Doctor Who: la resurrección (2005-2009)

Saludos cosmonautas,

ya es casualidad que el día después de que vea el último capítulo de David Tennant como Doctor Who, se publique una noticia en la que el propio Tennant asegura que le encantaría volver a la serie. No sé qué pensarán los fans de Matt Smith, el actual Doctor, ya que algunos dicen que es de los mejores doctores habidos y por haber. Pero después de haber vivido en unos pocos meses los 3 fabulosos años del Doctor de Tennant, y sin haber empezado a ver aún a Matt Smith, casi que firmaría para que volviese. Ha sido en buena parte gracias a él que me he enganchado de nuevo a una serie como hacía tiempo que no me pasaba.


Como ya conté en su momento, el Doctor Who formaba parte de mi imaginario infantil, y fue una auténtica sorpresa descubrir que, no sólo la serie iba mucho más allá de Tom Baker, sino que además se había relanzado después de 16 años en los que sólo había aparecido una TV movie. ¡Y menudo regreso!

Russell T. Davies es el nombre, el hombre, el responsable de que la TARDIS haya vuelto a funcionar después de años acumulando polvo y nostalgia. Aunque parece que el actual guionista jefe, Steven Moffat, está eclipsando su labor, no podemos olvidar que fue él quien creó la nueva serie, le dio la personalidad, el formato, las reglas, y en definitiva, quien arrastró por el vórtex temporal al Doctor Who de los ochenta hasta el siglo XXI.

Uno de los cambios principales fue la duración de los episodios, ya no eran de 20 y pocos minutos, y es que este formato ahora ya es exclusiva de las comedias (o del tokusatsu nipón). Si en el Doctor Who Clásico (1963-1989) se dividen las historias por arcos argumentales, ahora la cosa va más por episodios de 45 minutos (aunque a menudo veremos episodios dobles). Esto permite narrar historias de forma diferente, con otro ritmo, y además, también ha permitido a muchos guionistas invitados hacer cosas algo más especiales, jugando con situaciones originales que no tenían porque afectar en nada la evolución de la trama principal de la serie.


Esto último es otro de los grandes cambios que incluyó Davies en el nuevo Doctor Who, algo también muy acorde con la televisión actual, las tramas argumentales que se alargan a lo largo de toda la temporada (o temporadas). Hablamos de esos misterios como el de “Bad Wolf”, la importancia de Donna Noble y la de su padre, o el misterioso personaje de River Song. Grandes historias que se van desarrollando a partir de pequeños detalles y que suelen terminar con grandes giros argumentales, revelaciones, o sorpresas; lo que en definitiva acaba enganchando al espectador moderno. Pero, sin duda, donde Russell T. Davies fue más valiente y original fue al añadir ese pequeño toque de culebrón amoroso entre Rose y el Doctor. La imagen clásica del personaje, normalmente ya de cierta edad, era la de un alienígena asexual. No había historias de amor, y no se percibía tensión sexual alguna con las decenas de acompañantes femeninas que tuvo (ni con los acompañantes masculinos).

Christopher Eccleston, quien tuvo la difícil tarea de interpretar de nuevo al Doctor, apareció como un personaje salvaje y malcarado, que nos puede recordar en algunos momentos al mismo Tom Baker, o incluso al pionero William Hartnell (básicamente por el borderío y el sarcasmo – y nos encantó como lo hizo Eccleston). Destrozado por las consecuencias de la Time War, podemos ver como hay cierta rabia y sadismo en su personaje. Hasta ahí, parece que el Doctor no había cambiado tanto. Pero el primer capítulo se tituló “Rose”, y eso no fue para nada gratuito. Esa choni del extraradio londinense sería la encargada de humanizar al Doctor, hasta el punto de conseguir que se enamore de ella.

Aunque Eccleston asegura que fue él quien quiso dejar en seguida la serie, parece muy inteligente el timing de presentación del fenómeno de la regeneración; lo mejor para presentar a las nuevas generaciones este genial recurso que permite cambiar de actor sin tener que cambiar del todo el personaje. Pero también hizo más fácil y creíble la historia de amor entre Rose y el Doctor (ahora más joven y apuesto). Ahí entraba David Tennant, que para muchos (y muchas) ha sido el reclamo y la razón de engancharse irremediablemente a la serie. Ya fuese por el look, la vis cómica, la intensidad eléctrica que le daba al personaje, o sus parloteos incesantes, David Tennant cogió el testigo de Eccleston y lo llevó a otro nivel.

No sabemos si era por la experiencia acumulada, por las posibilidades que les brindaba escribir para Tennant, o simplemente que el éxito les había dado más confianza (y presupuesto), pero en la segunda temporada parece que los guionistas también empezaron a brillar de verdad. El culebrón amoroso cada vez empieza a tener más peso, y llega hasta el final de la segunda temporada con una de las historias más épicas y lacrimógenas de la serie (lloramos cada vez que vemos “Doomsday”… ¡y esa música!). Pero al mismo tiempo vemos como Steven Moffat se marca un “The Girl in the Fireplace”, o Russell T. Davies nos sorprende con el original “Love & Monsters”, donde el Doctor y Rose apenas aparecen, y nos maravilla con “The Impossible Planet” y “The Satan Pit” (por ahora, una de mis historias favoritas – ¡que introduce los Ood!). Las historias, digamos, autoconclusivas, son de las que suelen brillar más en la serie (y las que se llevan los premios BAFTA).

Si Tennant podía tener difícil sustituir al nuevo Doctor Who original, para Freema Agyeman era un reto imposible sustituir a Billie Piper (Rose) como acompañante del Doctor. De hecho, los guionistas debieron ser tan conscientes de ello que ya habían preparado el terreno para sustituirla antes incluso de aparecer (con el episodio especial “The Runaway Bride”), y le hicieron sufrir durante toda la temporada con su amor no correspondido. Desde el primer episodio “Smith & Jones” (que me encantó), seguía la tensión sexual en la serie, pero esta vez sólo en una dirección. Y aunque para muchos Martha Jones es la acompañante que menos les ha gustado, a nosotros nos gustó su punto más salvaje e inteligente, y también como evolucionó el personaje (aunque es algo que se desarrolla sobretodo al final de los finales de la 3a y 4a temporada). Aquí también brilló una vez más Steven Moffat con su “Blink”, pero el arco argumental de “La familia” también vale la pena recordar, así como el épico final de temporada.

Y ya cuando parecía que Tennant iba a ser el Doctor para siempre, empieza la cuarta temporada, la última de la que podríamos llamar primera etapa del nuevo Doctor Who, la de la resurrección. Esta era la última temporada en la que Russell T. Davies iba a ser el guionista jefe, y parecía lógico que fuese también el final del Doctor de Tennant. Aquí es cuando repescarán a Catherine Tate (Donna Noble) para ser la acompañante , dándole una vuelta de 180 grados al prototipo de chica guapa que adora al Doctor, y dándonos a una trabajadora temporal con mala leche, que no se deja amedrentar por el cerebro privilegiado del piloto de la TARDIS. Para muchos, la mejor de las 3 acompañantes hasta el momento (y no os voy a decir que no), aunque no aparece en “Midnight”, uno de los mejores de la temporada para un servidor .

Es aquí donde se resolverán ( y de qué manera) prácticamente todas aquellas tramas que se habían preparado ya desde la primera temporada. Parece obvio que estos 4 años se habían concebido como una unidad a nivel argumental, y el relevo estaba cerca. El Doctor de Eccleston terminó de forma más o menos abrupta (y a Rose le costó digerirlo), pero está claro que Tennant se había ganado una despedida a lo grande. El final de la temporada regular se alargó con 3 épicos episodios que resolvían prácticamente todos los enigmas y tensiones. Además, Tennant pudo gozar de 4 episodios especiales durante 2009 (seguramente haciendo tiempo para el nuevo Doctor), que le sirvieron para despedirse de todo el mundo. “The Next Doctor” fue seguramente una “broma”, y aunque es un episodio entretenido (con mecha incluido), no pasa de ser un episodio más, y “Planet of the Dead”, aunque algo mejor, tampoco es para tirar cohetes. “The Waters of Mars” ya nos recuerda más al Doctor Who de los grandes momentos, aunque podría ser mejor. Y esto último es aplicable a “The End of Time”, el especial doble que acaba definitivamente con la regeneración de Tennant. Si bien hay varios elementos que tendrían que convertir esta historia en algo apasionante, parece que el resultado global no está a la altura de la propuesta. Quizás es algo repetitivo, y quizás el cambio de guionistas llegaba en el momento justo. Pero sólo por los 10 minutos finales de Tennant vale la pena. Una despedida larga, tranquila y emotiva, una forma de decir adiós sin traumas.


Los ingleses siempre dicen que cada generación tiene “su Doctor”. En mi caso, este tendría que ser Tom Baker, ya que fue el único que vi de pequeño, y el que me fascinó. Pero creo que gracias a la resurrección podemos decir que algunas generaciones tenemos dos doctores, y está claro que mi nuevo Doctor es David Tennant.

18
jul
11

Mi nevera es una TARDIS

Saludos cosmonautas,

la nevera de la Arcadia desde siempre ha hecho unos ruidos muy raros, unos ruidos que con el tiempo hemos llegado a identificar… ¡y menuda sorpresa!

PD: aunque al final no hemos podido grabarlo bien, os podemos asegurar que la nevera a veces suena de verdad como una Tardis (en el vídeo hay un momento en el que mis palabras enmascaran el sonido).

05
jul
11

Ciencia Ficción vs. Tokusatsu: prejuicios y contradicciones

Saludos cosmonautas,

el tema de hoy daría para escribir un libro entero (no lo descartemos), queremos ponernos algo polémicos y cuestionar ciertas ideas estéticas (aunque sobre gustos, bla, bla, bla). Puede que ahora tratemos de forma más esporádica el tema en este blog, pero muchos sabréis que el tokusatsu (Godzilla, Kamen Rider, y básicamente gente dentro de trajes de látex) es una de nuestras pasiones. Una pasión que nunca se ha librado de ciertos comentarios (burlones, despectivos, críticos) de aquellos neófitos o simplemente ignorantes de este “género” japonés (si es que se puede considerar así). Hoy queremos hacer distinciones, e intentar, desde la humildad, poner las cosas en su sitio.

¡Somos unos incomprendidos!

Empezaremos por tirar piedras a nuestro propio tejado, nos meteremos directamente con el título de nuestro post, y en cierto modo, con el objeto de nuestra discusión. En primer lugar, deberíamos dejar claro que el tokusatsu no es “la ciencia ficción japonesa”. Nosotros hemos pecado en más de una ocasión de intentar describirlo así, y si bien es útil para situar el género dentro de unas coordenadas que podamos entender fácilmente desde occidente, resulta engañoso, y acaba llevando a comparaciones sin demasiado sentido.

“Tokusatsu” hace referencia a los efectos especiales que se usaban en cierto tipo de películas o series de TV, es decir, eran “películas de efectos especiales”, no se consideraban películas (o series) de Ciencia Ficción, sino películas que utilizaban maquetas, tipos disfrazados, rayos láser, etc. Como es lógico, se usaban estos efectos para recrear cierto tipo de argumentos, mundos, personajes, que tenían mucho en común con lo que nosotros llamamos ciencia ficción (pero podían ir mucho más allá). Teniendo en cuenta que la ciencia ficción japonesa no tuvo el mismo impacto en la sociedad, y que su popularidad era mucho más relativa, se podría decir que el “tokusatsu” asumió ese rol, y fue el encargado de mostrar a los japoneses otros mundos posibles o imposibles.

The Mysterians, o la “ciencia ficción” de colorines japonesa.

¿Pero qué entendemos por ciencia ficción? Una pregunta que no es fácil de contestar, ya que parece que no existe un consenso, y por lo general se utiliza de forma muy amplia y libre. Principalmente se entiende que la ciencia ficción es una especulación narrativa con cierta base científica (más o menos estricta), pero a la práctica, en nuestra cabeza engloba todo aquello que incluye naves espaciales, mundos futuros, apariciones extraterrestres, e incluso los futuros apocalípticos y distópicos; todo construido de una forma que pueda parecer verosímil, o posible en un futuro (o incluso pasado). Si nos ponemos estrictos, esto dejaría fuera de la ecuación a muchas de las películas, series o libros que popularmente se han etiquetado como ciencia ficción. Star Wars, por ejemplo, nunca ha pretendido ofrecer explicaciones o justificaciones más o menos plausibles de su “universo” (¿midiclorianos? ¡hahahahaha!). Quizás deberíamos hablar más de obras de “Fantasía Espacial”, o el fantástico término “Space Opera”, aunque esto deja fuera muchas otras obras también consideradas ciencia ficción que no tienen esa base científica sólida, o no ocurren en el espacio.

Ciencia Ficción pura y dura

Es ahí donde encontraremos más similitudes con el tokusatsu, en películas como Star Wars, lógicamente en el cine fantástico americano de los años 50 y en series como Stargate, Star Trek, o el Doctor Who (confirmado que esta última es considerada tokusatsu en Japón); donde la fantasía está por encima de cualquier explicación científica o pseudo-científica. Creemos que una de las diferencias fundamentales entre el enfoque de la ciencia ficción y el del tokusatsu es la fuente de inspiración. Si bien las películas “2001″, “Solaris” o “El planeta de los simios” están basados en libros, el tokusatsu generalmente se ha fijado más en el manga y en el propio cine para inspirarse. Esto también acerca el tokusatsu al género de los superhéroes (Ultraman, Kamen Rider, Super Sentai), lo cual demuestra una vez más la amplitud del término. Pero incluso ahí sigue habiendo una diferencia muy importante, y una de las claves del rechazo o la incomprensión del tokusatsu.

Es tendencia en el cine de superhéroes americanos, sobretodo en los últimos 10 años, intentar que los personajes parezcan más realistas. Esto se traduce en: “no les pongas mallas de colores, mejor cuero negro o rojo.” Es una forma de hacer las cosas que llegamos a entender, pero tampoco compartimos al 100%. Hay algo que se pierde en ese camino del cómic al celuloide, en buena parte, la imaginación. Esa idea de lo que funciona en cómic no tiene porque funcionar en pantalla no la comparten los japoneses, en absoluto. Para los neófitos es chocante ver tanto colorido en las series de televisión, o esos animales gigantes que se ve a la legua que son tipos disfrazados destrozando maquetas, y lo que más les choca/divierte o les da pereza son los típicos monstruos multicolor de látex, gomaespuma o lo que sea.

Lo que se puede hacer en papel no se puede hacer en pantalla

En el tokusatsu apenas existe esa barrera entre cómic/libro y la pantalla, ese proceso de adaptación que han hecho en la gran pantalla X-Men, Thor, e incluso el Batman de Burton como pionero, héroes como Kamen Rider o Kikaider se lo ahorran, y parece que se intenta plasmar el mismo “feeling” del cómic en la serie de TV o película. Se busca ese colorido de los uniformes, y sobretodo, hacer los monstruos lo más parecidos posibles a los del cómic. Es esa idea más fantasiosa que comentábamos antes, no se busca un “realismo”, porque estamos tratando cosas que no son reales, son fantásticas. Hasta cierto punto, este enfoque de los superhéroes nipones nos puede recordar lo que ha hecho Alex Ross con los personajes de Marvel y DC, devolviéndoles ese punto legendario, mítico y tan fantástico que los superhéroes oscuros y “realistas” del siglo XXI parecen haber perdido. Aunque esto no excluye que haya habido intentos de llevar a los superhéroes japoneses a terrenos más oscuros (los enfoques de Keita Amemiya son un buen ejemplo de ello), y por lo general, estos han tenido más claroscuros que sus contrapartidas americanas (aunque curiosamente la tendencia parece haberse invertido en ambos sitios – con Kamen Rider siendo cada vez más infantil, y los superhéroes americanos más adultos).

¿Alguna diferencia entre el manga y la serie?

Pero con los avances técnicos que existen hoy en día, ¿por qué siguen utilizando los mismos efectos especiales? El tokusatsu tiene sus orígenes en una época concreta, en la que no había otras formas (o más baratas/rápidas) de sacar monstruos en la pantalla. En Hollywood, en muchos casos hacían lo mismo, pero con el tiempo dejaron de utilizar técnicas como la del suitmation (aka “tipo disfrazado”), para centrarse más en stop-motion, o la animación por ordenador. En cambio, en Japón, el uso del CGI en este tipo de producciones no se ha generalizado hasta hace relativamente pocos años, convirtiendo el suitmation en “marca de la casa” de las producciones japonesas. A pesar de que quizás ahora sea incluso más práctico y barato hacer monstruos CGI (aunque siguen estando muy atados por el presupuesto y el tiempo para rodar cada episodio), ellos siguen insistiendo en utilizar personajes disfrazados como manda la tradición. De hecho, si tenemos que hacer caso de lo que se ha escrito sobre Eiji Tsuburaya (el pionero creador de los efectos especiales de Godzilla o Ultraman), a él le divertía que las cosas no pareciesen reales e incluso que “cutreasen” – el sentido del humor siempre ha sido muy importante en el tokusatsu (se ríen de si mismos muy a menudo).

Tsuburaya & Co., kitsch y orgullosos de serlo

Así pues, no es que los japoneses no den para más, simplemente le gusta hacer las cosas de esta manera, ya sea por tradición o por no sentir esa necesidad de convertir en real lo irreal. Por lo tanto, esa necesidad que tiene la ciencia ficción de ofrecer una explicación plausible del futuro o de lo fantástico, de mostrar cosas que creemos posibles, aunque lejanas, no atañe para nada el tokusatsu. Es por ello, que a la hora de valorarlo, debemos hacerlo desde otro prisma, con otras reglas, y quizás así podremos disfrutarlo tal y como está concebido.

Abre tu mente, ¡abraza el tokusatsu!

Aún teniendo esto en cuenta, seguimos pensando que el tokusatsu tiene que superar muchos prejuicios absurdos. Antes hemos mencionado de pasada Doctor Who como una serie que en Japón se considera tokusatsu, y ahí también incluyen Stargate, Battlestar Galactica o Red Dwarf. Todas ellas series muy respetadas, y que pocas veces hemos visto cuestionadas por utilizar cierto tipo de personajes, maquillajes, e incluso suitmation. No hay mucha diferencia en el aspecto de algunos de sus monstruos con los “monstruos semanales” del Super Sentai o Kamen Rider, pero aún así parece que estas series sí pueden tomarse en serio, y las otras no (aunque, precisamente, a nosotros nos gusta que no se tomen tan en serio a si mismos). Esta contradicción nos lleva a pensar en cierto tipo de prejuicios que van más allá de la pura estética, y que tienen más que ver con cierta concepción occidental de los japoneses (y los asiáticos en general). Un tema que quizás nos gustaría tratar más adelante (que ya os hemos machacado lo suficiente por hoy).

Puedes pensar “cutre”, o puedes pensar “imaginación”

¿Tan diferentes son Star Trek o Star Gate del tokusatsu? Por favor, ¡si el Capitán Kirk va en pijama!

13
jun
11

De viaje con el Doctor

Saludos cosmonautas,

aprovechando que teníamos días festivos, cierto “doctor” nos invitó a pasar un par de días con él en un mundo curioso y extraño, plagado de unos seres de forma estirada, estrafalario lenguaje, y algo de borderío. Un mundo muy cercano en realidad, aunque muy lejano por muchos motivos. Uno de ellos, no aceptar nuestra moneda intergaláctica de curso legal.

Le sacamos algunas fotos al bueno del “doctah” durante nuestro viaje por ese extraño mundo:

Recién llegados a ese extraño mundo.

Sufrimos un pequeño ataque de una cría de Ebirah, nada que no solucionase el “destornillador sónico”.

Y aquí una foto sacada desde la Arcadia, despidiéndonos del Doctor. ¡Un placer!

30
may
11

Doctor Who: ¿ha vuelto o nunca se fue?

Saludos cosmonautas,

casi que por petición popular, ha llegado el momento de hablar de la nueva sensación #TLQM de nuestras pantallas (sean de TV o del ordenador). Aunque en realidad no tiene nada de nuevo, ya en un par de años cumplirá 50 años, y ya ostenta el Récord Guinness como série de ciencia ficción más longeva de la televisión.

Por supuesto estamos hablando del viajero del espacio-tiempo más famoso del universo, ¡el Doctor Who! ¿El Doctor quién? ¡El Doctor Who! Pero seamos sinceros, nosotros nos habíamos olvidado de él. Y ahora, como si nada, unos 20 años después, ha vuelto a nuestras vidas.

Porque nuestros recuerdos del Doctor Who tenemos que ir a buscarlos a los años 80, cuando TV3 emitió, con bastante retraso (antes estas cosas iban mucho más lentas), las temporadas del cuarto doctor, Tom Baker. El de la bufanda le llamaba yo. Y aunque nos cuesta recordar las historias o los personajes, sí que nos acordamos de como nos gustaba, y sobretodo, de esa música…

Hace pocos años vimos algunos minutos de una serie que emitían en el Canal33 y que tenía ese aire cutrecillo-entrañable tan propio del tokusatsu y series como Stargate o Star Trek. Pero, haciendo zapping nunca llegamos a ver la Tardis, y eso hizo que no la identificásemos hasta hace bien poco. Entonces nos enteramos de que el Dr. Who seguía vivo, y que de hecho llevaba ya un tiempo en antena desde su renacimiento, después de sus 16 años de parón (y una película por medio). Volvieron a nuestra cabeza los recuerdos ochenteros, y en uno de nuestros clásicos arrebatos nostálgicos empezamos de nuevo a buscar en la red qué había pasado con el Doctor Who. En esos momentos, David Tennant era el Doctor que lo estaba petando. Parecía que era una nueva serie de moda, y pronto pudimos ver algunos especiales, cayendo rendidos a su simpatía y humor, y también de su chulería. No, no recordábamos que el Doctor que habíamos visto en nuestra infancia fuese así, ¡pero nos gustó!

A partir de ahí empezaron a venir las pequeñas compras frikis que ya os hemos mostrado, y más que están por venir. A raíz de esto, habéis sido más de uno y más de dos los que, vía Twitter, os habéis interesado por nuestro conocimiento del Dr. Who, e incluso habéis pedido que hablemos de la serie en el blog. Como veis, estamos en proceso de recuperarlo, y seguro que será un trayecto divertido. Además, os demostraremos que el Doctor no está muy lejos de nuestro querido tokusatsu.  ¿Queréis acompañarnos en este viaje a través del tiempo?

Y como postre, una de las cosas más raras que hemos encontrado recientemente del Dr. Who, la primera portada de revista con efectos de sonido de la Tardis incorporados:

(Seguramente el vídeo más corto de la historia de la Arcadia.)




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