Ruta por Canadá: Highway 99, la carretera del mar al cielo

Saludos cosmonautas,

después de 3 intensos días por Vancouver, dejamos la ciudad pronto por la mañana para empezar “de verdad” el viaje, y es que la ciudad era un trámite para lo que realmente habíamos venido a hacer: estar más de 10 días rodeados de la majestuosa naturaleza canadiense. En las próximas entradas vamos a relataros algunas de las experiencias de este viaje, y a la vez intentaremos dar algunos consejos que os pueden ser útiles si queréis hacer una ruta similar, o si nunca habéis viajado en caravana (como era nuestro caso).

Una vez recogimos el vehículo nuestro objetivo era tomar la famosa Highway 99, apodada “sea to sky highway” (la carretera del mar al cielo”). Aunque la carretera conecta con Estados Unidos, el apodo se refiere al relativamente corto tramo que empieza en las costas de Vancouver y termina en la localidad montañera de Pemberton, para luego proseguir bajo el nombre de Duffey Lake Road hasta Cache Creek.

Aunque hay formas más rápidas de llegar a Kamloops (punto estratégico para dirigirse a los distintos parques naturales), vale la pena tomárselo con más calma y disfrutar de la Highway 99. Lo más sorprendente de esta ruta es la facilidad con la que cambian los paisajes, pasando de bosques alpinos a zonas medio desérticas en cuestión de minutos (y desconcertando a todos los que han aprovechado para dar una cabezadita en la caravana).

Los primeros kilómetros de la carretera 99 muestran un espectacular paisaje de montañas enmedio del mar (Salish Sea). 

Uno de los pueblos más famosos de la ruta, y nuestro destino para la primera etapa del viaje fue Whistler. Famoso enclave de montaña para los amantes del esquí (dicen que es la mejor estación alpina de Norteamérica), el pueblo en si parece realmente nuevo, y tiene un aspecto de Disneylandia considerable. Por otra parte, nada extraño.

Cuando llegamos se estaba celebrando una fiesta, con un grupo tocando versiones de ACDC.

“Toda bolsa o persona está sujeta al registro de alcohol” (más o menos). No se podía entrar a la zona del concierto con alcohol. Ya comentaremos otro día el tema de la venta de bebidas alcohólicas.

Hay un aparcamiento habilitado para caravanas bien indicado cuando se entra al pueblo, y lo primero que se va a encontrar seguramente será Village Stroll, una calle repleta de tiendas para turistas, con mucha ropa de marca. Pero si se sigue hacia el sur, al lado de un parque, se encuentra una zona para hacer compras de primera necesidad. Aquí fue donde hicimos el primer gasto importante y necesario para los primeros días de caravana, y también fue donde aprendimos la primera lección: los supermercados canadienses son escasos y caros (lo segundo, seguramente consecuencia de lo primero).

Encontrar grandes superficies lejos de las grandes urbes canadienses es muy difícil, por no decir imposible. Los pueblos son pequeños y están completamente desperdigados (nada que ver con los típicos núcleos urbanos europeos). Acostumbran a tener una o dos tiendas de alimentación como máximo, la mayor parte son tiendas de gasolinera, supermercados muy humildes, o en el mejor de los casos, una cadena de “súpers rústicos”; en cualquiera de los casos, los precios siempre os parecerán caros o carísimos (ver “El consejo del castor” más abajo).

Aunque hay un camping para caravanas en el mismo pueblo de Whistler (Riverside Campground), cuando llegamos no quedaba sitio para una caravana como la nuestra (es conveniente tener siempre en mente las medidas, te lo van a preguntar casi siempre). Así que tuvimos que bajar de nuevo por la carretera 99 unos 15-20 kms, y a la derecha encontramos otro camping que tenía muchas plazas disponibles (Whistler RV Park and Campgrounds). Aunque el cámping no tenía un aspecto fantástico, al menos tenía unas buenas duchas y era muy tranquilo.

Al día siguiente, la intención era llegar al menos hasta Lillooet, pero la etapa nos llevó tan lejos como Cache Creek, donde termina la Ruta 99. Pocos quilómetros después de Whistler tuvimos la primera gran sorpresa en cuanto a fauna animal. Cruzando la carretera a toda pastilla vimos un oso negro, que una vez consiguió apartarse del tráfico empezó a subir por una ladera con suma desesperación. Fueron unos pocos segundos, pero realmente emocionante, nuestro primer oso negro. Quizás los ciclistas que iban delante y que se lo cruzaron a pocos metros no se alegraron tanto.

Poco después hicimos una primera parada, como haríamos muchas a lo largo del viaje, para contemplar la primera catarata. A unos pocos kms de Whistler se encuentran las Nairn Falls, donde empezamos a comprobar la fuerza de las aguas canadienses. 

Las Nairn Falls a través de un pequeño cañón. Aunque parecen poca cosa, a pocos metros bajan con furia.

Después de un parada técnica en Pemberton para comer nuestras primeras hamburguesas (con ese estilo requemado que tanto les gusta a los norteamericanos), proseguimos por la carretera 99, que aunque ha perdido ya en este tramo su apodo “del mar al cielo”, no por ello deja de ser espectacular. Aquí es donde se empiezan a ver esos cambios bruscos de paisaje que mencionábamos. Así pues, si Pemberton y sus cercanías tenían un aspecto de montaña alpina característico, donde el verde, el gris y el azul son los colores predominantes, al acercarnos a Lillooet las vistas cambian hacia los marrones, amarillos y el paisaje desértico. Aunque después de unos kilómetros volveremos otra vez al verde. Nos quedamos bastante pasmados con todo esto, y la guindilla del pastel fue el pueblo de Lillooet. El que había sido un pueblo de buscadores de oro  a día de hoy seguía manteniendo cierta esencia del “viejo oeste” (aunque fuese el canadiense). No pudimos resistir emular a Eli Wallach en “El bueno, el feo y el malo” cuando se encuentra el cementerio:

http://www.youtube.com/watch?v=8R6SHElIJJk

La ruta sigue y sigue entre altas montañas, llanuras, prados, y varios lagos enormes. Nosotros hicimos una pequeña parada para estirar las piernas hasta un precioso y tranquilo lago… del cual tuvimos que salir por patas debido a la ingente cantidad de mosquitos que empezaron a atacarnos sin piedad. Afortunadamente íbamos bastante tapados, ya que empezaba a hacer frío (a pesar de que en Lillooet estábamos sudando). Poco después llegamos a Cache Creek, el fin de esta segunda etapa de viaje, y también donde nos despedíamos de esta preciosa carretera, y nos preparamos para coger la 97 en dirección al parque Well’s Gray. Mucha carretera, sin duda, pero pocas habréis visto en las que a cada minuto estés soltando un “oooooh”.

¿Esperáis ver a cowboys e indios en cualquier momento? Pues casi, a pocos metros se encuentra una reserva india.

PD: Por cierto, aunque estamos hablando de una carretera importante, no esperéis encontraros con una gran autopista. La mayor parte de la carretera 99 es de dos carriles (uno por sentido), bastantes curvas, y subidas y bajadas que hay que manejar con cautela.

EL CONSEJO DEL CASTOR PARA TUS COMPRAS:

Si sales con la caravana de una gran ciudad canadiense, intenta localizar un Wal-Mart o cualquier gran superficie de este estilo, y compra todas aquellas cosas que estés seguro que vayas a necesitar durante el viaje, especialmente cosas básicas (aceite, sal, agua, utensilios, y comida que se pueda conservar fuera de la nevera). Después tendrás que apechugar con lo que encuentres por el camino.

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