Los otakus que se cargaron el anime y el manga

Saludos, cosmonautas.

El post de hoy puede herir sensibilidades, y es probable que se convierta en todo un alarde de prejuicios, desinformación, con una sobredosis de subjetivismo galopante. Pero no trato de ofreceros un informe lleno de datos, o  un auténtico trabajo de investigación. Simplemente se trata de pensar un poco en aquello que tanto nos gusta, aquello por lo que sentimos pasión, y opinar, discutir, razonar…

La premisa no es mía, sino del mismo “Otaking”, Okada Toshio, uno de los fundadores del estudio Gainax, que además es famoso por sus estudios del fenómeno Otaku. Fue él quin publicó un libro en el que aseguaraba que los otakus habían muerto, o en otras palabras, que se habían cargado el espíritu otaku original.

Okada Toshio, de Otaking, a escribir libros sobre como perder peso.

Y aunque muchos critican al antiguo Otaking porque creen que en realidad, lo suyo es una rabieta que se explica por una cuestión generacional, la incomprensión, o el snobismo, no deja de ser cierto que la “industria otaku” se mueve por unos derroteros que no presagian un florecimiento de la cultura otaku.

Okada defiende que la 3a generación de otakus, que él bautiza como “moe-otaku”, han perdido toda la esencia de sus predecesores. Lo que antes era creatividad, producción, curiosidad, variedad, y también el compartir aficiones con los demás, ahora es especialización, endogamia, y puro consumo.

No es el único que piensa que los otakus del siglo XX tendían a tener unos gustos mucho más eclécticos, que eran capaces de consumir todo tipo de géneros, e incluso daban oportunidades a aquello que, a priori, no les llamaba mucho la atención (para ejemplo, “Otaku no video”). Existía una curiosidad, un afán de conocimiento por todo lo que era manga y anime, y por lo tanto, nadie se cerraba en banda. Con los Doujinshi se demostraba que existía también un afán creativo, al igual que con el cosplay, y todos aquellos animadores, escultores, de figuras e incluso programadores de videojuegos amateur que acabaron creando grandes empresas o entrando en la industria.

Pero según Okada, con el apogeo del fenómeno “moe” (si no sabéis qué es, Wikipedia), todo esto ya no existe. La industria finalmente se ha dado cuenta de lo que podía explotar, y ha visto en los nuevos otakus una fuente de ingresos considerable. Jóvenes y no tan jóvenes que en lugar de gastar su dinero en ropa, salir, o en novias, prefieren dedicarlo íntegramente a su afición por el manga y el anime. Pero con la diferencia de que ahora, todos aquellos productos ya están diseñados específicamente para ellos: fanservice, fórmulas,  personajes estereotipados… y no se trata de una “apropiación” de productos supuestamente infantiles como pasó con anteriores generaciones, y que según Okada respondía a cierta rebeldía ante la sociedad.

Si pensamos en esto último, nos daremos cuenta de que hasta no hace mucho, cuando el japonés medio se acercó al otaku y empezó a comprenderle (en buena parte, gracias a Densha Otoko), encontró en si mismo ese punto fan más nostálgico y moderadamente rebelde. Reconocía algunos dibujos, era capaz de comprarse un colgante para el móvil y ser “un poco otaku” por unos momentos (algo parecido ha pasado en Occidente, donde ser “geek” o “friki” ahora es algo interesante). Pero en el momento en que la industria se vuelca en el moe, y se pone a prefabricar anime o manga hacia nichos de mercado muy especializados, en lugar de ayudar a crear una mayor riqueza, acaba creando más barreras. Por supuesto, esto aleja al ciudadano medio, e incluso al otaku “light”. A esto se le puede añadir ese fetichismo extremo por los personajes en 2D (con bodas, o renuncia al sexo o las relaciones sociales), que aunque pueda ser aún algo minoritario, es algo que se está explotando.

Y aunque aún no tenemos muy claro el motivo, parece ser que en este contexto la creatividad ha desaparecido en favor de un consumismo compulsivo (algunos animadores dicen que ya no existe vocación en Japón). Esa falta de creatividad, alimenta mucho más esa prefabricación, el uso de los moldes, los estereotipos, en definitiva, la fórmula otaku. Y por supuesto, cualquier atisbo de rebeldía parece condenado a desaparecer en favor del puro consumo.

Sin creatividad, sin atractivo para un público amplio, y en un contexto de crisis editorial, ¿el manga y el anime van a sobrevivir? Yo quiero pensar que sí, que por mucha crisis creativa o económica que exista, siempre habrá más o menos gente con ganas de hacer llegar su trabajo a los demás. Patrick W. Galbraith (autor de “The Otaku Encyclopedia” y “Otaku Spaces”) cree que en realidad el declive se debe más a una cuestión estructural que a las tendencias moe actuales, un problema que se remonta incluso a los tiempos de Tezuka. Y es probable que la “salvación” se encuentre, paradójicamente, fuera de las fronteras niponas. Ya que cuando la “burbuja del anime” estalló después de Evangelion, la producción se desplazó a China y Corea, despertando ahí las vocaciones. Pero es que incluso el mismo Okada reconoce que los fans occidentales ahora son más otakus que los otakus japoneses. O al menos, que su espíritu curioso original se ha replicado más allá de Japón. Porque, por lo general, el “otaku” occidental siente una curiosidad muy particular por todo lo japonés, y tiene unos gustos más eclécticos. Pero cuidado, porque esas tendencias moe también se están desplegando entre el público no japonés, y quizás ese afán por parecerse a los japoneses, lleve hacia ese mismo estancamiento.

¿Será este señor el responsable del fin del anime y el manga? (Mítica foto de Kirai.)

Sea o no sea una observación razonada, las palabras de Okada dan mucho que pensar y abren campo a hacer un análisis concienzudo de lo que está pasando en Japón y alrededor del mundo. ¡Pero ahora lo que interesa es saber qué pensáis vosotros!