Ashita no Joe: del manga al icono social


Saludos cosmonautas,

hoy saldamos una deuda que tenemos con los cosmonautas desde hace tiempo, y especialmente con Marc Bernabé (ahora os contamos porqué). Hace ya bastante tiempo nos pusimos a leer uno de los mangas deportivos más importantes y populares de la década de los 60, “Ashita no Joe” (“Joe del mañana”) de Tetsuya Chiba e Ikki Kajiwara (seudónimo de Asaki Takamori). Y aunque Marc tuvo la gentileza de prestarnos unas bonitas fotos para ilustrar el post, terminamos olvidándonos. Así que vamos a corregir esto.

“Ashita no Joe” empezó a publicarse el 1 de Enero de 1968 y se alargó durante cinco años, hasta el 13 de Mayo de 1973. En 1970 fue adaptado al anime por primera vez, después vendría una película de animación en 1980 y una segunda serie de anime poco después. Más recientemente, hace poco más de un año, se pudo ver una versión live-action sobre la vida boxeadora de Joe Yabuki (aunque tenemos sospechas de que se hizo alguna otra en los setenta). Y aunque este nivel de impacto que hacen suponer todas estas adaptaciones es bastante habitual en la mayoría de mangas de éxito, os podemos asegurar que lo de “Ashita no Joe” es un caso aparte, Joe se convirtió en un icono para muchos japoneses.

El manga nos cuenta la historia de un joven conflictivo llamado Joe Yabuki, que se dedica a robar y crear problemas por todas partes. Durante una pelea, Danpei Tange, un exboxeador, se fija en él y propone entrenarle. Joe Yabuki termina aceptando, pero en realidad acaba tomándole el pelo a Tange, y después de varias trifulcas es detenido por la policía y mandado a un reformatorio. En lugar de tirar la toalla, y con la esperanza de convertir a Joe en un gran boxeador, Tange acaba consiguiendo entrenar a Joe incluso estando encerrado. Allí empieza a forjar amistades y enemistades con otros boxeadores, que le animarán a entrenarse para convertirse en un boxeador de verdad cuando salga del reformatorio (aunque él, desde el minuto uno, siempre cree que es el mejor). Hasta aquí la premisa inicial del manga, que lógicamente seguirá avanzando y creando un par de momentos históricos del manga, desde el propio final hasta la muerte de uno de sus personajes.

La historia no avanza tan rápido como puede ocurrir en mangas más modernos. Se toma su tiempo para explicarnos quienes son los personajes y definir su personalidad, y al leerlo tienes la sensación de estar acompañándoles día tras día, sin perderte casi nada. No se trata de una de esas historias en las que año tras año el protagonista se va enfrentando a nuevos retos, con grandes elipsis, sino que todo se condensa en una época muy determinada de la vida de Joe. Gracias a esa proximidad, a ese contacto más cercano, empiezas a tenerles una estima considerable, y son capaces de emocionarte (lo cual explica el revuelo que causó el manga).

Como os podéis imaginar, siendo un manga de los 60, a día de hoy el dibujo puede parecer anticuado ante los ojos de cierto tipo de lectores. Lo cual no significa que no sea bueno. De hecho, pensamos que Chiba hizo un grandísimo trabajo, con un estilo claro y muy pulido, e incluso con algunas reminiscencias tezukianas evidentes (y con una representación de la acción mucho más comprensible que en algunos mangas deportivos más modernos). Las influencias de Tezuka también se notan en el tipo de humor que se utiliza a lo largo de la obra (bastante inocente, a veces incluso “fujiko-fujiosea”), y que le quita hierro a una historia que en muchos casos es realmente dramática y triste. Los contrastes entre la comedia y el drama son continuos, y eso le da un toque especial al manga.


Como os decíamos, “Ashita no Joe” se convirtió en todo un icono para ciertas clases sociales niponas, que en los años sesenta se encontraban inmersos en un período agitado, pasando por el crecimiento económico, pero también por la lucha estudiantil y muchas protestas que acabaron en nada. De hecho, como nos cuenta Marc Bernabé en su post en Mangaland, el llamado Ejercito Rojo japonés (extrema izquierda armada), al secuestrar un avión se autoproclamaron como los “Joe del mañana” (ya véis, en Japón, hasta los terroristas son otakus).
Pero quizás más increíble que esto, fue la cuestión del funeral. Aunque es de dominio popular, no os diremos quien es el muerto, por si acaso. El caso es que fue tan traumática la muerte de ese personaje, hubo tantas protestas, que se acabó organizando un funeral real para éste. Los fans querían desperdirse de un personaje que habían llegado a querer tanto, que no podían dejarle ir sin dedicarle una ceremonia budista, que tuvo lugar en la misma editorial del manga.

Estos dos ejemplos dejan muy claro hasta qué punto la historia de Joe Yabuki caló entre los japoneses, y porqué es seguramente uno de los manga más recordados de todos los tiempos. Y además, todo un hito en los llamados “spocon”, los mangas deportivos. Aunque os podemos asegurar que el típico “espíritu de sacrificio” no es algo que encaje mucho con Joe, que tiene una forma muy particular de enfrentarse a los retos.

Seguramente jamás veremos una traducción en español del manga, pero al menos podréis encontrar la versión anime. De todos modos, intentad haceros de alguna manera con él, porque es historia del manga en mayúsculas, y además, con disfrute garantizado. Y es que a pesar de lo gamberro, chulo, soberbio,  y tantos otros defectos del malcarado Joe, este bala perdida se hace querer.

 Fotos de una escena muy especial del manga, sacada en Nakano (cerca del Mandarake), cortesía de Marc Bernabé, y que por fin me he decidido a subir.