Saludos cosmonautas,
como ya os hemos contado en repetidas ocasiones, en la Arcadia estamos de mudanza, y para nosotros significa una oportunidad de encontrarnos con objetos, libros, revistas, CDs, y muchas cosas más que hacía tiempo que no veíamos o de las que simplemente no nos acordábamos. Esto ha hecho que nos topemos con un álbum de fotos, de los de antes, de nuestro primer Gran Viaje por el mundo: Australia.
Pero hoy no estamos aquí para mostraros las fotos que sacamos hace 17 años (cuando teníamos 13) de nuestras rutas y visitas por tierras australianas (¿otro día?). Ya os contamos hace un año que este Gran Viaje nos llevó también por tierras hongkonesas e hicimos una comparación de como había cambiado el skyline de Hong Kong desde 1993 hasta 2009. Pero nuestro trayecto tuvo otra parada asiática, concretamente en la capital tailandesa de Bangkok. Lugar que podríamos tachar de indispensable en nuestra carrera de acumulación de objetos #TLQM y camisetas frikis, ya que allí compramos un par de camisetas de Dragon Ball, así como unos cuantos muñecos que aún conservamos después de 17 años.
Pero basta de preámbulos, y vamos al lío. Estuvimos apenas tres noches en Bangkok, una ciudad que con los años hemos llegado a entender que es un claro ejemplo de “capital de Asia Oriental”. Esto significa que es una ciudad muy grande, muy caótica, bastante sucia, pero también de contrastes entre la “vida moderna” y la tradicional (aunque seguro que hoy en día esta diferencia es mucho mayor). También aprendimos que hay un tipo de “calor” que no existe en Europa, un calor tremendamente húmedo, que te envuelve de una forma algo asfixiante, y que te pone a sudar al minuto de salir a la calle, sean las 5 de la tarde o las 8 de la mañana. Ah, y el cielo muy gris, casi siempre.
Descubrimos que en Bangkok hay que ir con pies de plomo para que no le timen a uno. En apenas 3 días de turismo, recuerdo al menos tres intentos de timarnos (y han pasado 17 años). El Clásico: decirte que el lugar donde quieres ir está cerrado y llevarte a otro (sea un restaurante distinto al que querías ir, o una tienda de diamantes en lugar del Palacio Imperial). Y Bangkok fue también nuestro primer encuentro con el budismo…
Seguramente este fue el primer Buda que visité en mi vida, y fue uno famoso por estar todo cubierto de oro: el Buda de Oro del templo Wat Traimit. Mide 3 metros y pesa unas 6 toneladas, y se descubrió que era de oro por accidente cuando a unos operarios se les rompió un cable mientras lo trasladaban. Estos abandonaron el lugar pensando que eso era un mal augurio (y la inundación que sufrió la ciudad ese misma noche parecía confirmarlo). Pero al día siguiente, un monje descubrió que bajo el barro y el estuco, relucía el oro del que estaba hecho en realidad. Pasó de buda “menor” a toda una celebridad en un día.
Soy incapaz de recordar el sitio donde se sacó esta foto, y es que aparte de luchar contra mi mala memoria, lo que sí recuerdo de ese día es que la lucha la tenía con el jet lag, durmiéndome en el autobús que nos llevaba en un tour por la ciudad. Diría que nunca me he dormido tan profundamente, y tan repetidamente, sin darme cuenta como en ese autobús.
Lo que sí recuerdo es quedarme contemplando a este chico, y otros más que había por ahí. Deducimos en su momento que se trataba de alguna especie de ceremonia de iniciación, seguramente este chico iba a convertirse en monje.
El turno de la foto guiri por excelencia. Nos llevaron al Rose Garden, una especie de complejo para turistas en el que se hacían exhibiciones del folklore local, así como bonitos jardines. ¿Pero qué fue lo que más me gustó a mi? Lo que véis ahí arriba, un servidor y una amiga de la familia sentados alegremente encima de un paquidermo. Muchos sabréis que el elefante es un animal muy apreciado por esos lares, y si no lo sabéis, podéis veros algunas de las pelis de la saga Ong-Bak o la bastante infumable Thai Dragon (que cuenta con algunas grandes escenas de acción, hay que concederle eso).
Lo que no planeábamos era que en unos segundos iba a caernos encima el diluvio universal. Así que el pobre elefante tuvo que ir a toda prisa para dejarnos en un lugar seguro, aunque un servidor hizo lo posible para minimizar los efectos de este pequeño monzón.
Y ya que hemos mencionado uno de los filmes de referencia de la disciplina marcial tailandesa por excelencia, para terminar, una exhibición de Muay Thai, ¡eso sí eran hostias como panes! Damos por concluído esta pequeña escapada tailandesa, pero no aparcamos la máquina de los viajes en el espacio y en el tiempo, ¿queréis ver tierras australianas?
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