Saludos cosmonautas,
hoy, en realidad, no tenemos mucho que contaros, simplemente tenéis que ver nuestro último video…
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Saludos cosmonautas,
como anunciamos la semana pasada, hace poco recuperamos unas fotos del que fue nuestro primer gran viaje por el mundo hace 17 años, una viaje que aparte de llevarnos a Australia, sembró en nosotros la semilla de la obsesión por los países asiáticos. Pero ya os hemos hablado de Bangkok, y también de Hong Kong, por lo tanto ahora es momento de irnos a las antípodas, a ese país que es lejano y además lo parece. Un lugar especial por su más que peculiar naturaleza, pero también por el poco conocimiento que en realidad solemos tener de él.
Hoy queremos llevaros de paseo por una de sus junglas tropicales, para tomar un bañito en aguas heladas y para arriesgarse a encontrar cocodrilos o serpientes venenosas correteando por ahí. O esto es lo que pensábamos mientras andábamos por esos parajes. El día antes, descansando en el hotel, nos topamos en la televisión con un reportaje dedicado a las serpientes del país. Y la verdad es que, las serpientes no nos gustan. No nos gustan nada. Así que, enterarse de que en Australia tienen la “suerte” de contar con las 7 serpientes más venenosas del mundo no fue muy estimulante de cara al paseo que teníamos que hacer al día siguiente.
Aunque éramos los primeros a la hora de explorar la jungla, tenemos que reconocer que íbamos con pies de plomo. Observando a cada lado, y procurando no pisar nada extraño. Afortunadamente no tuvimos ningún percance, aunque sí pudimos cazar un bichejo con la cámara, que tampoco parecía muy peligroso, pero no nos acercamos demasiado, ya que nunca se sabe lo que te puedes encontrar en un país como Australia.
¿Habéis podido ver el bicho?
Si no habíamos tenido suficiente con el paseo por la jungla, la siguiente parada fue una granja de cocodrilos, al menos así lo llamaban ahí. Básicamente se trataba de un pequeño zoo dedicado a este gran reptil que cada año da unos buenos sustos (con varias víctimas mortales). De hecho, tampoco me ayudaron mucho mis acompañantes diciéndome que uno de los cocodrilos de la granja le había arrancado el brazo a uno de los cuidadores (cierto o no, no lo sabemos).
En la imagen hay DOS cocodrilos… ¿podéis verlos? Vaya par estos dos cuidadores…
Qué imagen más tierna, ¿verdad? (i un culló de mico!)
Orgía cocodrila, no molestar.
No recuerdo cuanto medía, pero era muy, muy grande.
Aparte de la gran cantidad y variedad de cocodrilos, ahí también tenían expuestas algunas de las serpientes que antes mencionaba. Y me acerqué a verlas, la curiosidad mató al gato dicen, pero ya me aseguré de que el cristal que nos separaba fuese suficientemente fuerte. Pero también había otros animalitos correteando por ahí, y hubo uno que llamó nuestra atención de forma particular…
¿Pero qué demonios es esto? ¿Algún biólogo en la nave nos puede ayudar?
Por si no habíamos tenido suficiente, al día siguiente también nos dirigimos hacia zonas más o menos salvajes. Concretamente a Kuranda, un pueblo de apenas 650 habitantes, pero que recibe una gran cantidad de visitantes por sus atracciones locales, y sobretodo, por su selva tropical. De hecho, una de las cosas más bonitas que uno se encuentra ahí, aparte de la naturaleza en si, es su estación de tren integrada completamente en la jungla, con plantas por todas partes.
Finalmente, tenemos que aclarar algunas cosas de este post. Y es que no es tan fiero el león como lo pintan. Después de indagar un poco sobre las serpientes en Australia, podemos decir que no hemos dicho ninguna mentira y realmente cuentan con 7 de las especies más venenosas… al menos para los ratones. Y es que para hacer este tipo de medidas, como es lógico, se usan ratones y no humanos. A la vez, que sean las más venenosas tampoco significa que sean las más peligrosas, ya que muchas de estas especies es más probable que huyan de los humanos y en todo caso, muerdan en defensa propia. En realidad, parece que las mordeduras de serpiente en Australia no son muy habituales, a no ser que seas hombre, borracho y con ganas de tocarle los huevos a la serpiente (literal y figuradamente). Pero de todos modos, precaución, ya que nunca se sabe al 100% como puede reaccionar una persona al veneno de una de estas serpientes.
En cuanto a los cocodrilos, la media es de 1 a 2 muertes al año. Poquito, ¿no?
Vámonos de Kuranda, próxima parada, koalas y canguros.
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Saludos cosmonautas,
esto tenía que pasar un día u otro, y al final ha sido hoy. Hace ya unos cuantos meses el Profesor Hurías irrumpió en la Arcadia y de la noche a la mañana se convirtió en uno de los personajes más populares que pululan por el blog, y con esa única aparición empezaba incluso a hacer sombra al talento sin igual de Urías. Pero al mismo tiempo que su popularidad iba en aumento, y su cuenta en Twitter sigue ganando followers poco a poco, también empezaron a oírse comentarios de lenguas viperinas que insinuaban que, en realidad, el Profesor Hurías y el propio Urías eran la misma persona.
“¡Inadmisible! ¡Paparruchas! ¡Calumnias!” esto fue lo que dijo el Profesor al respecto.
“¡Y un huevo! ¡Yo no me parezco a ese snob con americana de pana!” replicó el propio Urías.
Así pues, hoy han decidido aparecer juntos en un video para acallar todos esos rumores de una vez por todas, y lo hacen para una causa (no diremos justa ni benéfica), se han reunido para pedir el voto cosmonauta en los Premios Bitácoras 2010, concretamente, en la categoría de videoblog. ¿Crees que merecemos llegar a la final? ¡Pues danos el empujoncito que necesitamos! Comparte este post, Retweetéalo, Facebookealo o ningunéalo si crees que no estamos a la altura. De todos modos, que estés leyendo esto ya es suficiente para nosotros, así que gracias.
Pero basta ya de preámbulos, procedemos ya a visionar el encuentro del siglo, ¡adelante Urías y Profesor Hurías!
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Saludos cosmonautas,
podemos decir sin dar pie a discusión que La Arcadia de Urías es un blog bastante variado, aunque existe casi siempre un hilo conductor, o un “algo” en común que lo une todo (todo lo que mola), la disparidad de temas que tratamos es a veces exagerada, y cualquier “editor” de un medio más serio se tiraría un tiro si tuviese que poner orden, pero afortunadamente no somos nada serios y es por ello que hacemos siempre lo que nos da la gana. Pero, hay un pero, nos hemos dado cuenta de que sí tenemos algunos temas estrella que destacan muy por encima de los demás, y exceptuando la categoría de videos, hay uno en especial que se lleva la plama en la “nube de tags”. Y no, no es tokusatsu, se trata de la categoría de “Viajes“. Lo curioso, es que muchos cosmonautas no consideran este blog como uno de viajes. ¿Por qué será? Ya nos lo contaréis.
En cualquier caso, sí nos consideramos viajeros, de hecho, la Arcadia nunca para, siempre surca los mares del universo. Y hay algo que compartimos con muchos de los viajeros que hay por el mundo, y también con muchos otros blogueros, y es que solemos hacer un diario de nuestros viajes. Aunque debemos confesar que solemos empezar escribiendo mucho y con bastante detalle, pero al final apenas escribimos.
Así que, este verano, en nuestro viaje a Istanbul, pensamos como llevar un diario del viaje de una forma más sencilla y efectiva. Y es que cuando uno llega por la noche cansado en al hotel, lo que quiere es dormir, y requiere una buena dosis de voluntad ponerse a escribir. Lo que se nos ocurrió fue hacer un diario de viaje ilustrado, una imagen vale más que mil palabras, ¿no? Pues esa era la idea. Y aprovechando algunas sobremesas o pequeños momentos de relax, nos pusimos a resumir los días de viaje en sencillos dibujos que ahora queremos compartir con vosotros.
Ésta de arriba fue la primera página de todas, y la hicimos durante nuestra primera comida en tierras turcas. Como no podía ser de otra manera, empezamos con un Doner Kebap, comimos un “rice pudding” de postres, parece que un postre típico de ahí, y rematmos con un té negro. Y durante nuestra comida, gozamos un buen rato de la compañía de un gato.
Aquí tenemos un retrato del segundo día, algo que ya habéis podido ver en uno de nuestros videos. Aquí podemos ver el Sol Abrasador de Turquía, que nos ataca mientras cruzamos el espacio que separa Aya Sofia de la Mezquita Azul. Así como unos detalles, díficiles de comprender, de los monumentos del antiguo hipódromo. Debajo de todo, la Cisterna Basílica.
Si leísteis nuestro post sobre los baños turcos y japoneses, seguro que esta imagen no necesita más explicaciones. Y si no lo has leído, ¿a qué esperas? Clica aquí.
No es que el diario fuese corto, sinó que lo vamos a dosificar, y a partir de ahora usaremos algunas de las páginas para ilustrar los próximos posts sobre el viaje. ¿Qué os ha parecido como alternativa a las parrafadas de los típicos diarios de viaje? (¡Y que conste que no es un a crítica, ya nos gustaría tener suficiente voluntad para hacerlos más completos y detallados!)
Y por cierto, ya ha empezado Pekín Express, este año corriendo por el sudeste asiático, visitando Vietnam, Laos, Cambodia, Tailandia e Indonesia. Normalmente no os recomendaríamos un programa de televisión, pero debemos confesar que somos grandes fans de este concurso, que tiene sus más y sus menos, pero seguro que cualquier viajero sabrá aprovecharlo.
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Saludos cosmonautas,
antes que nada una buena notícia, y es que ayer mismo aparecieron las primeras clasificaciones parciales para el Bitácoras 2010 en la categoría videoblog y hemos conseguido colarnos, ni más ni menos, que en el cuarto puesto. Esto es algo que ni en sueños pensábamos que podría llegar a pesar (en realidad, soñamos que llegamos al séptimo puesto, no es coña), y aunque es algo completamente provisional, nos da muy buen feeling. Recordad que podéis seguir votando, y que para ello debéis registraros en Bitácoras, votar un par de posts y dejar algún comentario en el portal. Para llegar a la final tenemos que estar entre los tres primeros, ¡así que sólo nos falta un empujoncito! ¡Y muchas gracias a todos por vuestros votos, apoyos y RTs!
Y como se supone que somos un videoblog, hoy volvemos a la carga con los videos que realizamos en nuestro último viaje a Istanbul. Hoy os mostraremos algunas de las cosas que hicimos en nuestro segundo día de viaje: visitas a las mezquitas, el famoso Gran Bazar, una curiosa cisterna gigante bajo tierra, y también las desiertas calles minutos antes de que empezaran los festejos del Ramadán. ¡Disfrutadlo!
Podéis ver la primera parte clicando aquí.
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Saludos cosmonautas,
hoy queremos hablaros de una de esas experiencias viajeriles que, para cualquiera con un mínimo de interés por la cultura de un país, hay que probar. Nos estamos refiriendo al sano hábito del baño. Lo cierto es que en nuestra cultura mediterránea de raíces griegas y romanas existía una cultura de los baños, pero hoy en día es algo que ha desaparecido totalmente de nuestros hábitos o de nuestras calles, y lo más parecido que podemos encontrar son los spa urbanos y similares. Pero si vamos a otros lugares como Japón, Turquía o quizás Islandia, veremos que lo de los baños sigue siendo algo a la orden del día.
Aunque está claro que en estos países pueden explotar sus baños de cara al turista, sigue siendo un hábito que mucha gente de la calle practica a diario. Aún no podemos hablaros de los baños a la islandesa (Pau ya lo ha hecho), pero sí podemos hablaros de como son los baños japoneses y los turcos. No es nuestra intención establecer comparaciones, más bien queremos relataros nuestra historia particular en cada uno de ellos.
SENTO (銭湯)
Empecemos por el primero, y nos remontamos al 2007, nuestro primer viaje a Japón, y más concretamente a Kyoto. Era nuestra última noche en el país y no queríamos marcharnos de ahí sin haber probado la experiencia de los baños públicos. Habíamos leído y visto muchas historias al respecto. Temas históricos como la prohibición de los baños mixtos de cuando damas victorianas empezaron a llegar a Japón y se escandalizaban por semejante barbaridad pornográfica; se les dijo a los japoneses que separasen el baño de hombres del de mujeres, y lo que hicieron fue poner una cuerda en mitad de la piscina (que algunos osados cruzaban de vez en cuando a modo de protesta). Pero también hemos visto los baños nipones recreados en decenas de manga y anime, con una visión a menudo más idealizada y/o pervertida del asunto (no si, las damas victorianas no iban tan mal encaminadas).
Pero había llegado el momento de probarlo en nuestras carnes. La Comandante, su hermana, y un servidor, pedimos indicaciones al ama de nuestra casa de huéspedes, y en unos minutos nos plantamos en unos baños públicos que podríamos decir eran “auténticos”, es decir, de los que usaba la gente de ese humilde barrio de Kyoto. Hicimos buena memoria de los kanjis de hombre y mujer para no cagarla al entrar, y es que la división ya se hacía desde la misma entrada que daba a la calle. Las dos chicas se fueron por su lado y un servidor se quedó solo ante el peligro. Y es que tenemos que reconocerlo, era nuestra primera vez, y sabiendo lo amantes que son los japoneses de los rituales y la poca información que teníamos al respecto, estábamos un poco desorientados (y estar desorientado y en pelotas es aún peor).
Justo al entrar ya teníamos lo que era la zona de vestidores, es decir, que con un poco de viento y que se levantara la cortina de la calle algunos nipones podrían haber visto perfectamente el culo de un gaijin muy alto. Nos asignaron una taquilla, nos ofrecieron una pequeña palangana y una pequeña toalla. Y venga, para adentro. Entramos en la zona del baño, que afortunadamente no estaba muy poblado, ya que era de tamaño bastante reducido. Varios grifos en la pared y en la mitad de la estancia, tres piscinas a un lado, y otra en el fondo. Muy bien, ¿y ahora qué?
Empecé a fijarme, con todo el disimulo posible, en lo que hacían los demás. Uno se afeitaba, y otro par se relajaban en las piscinas. No daban muchas pistas, y evitaban cruzar la mirada en todo momento con un servidor. Así que me senté en uno de los taburetes delante del grifo. Me eché un poco de agua, y venga, jabón y a frotar. Pero… ¿para qué servía la palangana? Desafortunadamente descubrí hasta más tarde que había que llenarla de agua para poder echársela por encima y quitarse el jabón. Así que, los presentes, de haberme dirigido alguna mirada, habrían podido disfrutar de mis intentos de meterme debajo el grifo, coger agua con las manos, intentando mojarme el cuerpo entero. En fin, todo un espectáculo vergonzoso.
Cuando me parecía que ya me había quitado de encima todo el jabón (había leído que eran muy escrupulosos con eso, y uno no podía meterse en el agua sin estar completamente limpio), llegó el gran momento, el de meterse en las piscinas. ¿El primer error? Meterme en la más caliente de todas, y es que cada una de ellas tenía una temperatura distinta. Pero como no quería hacer el panoli, seguí en mis trece e intenté hundir el cuerpo todo lo que pude. Y pensaba que me moría. ¡Estaba quemando! Pensaba que iba a desmayarme. Pero aguanté uno o dos minutos, y me cambié de piscina… ¡qué descanso!
Al salir, y después de esperar un buen rato, Comandante y compañía salían todas contentas. Mientras a mi me habían ignorado todos los hombres, ellas fueron recibidas con alegría, y las mujeres del baño fueron guiándolas por todo el proceso para que lo hicieron correctamente… si es que somos antipáticos los hombres…
Os dejamos aquí un video de Flapy, en el que nos hace un recorrido por uno de estos baños. ¡Me habría venido bien que lo hubiese hecho antes! Aunque cabe decir que aquí se puede coger el grifo en plan ducha, y en el que fue un servidor no era posible.
Podéis leer el post original aquí.
HAMAM (hammim)
Los famosos baños turcos de los que todos hemos oído hablar. Imágenes de hombres sudorosos, mármoles ardientes, y exfoliación salvaje. Teníamos que vivir la experiencia. A eso de las ocho de la tarde nos dirigimos a unos baños que sin duda eran de los de toda la vida pero que se habían reconvertido para el turismo. Aún así, parecía que seguían siendo bastante auténticos (es decir, cutres).
Nos recibían en una gran sala en la que había dos pisos llenos de pequeños vestuarios individuales de madera. Era sólo para hombres, ya que las mujeres tenían su propio hamam (aunque parece que también existen los mixtos, aún más turísticos). Allí uno tenía que desnudarse, enrollarse una especie de toalla (aunque parecía un mantel), ponerse unas chancletas sospechosamente húmedas y acompañados de un señor igualmente “entoallado”, bajito, redondito, calvo, con bigote y pelo en pecho, nos dirigimos al “hamam”. Allí nos indicaba con una especie de sonidos guturales y la ayuda del dedo qué era cada cosa. Señalaba y “hamam”, señalaba y “sauna”, señalaba y “groar”.
No podemos decir que su expresividad no fuera suficiente, entendimos perfectamente los pasos a seguir. Lo primero fue el hamam propiamente dicho. Una gran sala con unas bóvedas con el clásico estilo árabe, con una humedad brutal, y llena de pequeñas fuentes que servían para refrescarse de vez en cuando. Un rato tumbados encima de los azulejos blancos y, siguiendo las instrucciones del señor bajito, redondito, calvo y con bigote, entramos en la pequeña sauna. Allí el calor ya era insoportable. Lo único que lo hacía más llevadero era el fuerte olor a eucalipto, pero no aguantamos más de dos minutos, y al salir la temperatura y humedad del hamam parecían gloria.
Sin apenas tiempo para digerir la experiencia. Llegó de nuevo el señor bajito, redondito, calvo y con bigote. Llegó el momento… ¡de la exfoliación! Cogido de la mano, me llevó fuera del hamam, me sentó, y con mucho amor, empezó a enjabonarme. Había visto unas fotos muy sospechosas en el folleto promocional del lugar, y la verdad es que temía que me enjabonara, de verdad, por TODAS PARTES. Así que, cuando empezó a meterse por los muslos mi cuerpo se tensionó bastante, y fuera o no por ello, afortunadamente no fue a más. Fufff. Pero fue entonces cuando sacó… el guante. Se lo enfundó y empezó a exfoliarme salvajemente… con el mismo guante con el que había exfoliado seguramente a miles de turistas.
Una vez bien rascadito, llegaba el momento del masaje. Junto a un compañero mío nos llevaron a otra estancia en la que había dos “camillas” de mármol en las que nos tumbamos. Fue entonces cuando empezó la tortura. Si uno pensaba que este masaje iba a ser de lo más relajante, estaba equivocado. Nos retorcieron todo el cuerpo (juro que pude oír un “crec” en mi pecho), nos apretujaron con todas sus fuerzas contra el mármol, e incluso el señor bajito, redondito, calvo y con bigote resoplaba mientras lo hacía. Y entonces, llegó el gran momento…
Me dí la vuelta, cuando estaba de cara a la Meca y con el culo a Istanbul, y mi masajista empezó a subir por las piernas, pude ver como cuatro tíos delante de mi empezaban a desnudarse. Esto tenía demasiada pinta de peli de gladiadores, así que le sugerí a mi compañero que, aprovechando todo la espuma que teníamos en el cuerpo, nos deslizaramos fuera del alcance de nuestros respectivos señores bajitos, redonditos, calvos y con bigote, y nos fugaramos con la cola entre patas. En realidad no fue necesario, pero lo raro todavía no había terminado.
Cuando nos soltaron, después de la paliza, con esa labia que les caracterizaba nos indicaron que podíamos volver un rato al hamam y a la sauna. Eso hicimos, y aprovechamos también para visitar la piscina (aseguraban que eran el único hamam de la zona que tenía). Tampoco duramos mucho ahí, ya que al cantidad de pelos flotantes era algo preocupante. Al salir del hamam el señor bajito, redondito, calvo y con bigote me esperaba con otra toalla. Tocaba que me duchara y me cambiase de toalla. Pero antes, mi masajista me cogió de la mano, me dijo que le mirase la cara y la recordara… aunque en el precio estaba incluída la propina, este nuevo amigo quería que le diese un extra al salir, y claro, al ser todos muy parecidos, me iba a costar acordarme.
Al salir me esperaba otro señor (lógicamente, bajita, redondito, calvo y con bigote). Me sentó en un banco, cogió una toalla, y empezó a secarme. Lo hizo con mucho amor. Realmente me sentí como cuando tenía 5 años y me bañaban mis padres. ¿De verdad me estaba secando un señor turco? ¿Por qué? Fue una experiencia desconcertante. De verdad, lo hizo con mucho amor, sin mariconadas, pero con mucho amor.
Y con esto terminamos este higiénico post de hoy, animando a todos los viajeros que, vayan donde vayan, procuren vivir la experiencia de los baños locales. No sólo por su valor cultural, sinó también porque siempre ofrecen divertidas e inolvidables experiencias (aunque a veces sufras un poco).
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Saludos cosmonautas,
después del paréntesis que significaron las entrevistas con Els Amics de les Arts, hoy recuperamos a uno de nuestros viñetistas favoritos, para que sigamos ahondando en la Generación Burbuja, la de los hijos de los ochenta, los que vieron las hombreras y las chorreras desfilar por las calles, o que fliparon por primera vez con Son Goku. Y lo hacemos desde el ojo analítico y crítico de este joven dibujante, cuya mirada puede tener muchos adjetivos, pero en absoluto entraría el de “inocente”.
En la tercera parte, ahondamos más en esta generación burbuja, y Aleix suela algunas reflexiones que dejarán a pocos indiferentes. Vale mucho la pena, sin duda, uno de los mejores fragmentos de la entrevista.
En la cuarta y última parte de la entrevista, Aleix nos contará como funciona su proceso creativo, pero también que es para él Todo Lo Que Mola (#TLQM) o Todo Lo Que Jode (#TLQJ).
Y sí, hemos visto la cuarta parte, ¿y la tercera del título? Pues YouTube nos ha fallado un par de veces… ¡así que la subiremos cuando sea posible!
Podéis ver la primera parte y la segunda parte clicando en los links.
Con esto, hemos quemado ya todos los cartuchos que teníamos en la recámara en cuanto a entrevistas. Habrá que empezar a pensar en nuevos entrevistados… ¿peticiones? ;-)
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Saludos cosmonautas,
con el post de hoy queremos empezar a calentar los motores de la Arcadia para presentar pronto “en sociedad” nuestro eterno proyecto viajeril, blogueril, documentaril llamado “Crónicas desde Cipango“. Para los despistados, una pequeño proyecto, completamente amateur y sin financiación alguna, que consistió en irnos a Japón y entrevistar a cuatro bloggers para que nos ayudaran a saber por qué hay tanta gente fascinada por la cultura japonesa. Después de más de un año de arrancadas y paradas, de mil problemas técnicos, y los desesperos del autor, estamos prácticamente tocando la luz del túnel (si la luz pudiese tocarse, claro).
Aunque aún no estamos seguros de donde y como se va a presentar, sí queremos darle un empujón definitivo al tema y empezar a promocionarlo de nuevo. Hoy lo hacemos con unos fragmentos que, por varios motivos, se han quedado fuera del montaje original, pero son lo suficientemente interesantes como para que no se queden flotando olvidados en nuestras cintas Mini DV… y es que esto es algo que tenemos que aclarar también. Como decíamos, la cosa se hizo sin presupuesto alguno, sin apenas medios, aunque con muchas ganas. Eso se traduce en una calidad no del todo aceptable para los estándares del HD de hoy en día (cuando lo grabamos apenas se podían comprar cámaras digitales Full HD a buen precio). Así que ya de antemano, pedimos perdón por la baja calidad de imagen y sonido. Algo que intentaremos mejorar de todas formas para el documental, dentro de lo posible (cabe decir que la renderización del video que veremos a continuación se verá bastante peor).
Por ahora os dejamos con nuestros cuatro entrevistados (Ale, Jose Manuel, Micko y Óscar), que nos hablarán de un tema que seguro interesa a muchos: el frikismo, los otakus, y si es mejor Akihabara o Den Den Town. (Procura verlo en 720p.)
Y por último, volvemos a poneres el “trailer”… que quizás necesite ya, a estas alturas, un poco de maquillaje :)
Podéis leer más posts sobre Crónicas desde Cipango clicando aquí. También tenemos pensad abrir un nuevo blog dedicado exclusivamente a este proyecto.
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Saludos cosmonautas,
a esperas del próximo video sobre nuestro viaje por Istanbul (podéis ver aquí el primero), hoy queremos hablaros del ramadán. Por casualidad, llegamos a la ciudad un día antes de que empezaran estos festejos, y es que allí se vive más como una fiesta que como una historia religiosa fundamentalista super chunga, que es lo que a menudo pensamos los no musulmanes. De hecho, nos encontramos casi todas las mezquitas con lucecitas en plan “feliz ramadán”, que prácticamente cada noche había conciertos en distintos puntos de la ciudad, y en la televisión había muchos programas dedicados al evento.
Pequeño apunte cultural: el ramadán se celebra en el noveno mes del calendario musulmán (que es lunar), y básicamente consiste en ayunar desde que sale el sol hasta que se pone (y eso incluye el agua, la comida y las relaciones sexuales). El motivo, según dicen, es para ponerse durante un mes en la piel de los más desfavorecidos. Y de hecho, si uno tiene que romper el ayuno por cualquier motivo, hacer una buena obra puede compensarlo. Si queréis saber más sobre el ramadán, o como practicarlo si eres un astronauta musulmán, Wikipedia.
Cabe decir que Turquía sería uno de los paises musulmanes menos estrictos (el Estado es laico, por ahora), y no parecía que todo el mundo practicase a rajatabla la tradición, pero tampoco nos pusimos a comprobar si la gente que llenaba restaurantes al mediodía era local o turista. De todos modos, fuimos testigos de como empezaba la primera cena del primer día del ramadán. Caminando por calles completamente vacías, apenas se nos cruzaron un par de gatos, llegamos hasta una zona donde muchos comerciantes tenían una mesita plegable con lo que parecía ser un plato típico para la ocasión (se repetía en distintas mesas). Alrededor, hombres de todas las edades esperaban atentos sin tocar ni siquiera los cubiertos. Y es que había que comenzar en el momento oportuno. Al cabo de unos minutos, empezaron a sonar proclamas desde varios minaretes que indicaban que ya se podía empezar a comer. Una estampa curiosa que, por respeto y también algo de vergüenza, no nos atrevimos a filmar ni retratar.
En muchos restaurantes, durante todo el mes, se ofrecían menús especiales para el ramadán. Por una de esas casualidades de la vida acabamos en uno de estos restaurantes, y nos convencieron (casi obligaron) a que escogiésemos el plato especial que preparaban ese día, una enorme bandeja de carnes de todo tipo (menos de cerdo, claro) que a nuestros ojos parecía algo colosal. Y es que, si algo abunda en Istanbul, es la carne. Carne a cascoporro.
Y para terminar, una foto de los dos héroes de la noche, que casi consiguieron acabar con la bandeja: ¡un aplauso para Urías y Titus! ¡Estos dos sí que sudaron la gota gorda! ¡Qué estómagos!
Este post se ha inspirado en el micropost de Ale sobre “la bandeja de sashimi más grande que he visto en mi vida“.
PD: huelga decir, que los dos volvieron del viaje con sendas gastroenteritis.
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