seguimos con las entregas, casi al estilo fascículos, de la conferencia de Héctor García, Kirai, en la Casa Asia de Barcelona, para presentar su libro “Un Geek en Japón“. En esta ocasión, tocando el tema del idioma japonés y los otakus. Como siempre, de una forma amena e interesante al mismo tiempo.
Queda aún una cuarta parte para finiquitar la conferencia, y después seguiremos con las preguntas del público. ¡Esperemos que estéis disfrutando de estos videos!
después de las casi ininterrumpidas series de Kamen Rider de los setenta, parece que la franquícia lo tuvo difícil en las dos siguientes décadas para subsistir, y es que en los ochenta y los noventa solo pudimos ver un par de series (Kamen Rider Black y Kamen Rider Black RX) y unas pocas películas. Esto tenía ciertas ventajas, y es que se podían probar cosas diferentes, e incluso hacer productos más adultos y oscuros. Uno de estos es “Shin: Kamen Rider Prologue”. Shin designa en este caso al protagonista, pero es también un juego de palabras, ya que el kanji utilizado tanto puede significar “nuevo” como “auténtico”.
¿Por qué auténtico? Se dice que Shin Kamen Rider, que celebraba el 20 aniversario del inicio de la serie, era no solo un intento de hacer más adulto el personaje (y llamar la atención de los fans que siguieron la serie en sus inicios, ahora ya maduritos), si no también un intento de reformular el mito de Kamen Rider, y hacerlo más auténtico, más próximo a la idea original que tenía Shotaro Ishinomori. Y parece que así mismo lo avalaba el autor, ya que al principio de la película podremos ver al mismísimo Ishinomori haciendo un pequeño papel como miembro de la organización maléfica de turno.
¿Y qué tiene de nuevo este Kamen Rider? Pues en realidad es tan distinto que incluso hay quien opina que no se le debería considerar un Kamen Rider. En primer lugar, el personaje no tiene mucho de héroe, al menos al principio, y su aspecto monstruoso hace que sea imposible encontrarle un parecido con cualquier otro Kamen Rider. De hecho, no hay máscara (por lo tanto podemos eliminar lo de “Kamen”), tampoco se pronuncia en ningún momento el clásico “henshin”, no hay cinturón, y los más quisquillosos critican que en ningún momento se le ve conducir una moto en su forma transformada (por lo tanto tampoco sería un Rider).
¿Tiene algo en común con los demás entonces? Por supuesto. El argumento, en realidad, es clavado al original, con una organización malévola con ansias de poder que pretende construir soldados cyborg, modificando las células de ciertos sujetos. Una de las víctimas es Shin, quien acaba revelándose contra ellos cuando se da cuenta de que se ha convertido en un monstruo (que no en un héroe con casco, moto y cinturón – ¿se cabrearía porque quería su cinturón? ¡yo sí!).
Pero como decíamos, esta reformulación del mito pasaba por hacer madurar la franquícia, y se hizo a tiro limpio, con bastante sangre e incluso algún momento muy gore, y también incluyendo unos tímidos desnudos femeninos (así como un culito masculino) en una escena totalmente gratuita. Y parece que la cosa no tuvo éxito. Fijaros que el título completo es “Shin: Kamen Rider Prologue“, y por lo tanto, se esperaba que esto tuviese una continuación, pero debido a la pobre respuesta por parte del público perseguido, la cosa se quedó ahí. Y es una pena, porque creemos que era una idea muy interesante el poder ver como desarrollaban un nuevo Kamen Rider que, a pesar de esos pequeños (o grandes) detalles del casco o el cinturón, se inspiraba directamente en el primero para crear una nueva historia, la historia que le habría gustado contar a su autor, a quién el personaje se le fue seguramente de las manos al seguir en su formato televisivo (algo que a un servidor le recuerda a lo que Osamu Tezuka pensaba al cabo de unos años de su personaje más emblemático, Astro Boy).
En cualquier caso, debemos reconocer que el producto final no estaba a la altura de otras encarnaciones de Kamen Rider (como pueden ser Kamen Rider J o ZO, que hasta cierto punto persiguen la misma idea de renovación), sobretodo porque la dirección es bastante floja (y somos benévolos, ya que algunas escenas son completamente ridículas). Por supuesto que hay que tener en cuenta la época y el tipo de producto que estamos viendo, pero aún así, creemos que no se aprovecha muy bien todo el dramatismo que se le supone al personaje, alguien torturado por la monstruosidad en la que se ha convertido, el dolor de haber sido convertido en un cyborg que precisamente ya habíamos visto en otras obras de Ishinomori, como Cyborg 009, y lógicamente en otras versiones de Kamen Rider (aunque ese drama se ve totalmente eclipsado por las heroicidades del personaje). Por otro lado, el fracaso de esta producción, que salió directamente en video, se debe claramente a la ausencia de todos aquellos elementos identificables de Kamen Rider (aparte de el tono más sangriento del filme) y es que está claro que, esos primeros seguidores, querían volver a ver a un héroe en moto, con su casco y cinturón, y no una de esas reformulaciones del mito que acostumbran a indignar a los más puristas (y a fracasar en taquilla).
Para un servidor, “Shin Kamen Rider Prologue” es, de las películas que se realizaron en los años noventa, la más floja de todas, pero aún así, creo que sigue siendo un visionado obligado e interesante para cualquier fan que tenga un interés más allá de los tópicos del personaje, pero más por las cosas que plantea, que por como han sido planteadas. Y aunque no hay ni henshins, ni trajes de superhéroe, ver a Shotaro Ishinomori con un pequeño papel en la película, no tiene precio.
PD: Y para aquellos que sigan insistiendo en que Kamen Rider es un grillo, ¡les remito a esta película para que les quede claro de que son saltamontes! ;-)
los que siguen nuestro Twitter, sabrán ya que este fin de semana lo hemos pasado en Figueres, ciudad de la provinicia de Girona, famosa sobretodo por su vinculación con uno de los mayores genios del arte universal: Salvador Dalí. Gracias a uno de esos regalos que se han puesto en boga últimamente, una de esas “cajas” que te incluyen una noche en un hotel que puedes escoger dentro de una larga lista, pudimos hospedarnos en el Hotel Duran, cuyo restaurante era muy frecuentado por el surrealista artista. De hecho, el hotel está plagado de originales de Dalí, y aunque sus habitaciones bastante modernas no tienen nada de especial, lo cierto es que es curioso estar desayunando rodeado de dibujos y pinturas del artista.
Uno de los dibujos, seguramente improvisados, que Dalí le ofrecía al propietario del hotel.
Animados porque el restaurante era frecuentado por tan singular personaje, no dudamos en coger una mesa y pedir el menú degustación. Que no fue precisamente barato (40€), pero os aseguro que valió la pena hacer su recorrido de mar, tierra, montaña… es difícil que nos acordemos exactamente del nombre de cada plato, porque eran algo largos, pero algo os podremos decir…
Un pequeño detallito, como un tapa, una vieira en una salsa realmente gustosa.
Una cremosa sopa de boniato, con una pieza de marisco para darle el toque final.
Un risotto con cebolla realmente al punto, con un poco de pescado.
Fantástico revoltillo de setas y algo de carne, con unas tiras de calamar crujientes.
Más setas, pero esta vez acompañando un cordero muy suavecito.
Para terminar unos postres espectaculares. Una botifarra dulce, y aunque cuesta de creer lo era, y mucho. La manzana acababa de darle el toque perfecto. Increíble.
Os seguiremos contando algunas de las cosas que hemos visto durante este fin de semana, que ha cundido muchísimo, y que vale la pena contar. Visitamos el Teatre-Museu Dalí, y también el Museu del Joguet de Catalunya (el Museo del Juguete de Catalunya), los dos en Figueres, y los dos con méritos suficientes para ser clasificados museos TLQM.
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